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viernes, 6 de junio de 2025

La ignorancia es admitida sin ningún reparo en los modelos de éxito social

La ignorancia, pintura de José Cukier
Resaltaba Ortega y Gasset en La rebelión de las masas, a finales de los años veinte, que “lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera”. La consolidación definitiva de la cultura de masas después de la Segunda Guerra Mundial, especialmente desde la aparición del televisor, indujo a Giovanni Sartori a escribir que “un mundo concentrado sólo en el hecho de ver es un mundo estúpido. El homo sapiens, un ser caracterizado por la reflexión, por su capacidad para generar abstracciones, se está convirtiendo en un homo videns, una criatura que mira pero que no piensa, que ve pero que no entiende”. “Hoy asistimos, dice Antoni Brey, a la culminación del proceso. La ignorancia está plenamente normalizada y es admitida sin ningún reparo en los modelos de éxito social, e incluso el acceso a las máximas responsabilidades públicas por parte de personas de ignorancia evidente se considera una muestra positiva de las virtudes del sistema democrático. Cualquiera, con independencia de su formación y aun dando muestras evidentes de su falta de cultura y de ánimo de enmienda, puede acceder a lo más alto de la estructura social. Cualquier observación al respecto emitida en público sería considerada hoy políticamente incorrecta. La ignorancia es atrevida, desacomplejada y, como todos en esta sociedad que constantemente reclama, exige también que se respeten sus derechos.”

viernes, 17 de mayo de 2024

Ya nada sujeta a la ostentación de la riqueza

Según Tom Wolfe, la pornografía le pasó su estafeta, a la plutografía. Ya nada sujeta a la ostentación de la riqueza. Hubo una época precaria en la que parecía inmoderado mostrar caudales; ahora nada es más trendy que el descaro. Los Ricos & Famosos siguen siendo inaccesibles pero sus propiedades pueden ser golosamente admiradas en las revistas donde la fortuna es la mayor de las bellas artes. Así como el kitsch logra un efecto estético con la exacerbación del mal gusto, la vulgaridad, cuando es suficientemente costosa, se aviene con el espíritu del siglo. La patanería resulta chic si la bota que te pulveriza la quijada fue adquirida en Rodeo Drive.
En El Quijote, las “discretas razones” son sinónimo de sensatez. Hoy en día, las parejas confiesan sus más sórdidas intimidades ante las cámaras de televisión y la publicidad nos sonsaca con un rotundo “tú puedes”. La timidez se ha vuelto un signo de fracaso, y la personalidad sólo parece tener sentido si se exhibe en todas partes. Esta cultura del descaro y la sinceridad suicida ha contribuido a relajar nuestras vidas (la excusa de sincerarnos ayuda a decir sin culpa las horrendas cosas que se nos ocurren), pero también nos ha hecho oír y contemplar suficientes espectáculos para hacer de la pena ajena la emoción de la década. En el arte, el hombre suele repetir la relación que tuvo con los juguetes. Aunque escribía en la rústica tecnología de 1762, Rousseau diagnosticó el problema. “Ya no sabemos ser sencillos en nada, ni siquiera en lo que se refiere a los niños. Cascabeles de plata, de oro, coral, cristales de caras pequeñas, chupetes de todo precio.Cuántos aparatos inútiles y perniciosos. Nada de esto… Un trozo de regaliz que pueda chupar y mascar lo entretendrá tanto como esas magníficas baratijas, y no tendrá el inconveniente de acostumbrarlo al lujo desde su nacimiento”. 

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Vio auténtica incertidumbre



La novelista estadounidense Laura Moriarty en su libro “Una acompañante en Nueva York” cuenta la siguiente historia:
“Me gusta follar. A usted quizá no, pero a mí sí. Cora desvió la mirada. Si la muchacha se proponía escandalizarla con su vocabulario, con su despreocupada vulgaridad, lo había conseguido. Y era evidente que le divertía hacerse la mujercita moderna y liberada, dejando atónita y horrorizada a Cora, y a toda su generación. Pero cuando Cora se volvió y miró con severidad el rostro de la muchacha, vio, más que liberación, pura pose y fanfarronería, y debajo de eso una auténtica incertidumbre”.

jueves, 25 de julio de 2019

Antes de coger la pluma

Henri Frédéric Amiel
“Sé grande, para hablar de cosas grandes; y patriota, para hablar de la patria, decía el escritor y filósofo Henri Frédéric Amiel. Arroja de tu seno el amor propio, el rencor, las impresiones pasajeras y personales; edúcate en la imparcialidad, en la objetividad, en la serenidad, antes de coger la pluma, o de otra forma tu pluma sólo contará las bajezas y las vulgaridades de tu corazón. Vuelve a la serenidad, por la esperanza y el ideal; combate las impaciencias de tu naturaleza cambiante; la aridez de tu corazón en seguida decepcionado; los celos de tu amor propio irritable; la torpeza de tu inercia; los humos de tu orgullo, la amargura, los arrebatos. La fuerza está en la serenidad. El orden; la firmeza; la modestia; la precisión y el movimiento; el impulso y la medida; el fuego y el cálculo; la impetuosidad dueña de sí misma. Exactitud psicológica, pintoresquismo en el estilo; unir el análisis a la realidad plástica. Transformarme al ritmo de las necesidades de la cosa, de las exigencias del objeto. Brevedad, vigor, brillo, nitidez mordiente”.

lunes, 24 de junio de 2019

El período de las ideologías y de los grandes sueños utópicos ha terminado

Susanna Tamaro.
El error fundamental fue creer que modificando las estructuras de la sociedad se modificaría naturalmente el hombre. Yo creo, en cambio,  dice Susanna Tamaro, que ha de ocurrir exactamente lo contrario, sólo el hombre que haya logrado crecer en su interioridad, sólo el hombre consciente puede trabajar para que las cosas cambien. Buscar la esperanza y hacerla crecer, cultivarla en nosotros mismos y en quienes estén cerca, no rendirse ante aquello que hoy por hoy la sociedad nos impone, ante su vulgaridad, ante su violencia, sino ver entre todo ello unas señales de cambio, custodiarlas y alimentarlas.

Proyecto
El período de las ideologías y de los grandes sueños utópicos ha terminado. En su lugar se ha formado un vacío, y este vacío da miedo. Este vacío se puede rellenar con cualquier cosa, señala Tamaro, se puede llenar de dispersión, de destrucción o bien de un proyecto. El proyecto construye algo, pero lo hace lentamente, con paciencia, volviéndonos responsables de nuestras elecciones. El proyecto no promete un nuevo orden extraordinario, y, precisamente por eso, está exento de exaltaciones y de fanatismos. El proyecto no atañe a pueblos, naciones o etnias, sino a individuos concretos, un posible fracaso no se puede descargar sobre la historia, sobre el capitalismo, sobre el fascismo o el comunismo, sino tan sólo sobre nosotros mismos. ¿Qué quiere decir tener un proyecto? Quiere decir solamente imaginar una manera diferente de vivir y ponerla en acción.