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viernes, 20 de enero de 2023

Es difícil destacar a un comandante como imbécil durante la Primera Guerra Mundial, los hubo a docenas

“Para un entendido en el tema de los generales malos, es difícil, al contemplar los grises yermos de la primera guerra mundial, destacar a un comandante como particularmente imbécil, pues los hubo a docenas en ambos bandos”. Una predisposición a aceptar enormes pérdidas humanas. En lo que se refiere a vidas perdidas en relación con el territorio conquistado, escribe el historiador Norman Dixon, las acciones de la primera guerra mundial son tétricas. En las dos primeras horas de la batalla de Loos se perdieron más hombres que los que perdieron juntos todos los ejércitos en todo el Día D de 1944. Durante el primer día de la ofensiva del Somme el ejército británico sufrió 57.000 bajas, la mayor cifra que haya padecido jamás un ejército en sólo 24 horas. 

sábado, 4 de enero de 2020

Estupidez



Oscar Wilde decía que “no hay más pecado que el de estupidez”. Hay hombres estúpidos que poseen amplios conocimientos; el que conoce las fechas de todas las batallas, o los datos estadísticos de las importaciones y de las exportaciones puede, a pesar de todo, ser un imbécil. Hay hombres discretos cuyos conocimientos son muy limitados.

Las pulgas que nos pican prosperan en la oscuridad; pero nuestra estupidez supone que si no podemos verlas, ellas tampoco nos verán… del mismo modo que el hombre estúpido vive siempre en la inconsciencia de su propia estupidez.

martes, 7 de noviembre de 2017

En el proceso creador la inteligencia no desempeña más que un papel secundario.


Proust considera que en el proceso creador la inteligencia no desempeña más que un papel secundario. Muchos escritores comparten esta opinión. Colette dijo a Emmanuel Berl: “Es usted demasiado inteligente para ser un buen novelista”. Y Claudel observaba: “La inteligencia no es la cualidad esencial de un artista en mayor medida que la prudencia lo es de un militar”. Lo cual no quiere decir, evidentemente, que para un artista sea más ventajoso ser un imbécil, Proust mismo tenía una inteligencia formidable; pero todos esos escritores saben por experiencia que, en la creación literaria, dice Simon Leys, no es su inteligencia lo
Marcel Proust
que se moviliza, sino más bien su sensibilidad y su imaginación. Lo que importa sobre todo es la inspiración, el “estado de gracia”, la comunicación directa establecida con las fuentes profundas de la memoria y del inconsciente; y para captar esas fuentes a menudo es preferible dar descanso a la inteligencia. Aragon era más inteligente que Eluard, pero Eluard era mejor poeta. La inteligencia no inhibe ese don poético; el don poético simplemente es de otra naturaleza, puede coexistir con una inteligencia mediocre, incluso con una mente confusa.


Henri Michaux dice: “La poesía es un regalo de la naturaleza, una gracia, no un trabajo. La sola ambición de hacer un poema basta para matarlo”. Toda verdadera creación tiene un aspecto extático. Un pintor chino del siglo XVII había adquirido la costumbre de destruir sus pinturas a medida que las acababa, pues era la experiencia espiritual de la ejecución lo que le interesaba, mientras que la obra acabada no era más que el residuo. D. H. Lawrence habló
claramente de esta experiencia: “Esa absorción feliz e intensa en un trabajo que se lleva tan cerca como es posible de la perfección es un estado en el que se está con Dios, y la gente que no lo ha conocido jamás ha orillado la vida”. Sin este éxtasis inspirado, no hay poema. Pero ello entraña un corolario que es subrayado por Jean-François Revel: “El genio poético no solamente es escaso, sino que raras veces se manifiesta en quienes lo poseen”. Los propios poetas se muestran de acuerdo con esto. Ted Hughes estimaba que 
Ted Hughes
incluso los más grandes poetas sólo han escrito tres o cuatro páginas de verdadera poesía, y que el resto es simple versificación. Y Randall Jarrell era más pesimista aún: “Un buen poeta es alguien que, pasando una vida entera en el exterior expuesto a todas las tormentas, consigue hacerse fulminar cuatro o cinco veces por el rayo”. El drama, opina Simon Leys, es que los momentos demasiado breves y demasiado raros en que el artista está “con Dios”, en que el poeta “es fulminado por el rayo”, crean en ellos una inagotable necesidad; y el agotamiento de su inspiración los deja inconsolables. “La recompensa del arte no es ni la gloria, ni el éxito, sino la intoxicación. Y por eso muchos malos artistas son incapaces de renunciar a ella”, decía Cyril Connolly.


sábado, 17 de septiembre de 2016

Equivocarse es algo que suele ocurrir.

equivocarse
No siempre uno es lo bastante astuto como para andar descuidado, y sobre todo, que después de haberse equivocado, que es lo que suele ocurrir cuando uno se descuida, la sensación no es tan agradable y cuesta bastante más mantener el aplomo, porque con la vanidad desintegrada uno se hace una idea exacta de lo indefensa y diminuta que resulta su existencia. Cuando pasa el tiempo se aprende a sacar provecho de la vergüenza, porque en definitiva la vergüenza es mucho más instructiva que la gloria, pero en el momento, y enterrado bajo los inconvenientes, se hace duro apreciar las ventajas de haber sido un imbécil.
afán de impresionar
El afán de impresionar, que es propia de los imbéciles, en una conversación es uno de los peores enemigos que tiene el ser humano y una de las causas más frecuentes de sus reveses.


Cuando un hombre tiene que abusar de la mentira para cumplir con su deber puede estar seguro de que anda equivocado de verdad o de deber.

No siempre uno es lo bastante astuto como para andar descuidado, y sobre todo, que después de haberse equivocado

El afán de impresionar es propia de los imbéciles