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domingo, 28 de septiembre de 2025

Quien no abraza la sabiduría del pasado en tiempos de crisis, la única opción que queda es intentar destruir el presente

John Ronald Reuel Tolkien
Para Tolkien lo más importante que una persona educada puede hacer es entender qué tienen que enseñarnos los grandes pensadores del pasado acerca del la estructura moral del universo. Si nos abrazamos a la tradición, encontraremos la sabiduría para sobrevivir en la actualidad. Tolkien clamaba por un retorno a la tradición. Durante el medio siglo en el que la tecnología pasó de los hermanos Wright a la bomba atómica, Tolkien insistió en que valores más antiguos todavía podían marcar la diferencia en el mundo real.
Filósofos y estudiosos de la cultura siguen debatiendo la mejor forma de definir el modernismo, la mayoría coincide en que la etiqueta hace alusión a una amplia variedad de ideas y perspectivas que se aunaron en una especie de estado de ánimo, un sentimiento de que nada es permanente. Como escribe Marshall Berman, la modernidad “es una unidad paradójica, la unidad de la desunión; nos arroja a todos en una vorágine de perpetua desintegración y renovación, de lucha y contradicción, de ambigüedad y angustia. Ser modernos es formar parte de un universo en el que, como dijo Marx, todo lo sólido se desvanece en el aire”.Esto es, experimentamos lo moderno como la pérdida de las instituciones y filosofías que antes nos guiaban. Esto significa que las viejas certezas han desaparecido. Algunos estudiosos consideran que el período moderno nace plenamente con el final de la Primera Guerra Mundial, cuando buena parte de Europa se encontraba destruida y muchísimos supervivientes empezaban a preguntarse conmocionados por qué las principales civilizaciones del mundo habían ido a la guerra. Otros consideran que sus orígenes se remontan hasta el Renacimiento, cuando Europa redescubrió la filosofía griega y romana y la Iglesia católica perdió su dominio como marco intelectual de referencia.
Muchos observadores entienden el modernismo como el rechazo extremo de los valores tradicionales. Independientemente de los desacuerdos que pudieran existir entre ellos, los principales pensadores modernos compartían el sentimiento de que las generaciones pasadas se habían equivocado en sus respuestas a la mayoría de las grandes preguntas. Una manifestación de ese sentimiento moderno es la declaración de Karl Marx de que la lucha de clases es el único motor significativo de la historia; otra, la insistencia de Sigmund Freud en que todo gira alrededor del instinto sexual. Ambas formas de ver el mundo insistían en que las explicaciones tradicionales de la actividad humana, las emanadas de la religión o la filosofía clásica, no simplemente eran erróneas sino que se habían agotado. El filósofo Friedrich Nietzsche expresó esto de forma sucinta en su famosa declaración de que Dios ha muerto. En el mundo moderno, lo nuevo era casi siempre mejor que lo viejo y lo tradicional. Las ideas que carecían de una base científica sencillamente no tenían ya cabida, y para muchos pensadores de relieve la religión y la filosofía tradicionales pasaron a ser poco más que supersticiones.
Tolkien dirá que quien no abraza la sabiduría del pasado en tiempos de crisis, la única opción que queda es intentar destruir el presente.

martes, 7 de julio de 2020

La vendetta es la primera sanción establecida por el orden social


Hans Kelsen

Cuando los hombres viven en sociedad, la noción del bien y del mal nace en su espíritu. Así llegan a pensar que en tales circunstancias los miembros del grupo deben conducirse de una manera determinada, es decir, conforme a ciertas normas. Escribe el jurista y filósofo austriaco Hans Kelsen que“las primeras normas sociales han tenido verosímilmente por fin imponer restricciones al instinto sexual y a la violencia. El incesto y el homicidio en el interior del grupo son, sin duda, los crímenes más antiguos y la vendetta la primera sanción establecida por el orden social. Esta sanción está fundada sobre el principio social más primitivo, el de la retribución, que se manifiesta tanto en lo que respecta a la pena como a la recompensa. Se puede formular de la siguiente manera, “si un individuo actúa bien, debe ser recompensado, y si actúa mal, debe ser penado”. Entre la condición y la consecuencia, entre la acción buena o mala y la recompensa o la pena, no hay una relación de causa efecto, sino una imputación, ya que la recompensa o el castigo son imputados a la acción a la cual deben retribuir”.