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domingo, 5 de octubre de 2025

La verdad moral objetiva existe y es universal

Existe un desprecio por la tradición, una incapacidad por comprender las experiencias de nuestros antepasados como el resultado de generaciones que han aceptado las leyes que gobiernan nuestra existencia. La noción que esas tradiciones que son sagradas suministraba a la antigua Grecia una fuente constante de creatividad. Los griegos eran incansables intelectual y políticamente, y no conocían limites en este sentido, salvo lo que les marcaba su sentido de la belleza y del orden de todas las cosas. Tal devoción les ayudaba a protegerse  contra el absurdo de que lo “bueno” es cualquier cosa que la mayoría desee. 
La idea de que el bien y el mal son una invención social, meras convenciones, no es nueva. Porque no solo la verdad es eterna, junto a ella también cabalga la mentira.El hombre necesita la sabiduría, pero compra estupidez. La verdad moral objetiva existe y es universal.

Referencia: Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental. José Javier Esparza y Anthony Esolen 

martes, 27 de mayo de 2025

La idea de Dios

Yo, que soy una sustancia finita, no puedo ser la causa de la idea de Dios que hay en mí, de la idea de una sustancia infinita, eterna, inmutable, omnisciente y omnipotente; de ahí concluye Descartes que Dios existe, y que ha puesto en mí la idea de sustancia infinita. Descartes quiere hallar una prueba demostrativa de la existencia de Dios “tan cierta como cualquier demostración geométrica”. Partiendo de la idea clara y distinta de un ser perfectísimo, no deducir su existencia sería negarle una perfección. Así como no puedo pensar un triángulo rectilíneo sin deducir que la suma de sus ángulos es igual a dos rectos, o no puedo concebir una montaña sin valle, de la misma manera no puedo pensar en un Dios inexistente. Esto no significa, aclara Descartes, que tenga que existir la montaña o el valle, sino que dada la primera, no puede ser pensada sin la nota esencial que la define. Es decir, supuesta una montaña, tiene que haber necesariamente un valle. Pero la idea de Dios es especialísima, ya que la nota esencial es la existencia; un Dios inexistente sería una contradicción. Sin el supuesto de la existencia de Dios, sería imposible conocer con evidencia. Ahora que mi razón lo ha hecho necesariamente existente, puedo estar seguro no solamente de mi propia existencia y de la de Dios, sino también de la existencia del mundo material. 

lunes, 13 de enero de 2025

No tenemos forma de imaginar nuestra existencia fuera del tiempo

Boecio decide mirar hacia adelante confiado en que sobrevivirá a su cuerpo. El filósofo no teme una vida celestial marcada por el tedio porque considera que el cielo está más allá del tiempo. La vida eterna no será una serie interminable de momentos aburridos o absurdos sino que será una existencia completamente plena en la que el tiempo carecerá de sentido.Dado que no tenemos forma de imaginar nuestra existencia fuera del tiempo, no tenemos forma de imaginar nuestra vida en un cielo de este tipo.
Tolkien llama a la muerte un “don” sencillamente porque libera a los hombres del hastío y el tedio de una existencia interminable.

domingo, 2 de abril de 2023

La muerte es la aurora de la vida transfigurada

Canta Dante:
¿No sabeis que somos gusanos
nacidos para formar la mariposa celeste
que debe, desnuda, volar a la justicia?
y continua
Oh genero humano, nacido para volar al cielo
¿Por que caer,así, al menor soplo de viento?
Y más adelante continua Dante
El que se lamenta de que haya de morir en la tierra
para revivir en lo alto, es que no se ha percatado
del frescor que produce la lluvia eterna.
Para Dante la muerte no es la puerta sombría del reino del absurdo, ni tampoco el acceso a un vago mundo de estrellas, reservado a los iniciados, la muerte es la aurora de la vida transfigurada, la entrada al Reino del Amor.


viernes, 20 de marzo de 2020

Si consideramos este mundo como un lugar destinado a nuestra felicidad, lo hallaremos inaguantable


Escribía Lewis que “el punto de vista cristiano es que los hombres han sido creados para estar en determinada relación con Dios (si mantenemos esa relación con Él, se derivará inevitablemente la relación correcta de unos hombres con otros). Cristo dijo que era difícil que el rico entrara en el reino de los cielos, refiriéndose, sin duda, a la riqueza en el sentido más común. Pero yo creo, dice Lewis, que incluye la riqueza en todos los sentidos, la buena fortuna, la salud, la popularidad, y todo lo demás que uno desea alcanzar. Esas cosas contribuyen, como el dinero, a que nos sintamos independientes de Dios, puesto que si las tenemos, nos sentimos felices y contentos ya en esta vida. No queremos prestar atención a nada más, e intentamos apoyarnos en una felicidad dudosa como si durara para siempre. Pero Dios quiere para nosotros la felicidad verdadera y eterna. Por eso, tal vez tenga que apartar estas riquezas de nosotros. Si no lo hiciera, seguiríamos sin confiar en Él. Parece cruel, ¿verdad?, pero yo empiezo a descubrir que lo que la gente llama doctrinas crueles, a la larga, son realmente las más benévolas. Yo solía pensar que una doctrina cruel era sostener que el infortunio y la desgracia eran castigos. Pero en la práctica descubro que, cuando nos vemos en apuros, tan pronto como los consideramos como un castigo, se vuelven más fáciles de soportar. Si consideramos este mundo como un lugar destinado sencillamente para nuestra felicidad, lo hallaremos totalmente inaguantable. Pensemos en él como lugar de preparación y corrección y no nos parecerá tan malo”.

domingo, 15 de diciembre de 2019

La verdad es una, o no es verdad en absoluto

La Verdad, el Tiempo y la Historia de Goya
Las verdades religiosas son algo diferente, puesto que proceden directamente de Dios. Por lo tanto, son más ciertas que las verdades naturales que los hombres han descubierto. Euclides pudo equivocarse y Einstein también, y Colón, pero Dios no. Las verdades divinas son inmutables y eternas, siempre las mismas.

Escribe Leo Trese que si empezáramos a hacer distingos entre las verdades divinas; si dijéramos, por ejemplo, que creemos en el cielo pero no en el infierno o que aceptamos las palabras de Cristo cuando habló de la necesidad del bautismo pero no cuando dijo “Esto es mi Cuerpo”, entonces, o estamos negando la existencia de verdades fundamentales o hemos perdido el juicio. Precisamente porque intuimos claramente que la verdad sólo puede ser una, nos resulta tan difícil comprender aquellas confesiones religiosas que admiten opiniones distintas. Decir que cada cual puede interpretar las Sagradas Escrituras a su manera y pensar que todos tienen razón es estúpido. La verdad es una, o no es verdad en absoluto.