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domingo, 30 de noviembre de 2025

Los principios eternos de la religión que siempre permanecen inmutables

Robert Hugh Benson 
Para los anglicanos, cuya teología es básicamente irracional, y entre quienes la Autoridad es en la práctica inexistente, resulta normal colocar el centro de gravedad en las Emociones y “confundir ...la imaginación con el alma”. En su opinión, la razón ha de ser constantemente suprimida incluso de su esfera legítima; el centro lo ocupará principalmente la voluntad. Al poner el énfasis en la razón y la voluntad (los aspectos de la espiritualidad, en oposición a las emociones, capaces de ser aprehendidos objetivamente), Robert Hugh Benson se estaba haciendo eco de la misma cadena lógica que él mismo había seguido durante su retiro de noviembre de 1902. Fue entonces cuando contrastó la causa subjetiva de una emoción, más concretamente, la depresión, con la naturaleza objetiva de la verdad: “los principios eternos de la religión” que siempre permanecen inmutables. Un aspecto en el que coincidía plenamente con Chesterton y Belloc, quienes también hacían hincapié en la primacía de la razón cuando se trata de aprehender la verdad espiritual.
Paradójicamente, entre sus más profundos sentimientos no se incluía ninguna atracción emocional por parte de aquello hacia lo que, sin embargo, sí se veía intelectualmente arrastrado: “Comprendí perfectamente que era tan humana como divina, que dentro de sus muros se habían cometido delitos; que las formas, las costumbres y el idioma de sus ciudadanos serían distintos de los de la querida y familiar ciudad de la que yo procedía; que allí me encontraría con dificultades, con maneras poco conocidas, incluso con recelos y reproches. Pero que, a pesar de todo, era divina…”.

Referencia: Escritores conversos (Joseph Pearce)

martes, 27 de mayo de 2025

La idea de Dios

Yo, que soy una sustancia finita, no puedo ser la causa de la idea de Dios que hay en mí, de la idea de una sustancia infinita, eterna, inmutable, omnisciente y omnipotente; de ahí concluye Descartes que Dios existe, y que ha puesto en mí la idea de sustancia infinita. Descartes quiere hallar una prueba demostrativa de la existencia de Dios “tan cierta como cualquier demostración geométrica”. Partiendo de la idea clara y distinta de un ser perfectísimo, no deducir su existencia sería negarle una perfección. Así como no puedo pensar un triángulo rectilíneo sin deducir que la suma de sus ángulos es igual a dos rectos, o no puedo concebir una montaña sin valle, de la misma manera no puedo pensar en un Dios inexistente. Esto no significa, aclara Descartes, que tenga que existir la montaña o el valle, sino que dada la primera, no puede ser pensada sin la nota esencial que la define. Es decir, supuesta una montaña, tiene que haber necesariamente un valle. Pero la idea de Dios es especialísima, ya que la nota esencial es la existencia; un Dios inexistente sería una contradicción. Sin el supuesto de la existencia de Dios, sería imposible conocer con evidencia. Ahora que mi razón lo ha hecho necesariamente existente, puedo estar seguro no solamente de mi propia existencia y de la de Dios, sino también de la existencia del mundo material. 

viernes, 18 de agosto de 2023

Las leyes de la naturaleza no se pueden transgredir

Cuenta Stephen Hawking que “el universo es una máquina gobernada por principios o leyes, unas leyes que pueden ser entendidas por la mente humana. Creo que el descubrimiento de esas leyes ha sido el mayor logro de la humanidad, porque son esas leyes de la naturaleza, como ahora las llamamos, las que nos dirán si hace falta realmente un dios para explicar el universo. Las leyes de la naturaleza son una descripción de cómo las cosas funcionan realmente en el pasado, el presente y el futuro. En el tenis, la pelota siempre va exactamente donde las leyes dicen que irá. Y hay muchas otras leyes en juego, que gobiernan todo lo que pasa, desde cómo se produce la energía del lanzamiento en los músculos de los jugadores hasta la velocidad con que la hierba crece bajo sus pies. Pero lo que realmente importa es que esas leyes físicas, además de ser inmutables, son universales. Se aplican no solo al vuelo de una pelota, sino al movimiento de un planeta y de todo lo demás en el universo. A diferencia de las leyes promulgadas por los humanos, las leyes de la naturaleza no se pueden transgredir, por eso son tan poderosas”.

domingo, 15 de diciembre de 2019

La verdad es una, o no es verdad en absoluto

La Verdad, el Tiempo y la Historia de Goya
Las verdades religiosas son algo diferente, puesto que proceden directamente de Dios. Por lo tanto, son más ciertas que las verdades naturales que los hombres han descubierto. Euclides pudo equivocarse y Einstein también, y Colón, pero Dios no. Las verdades divinas son inmutables y eternas, siempre las mismas.

Escribe Leo Trese que si empezáramos a hacer distingos entre las verdades divinas; si dijéramos, por ejemplo, que creemos en el cielo pero no en el infierno o que aceptamos las palabras de Cristo cuando habló de la necesidad del bautismo pero no cuando dijo “Esto es mi Cuerpo”, entonces, o estamos negando la existencia de verdades fundamentales o hemos perdido el juicio. Precisamente porque intuimos claramente que la verdad sólo puede ser una, nos resulta tan difícil comprender aquellas confesiones religiosas que admiten opiniones distintas. Decir que cada cual puede interpretar las Sagradas Escrituras a su manera y pensar que todos tienen razón es estúpido. La verdad es una, o no es verdad en absoluto.