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miércoles, 6 de agosto de 2025

Compraba la calidad de sus espíritus

*Su corazón nada tenía que pedir, nada pedía a Dios.La plegaria constituía una afirmación de si mismo y de lo que él creía que era. Un hombre de poder definitivo; un hombre, en ese sentido, sin par, al menos en su país.
Abajo, en las calles, tan distantes que las veía como meras veredas grises, se movían criaturas del tamaño de insectos. Eran las gentes cuyos pensamientos guiaba, cuyas mentes iluminaba, cuyas conciencias dirigía. Que ellos lo ignorasen y que solo unos cuantos los supiesen, acrecía su poder. Hacía mucho que había renunciado a la ambición de ser un caudillo popular. Porque no tenía el don de ganarse el amor del pueblo, no. Obligado a saber que su aspecto, sombrío y grave, inspiraba más temor que fe, se había emparedado a si mismo en aquel gran edificio. Desde allí esparcía sobre la nación la red de sus periódicos diarios. Para ello adquiría los servicios y los máximos talentos de los hombres. Creía, aunque no con cinismo, que no pudiera ser comprado. Por otra parte, nada podía persuadirle para que comprase un talento que no deseaba o que no pudiera moldear según la forma de su propia doctrina. Los mejores escritores no encontraban lugar en sus paginas si no opinaban como él. Pocos eran los que no se sentían tentados por cincuenta mil solares. Sólo había uno al que ni siquiera le había tentado doble cantidad. Ninguno, pensaba, rehusaría lo que el ofreciera si juzgaba acertado ofrecérselo. Lo que compraba no era únicamente el fluir de los trabajos de los hombres. Compraba también la calidad de sus espíritus. Un hombre hasta entonces incorruptible era valioso cuando cedía, aunque no fuese más porque vendía a la par la confianza de las gentes en él.
*Hombres de Dios de Pearl S. Buck (Premio Pulitzer y el Nobel de Literatura)

domingo, 21 de noviembre de 2021

En el umbral de la tumba podamos encontrar fuerzas en esta humilde plegaria por nuestros enemigos

El sábado 14 de julio de 1918, la esposa del zar Alexandra anotaba “la alegría de unas vísperas, en esta segunda visita del joven sacerdote”. El padre Storozhev ya había estado antes allí, en mayo, y Yurovsky estuvo de acuerdo en que volviera otra vez. El sacerdote reunió a toda la familia. Alexis se sentó en la silla de ruedas de su madre. Alexandra, con un vestido lila, se sentó al lado de su hijo. Nicolás, vestido con su camisa caqui, pantalones y botas, se quedó de pie con sus hijas, vestidas con blusas blancas y faldas oscuras. Cuando comenzó la misa, Nicolás se hincó de rodillas. Un amigo de Alexandra les había enviado a Tobolsk un poema dedicado a Olga y Tatiana. En la Casa Ipatiev, Olga lo copió en uno de sus libros. Los Blancos encontraron los versos: "Dadnos paciencia, Señor, a nosotros tus hijos en estos sombríos y tormentosos días, cuando sufrimos la persecución de nuestro pueblo y los tormentos de nuestras culpas. Dadnos fuerza, Dios de Justicia, a nosotros que la necesitamos, perdona a nuestros perseguidores, y que tu gran mansedumbre alivie el peso de esta dolorosa cruz que acarreamos. Cuando somos despojados e insultados en estos días de incansable amotinamiento, pedimos tu ayuda, Cristo Salvador, para poder soportar la amarga prueba. Señor del mundo, Dios de la Creación, dadnos tu bendición a través de nuestra plegaria, dad la paz a nuestros corazones, oh Maestro, en esta hora extrema que debemos vivir. Y en el umbral de la tumba, insufla tu poder divino en nuestra arcilla para que nosotros, tus hijos, podamos encontrar fuerzas en esta humilde plegaria por nuestros enemigos".



jueves, 15 de octubre de 2020

Los pueblos de Europa recibieron una llamada


Pierangelo Sequeri

Pierangelo Sequeri, teólogo de la Iglesia Católica y que dirige el Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para el Matrimonio y las Ciencias de la Familia desde agosto de 2016 en su libro Contra los ídolos posmodernos escribe que cuando Moisés está todavía ante Dios, en el monte Sinaí, Dios le anticipa la noticia de la perversión del pueblo y le anuncia su castigo: “Ahora, déjame que se encienda mi ira contra ellos y los extermine; pero yo haré de ti una gran nación” (Éx 32,10). La plegaria de Moisés es apasionada y atrevida. “¿Cómo podrás destruirlos después de haberlos salvado? ¿Puedes soportar que los pueblos digan de ti que a los tuyos has engañado, liberándolos de la esclavitud para dispersarlos en el desierto? A sus padres prometiste dar a este pueblo una larga historia de vida: ¿quieres que sus hijos cuenten durante generaciones que eres un Dios de poco fiar?” Tras haber dicho esto, Moisés desciende del monte y aplica a los poco fiables guías del pueblo un castigo duro y ejemplar.

Moisés de Miguel Angel
Moisés le dice a Dios como remate de su plegaria: “Si no quieres perdonarlos, bórrame del libro que tienes escrito”. Así se habla. Así se hace cuando se tiene la responsabilidad del pueblo de Dios. Dios había ofrecido a Moisés una vía de salida, la posibilidad de quedar fuera del castigo: “Yo haré de ti una gran nación”. Y Moisés replica impulsivamente: “Es a ellos a quienes hiciste la promesa, es a ellos a quienes debes confirmarla, si quieres. En caso contrario, bórrame también a mí de Tu memoria”. Dios nos conceda ser sacudidos y conmovidos por un gesto como este. Hay que ser más duros con el pecado de idolatría. (Y el ídolo siempre es de oro. Siempre lleva el signo de Mammón, que lo hace fácilmente reconocible.) Sin duda esta es la hora de Moisés, no la de Aarón: “Sabes que este pueblo está inclinado al mal. Me dijeron: “Haznos dioses que vayan delante de nosotros, pues no sabemos qué ha ocurrido a ese Moisés, a ese hombre que nos sacó de la tierra de Egipto”. Yo les respondí: “¿Quién de vosotros tiene oro?”. Y despojándose de él me lo entregaron; yo lo eché al fuego, y salió ese becerro”.


Hay que ser más puros en la determinación que nos impide salvarnos nosotros solos (y ay de aquellos que lo han intentado). Los pueblos de Europa recibieron una llamada y compartieron una promesa, que nosotros hemos alimentado y compartido. Por ellos y con ellos hemos hecho milagros. No le vamos a pedir precisamente ahora a Dios que nos dé otra generación, abandonando a estos a su destino. La evangelización renovada, como la alianza que inscribe el gesto de Moisés, no es otra evangelización. Es la misma, que hay que renovar después de que la alianza que nos liberó de la esclavitud fuera sometida a una dura prueba por la crisis del becerro de oro. La nueva evangelización, mientras nos sea concedida, tiene esto de definitivo, ya no tiene excusas, ni siquiera para nosotros. El pecado de idolatría ha de ser expiado, pero el guía del pueblo debe exponerse también a sus consecuencias, identificándose, frente a Dios, con el destino del pueblo. Sea cual sea. En Jesús, es el propio Hijo, el único inocente, el que hace esto. La piedra angular del cristianismo es esta, no podemos dar vueltas, o construir sobre otra cosa.

martes, 22 de mayo de 2018

Gregoriano.


El gregoriano se concibe en una sociedad religiosa y el músico actúa movido por sentimientos religiosos. Implica una mística sin la cual desaparecería la esencia de este canto. Sirve a un rito ordenado, la liturgia de la Iglesia.El gregoriano es como el instrumento vital de la plegaria. Por ello lo vital del gregoriano es el texto y los saltos de notas. No suele utilizar los contrastes porque pretende reflejar el concepto de “paz turbada”. A veces da el sentido de preguntas y respuestas con ecos melódicos. Actúa de manera sobria. No se puede concebir sin ligarlo al texto religioso. Es un canto latino cristiano que se combina para asegurar la paz. Prescinde de todo lo que pueda excitar los nervios. Es un canto unísono, a capella, sin instrumentos. Es reflejo de un espíritu emocional.
La cualidad característica del gregoriano es la falta de puntos de tensión que representa al resto de la música occidental. Cada nota de la melodía es independiente y tónica; cada punto tiene una dignidad y se impone al resto. Es la música de una sociedad que canta coralmente, como si cantaran al unísono todos los fieles. Es música para una comunidad en la que no existe diferenciación entre música popular y música culta. Se convertirá en la única música del occidente cristiano, que surgió de tradiciones romano bizantinas y se mantendrá mientras predomine el románico y lo impongan las condiciones sociales.



Carlos Javier Taranilla pone de manifiesto que el instinto de galos y francos termina provocando la aparición de dos ramas del gregoriano hacia nuevas formas musicales, los tropos y las secuencias. Los primeros surgieron en la abadía de Saint-Gall, basándose en comentarios intercalados en un texto litúrgico aplicando una sílaba a cada nota que desemboca en un diálogo, perdiéndose la monodia gregoriana. Las secuencias son parecidas a los tropos, pero más creativas, formadas por una estrofa cantada por un coro seguida de otras dos a cargo de un solista, añadiendo textos libres con una carga poética. Ambas formas musicales alcanzan su mayor difusión al ser acogidas por los seglares. Se inicia la polifonía, es decir, el canto a varias voces.