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sábado, 12 de octubre de 2024

Los salomones

Escribe Oriana Fallaci que había un bellísimo monumento que estaba delante del Palacio de Justicia de Birmingham, capital de Alabama. Un bloque de piedra con un gran libro de mármol abierto por la mitad, y sobre las dos páginas abiertas los Diez Mandamientos, génesis de nuestros principios morales. Los habitantes de Birmingham estimaban mucho al gran libro de mármol. Y también el gobernador, un hombre muy querido por los negros que allí son casi todos cristianos. Baptistas, metodistas, presbiterianos, luteranos, católicos. Pero un triste día los representantes de la exigua minoría islámica se pusieron a murmurar que los Diez Mandamientos los habría escrito el judío Moisés, que exponerlos en público favorecía a la cultura judeo-cristiana es decir a los baptistas, metodistas, presbiterianos, luteranos, católicos. Y los Politically Correct se alinearon con Alá. La protesta terminó en la Corte Constitucional, los salomones de la Corte Constitucional sentenciaron que además de dañar al diálogo interreligioso el libro de mármol ofendía a las normas sobre las que se basa la separación entre Estado e Iglesia, y el bellísimo monumento fue retirado a despecho del gobernador que se negaba a aceptar el ultrajante veredicto. 

domingo, 17 de septiembre de 2023

La Ley divina es el pensamiento de Dios

En febrero de 2000, durante su visita al monasterio de Santa Catalina del Sinaí, Juan Pablo II explicaba que el camino señalado por la Ley divina no es un reglamento de la policía moral, sino el pensamiento de Dios. La Ley de Dios promulgada por Moisés encierra los grandes principios, las condiciones imperiosas de la supervivencia espiritual de los hombres. Todas las prohibiciones que contiene son una protección que impide al hombre caer por el precipicio del mal y el abismo del pecado y de la muerte. Una vida iluminada por el amor de Dios no necesita refugiarse tras barreras moralizadoras, que suelen ser la expresión de miedos inconfesados. La moral es fundamentalmente una consecuencia de la fe cristiana. (Cardenal Robert Sarah).

sábado, 9 de abril de 2022

Un límite insuperable

Francesco Alberoni

Para el profesor Francesco Alberoni “Dios pone a prueba a Abraham, pero al mismo tiempo Abraham pone a prueba a su Dios; en efecto, ¿qué le ocurriría a Dios si Abraham matara a su hijo? Ya no sería un dios de amor, sino un dios cruel, sanguinario. También Moisés es puesto a prueba por su Dios cuando le pide que se arroje a las aguas del Mar Rojo, pero en ese momento también Dios es sometido a prueba porque no puede decir “arrójate” y luego dejar que las aguas aneguen a su pueblo. Un Dios que actuara de esa manera sería engañador, demoníaco. La clave de la solución reside en que el punto sin regreso se pide pero no se exige; es un cheque que no se cobra. Abraham está por matar al hijo, pero Dios no exige el sacrificio. Ambos han superado la prueba y han tenido la demostración, pero ambos han cumplido una renuncia esencial, han encontrado y reconocido un límite insuperable. El amor se hace posible sólo cuando el punto sin regreso del otro es tomado como propio límite auténtico, querido como propio auténtico límite”.

jueves, 15 de octubre de 2020

Los pueblos de Europa recibieron una llamada


Pierangelo Sequeri

Pierangelo Sequeri, teólogo de la Iglesia Católica y que dirige el Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para el Matrimonio y las Ciencias de la Familia desde agosto de 2016 en su libro Contra los ídolos posmodernos escribe que cuando Moisés está todavía ante Dios, en el monte Sinaí, Dios le anticipa la noticia de la perversión del pueblo y le anuncia su castigo: “Ahora, déjame que se encienda mi ira contra ellos y los extermine; pero yo haré de ti una gran nación” (Éx 32,10). La plegaria de Moisés es apasionada y atrevida. “¿Cómo podrás destruirlos después de haberlos salvado? ¿Puedes soportar que los pueblos digan de ti que a los tuyos has engañado, liberándolos de la esclavitud para dispersarlos en el desierto? A sus padres prometiste dar a este pueblo una larga historia de vida: ¿quieres que sus hijos cuenten durante generaciones que eres un Dios de poco fiar?” Tras haber dicho esto, Moisés desciende del monte y aplica a los poco fiables guías del pueblo un castigo duro y ejemplar.

Moisés de Miguel Angel
Moisés le dice a Dios como remate de su plegaria: “Si no quieres perdonarlos, bórrame del libro que tienes escrito”. Así se habla. Así se hace cuando se tiene la responsabilidad del pueblo de Dios. Dios había ofrecido a Moisés una vía de salida, la posibilidad de quedar fuera del castigo: “Yo haré de ti una gran nación”. Y Moisés replica impulsivamente: “Es a ellos a quienes hiciste la promesa, es a ellos a quienes debes confirmarla, si quieres. En caso contrario, bórrame también a mí de Tu memoria”. Dios nos conceda ser sacudidos y conmovidos por un gesto como este. Hay que ser más duros con el pecado de idolatría. (Y el ídolo siempre es de oro. Siempre lleva el signo de Mammón, que lo hace fácilmente reconocible.) Sin duda esta es la hora de Moisés, no la de Aarón: “Sabes que este pueblo está inclinado al mal. Me dijeron: “Haznos dioses que vayan delante de nosotros, pues no sabemos qué ha ocurrido a ese Moisés, a ese hombre que nos sacó de la tierra de Egipto”. Yo les respondí: “¿Quién de vosotros tiene oro?”. Y despojándose de él me lo entregaron; yo lo eché al fuego, y salió ese becerro”.


Hay que ser más puros en la determinación que nos impide salvarnos nosotros solos (y ay de aquellos que lo han intentado). Los pueblos de Europa recibieron una llamada y compartieron una promesa, que nosotros hemos alimentado y compartido. Por ellos y con ellos hemos hecho milagros. No le vamos a pedir precisamente ahora a Dios que nos dé otra generación, abandonando a estos a su destino. La evangelización renovada, como la alianza que inscribe el gesto de Moisés, no es otra evangelización. Es la misma, que hay que renovar después de que la alianza que nos liberó de la esclavitud fuera sometida a una dura prueba por la crisis del becerro de oro. La nueva evangelización, mientras nos sea concedida, tiene esto de definitivo, ya no tiene excusas, ni siquiera para nosotros. El pecado de idolatría ha de ser expiado, pero el guía del pueblo debe exponerse también a sus consecuencias, identificándose, frente a Dios, con el destino del pueblo. Sea cual sea. En Jesús, es el propio Hijo, el único inocente, el que hace esto. La piedra angular del cristianismo es esta, no podemos dar vueltas, o construir sobre otra cosa.

domingo, 11 de noviembre de 2018

El hecho religioso no puede ser expresado sólo con palabras.

Eugenio Pio Zolli ,Gran Rabino de Roma durante la Segunda Guerra Mindial, publica en 1935 “Israel”, un estudio histórico y religioso. Con una franqueza y una honestidad rara en muchos estudiosos judíos, dice su biógrafa Judith Cabaud, Zolli intenta remontarse a los orígenes del monoteísmo judío. A medida que se acerca a su fuente, el rabino reacciona como Moisés ante la zarza ardiendo, siente que aquel concepto único en el mundo no deriva de un razonamiento, sino de un corazón ardiente. Para él se trata, por tanto, de una “conciencia hecha fuego que ilumina, que consume, que atrae, y que no puede ser el resultado de una reflexión”. Como Moisés ante las llamas en el Monte Horeb, el rabino Zolli constata que «el hecho religioso no puede ser expresado sólo con palabras. No es posible, por tanto, penetrar en el misterio de la experiencia religiosa de la conciencia de otro con una lógica cerrada. Las revoluciones en el corazón de la vida espiritual se verifican con la misma naturaleza con la que un rayo de sol atraviesa las nubes. El monoteísmo judío tiene por tanto su origen en un deseo espontáneo de la verdad. Existe una sed de Dios que a continuación vendrá resumida en la historia del pueblo judío en una sola Persona, la del Dios Hecho Hombre”.
Y añade Zolli que “la obediencia a la Ley y el cumplimiento de los ritos son virtudes peligrosas para el Hombre, porque le pueden dar la sensación de poder bastarse consigo mismo. En el amor de Dios está también el amor a la Ley, que es divina, pero que no es Dios, como una obra maestra es la expresión del genio de un artista, pero sin ser el artista mismo. El amor a la Ley prevalece a menudo (en el judaísmo) sobre la Ley del Amor”.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Freud: la eliminación de la religión conduce al caos.


 Sigmund Freud
En su libro El porvenir de una ilusión,Sigmund Freud,nacido de padres judíos, que fue criado sin religión y que  se consideró siempre un no creyente aunque se sentía unido al judaísmo no por “las creencias o un orgullo de nación sino por la clara conciencia de la identidad interior, el secreto de la misma estructura mental”,reconoce la posibilidad de que la eliminación de la religión conduzca al caos: “Si a los hombres se les enseña que no existe un Dios omnipotente e infinitamente justo, un orden divino en el mundo y una vida futura, se sentirán eximidos de toda obligación de obedecer los preceptos de la civilización. Cada uno buscará, sin inhibición ni temor alguno, seguir sus instintos asociales y egoístas y afirmar su poder; el Caos, que hemos conjurado mediante muchos miles de años de civilización, volverá de nuevo”.

En una carta a su amigo suizo Oskar Pfister, Freud escribía: “Por cierto, ¿cómo puede ser que ninguno de los creyentes haya sido capaz de concebir el psicoanálisis, y que hayamos tenido que esperar a un judío sin Dios?”. Según David Bakan en su obra Sigmund Freud and the Jewish Mystical Tradition, Freud se concibe a sí mismo como un nuevo Legislador que sustituye a Moisés, el anterior Legislador. El nuevo debe derrocar al antiguo. Moisés nos trajo una ley que ata, Freud una ley que libera. “De este modo, desempeña el papel de un nuevo Moisés que baja de la montaña con una nueva Ley volcada en la libertad psicológica personal”. El hombre religioso nació para ser salvado; el hombre psicológico, para el placer. Freud se veía a sí mismo no sólo como un liberador sexual, sino también, al identificarse a sí mismo con un mesías secular, como un nuevo Moisés: se veía a sí mismo con proporciones míticas.

David Bakan desarrolla y documenta de forma convincente
David Bakan
la tesis según la cual, al menos metafóricamente, Freud hizo un “pacto satánico” cuyo fruto fue el psicoanálisis. Poco después de cerrar el pacto, después de haber atravesado un período de improductividad y falta de ánimo, Freud escribió “La interpretación de los sueños” (1910), trabajo que siempre consideró su obra maestra. Al inicio del libro consignó el lema “Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo” (si los dioses del cielo no me son de utilidad, moveré el infierno entero). Bakan argumenta que para Freud era perfectamente lógico considerarse a sí mismo el diablo, dado que tanto él como el diablo eran los opuestos de Moisés. Cita una observación que Freud hizo en una ocasión a sus colegas: “¿Sabéis que soy el Diablo? Durante toda mi vida he tenido que interpretar el papel del Diablo, a fin de que otros pudiesen construir las más bellas catedrales que salieron de mi mente". Bakan añade a renglón seguido: “La enfermedad del neurótico es la culpa. Esta culpa es, en sí misma, un mal, y eliminarla es algo bueno.Si Dios es la imagen que produce la culpa, entonces el Diablo es la fuerza opuesta”.
Juan Pablo II
Desde el punto de vista de la tradición judeocristiana, sólo Dios Padre no tiene padre. Pretender no tener padre sería por tanto equivalente a pretender ser Dios. El papa Juan Pablo II ha escrito que “El pecado original pretende abolir la paternidad dejando al hombre solamente con un sentido de la relación entre amo y esclavo”. La ausencia de paternidad implica la imposibilidad de la fraternidad. No es casual que tanto Schopenhauer como Nietzsche y Sartre, además de Freud, forcejeasen con la noción de la carencia de padre, dice el profesor Donald de Marco. Lo que esa carencia implica si se lleva a sus últimas consecuencias, aunque esa implicación sea irreal, es la carencia de Dios y la autodeificación. Pero su implicación más inmediata y existencial es la orfandad y el abandono.


Freud habla de amor en términos de Eros, pero en realidad lo reduce a un deseo instintivo que se agota a sí mismo conforme resulta satisfecho.








Pretender no tener padre sería por tanto equivalente a pretender ser Dios

Freud habla de amor en términos de Eros, pero en realidad lo reduce a un deseo instintivo que se agota a sí mismo conforme resulta satisfecho.

El pecado original pretende abolir la paternidad dejando al hombre solamente con un sentido de la relación entre amo y esclavo

lunes, 5 de septiembre de 2016

La religión hebrea.


En la primera época en que cabe distinguir a la religión hebrea, esta aún era probablemente politeísta, pero también monólatra; es decir, que al igual que otros pueblos semitas, las tribus que fueron las precursoras de los judíos creían que había muchos dioses, pero adoraban solo a uno, al suyo. 

Abraham
La primera etapa de perfeccionamiento fue la idea de que el pueblo de Israel debía devoción exclusiva a Yahvé, la deidad tribal, un dios celoso que había hecho un pacto con su pueblo para llevarlo de nuevo a la tierra prometida, la Canaán adonde Yahvé ya había llevado a Abraham desde Ur, y que ha seguido siendo un foco de pasión hasta la actualidad. El pacto era una idea dominante; Israel tenía la seguridad de que, si hacía algo, ocurriría algo deseable en consecuencia, lo que suponía una gran diferencia respecto de la atmósfera religiosa de Mesopotamia o de Egipto. Las exigencias de exclusividad de Yahvé dieron paso al monoteísmo, ya que, llegado el momento para ello, los israelitas no sentían respeto alguno por los otros dioses que podrían constituir un obstáculo para esta evolución. Pero esto no fue todo. La naturaleza de Yahvé fue pronto diferente a la de los demás dioses tribales. La característica más distintiva de su culto era que no había ninguna representación de su imagen.

El poder creativo de Yahvé era otro aspecto que diferenciaba
John Morris Roberts
a los hebreos de la tradición mesopotámica, dice el profesor John Morris Roberts. Ambas religiones consideraban que el origen del género humano era un caos acuático. “La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo”, dice contundentemente el libro del Génesis. Para los mesopotámicos, no hubo creación pura; siempre había existido algún tipo de materia, y los dioses solo la ordenaron. Pero para los hebreos era diferente: Yahvé ya había creado el propio caos. Yahvé fue para Israel lo que más tarde expresó el credo cristiano: “Creador del cielo y de la tierra, creador de todo lo visible y lo invisible”; era, por tanto, el supremo creador. Además, hizo al hombre a su imagen y semejanza, como un compañero, no como un esclavo; el hombre era la culminación y la revelación suprema de su poder creativo, una criatura capaz de distinguir el bien del mal. Finalmente, el hombre se movía en un mundo moral que establecía la propia naturaleza de Yahvé. Solo Él era justo; las leyes del hombre podían reflejar o no su voluntad, pero Él era el único autor de la rectitud y de la justicia, quien marcaba los parámetros de la conducta ejemplar.

Moises.
El relato bíblico del viaje por el Sinaí narra probablemente la época crucial en que se forjó la conciencia nacional. Pero la tradición bíblica es lo único que tenemos para documentarnos, y no se recogió hasta mucho más tarde, dice el profesor John Morris Roberts. Sin duda es verosímil que los hebreos debieran huir finalmente de una dura opresión en tierras extranjeras; una opresión que podría, por ejemplo, ser reflejo de las cargas que imponían unas enormes empresas de construcción. Moisés es un nombre egipcio, y es probable que existiera un original histórico del gran líder que domina la historia bíblica dirigiendo el éxodo y manteniendo unidos a los hebreos en el desierto. En el relato tradicional, fundó la ley tras traer los Diez Mandamientos de su encuentro con Yahvé, ocasión en que se renovó el pacto de Yahvé con su pueblo en el monte Sinaí, y que podría verse como el retorno formal a sus tradiciones de pueblo nómada cuyos cultos habían sido erosionados por la larga permanencia en el delta del Nilo.

"Josué ora a Dios para que el sol se detenga". Grabado de Gustave Doré.
La historia de conquista que se narra en el Libro de Josué coincide con los testimonios de la destrucción de las ciudades cananeas en el siglo XIII a.C., y lo que sabemos de la cultura y la religión cananeas también coincide con el relato bíblico de las luchas de los hebreos contra los cultos locales y el politeísmo, que lo impregnaban todo.

Jerusalén fue durante mucho tiempo un pequeño lugar lleno de suciedad y confusión, algo muy alejado del nivel que, mucho antes, había alcanzado la vida urbana de los minoicos. Pero en Israel estaban las semillas de gran parte de la historia futura del género humano. La colonización de Palestina había sido esencialmente una operación militar, y la necesidad militar provocó la siguiente etapa de la consolidación de una nación. Parece que fue el desafío que plantearon los filisteos lo que estimuló el surgimiento de la monarquía hebrea en algún momento hacia el 1.000 a.C. Con ella aparece otra institución, la de la especial distinción de los profetas, ya que fue el profeta Samuel quien ungió,nombrando así de hecho, tanto a Saúl, el primer rey, como a su sucesor, David.

Icono ruso de David, representado como Profeta y Rey,
David había dado a Israel una capital, acrecentando así la tendencia a la centralización política. Había planificado la construcción de un templo, y cuando Salomón lo edificó, el culto a Yahvé tuvo una forma más espléndida que nunca y un lugar duradero.

Jeremías encarcelado y apaleado
Al final, Israel sería recordada no por las grandes hazañas de sus reyes, sino por las normas éticas que anunciaron sus profetas. Ellos dieron forma a los vínculos de la religión con la moralidad que dominarían no solo el judaísmo, sino también el cristianismo y el islam. Los profetas hicieron evolucionar el culto a Yahvé hasta la adoración de un Dios universal, justo y misericordioso, severo a la hora de castigar el pecado, pero dispuesto a dar la bienvenida al pecador que se arrepentía. Este fue el clímax de la cultura religiosa en Oriente Próximo, un punto de inflexión después del cual pudo separarse la religión de la localidad y de la tribu. Los profetas también atacaron con acritud la injusticia social. Para ello, Amós, Isaías y Jeremías dejaron a un lado a la privilegiada casta sacerdotal, denunciando la burocracia religiosa directamente ante el pueblo. Anunciaron que todos los hombres eran iguales ante Dios, que los reyes no podían hacer sin más su voluntad; proclamaron un código moral que era una realidad dada, independiente de la autoridad humana. Así pues, la predicación de la adhesión a una ley moral que Israel creía que había sido dada por Dios, se convirtió también en una base para la crítica al poder político existente. Si la ley no estaba hecha por el hombre, no emanaba aparentemente de ese poder, y los profetas siempre podían recurrir a ella, así como a su inspiración divina, contra el rey o el sacerdote. No es demasiado decir que, si la esencia del liberalismo político radica en la creencia de que el poder ha de emplearse dentro de un marco ético independiente de él, su raíz primaria está en las enseñanzas de los profetas.

todos los hombres eran iguales ante Dios, que los reyes no podían hacer sin más su voluntad; proclamaron un código moral que era una realidad dada, independiente de la autoridad humana.