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sábado, 12 de octubre de 2024

Los salomones

Escribe Oriana Fallaci que había un bellísimo monumento que estaba delante del Palacio de Justicia de Birmingham, capital de Alabama. Un bloque de piedra con un gran libro de mármol abierto por la mitad, y sobre las dos páginas abiertas los Diez Mandamientos, génesis de nuestros principios morales. Los habitantes de Birmingham estimaban mucho al gran libro de mármol. Y también el gobernador, un hombre muy querido por los negros que allí son casi todos cristianos. Baptistas, metodistas, presbiterianos, luteranos, católicos. Pero un triste día los representantes de la exigua minoría islámica se pusieron a murmurar que los Diez Mandamientos los habría escrito el judío Moisés, que exponerlos en público favorecía a la cultura judeo-cristiana es decir a los baptistas, metodistas, presbiterianos, luteranos, católicos. Y los Politically Correct se alinearon con Alá. La protesta terminó en la Corte Constitucional, los salomones de la Corte Constitucional sentenciaron que además de dañar al diálogo interreligioso el libro de mármol ofendía a las normas sobre las que se basa la separación entre Estado e Iglesia, y el bellísimo monumento fue retirado a despecho del gobernador que se negaba a aceptar el ultrajante veredicto. 

miércoles, 17 de noviembre de 2021

La disputa se llevó ante un tribunal internacional


A principios de 1871, un grupo de diez hombres, que incluía al secretario Fish y a otros cuatro estadounidenses, más cuatro británicos y un canadiense, iniciaron negociaciones serias, y el 8 de mayo se firmó un tratado en Washington. Según sus términos, Gran Bretaña se excusaba por sus acciones durante la Guerra Civil y convenía en elaborar una definición más precisa de la neutralidad que impidiese tales acciones en el futuro. Había otros puntos menores y todo el tratado fue sometido luego a un tribunal internacional de arbitraje para dirimir los detalles. Para establecer la cifra concreta por los daños con respecto a las reclamaciones concernientes al Alabama se reunió un tribunal de cinco miembros, un estadounidense, un británico, un italiano, un suizo y un brasileño, en Ginebra, Suiza, el 15 de diciembre de 1871. El tribunal votó en contra de las grandes sumas por daños indirectos que pedían los norteamericanos. El 25 de agosto de 1872 decidieron, por cuatro a uno (con la disidencia del delegado británico), que Gran Bretaña debía pagar 15.500.000 dólares. Aunque no hubo ninguna firma británica en la decisión final, el gobierno británico pagó la suma en su totalidad al año siguiente. El dinero no importaba mucho. Lo importante era el principio subyacente en lo ocurrido. Dos naciones de primer rango estaban ensartadas en una disputa cuya decisión, habitualmente, se toma sobre la base de la guerra, sea la guerra efectiva o la amenaza de ella. Por primera vez, el honor nacional fue dejado de lado y la disputa se llevó ante un tribunal internacional cuya decisión fue aceptada pacíficamente por ambas naciones. Ofrecía una alternativa a la guerra que ha sido aceptada en muchas ocasiones en el siglo transcurrido desde entonces.