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sábado, 19 de octubre de 2024

Una hojita de papel

Todo monumento histórico es también un monumento artístico, pues incluso un monumento artístico tan insignificante como, por ejemplo, una hojita de papel con una breve nota intrascendente, además de su valor histórico sobre la evolución de la fabricación del papel, la escritura, los materiales para escribir, etcétera, contiene toda una serie de elementos artísticos como la forma externa de la hojita, la forma de las letras y el modo agruparlas. Ciertamente, son estos elementos tan insignificantes que en miles de casos prescindiremos de ellos porque poseemos suficientes monumentos que nos transmiten prácticamente lo mismo de un modo más rico y detallado. Pero si esta hojita fuese el único testimonio conservado de la creación de su época, a pesar de su precariedad habríamos de considerarla como un monumento artístico absolutamente imprescindible, escribe Alois Riegl,que fue un historiador del arte austrohúngaro, uno de los principales impulsores del formalismo y uno de los fundadores de la crítica de arte como disciplina autónoma.

sábado, 12 de octubre de 2024

Los salomones

Escribe Oriana Fallaci que había un bellísimo monumento que estaba delante del Palacio de Justicia de Birmingham, capital de Alabama. Un bloque de piedra con un gran libro de mármol abierto por la mitad, y sobre las dos páginas abiertas los Diez Mandamientos, génesis de nuestros principios morales. Los habitantes de Birmingham estimaban mucho al gran libro de mármol. Y también el gobernador, un hombre muy querido por los negros que allí son casi todos cristianos. Baptistas, metodistas, presbiterianos, luteranos, católicos. Pero un triste día los representantes de la exigua minoría islámica se pusieron a murmurar que los Diez Mandamientos los habría escrito el judío Moisés, que exponerlos en público favorecía a la cultura judeo-cristiana es decir a los baptistas, metodistas, presbiterianos, luteranos, católicos. Y los Politically Correct se alinearon con Alá. La protesta terminó en la Corte Constitucional, los salomones de la Corte Constitucional sentenciaron que además de dañar al diálogo interreligioso el libro de mármol ofendía a las normas sobre las que se basa la separación entre Estado e Iglesia, y el bellísimo monumento fue retirado a despecho del gobernador que se negaba a aceptar el ultrajante veredicto. 

miércoles, 25 de octubre de 2023

El culto al valor histórico

El valor histórico

El que el Partenón se nos haya conservado como meras ruinas es algo que el historiador no puede sino lamentar, tanto si lo considera como monumento de una determinada etapa evolutiva de la arquitectura de templos griegos, o de la técnica escultórica, o de las ideas del culto y los oficios divinos, etc. La labor del historiador es rellenar de nuevo, con todos los medios auxiliares a su alcance, los vacíos que las influencias de la naturaleza han producido en la forma originaria en el transcurso del tiempo. Los síntomas de deterioro, que son lo fundamental para el valor de antigüedad, deben ser eliminados por todos los medios desde el punto de vista del valor histórico. Sólo que esto no debe realizarse en el monumento mismo, sino en una copia o por medio del pensamiento y la palabra. El valor histórico considera que el monumento original es por principio intocable, pero por una razón completamente distinta a la del valor de antigüedad. Para el valor histórico no se trata de conservar las huellas de la vejez, de los cambios operados por influencia de la naturaleza en el tiempo transcurrido desde su surgimiento, que por lo menos le son indiferentes cuando no desagradables, sino que más bien se trata de mantener un documento lo menos falsificado posible para que la investigación histórico-artística lo pueda completar en el futuro. El valor histórico no ignora que todo cálculo humano y toda restauración están expuestos al valor subjetivo, de aquí que el documento, como el único objeto definitivamente dado; haya de conservarse lo más intacto posible para que la posteridad pueda controlar nuestros intentos de rehabilitarlo y, en caso necesario, sustituirlos por, otros mejores y más fundamentados, escribe el historiador del arte Alois Riegl.

Valor histórico

El culto al valor histórico debe, pues, cuidar de que el estado en que nos han llegado hoy los monumentos se conserve en la mayor medida posible, y ha de conducir por necesidad a postular la intervención de la mano humana en el curso de la evolución natural para impedirla, deteniendo así el desarrollo normal de la actividad destructiva de las fuerzas naturales, siempre y cuando esté en poder humano.Si, por ejemplo, nos damos cuenta de que la lluvia arrastra partes de un fresco situado en el exterior de una iglesia y hasta ahora bien conservado, de tal modo que el fresco amenaza con desaparecer ante nuestros ojos en un brevísimo plazo de tiempo, ningún partidario del valor de antigüedad se opondrá hoy día a que se ponga un tejadillo protector sobre el fresco, aun cuando esto constituya, sin duda alguna, una intervención del hombre que impide el curso autónomo de las fuerzas naturales.



martes, 6 de diciembre de 2022

Subvertir la sociedad requería destruir la ética en que se fundamentaba

Milicianos republicanos fusilando la estatua del Sagrado Corazón, en el Cerro de los Ángeles 

Los fieles de la Iglesia Católica durante la República no eran atacados como personas sino como símbolos de una institución opresora. Que un sacerdote fuera caritativo, o estuviera enfermo, o ejerciera de maestro, o fuera un erudito, o por su edad estuviera retirado… nada lo eximía de ser asesinado. Acaso, en el ejercicio de una lógica perversa, estas condiciones podían llegar a ser un agravante porque cuanto más sabio, anciano o generoso fuera o hubiera sido, más culpable debía ser considerado por haber puesto su tiempo o sus facultades al servicio de la alienación del pueblo.

Solidaridad Obrera, en relación con la persecución religiosa, en un texto editorial publicado el 22 de enero de 1937: “Hemos hecho una policía general de sacerdotes y parásitos; hemos echado fuera a los que no habían muerto con las armas en la mano, de manera que no puedan volver nunca más. Hemos hecho justicia de las ridiculeces y fingida caridad de la Iglesia y de los clérigos, los cuales, presentándose como apóstoles de la paz, habían quemado a los hijos del pueblo a favor de los grandes monopolizadores de la riqueza y de los secuestradores de la libertad. Hemos encendido la antorcha aplicando al fuego purificador a todos los monumentos que, desde hacía siglos, proyectaban su sombra por todos los ángulos de España, las iglesias, y hemos recorrido las campiñas, purificándolas de la peste religiosa.” Subvertir la sociedad requería destruir la ética en que se fundamentaba. Poco importaba que en el armazón social hubiera las mejores aportaciones espirituales de siglos. No procedía reformar sino destruir. Las muertes de eclesiásticos o de fieles fueron, así entendidas las cosas, un elemento accidental e imprescindible. No se procedió, en general, a someter a las víctimas a juicios previos. Ninguna jurisprudencia podía amparar ni dar razón a tales decisiones. Ante la evidencia de que la depuración social era el único objetivo de tales muertes y que los condenados no tuvieron ninguna garantía jurídica, éstas deben ser calificadas de viles asesinatos, califica el historiador Jordi Albertí.

domingo, 7 de junio de 2020

Histórica estatua del Sagrado Corazón de Jesús de La Roda de Andalucía ha sido decapitada y profanada



La histórica estatua del Sagrado Corazón de Jesús de La Roda de Andalucía( España), un pueblo de Sevilla, ha sido decapitada y profanada. La estatua del Sagrado Corazón de Jesús, que preside la plaza de La Roda de Andalucía, ha aparecido con una imagen dantesca, decapitada y sin manos. Las investigaciones han barajado que, entre la 1 y las 2 de la madrugada, unos individuos han asaltado el monumento dedicado al Sagrado Corazón de Jesús.

Los vecinos, algo más de 4.000 en este municipio del sureste de la provincia, están indignados, según se han manifestado muchos de ellos en las redes sociales. Nadie esperaba algo así porque se trata de un símbolo del pueblo. La efigie, de mármol, ha sido atacada con un prefabricado de granito, una especie de adoquín que podía verse junto a la fechoría al amanecer. “Esto no es cosa de niños, desde luego”, han insistido los agentes de la Policía Local. En el suelo, han aparecido las manos y la propia cabeza del Señor destrozados.

jueves, 18 de julio de 2019

Hablando del Escorial

Henry Kamen.
En el siglo XIX, el historiador Modesto Lafuente tuvo ocasión de denunciar el aislamiento en que vivía España del movimiento intelectual europeo desde Felipe II. Esta idea se forjó hace un siglo y medio por mediación de un grupo de historiadores liberales españoles, y gracias a posteriores ideologías políticas ha perdurado de forma inmerecida todo este tiempo. A fin de rescatar al Escorial de esta extravagante fantasía, dice el historiador británico  Henry Kamen, vale la pena repetir lo que debería ser obvio para aquellos que conocen el pasado de España. A los españoles, centro de un imperio intercontinental, nunca se les separó del mundo exterior. En una era en la que España era la principal potencia, miles de españoles, de todos los rangos y condiciones, incluidos el clero, la nobleza, los estudiantes, los soldados y los aventureros, abandonaron la Península y deambularon por otras partes del continente o bien emigraron a América. De la misma forma, visitantes extranjeros llegaron a España y, algunos, hasta se las ingeniaron para alcanzar la sierra de Guadarrama y echarle un vistazo a la espectacular ciudadela del rey, erigida en las laderas de las frondosas montañas. 

Biblioteca del Escorial
“Nada puede compararse al Escorial, escribía Alejandro Dumas (padre) en 1846, ni Windsor en Inglaterra, ni Peterhof en Rusia, ni Versalles en Francia. Tiene su propia identidad, creada por un hombre que doblegó su época a su voluntad, un ensueño hecho de piedra, concebido durante las noches insomnes de un rey en cuyos reinos nunca se ponía el sol”. Es fácil entender por qué la primera impresión de un observador había de ser la de encontrarse ante una evidencia de poderío. La extensa área de piedra transmite de manera inequívoca solidez y autoridad. A Dumas nunca le cupo la menor duda que “una vez en la vida llega un hombre, típico de su tiempo, el reflejo de toda una época, y deja tras de sí un monumento para dar a conocer su espíritu a todas las generaciones futuras”.