El filósofo Karl R. Popper escribe en Conjeturas y refutaciones que “ningún historiador aceptará de manera no crítica los datos de los documentos. Hay problemas de autenticidad, problemas de subjetividad y también problemas como los relativos a la reconstrucción de fuentes anteriores. Indudablemente que hay también problemas que llevan a plantear, ¿estaba el autor presente cuando ocurrieron tales sucesos? Pero no son los problemas característicos del historiador. Puede preocuparse por la confiabilidad de un informe, pero raramente se preocupará por saber si el autor de un documento fue o no un testigo presencial del suceso en cuestión, aun suponiendo que tal suceso perteneciera al tipo de los sucesos observables. Una carta que diga: “Ayer cambié de parecer en lo que respecta a esta cuestión” podría ser del mayor valor como dato histórico, aun cuando los cambios de opinión son inobservables (y aunque podamos conjeturar, en presencia de otros datos, que el autor de la carta estaba mintiendo). En cuanto a los testigos presenciales, son importantes casi exclusivamente en un tribunal de justicia, donde se los puede someter a un interrogatorio. Como la mayoría de los abogados sabe, los testigos presenciales a menudo se equivocan. Esto ya ha sido investigado experimentalmente, con los resultados más sorprendentes. Los testigos más deseosos de describir un suceso tal como ocurrió pueden cometer una cantidad de errores, especialmente si se producen con rapidez hechos muy emocionantes; y si un suceso sugiere alguna interpretación tentadora, entonces, por lo común, esta interpretación deforma lo que se ha visto realmente.”
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sábado, 9 de mayo de 2026
Los testigos presenciales a menudo se equivocan
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jueves, 19 de marzo de 2026
Alguien me paga y fabrico una historia
Alguien me paga, yo fabrico una historia y hacemos que vaya subiendo de categoría por la cadena. Desde un blog diminuto a Gawker, a un sitio web de una red local de noticias, a The Huffington Post, a los principales periódicos, a las noticias por cable y vuelta a empezar, hasta que lo irreal se vuelve real. A veces, empiezo colgando una historia falsa. A veces, publico un comunicado de prensa o le pido a un amigo que desvele una historia en su blog. A veces, “filtro” un documento. A veces, fabrico un documento y lo filtro. En realidad, puede ser cualquier cosa, desde vandalizar una página de Wikipedia a producir un caro vídeo viral. No importa cómo empiece la jugada, el final es el mismo. Se explota la economía de Internet para cambiar la percepción pública… y vender el producto, escribe Ryan Holiday, columnista y editor para The New York Observer.
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miércoles, 25 de octubre de 2023
El culto al valor histórico
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| El valor histórico |
El que el Partenón se nos haya conservado como meras ruinas es algo que el historiador no puede sino lamentar, tanto si lo considera como monumento de una determinada etapa evolutiva de la arquitectura de templos griegos, o de la técnica escultórica, o de las ideas del culto y los oficios divinos, etc. La labor del historiador es rellenar de nuevo, con todos los medios auxiliares a su alcance, los vacíos que las influencias de la naturaleza han producido en la forma originaria en el transcurso del tiempo. Los síntomas de deterioro, que son lo fundamental para el valor de antigüedad, deben ser eliminados por todos los medios desde el punto de vista del valor histórico. Sólo que esto no debe realizarse en el monumento mismo, sino en una copia o por medio del pensamiento y la palabra. El valor histórico considera que el monumento original es por principio intocable, pero por una razón completamente distinta a la del valor de antigüedad. Para el valor histórico no se trata de conservar las huellas de la vejez, de los cambios operados por influencia de la naturaleza en el tiempo transcurrido desde su surgimiento, que por lo menos le son indiferentes cuando no desagradables, sino que más bien se trata de mantener un documento lo menos falsificado posible para que la investigación histórico-artística lo pueda completar en el futuro. El valor histórico no ignora que todo cálculo humano y toda restauración están expuestos al valor subjetivo, de aquí que el documento, como el único objeto definitivamente dado; haya de conservarse lo más intacto posible para que la posteridad pueda controlar nuestros intentos de rehabilitarlo y, en caso necesario, sustituirlos por, otros mejores y más fundamentados, escribe el historiador del arte Alois Riegl.
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| Valor histórico |
El culto al valor histórico debe, pues, cuidar de que el estado en que nos han llegado hoy los monumentos se conserve en la mayor medida posible, y ha de conducir por necesidad a postular la intervención de la mano humana en el curso de la evolución natural para impedirla, deteniendo así el desarrollo normal de la actividad destructiva de las fuerzas naturales, siempre y cuando esté en poder humano.Si, por ejemplo, nos damos cuenta de que la lluvia arrastra partes de un fresco situado en el exterior de una iglesia y hasta ahora bien conservado, de tal modo que el fresco amenaza con desaparecer ante nuestros ojos en un brevísimo plazo de tiempo, ningún partidario del valor de antigüedad se opondrá hoy día a que se ponga un tejadillo protector sobre el fresco, aun cuando esto constituya, sin duda alguna, una intervención del hombre que impide el curso autónomo de las fuerzas naturales.
viernes, 23 de agosto de 2019
El odio de Stalin hacia Lenin y Trotsky
Stalin sentía rencor por Lenin, escribe el historiador Moshe Lewin. La falta total de respeto de Stalin hacia Lenin, que acabaría tornándose en odio, fue una consecuencia indirecta de su rencor obsesivo hacia Trotsky. Lo que más enojaba a Stalin era que el nombre de Trotsky estuviera vinculado al de Lenin, algo de lo que este último jamás renegó en público.
La profunda hostilidad que Stalin sentía por Lenin no emergió hasta los últimos días de la vida del segundo, cuando Stalin ya había asumido casi por completo el mando, dice Lewin,. Una ofensiva frontal contra un Lenin sano no se habría correspondido con el carácter calculador y cauto de Stalin, pero las cosas cambiaron con la enfermedad de Lenin, de cuyos detalles Stalin estaba plenamente al corriente.
Es posible que Fotieva, la secretaria de Lenin, informara a Stalin de cualquier documento que su superior le dictaba, a pesar de que había órdenes para que permanecieran en secreto. No cuesta imaginar la reacción de Stalin cuando supo que Lenin quería destituirlo de su cargo y, tal vez, acabar asimismo con su carrera política. Stalin, éste lo supo al mismo tiempo que el Politburó, a partir del texto que Lenin les trasladó en vísperas del XII Congreso del Partido. Lenin solicitaba la destitución de Stalin y explicaba los motivos. Sin embargo, fue entonces cuando Lenin quedó totalmente incapacitado y ya no se le pudo consultar nada más. Sólo el Politburó conocía la petición de Lenin; no fue hasta treinta y tres años más tarde cuando Jrushchov dio a conocer el texto al pueblo soviético.
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