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viernes, 23 de agosto de 2019

El odio de Stalin hacia Lenin y Trotsky


Stalin sentía rencor por Lenin, escribe el historiador Moshe Lewin. La falta total de respeto de Stalin hacia Lenin, que acabaría tornándose en odio, fue una consecuencia indirecta de su rencor obsesivo hacia Trotsky. Lo que más enojaba a Stalin era que el nombre de Trotsky estuviera vinculado al de Lenin, algo de lo que este último jamás renegó en público.

La profunda hostilidad que Stalin sentía por Lenin no emergió hasta los últimos días de la vida del segundo, cuando Stalin ya había asumido casi por completo el mando, dice Lewin,. Una ofensiva frontal contra un Lenin sano no se habría correspondido con el carácter calculador y cauto de Stalin, pero las cosas cambiaron con la enfermedad de Lenin, de cuyos detalles Stalin estaba plenamente al corriente.


Es posible que Fotieva, la secretaria de Lenin, informara a Stalin de cualquier documento que su superior le dictaba, a pesar de que había órdenes para que permanecieran en secreto. No cuesta imaginar la reacción de Stalin cuando supo que Lenin quería destituirlo de su cargo y, tal vez, acabar asimismo con su carrera política. Stalin, éste lo supo al mismo tiempo que el Politburó, a partir del texto que Lenin les trasladó en vísperas del XII Congreso del Partido. Lenin solicitaba la destitución de Stalin y explicaba los motivos. Sin embargo, fue entonces cuando Lenin quedó totalmente incapacitado y ya no se le pudo consultar nada más. Sólo el Politburó conocía la petición de Lenin; no fue hasta treinta y tres años más tarde cuando Jrushchov dio a conocer el texto al pueblo soviético.

jueves, 26 de abril de 2018

Para el bolchevismo, el valor moral supremo lo representaba el partido.

León Trotsky
Trotsky descalificó como “las patrañas papistas y cuáqueras la santidad de la vida humana”, una visión que respaldó con las ametralladoras apuntando a las espaldas de sus propias tropas. Para los marxistas, la ética era una rama de la metafísica, un artificio superestructural bajo el que se camuflaba un orden social injusto. Bujarin escribió que la construcción del comunismo podía compararse con un carpintero cuando fabrica un banco, que todo lo que es conveniente es a su vez necesario: “La “ética” se transforma a sí misma para el proletariado, paso a paso, en unas normas de conducta simples y comprensibles necesarias para el comunismo, de modo que, de hecho, deja de ser ética”.
Para el bolchevismo, el valor moral supremo lo representaba
Lenin y Trotsky
el partido como fuerza motriz de la lucha de clases; cualquier cosa que obstruyera o se resistiera a la marcha del progreso era, a priori, mala. “Todo lo que sirve a la revolución mundial es moral, y todo lo que sirve para dividir las filas del proletariado, desorganizarlo y debilitarlo, es inmoral”. Los conceptos de asesinato y robo fueron sustituidos por los de liquidación y expropiación.


Mucho antes de Stalin, los bolcheviques habían tratado agresivamente de destruir la Iglesia ortodoxa, sus monjes y sacerdotes obstaculizaban el acceso del partido a las mentes de la mayoría campesina, y les proporcionaba una versión de la existencia humana y un código moral que era diametralmente opuesto a la retórica progresista del marxismo.


viernes, 4 de noviembre de 2016

El primer fin de todo partido político es su propio crecimiento.

La verdad es una. La justicia es una. Los errores, las injusticias son indefinidamente variables. Así los seres humanos convergen en lo justo y verdadero, mientras que la mentira y el crimen los hace indefinidamente separarse.

el deseo del pueblo
No es que una cosa sea justa porque el pueblo la quiere, como diría Rodriguez Zapatero, sino que en ciertas condiciones el deseo del pueblo tiene más posibilidades que ningún otro deseo de ser conforme a la justicia. Hay varias condiciones indispensables para poder aplicar la noción de voluntad general. Dos en particular deben retener la atención. Una es que en el momento en que el pueblo toma conciencia de uno de sus deseos y lo expresa, no haya ninguna especie de pasión colectiva, ya que la pasión colectiva, dice Simone Weil, es un impulso para el crimen y para la mentira, infinitamente más poderosa que ninguna pasión individual.La segunda condición es que el pueblo tenga que expresar su deseo en relación a los problemas de la vida pública, y no hacer solamente una selección de personas.
SimoneWeil
La idea de partido no entraba en la concepción política francesa de 1789, escribe la filosofa francesa Simone Weil,sino como un mal a evitarse. Pero tuvo su club de los Jacobinos. Al principio no fue sino un lugar de libre discusión. No fue ninguna especie de mecanismo fatal la que lo transformó. Fue sólo la presión de la guerra y de la guillotina lo que lo convirtió en un partido totalitario. La lucha de las distintas facciones bajo el Terror fueron gobernadas por el pensamiento tan bien formulado por Trotsky: “Un partido en el poder y todos los demás en la cárcel”. Así sobre el continente de Europa el totalitarismo es el pecado original de los partidos.

El fin de un partido político es cosa vaga e irreal
El fin de un partido político es cosa vaga e irreal. Si fuera real, exigiría un gran esfuerzo de atención, puesto que una concepción del bien público no es cosa fácil de pensar.La existencia del partido es algo palpable, evidente, y no exige ningún esfuerzo para ser reconocida. Es así inevitable que de hecho el partido sea en sí su propio fin.


Un partido político es una maquinaria para la fabricación de pasión colectiva. Un partido político es una organización construida para ejercer una presión colectiva sobre el pensamiento de cada uno de los seres humanos que son sus miembros. El primer fin y, en último análisis, el único fin de todo partido político es su propio crecimiento, y esto sin límite alguno. Debido a este triple carácter, todo partido es totalitario en germen y en aspiración.

El fin de un partido político es cosa vaga e irreal

Un partido político es una maquinaria para la fabricación de pasión colectiva

Es así inevitable que de hecho el partido sea en sí su propio fin