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lunes, 13 de julio de 2026

Europa central

Kundera en su ensayo Un Occidente secuestrado habla de las tres Europas que surgieron después de la Guerra Mundial. La Occidental, la Oriental y la situada geográficamente en el centro, “culturalmente en el Oeste y políticamente en el Este, la más complicada de las tres”. La explicación es que la Europa geográfica comportaba dos Europas. Una de ascendencia romana, alfabeto latino y vinculada a la Iglesia católica y otra marcada por Bizancio, la Iglesia ortodoxa y de alfabeto cirílico. Tras 1945 “la frontera entre esas dos Europas se desplazó unos pocos cientos de kilómetros hacia el Oeste y algunas naciones que siempre se habían considerado occidentales se despertaron en un buen día y constataron que se encontraban en el Este”. Polonia, Chequia, Hungría… Se trata de naciones históricamente exhaustas que “arrinconadas por un lado por los alemanes y por el otro por los rusos, en la lucha por su supervivencia y por su lengua consumieron demasiadas fuerzas. Así, después de la Primera Guerra mundial, Europa central se transformó en una zona de pequeños y vulnerables estados cuya debilidad permitió las primeras conquistas de Hitler y el triunfo final de Stalin”. 
“¿Qué es Europa central?, se pregunta Kundera, es esa cierta zona de pequeñas naciones entre Rusia y Alemania”. Y repregunta, “¿Que es una pequeña nación? Aquella cuya existencia puede ser cuestionada en cualquier momento, aquella que puede desaparecer, y lo sabe. Un francés, un ruso o un inglés no suelen hacerse preguntas sobre la supervivencia de su nación. Sus himnos no hablan más que de grandeza y de eternidad. Ahora bien, el himno polaco empieza con este verso, Polonia aún no ha perecido…”. Kundera no le da demasiado valor a esas fronteras políticas “inauténticas, siempre impuestas por invasiones, conquistas y ocupaciones”, porque lo que define al conjunto centroeuropeo “son las grandes situaciones comunes que reúnen a los pueblos y los agrupan cada vez de manera diferente, dentro de fronteras imaginarias y siempre cambiante, en cuyo interior subsisten la misma memoria, la misma experiencia, la misma comunidad de tradición”. Esa vivencia que comparten las pequeñas naciones es la sensación de vivir en la cuerda floja, de no haber perecido aún, como decía el himno polaco, pero poder hacerlo en cualquier momento. Bajo el yugo de una existencia amenazada y en entredicho, su identidad se revuelve, se reafirma, se proyecta en manifestaciones diversas de algo que les une y les libera; la cultura, o mejor, un sentido profundo, radical y vital de cultura. Schönberg y Béla Bartok, Kakfa y Hasel, Broch, Musil. Gombrowicz, Schulz, Witkiewicz, Freud, Husserl, Joseph Roth, Danilo Kiš… Muchos representantes de esa gran cultura centroeuropea son judíos y marcaron con su genio, por encima de luchas nacionales, el devenir de las artes, el pensamiento… “Los judíos han sido en el siglo XX el principal elemento cosmopolita e integrador de Europa central, su argamasa intelectual, condensación de su espíritu creador, de su unidad espiritual. Por eso los amo y me aferro a su legado con pasión y nostalgia, como si fuera mi propio legado personal. ¿Que son los judíos sino una pequeña nación, la pequeña nación por excelencia?”.


domingo, 24 de mayo de 2026

La revolución social rusa estuvo estrechamente relacionada con la secularización de la sociedad

Después de 1917 había muchos cristianos conmocionados que afirmaban que la revolución se había producido por la decadencia del influjo de la Iglesia. Esto, por supuesto, era un punto de vista simplista. Pero no hay duda de que la revolución social estuvo estrechamente relacionada con la secularización de la sociedad, y que en una buena medida dependió de ella. La urbanización fue la causa principal. El crecimiento de las ciudades superó el ritmo de construcción de iglesias en éstas, con el resultado de que millones de trabajadores que habían sido desarraigados de la aldea en la que había iglesia se vieron obligados a vivir en un estado de ausencia de Dios.
La llegada de Rasputin al poder en el seno de la Iglesia hizo que ésta cayera en desgracia. “¡El Santísimo Sínodo nunca había caído tan bajo!, dijo un antiguo ministro al embajador francés en febrero de 1916. Si deseaban destruir todo respeto hacia la religión, hacia toda fe religiosa, no podían haberlo hecho de mejor manera. ¿Qué quedará de la Iglesia ortodoxa dentro de poco? Cuando el zarismo, en peligro, busque su apoyo, descubrirá que no le queda nada”.

Referencia: La Revolución rusa (1891-1924) (Orlando Figes)

miércoles, 17 de diciembre de 2025

La Iglesia ortodoxa es útil instrumento para Putin

Según Dell `Asta (profesor de Lengua y Literatura Rusa en la Universidad Católica de Milán y Brescia, Vicepresidente de la Fundación Cristiana Rusia) Putin, durante los primeros años de su presidencia, se interesó, sobre todo, por la geopolítica, en la que el gas y el petroleo jugaban un papel destacado. Sin embargo, al poco tiempo, fue consciente de que la Iglesia ortodoxa podía ser útil instrumento para su proyecto imperial. La Iglesia pasó a ser un atributo secundario de la nación y el Estado hasta transformarse en un “dicasterio estatal”, Desde allí se defiende un “nacionalismo de civilización” de rasgos mesiánicos. La Iglesia ortodoxa queda al servicio del “mundo ruso”, con Moscú como centro político y Kiev como centro espiritual, pues la Rus de Kiev en el siglo IX está considerada como origen de la Rusia cristiana. 
Ese “mundo ruso” tiene una Iglesia ortodoxa  común, representada por el Patriarcado de Moscú, y un líder nacional que es el presidente Putin. Desde esta perspectiva, Rusia y Ucrania son el mismo país, aunque tampoco habría que excluir a Bielorrusia, y la defensa de la unidad de Rusia conlleva la unidad de la Iglesia.
La guerra de Ucrania adquiere, en la perspectiva del patriarca Kirill, el carácter de una misión para garantizar el futuro de Rusia, en la que el sacrificio de los soldados reviste un carácter religioso. Kirill llegó a afirmar que “su sacrificio lava todos los pecados cometidos”.

viernes, 27 de agosto de 2021

Salvar la vida


"En los últimos años, la institución de la familia ha sufrido una grave crisis", explica Maria Studenikina, directora de la Oficina de Apoyo a la Familia del Patriarcado de Moscú y del centro caritativo ortodoxo "Un hogar para la madre". "La Iglesia hace todo lo posible para ayudar a la gente”, afirma Studenikina. “Toda mujer que se enfrente a la dramática opción entre continuar con un embarazo o abortar puede contar con nuestro apoyo". Señala que el patriarcado ofrece alojamiento y comida gratis en un centro de crisis, además de ayuda humanitaria, asesoramiento jurídico y ayuda de psicólogos.

Según el programa "Salvar la vida" ideado por la Iglesia Ortodoxa, desde 2015 en todos los centros médicos y consultorios de Rusia funciona un programa de asesoramiento previo al aborto, para ayudar a las madres solteras y embarazadas que atraviesan situaciones críticas. En los casos en los que no haya trabajadores públicos para ofrecer estos servicios, pueden ser sustituidos por miembros de asociaciones sin fines de lucro. En seis años de actividad, casi 100.000 mujeres han recibido este apoyo; unas 15.000 han preservado su embarazo, obteniendo diversos servicios. El Ministerio de Salud informa que gracias a esta iniciativa, el número de abortos ha disminuido en un 35% en el país. Sin embargo, la práctica sigue estando muy extendida, herencia de la época soviética, cuando el régimen comunista la consideraba normal y no se oponía a ella. Actualmente hay 56 asociaciones sin fines de lucro que participan en el programa "Salvar la vida”; son de inspiración ortodoxa, pero también laica. A través del Departamento de Caridad y junto con varias instituciones médicas, el patriarcado de Moscú ofrece cursos de formación para ginecólogos, asistentes obstétricas y psicólogos que trabajan con mujeres en condiciones críticas. Suman 77 los hogares eclesiásticos para mujeres embarazadas y madres solteras. Además, hay 221 centros de ayuda humanitaria donde se distribuye ropa, zapatos, productos alimenticios, artículos de limpieza personal y del hogar; también proporcionan camas y espacios para el cuidado de los niños.

jueves, 26 de abril de 2018

Para el bolchevismo, el valor moral supremo lo representaba el partido.

León Trotsky
Trotsky descalificó como “las patrañas papistas y cuáqueras la santidad de la vida humana”, una visión que respaldó con las ametralladoras apuntando a las espaldas de sus propias tropas. Para los marxistas, la ética era una rama de la metafísica, un artificio superestructural bajo el que se camuflaba un orden social injusto. Bujarin escribió que la construcción del comunismo podía compararse con un carpintero cuando fabrica un banco, que todo lo que es conveniente es a su vez necesario: “La “ética” se transforma a sí misma para el proletariado, paso a paso, en unas normas de conducta simples y comprensibles necesarias para el comunismo, de modo que, de hecho, deja de ser ética”.
Para el bolchevismo, el valor moral supremo lo representaba
Lenin y Trotsky
el partido como fuerza motriz de la lucha de clases; cualquier cosa que obstruyera o se resistiera a la marcha del progreso era, a priori, mala. “Todo lo que sirve a la revolución mundial es moral, y todo lo que sirve para dividir las filas del proletariado, desorganizarlo y debilitarlo, es inmoral”. Los conceptos de asesinato y robo fueron sustituidos por los de liquidación y expropiación.


Mucho antes de Stalin, los bolcheviques habían tratado agresivamente de destruir la Iglesia ortodoxa, sus monjes y sacerdotes obstaculizaban el acceso del partido a las mentes de la mayoría campesina, y les proporcionaba una versión de la existencia humana y un código moral que era diametralmente opuesto a la retórica progresista del marxismo.


jueves, 13 de julio de 2017

Los posibles escenarios de Vladímir Putin.

En un reciente fórum llevado a cabo en los montes Altaj, en Barnaul, Siberia (17-18 junio), los politólogos que intervinieron se han interrogado acerca de los posibles escenarios de Rusia para los próximos años veinte.


El punto de partida es el cambio que se está dando en el sistema de poder de Rusia, que hasta el 2014 podía ser definido como “corporativista” y post-soviético, mientras que hoy parecería tomar la forma de un “sultanismo”, a imitación de la Turquía de Erdogan. En otros términos, incluso puede decirse que desde la continuidad con el Politburó soviético, el régimen de Putin parecería estar sufriendo una regresión, para asemejarse a las cortes de los zares prerevolucionarios.  El líder se muestra cada vez más lejos de sus subalternos y colaboradores, y a la búsqueda de formas de consenso cada vez más inmediatas y populistas.

Los escenarios políticos parecen ser sustancialmente dos, o abrirse a las reformas económicas, que permitirían a Rusia salir de la crisis que atraviesa  abriéndose a una democracia más real, poniendo fin a la contraposición con Occidente; o bien, lo que cada vez se evidencia más como el proyecto en curso, acentuar el aislacionismo de Rusia, sofocando cualquier forma de disenso.
Putin.

Para evitar ser cuestionado, Putin tendría dos posibilidades. Una es la más usual, es decir, inventarse un candidato de oposición hecho a medida suya, o bien relanzar el desafío, convirtiendo las elecciones en un verdadero y auténtico plebiscito, optando por un objetivo clamoroso, por una Rusia aún más grandiosa. Sólo que llegado este punto, no parece haber ningún objetivo “luminoso” y reconfortante a disposición; inevitablemente, se trataría de proclamar otras formas de guerra y conquista, que pueden abarcar desde Europa oriental hasta el Oriente Medio. Y también podría darse que el autócrata no tenga el coraje de arriesgar un nuevo Afganistán, el suelo donde otrora llegó a su fin el poder soviético.  

En tanto, frente a las acusaciones de corrupción de su corte (que no han rozado su persona), Putin intenta sacar una vez más el naipe de la “superioridad moral” de Rusia, de la cual él mismo sería el modelo. En esto, el presidente saca partido del apoyo y la sintonía con la Iglesia ortodoxa. El patriarca
Patriarca Kirill.
Kirill, que supo mostrarse bastante poco entusiasta por la anexión de Crimea, trata más bien de reafirmar la superioridad moral de la Iglesia por encima de cualquier otra institución del país: simbólica de ello, es la dura discusión en torno a la restitución de la catedral de San Isaac en San Petersburgo, en la cual Putin reafirmó que se trata de una propiedad del Estado, puesto que en la época en que ésta fue construida, quien conducía la Iglesia era el zar. Recientemente, el presidente incluso se ha acercado a la Iglesia cismática de los Viejos Creyentes, que desde hace 500 años acusa al Patriarcado traicionar la verdadera Ortodoxia rusa.  

Duma.


En un encuentro mantenido el 21 de junio pasado con docentes, Putin afirmó que “la educación en el patriotismo es prioritaria en lo que concierne a la transmisión del saber: nosotros no tenemos, ni podemos tener, otro ideal unificador que no sea el patriotismo. Esta es nuestra idea nacional”. Para la elevación de la dignidad moral, Putin ha hecho presentar a la Duma un proyecto de ley en virtud de la cual se prohiban las malas palabras y las expresiones vulgares, tanto en público como en el hogar. 

Fuente:Vladimir Rozanskij