Se da el caso en España de la existencia de partidos políticos, con asiento parlamentario, en cuyos programas figura el no reconocimiento de la soberanía nacional española; partidos representativos de la soberanía nacional española (según aparece en el artículo 6 de la Constitución) pero que, sin embargo, no reconocen la legitimidad, a veces ni siquiera la existencia, de dicha soberanía nacional. Este fenómeno sui generis, anómalo, poco común, realmente extraño, raro, solo es explicable cuando al nombre de España lo acompaña esa sombra negrolegendaria, esa especie de reverso tenebroso permanentemente acusatorio que hace que, incluso grupos políticos que buscan su ruina y destrucción, sean acogidos y financiados desde las instituciones representativas del poder político español. Pareciera como si el mismo entramado institucional representativo de la soberanía nacional española se venciera sobre el propio peso de la mala reputación negrolegendaria, a cuya sombra operan grupos, facciones, que, cual larvas neumónidas, se alimentan de la energía nacional pero para agotarla, buscando, explícita y formalmente, la fragmentación de la nación, y, por tanto, su ruina. Ya decía Spinoza que si el Estado no se viera obligado a observar las leyes o reglas, sin las cuales un Estado no es ya un Estado, no sería necesario considerarlo como una realidad natural, sino como una quimera. El Estado comete, pues, falta, cuando cumple o tolera actos susceptibles de arrastrarlo a su propia ruina.
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miércoles, 22 de octubre de 2025
Partidos políticos en cuyos programas figura el no reconocimiento de la soberanía nacional
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martes, 8 de julio de 2025
La posverdad, la negación de los hechos, datos y evidencias
La posverdad emitida por los políticos consigue su propósito porque éstos han sabido adaptarse al lenguaje mediático. Los partidos requieren acceder a los ciudadanos y los medios de comunicación les sirven de amplificadores de sus discursos, de ahí que se afanen en reconocer cuáles son los valores de noticiabilidad con los que trabajan y cuál es el lenguaje exigido. Porque si algún suceso, propuesta o reivindicación política quedase fuera de la atención de la agenda mediática implicaría, en muchos casos, su inexistencia para un amplio número de ciudadanos y, por ende, su ostracismo social (Casero-Ripollés, 2012), ya que los contenidos difundidos en los medios contribuyen a construir la realidad o la verdad de los individuos y los colectivos. De ahí que los partidos políticos trabajen en insertar sus discursos con el fin de ganar, además de visibilidad, credibilidad. Con este propósito cuidan sus presentaciones públicas y sus líderes se muestran próximos a los electores, objeto de todos sus movimientos, siempre tratando de ganar su confianza. También con esta intención, los contenidos se orientan más a la emoción que a la lógica; se usan estrategias narrativas que apelan a los sentimientos, con el objeto de captar a la audiencia. Es por esto por lo que el discurso político ya no se rige por las reglas de la presentación de datos y las pruebas de verificación, sino que se construye atendiendo a las pautas del relato de ficción, “donde la exigencia de verdad ha sido sustituida por cierta coherencia interna que lo hace creíble, una vez situados en el plano de lo ficticio, la acción y la propia creación de los personajes. En esta labor de narrativización juega un papel muy importante todo tipo de recursos retóricos” (Márquez, 2016). En su constante discurso, los políticos no sólo trabajan con la verdad, en su proceso comunicativo también caben “engaños, obstrucción, falsos desmentidos y palmarias mentiras” (Thomson, 2001, p. 36). La posverdad se trata de una táctica que se ha generalizado y, lo que es peor, no tiene la menor relevancia. “La negación absoluta de los hechos, de los datos y de la evidencia, sin la menor precaución ni decencia, está a la orden del día en conferencias de prensa, comparecencias públicas y discursos ante parlamentos o instituciones” (Gallego-Díaz, 2016). Y contra estas acciones, que cada vez se hacen más continuas, poco pueden hacer los medios, escriben María Luisa Cárdenas Rica y David Polo Serrano.
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jueves, 21 de noviembre de 2024
Un exceso de intervencionismo por parte del Estado es contraproducente
Cuenta Leopoldo Abadía en su libro Cómo funciona economía para Dummies que un exceso de intervencionismo por parte del Estado puede ser contraproducente; principalmente por tres razones: • Porque muchas veces las medidas que se toman no son fruto del interés común, sino del trapicheo entre distintos partidos políticos. En nuestra España de las autonomías, eso resulta meridianamente claro. Seguro que el “yo te doy mi voto si tú a cambio me construyes una carretera o una línea de AVE” nos suena a todos; que luego en ese AVE, que ha costado una millonada, viajen sólo siete personas es lo de menos. • Porque las medidas del gobierno carecen de competencia que ayude a mejorar la calidad y eficiencia del producto. • Porque las intervenciones del gobierno son, por lo general, lentas y cuando se ponen en acción carecen de la flexibilidad que sí tiene el mercado, por ejemplo, a la hora de ajustar precios.
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viernes, 9 de septiembre de 2022
Una encuesta revela que los estadunidenses republicanos y los demócratas aseguran temer al otro partido
En 1960, los politólogos preguntaron a los estadounidenses cómo se sentirían si su hijo se casara con una persona militante de otro partido político. El 4 por ciento de los demócratas y el 5 por ciento de los republicanos manifestaron que les desagradaría. En 2010, el 33 por ciento de los demócratas y el 49 por ciento de los republicanos afirmaron que se sentirían un poco o muy infelices ante la perspectiva de un matrimonio entre dos personas con distintas tendencias políticas. Ser demócrata o republicano ya no es una mera cuestión de adscripción a un partido, sino que se ha convertido en un rasgo identitario. Una encuesta realizada en 2016 por la Pew Foundation reveló que el 49 por ciento de los republicanos y el 55 por ciento de los demócratas aseguran temer al otro partido. Entre los estadounidenses políticamente comprometidos, dichas cifras son aún más elevadas. Un 70 por ciento de los demócratas y un 62 por ciento de los republicanos afirman vivir con miedo al otro partido. Estas encuestas apuntan al auge de un fenómeno peligroso en la política estadounidense, una honda hostilidad entre partidos.
El Partido Republicano ha pasado a ser el partido de los cristianos. Los cristianos irrumpieron en masa en la política en la década de 1970, motivados, en gran parte, por la sentencia del Tribunal Supremo de 1973 en el caso Roe contra Wade, que legalizaba el aborto. A partir de Ronald Reagan en 1980, el Partido Republicano asimiló a la derecha conservadora y adoptó posturas cada vez más cercanas a los cristianos, como la oposición al aborto, el apoyo a la oración en las escuelas y, posteriormente,oposición al matrimonio entre homosexuales. Los blancos,tanto protestantes como católicos, que se habían inclinado hacia los demócratas en la década de 1960, empezaron a votar a los republicanos. En 2016, el 76 por ciento de los evangélicos blancos se identificaban como republicanos. Por su parte, entre el electorado demócrata se vivió una tendencia ascendente hacia el ateísmo. El porcentaje de demócratas blancos que asistían a la iglesia de manera habitual cayó de casi un 50 por ciento en la década de 1960 a menos de un 30 por ciento en la de 2000. Se trata de un cambio extraordinario. Tal como destaca el politólogo Alan Abramowitz, en la década de 1950, los cristianos blancos casados componían la mayoría abrumadora (cerca del 80 por ciento) del electorado estadounidense, repartidos más o menos entre ambos partidos. En la década de 2000, constituían en torno al 40 por ciento del electorado y se concentraban en el Partido Republicano.
Los resultados de los sondeos sugieren que muchos republicanos del Tea Party comparten la percepción de que el país en el que crecieron se está desvaneciendo, amenazado por lo que ellos perciben como un cambio acelerado del rostro de la “verdadera” América. Por citar el título del libro reciente de la socióloga Arlie Hochschild, se perciben como extranjeros en su propia tierra. Esta percepción podría explicar la propagación de un discurso que diferencia a los “estadounidenses de verdad” de aquéllos asociados con los liberales y el Partido Demócrata. Si la definición de “estadounidenses de verdad” se circunscribe a las personas nativas, anglosajonas, blancas y cristianas, entonces resulta fácil entender que los “estadounidenses de verdad” crean estar en retroceso. Ann Coulter lo expresó con las siguientes palabras:"El electorado estadounidense no se está desplazando hacia la izquierda, está disminuyendo”. La percepción entre muchos republicanos del Tea Party según la cual su América está desapareciendo ayuda a entender el atractivo de eslóganes como Take Our Country Back (Recuperemos nuestro país) o Make America Great Again (Hagamos a América grande otra vez).
Fuente: Cómo mueren las democracias (StevenLevitsky;Daniel Ziblatt)
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martes, 3 de marzo de 2020
Un partido político solo puede tener parte de la razón
Un partido político solo puede tener parte de la razón, solo puede reflejar ciertos aspectos de la vida social y política, con exclusión de otros. “La verdad, dijo Hegel, se encuentra en la realidad solo como un todo”. Los partidos reflejan, por definición, solo aspectos de la realidad.
El periodista y analista político debe de ir más allá de las limitaciones que le imponen los puntos de vista de los partidos políticos y hacer un esfuerzo por ver el todo en su plena complejidad, allí donde los partidos no pueden ver más que una parte. Si todos los partidos se resienten ante su parcialidad, es posible que esto sea por haber sido justo hacia todos ellos.
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miércoles, 27 de noviembre de 2019
Robespierre también preconizaba la libertad de expresión
Oimos a políticos, periodistas y alguna ONG pidiendo callar a un partido político, Podrás estar en desacuerdo con sus manifestaciones e ideología, pero tiene más de cincuenta diputados poniendo voz a varios millones de ciudadanos. Periodistas y políticos que callan al adversario y a la vez dicen preconizar la libertad de expresión. Estas gentes me recuerdan a Robespierre.
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| Robespierre |
Robespierre preconizaba la libertad de opinión, pero no admitía que nadie pensara de manera distinta que él, todo lo que difería de su concepción gubernamental era perverso. Encontró un viejo decreto que quitaba el uso de la palabra a los que no coincidían con sus opiniones. “En la prosperidad, decía Robespierre, los pueblos deben recogerse para escuchar la voz de la sabiduría…” La voz de la sabiduría era la suya.
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viernes, 21 de diciembre de 2018
Aparecerán nuevas formas de usar el poder para responder mejor a las necesidades y exigencias de la gente.
Se avecina una revolucionaria oleada de innovaciones políticas e institucionales. El poder está cambiando tanto, y en tantos ámbitos, que sería sorprendente que no aparezcan nuevas formas de usar el poder para responder mejor a las necesidades y exigencias de la gente. Por todo esto no es descabellado pronosticar que veremos transformaciones inevitables en la forma en que la humanidad se organiza para sobrevivir y organizarse, dice Moisés Naím, miembro del Carnegie Endowment for International Peace.
El historiador Henry Steele Commager afirmaba a propósito del siglo XVIII que “inventamos prácticamente todas las instituciones políticas importantes que poseemos, y no hemos inventado ninguna más desde entonces. Inventamos el partido político, la democracia y el gobierno representativo. Inventamos el primer sistema judicial independiente de la historia … Inventamos el procedimiento de revisión judicial. Inventamos la superioridad del poder
civil sobre el militar. Inventamos la libertad religiosa, la libertad de expresión, la declaración de derechos constitucionales. Podríamos seguir y seguir… Todo un legado. ¿Pero qué hemos inventado después que tenga una importancia comparable?”
Después de la Segunda Guerra Mundial, vivimos una oleada
de innovaciones políticas para evitar otro conflicto de esa magnitud. El resultado fue la creación de Naciones Unidas y toda una serie de organismos especializados, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que cambiaron el mapa institucional del mundo. Ahora está fraguándose, dice Naím, una nueva oleada de innovaciones, incluso de mayor envergadura, que promete cambiar el mundo tanto como las revoluciones tecnológicas de los últimos dos decenios. No empezará desde arriba, no será ordenada ni rápida, resultado de cumbres o reuniones, sino caótica, dispersa e irregular. Pero es inevitable.
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| Moisés Naím. |
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miércoles, 28 de noviembre de 2018
Un partido político no puede basarse en criterios de raza, religión o tribu.
Viene a cuento, escuchando a miembros de partidos vascos y catalanes, lo que un político eminente del país africano de Ghana contaba al periodista polaco Ryszard Kapuściński : “Creemos que la oposición es necesaria. Su portavoz parlamentario recibe un sueldo del gobierno. Hemos permitido que todos los partidillos, grupos y grupúsculos de la oposición se unificasen y fundiesen en un solo partido, para que tuvieran más fuerza. Nuestra postura es que en Ghana todo el mundo, el que quiera, está en su derecho de fundar un partido político, siempre y cuando éste no se base en criterios de raza, religión o tribu. Cada uno de esos partidos, en nuestro país, puede hacer uso de todos los medios constitucionales para conseguir el poder político”.
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sábado, 29 de septiembre de 2018
¿Por qué debe haber tantos hombres como mujeres en un consejo de ministros?
¿Por qué debe haber tantos hombres como mujeres en un consejo de ministros? Cuando un presidente es elegido tiene el mandato de formar Gobierno, el mejor Gobierno posible, y eso implica que los ministros tienen que ser de su confianza. Sea mujer u hombre, la elección del equipo debe ser neutral. Si en un partido político las personas mejor preparadas son mujeres, se elegirá mujeres; si son hombres, se elegirá hombres. Pero el criterio acerca de quién es más válido para ese puesto siempre debe ser neutral. Aunque se equivoque al escoger quien forma su gabinete. Porque, puede ser que elija mal, pero no será por el hecho de haber elegido más o menos mujeres, sino porque las personas que ha designado, sea cual fuere su sexo, no sean las más adecuadas.
lunes, 16 de abril de 2018
La corrupción repercute en los bolsillos de las personas.
Ciudadanos, un partido político español que tiene entre sus objetivos el reconstruir la clase media, la unión e igualdad de todos los españoles y luchar contra la corrupción. Considera que la corrupción repercute inmediatamente en los bolsillos de las personas, porque toda comisión ilegal acaba incrementando el presupuesto de la obra o la concesión ilícitamente conseguida. A eso hay que añadir los costes derivados de la distorsión del mercado, pues a la carestía mayor de las obras para pagar las comisiones hay que añadir el despilfarro de no concederlas a quien mejor las puede realizar por menos precio. ¿Y quién paga todo el proceso? El ciudadano a través de los presupuestos generales o el encarecimiento del servicio.
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lunes, 17 de julio de 2017
El presidente Eisenhower.
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| Eisenhower |
Eisenhower fue presidente de los Estados Unidos de 1952 a 1956, y reelegido luego hasta 1960. Era militar, pero no fue un presidente militarista. No había pertenecido a ningún partido político, aunque se presentó como candidato republicano. Los republicanos, a diferencia de los demócratas, habían sido aislacionistas, predicando el reforzamiento de los Estados Unidos, pero sin mezclarse en los complicados entresijos de la política internacional. Eisenhower rompió esta tradición. Fue enérgico y prudente al mismo tiempo. Mantuvo la política de armamento y protegió la producción, con dos buenas consecuencias, la estabilidad de los precios y las facilidades para el empleo. Su mandato se caracteriza por un desarrollo de la pujanza de las clases medias.
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lunes, 3 de julio de 2017
Ningún partido político debe erigirse en representante e interprete exclusivo de la posición católica.
León XIII publica en 1882 la encíclica Cum Multa en donde enseña que ningún partido político podía erigirse en representante e interprete exclusivo de la posición católica. El Papa (Leon XIII), cuenta el diplomático y escritor Pablo Zaldívar, al recibir a un numeroso grupo de periodistas españoles, había dado una clara recomendación: “No ofendáis a vuestros lectores con un lenguaje intemperantes, por otra parte, no pongáis la causa religiosa al servicio de un partido político o de un interés de grupo con daño del bien común”.
La Iglesia propiciaba la legitima autonomía Iglesia y Estado, respectivamente, pero sin que ello debiera seguirse la desunión y aun menos el enfrentamiento. Es cierto que en Alemania actuaron resueltamente al integrarse en el partido Centro para defenderse de la kulturkampf, pero las circunstancias eran diferentes. La persecución de los católicos era un hecho, dice Zaldívar, y , por otro lado, el Centro no era un partido confesional sino de inspiración cristiana, y lo componían también no católicos.
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viernes, 4 de noviembre de 2016
El primer fin de todo partido político es su propio crecimiento.
La verdad es una. La justicia es una. Los errores, las injusticias son indefinidamente variables. Así los seres humanos convergen en lo justo y verdadero, mientras que la mentira y el crimen los hace indefinidamente separarse.
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| el deseo del pueblo |
No es que una cosa sea justa porque el pueblo la quiere, como diría Rodriguez Zapatero, sino que en ciertas condiciones el deseo del pueblo tiene más posibilidades que ningún otro deseo de ser conforme a la justicia. Hay varias condiciones indispensables para poder aplicar la noción de voluntad general. Dos en particular deben retener la atención. Una es que en el momento en que el pueblo toma conciencia de uno de sus deseos y lo expresa, no haya ninguna especie de pasión colectiva, ya que la pasión colectiva, dice Simone Weil, es un impulso para el crimen y para la mentira, infinitamente más poderosa que ninguna pasión individual.La segunda condición es que el pueblo tenga que expresar su deseo en relación a los problemas de la vida pública, y no hacer solamente una selección de personas.
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| SimoneWeil |
La idea de partido no entraba en la concepción política francesa de 1789, escribe la filosofa francesa Simone Weil,sino como un mal a evitarse. Pero tuvo su club de los Jacobinos. Al principio no fue sino un lugar de libre discusión. No fue ninguna especie de mecanismo fatal la que lo transformó. Fue sólo la presión de la guerra y de la guillotina lo que lo convirtió en un partido totalitario. La lucha de las distintas facciones bajo el Terror fueron gobernadas por el pensamiento tan bien formulado por Trotsky: “Un partido en el poder y todos los demás en la cárcel”. Así sobre el continente de Europa el totalitarismo es el pecado original de los partidos.
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| El fin de un partido político es cosa vaga e irreal |
El fin de un partido político es cosa vaga e irreal. Si fuera real, exigiría un gran esfuerzo de atención, puesto que una concepción del bien público no es cosa fácil de pensar.La existencia del partido es algo palpable, evidente, y no exige ningún esfuerzo para ser reconocida. Es así inevitable que de hecho el partido sea en sí su propio fin.
Un partido político es una maquinaria para la fabricación de pasión colectiva. Un partido político es una organización construida para ejercer una presión colectiva sobre el pensamiento de cada uno de los seres humanos que son sus miembros. El primer fin y, en último análisis, el único fin de todo partido político es su propio crecimiento, y esto sin límite alguno. Debido a este triple carácter, todo partido es totalitario en germen y en aspiración.
El fin de un partido político es cosa vaga e irreal
Un partido político es una maquinaria para la fabricación de pasión colectiva
Es así inevitable que de hecho el partido sea en sí su propio fin
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