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sábado, 26 de julio de 2025

El deseo de pertenecer a una comunidad es una necesidad humana básica

“El deseo de pertenecer a una comunidad es tan natural en los seres humanos como el deseo de comer o dormir o beber o moverse, o cualquier otra necesidad humana básica. No creo, como creía Hobbes, que los seres humanos sean siempre solitarios, brutos, etc., sino que han vivido siempre en comunidades de algún género, porque el deseo de vivir entre gente que entienda el idioma de uno, entre la que uno se sienta en casa (sean cuales sean los sentimientos entre individuos), que forma una unidad natural, digamos, es permanente. En el caso de las naciones (prescindiendo de cómo puedan haber surgido), la conciencia nacional la considero un sentimiento humano natural que no debe en modo alguno condenarse, que crea la solidaridad, la lealtad, el patriotismo y otros sentimientos que unen a los seres humanos entre sí y hacen posible y valiosa la cooperación”, escribe Isaiah Berlin en su libro El fuste torcido de la humanidad.
Añade Isaiah Berlin que “la diferencia entre patriotismo y nacionalismo consiste precisamente en ese orgullo arrogante, esa xenofobia, ese sentido de misión, de estar escogido para transformar el mundo, que es la fuente de los males que usted y yo condenamos”.

viernes, 5 de enero de 2024

Mantenerse en el poder a toda costa, gozando de los indudables privilegios

No hay aliados para siempre, por mucho que algunas afinidades se muestren históricas. En todo caso, se establecen alianzas ocasionales, siempre, con ciertas reservas. Durante la II Guerra Mundial, Churchill y Stalin se vieron obligados a considerarse como aliados, aunque ellos, personalmente, se situaran en las antípodas ideológicas del otro. Escribe el profesor Amando de Miguel que no es malo que las relaciones entre las naciones, o mejor, entre los Estados, se basen en una calculada desconfianza. Es algo que resulta inevitable. Hay veces en que la confrontación inicial se transforma en una alianza un tanto forzada, pero, duradera, dice el profesor de Miguel. Estados Unidos venció a la Alemania nazi y al Japón imperial durante la II Guerra Mundial. La victoria contribuyó a la hegemonía de los Estados Unidos. Pues bien, después de la guerra, tanto Alemania como Japón, “democratizados” a la fuerza por los Estados Unidos, pasaron a ser sus más fieles aliados, fuera de las potencias anglófonas. 

Amando de Miguel

Mientras subsista la idea de la soberanía nacional, un Estado no puede confiar, plenamente, en otro; del mismo modo que se establece tal relación entre algunas personas. Sirve de poco que los respectivos gobiernos pertenezcan al mismo polo ideológico. La izquierda suele asegurar que se mueve por ideales, al tiempo que considera a la derecha atenta a los intereses económicos. Es una falsa apreciación, dice Amando de Miguel. Todos los movimientos políticos se mueven, en principio, por ideales. Ahora bien, una vez instalados en el poder, asoma la verdadera realidad de los intereses crematísticos. El principal es mantenerse en el poder a toda costa, gozando de los indudables privilegios que les corresponden. Es algo que no se puede evitar, pues el poder político consiste, esencialmente, en favorecer a unos u otros grupos. Naturalmente, es algo que no suele hacerse explícito, pero es real.

viernes, 27 de octubre de 2023

La Revolución Francesa cambió la naturaleza de la soberanía de Europa

La Revolución Francesa había cambiado de manera fundamental la naturaleza de la soberanía de Europa. En los siglos XVII y XVIII, una causa principal, quizá incluso la causa principal de las guerras europeas, había sido las disputas dinásticas surgidas a la muerte de un determinado soberano, piénsese en la guerra de Sucesión española o en la guerra de Sucesión austríaca. Las cosas ya no serían así a partir de 1815. Pese a la insistencia de monarcas como Luis XVIII o Alejandro I en el derecho divino que los asistía para reinar, la base de la soberanía había pasado de manera perceptible de los individuos y las familias a las naciones y los estados. Antes de 1815, se consideraba que todos los tratados internacionales quedaban invalidados a la muerte del soberano, y para que no caducaran tenían que ser renovados de inmediato con la firma del nuevo monarca. A partir de 1815, esta norma dejaría de aplicarse. Tratados como los de 1814-1815 fueron concluidos entre estados, no entre monarcas individuales, y mantendrían su validez a menos que o hasta que una u otra parte los rompiera deliberadamente. El príncipe o gobernante se convirtió, de hecho, en el ejecutor de la soberanía nacional o estatal, garantizada por la conformidad internacional con la fuerza virtual de la ley. Por supuesto que también habría disputas sucesorias a lo largo del siglo XIX, en particular en España y Schleswig-Holstein, pero su fuerza se basó en gran medida en la explotación que de ellas hicieron los gobiernos estatales con fines nacionales, y por sí solas no tuvieron un verdadero impacto. Los casamientos dinásticos quedaron reducidos a meros símbolos de amistad entre las naciones. Análogamente, los ejércitos debían lealtad ahora al Estado, no a un soberano individual; el viejo sistema de ejércitos mercenarios y de soldados que vendían sus servicios al mejor postor, habitual en el siglo XVIII, había desaparecido para siempre. Los soberanos recién restaurados en el trono tendrían que adaptarse o morir. La década de 1820 demostraría que muchos de ellos no habían aprendido la lección, escribe Richard John Evans, historiador y profesor británico.

martes, 20 de septiembre de 2022

El sentimiento del patriotismo

Cuenta C. S. Lewis en su libro Los cuatro amores que el patriotismo, tiene muchas caras. Quienes lo rechazan por completo no parecen haber pensado en lo que le sustituirá, y que ya empieza a sustituirlo. Durante mucho tiempo todavía, y quizá siempre, las naciones han de vivir en peligro; los gobernantes deben formar a sus ciudadanos para que las defiendan de algún modo, o al menos deben prepararles para esa defensa. Donde el sentimiento del patriotismo ha sido destruido, sólo se puede llevar a cabo esa defensa presentando un determinado conflicto internacional bajo la perspectiva ética. Si las personas no quieren derramar ni sudor ni sangre por su país, hay que hacerles comprender que los derramarán por la justicia, o por la civilización o por la humanidad. Eso es un paso atrás, no hacia adelante. El sentimiento patriótico no necesita, ciertamente, prescindir de la ética; los hombres honrados han de convencerse de que la causa de su país es justa; pero sigue siendo la causa de su país, no la causa de la justicia en cuanto tal. La diferencia a mí me parece importante. Yo puedo pensar sin fariseísmo ni hipocresía que es justo que defienda mi casa con la fuerza contra los ladrones; pero si empiezo a decir que le dejé un ojo morado a uno de ellos por razones morales, completamente indiferente al hecho de que la casa en cuestión era mía, me convierto en un tipo inaguantable. La pretensión de que cuando la causa de Inglaterra es justa es entonces cuando estamos del lado de Inglaterra, como podría estarlo cualquier quijote neutral, es igualmente falsa. Y este sinsentido arrastra tras de sí la maldad; si la causa de nuestro país es la causa de Dios, las guerras tienen que ser guerras de aniquilamiento. Se da una espúrea trascendencia a cosas que son exclusivamente de este mundo. La grandeza del sentimiento antiguo consistía en que mientras hacía que los hombres se entregaran al máximo se sabía que sólo era un sentimiento. Las guerras podían ser heroicas sin pretender que fueran santas. La muerte del héroe no se confundía con la muerte del mártir.

domingo, 17 de abril de 2022

El siglo XIX no termina históricamente hasta 1914

Pío X

Pío X no supo ni pudo hacer más para evitar la espantosa guerra; los pueblos de Europa, aunque parezca increíble, no temían la guerra, la anhelaban. Aún no había terminado ese mes trágico, agosto de 1914, cuando murió San Pío X. Las naciones vivían hasta 1914 aisladas, encerradas en sus concepciones egoístas, que sólo contemplaban al resto del mundo desde perspectivas imperialistas (Inglaterra, Alemania) o aislacionistas, como los Estados Unidos que parecían contentarse con el dominio de la totalidad del Continente americano, si bien sus gobiernos se habían mostrado sensibles a las motivaciones estratégicas desde la guerra contra España, el rapto de las islas Hawai y la compra de Alaska a los rusos. Al vislumbrarse ya el final de la Gran Guerra (gracias a la poderosa intervención americana) un Presidente idealista, Woodrow Wilson, (muy condicionado por los fabianos de Europa y Norteamérica) impuso su concepción mundialista que cristalizaría en la Sociedad de Naciones, primer intento de organismo representativo mundial con carácter igualitario. Pero hasta 1914 la Humanidad vivía según esquemas anteriores; el siglo XIX no termina, históricamente, hasta 1914.


Una idea-fuerza tan propia del siglo XIX como el principio de las nacionalidades minaba la convivencia dentro del Imperio austrohúngaro (independentismo de Hungría, Checoslovaquia, los pueblos balcánicos) y los dominios del Imperio otomano, contra el que se agitaban los pueblos árabes sometidos. La nación y la sociedad rusa estaban en 1914 minadas por sus insolubles problemas interiores y desmoralizadas por la situación lamentable de la familia imperial y de la corte. Pero el ejército imperial ruso disponía de efectivos humanos inagotables y aunque mal pertrechado estaba bien armado sobre todo gracias a su legendaria artillería de campaña.


Benedicto XV

La ausencia injusta del Papado en la paz de Versalles permitió a Benedicto XV proclamar, clarividentemente, que aquél era un tratado para la guerra y no para la paz.

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Una pequeña Europa mañana, una gran Europa pasado mañana


Donde varias naciones con iguales derechos, se unen, por libre decisión, en un comunidad más amplia, pueden conservar su peculiaridad de patria chica, manteniendo un particularismo regional y lingüístico, sin tener aún necesidad de una soberanía nacional con forma de Estado. Su “madre patria” será más amplia. Una pequeña Europa mañana, una gran Europa pasado mañana, el mundo en un futuro aún incierto, pero que se aproxima a pasos acelerados, escribe Jean Améry, y añade que la patria cesa de ser tierra natal, tan pronto como no es al mismo tiempo nación.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

La disputa se llevó ante un tribunal internacional


A principios de 1871, un grupo de diez hombres, que incluía al secretario Fish y a otros cuatro estadounidenses, más cuatro británicos y un canadiense, iniciaron negociaciones serias, y el 8 de mayo se firmó un tratado en Washington. Según sus términos, Gran Bretaña se excusaba por sus acciones durante la Guerra Civil y convenía en elaborar una definición más precisa de la neutralidad que impidiese tales acciones en el futuro. Había otros puntos menores y todo el tratado fue sometido luego a un tribunal internacional de arbitraje para dirimir los detalles. Para establecer la cifra concreta por los daños con respecto a las reclamaciones concernientes al Alabama se reunió un tribunal de cinco miembros, un estadounidense, un británico, un italiano, un suizo y un brasileño, en Ginebra, Suiza, el 15 de diciembre de 1871. El tribunal votó en contra de las grandes sumas por daños indirectos que pedían los norteamericanos. El 25 de agosto de 1872 decidieron, por cuatro a uno (con la disidencia del delegado británico), que Gran Bretaña debía pagar 15.500.000 dólares. Aunque no hubo ninguna firma británica en la decisión final, el gobierno británico pagó la suma en su totalidad al año siguiente. El dinero no importaba mucho. Lo importante era el principio subyacente en lo ocurrido. Dos naciones de primer rango estaban ensartadas en una disputa cuya decisión, habitualmente, se toma sobre la base de la guerra, sea la guerra efectiva o la amenaza de ella. Por primera vez, el honor nacional fue dejado de lado y la disputa se llevó ante un tribunal internacional cuya decisión fue aceptada pacíficamente por ambas naciones. Ofrecía una alternativa a la guerra que ha sido aceptada en muchas ocasiones en el siglo transcurrido desde entonces.

lunes, 22 de junio de 2020

La desigualdad entre las naciones tiene un origen reciente



El ingreso per cápita en Europa Occidental en el siglo XVIII estaba apenas un 30% por encima del de la India, África o China durante el mismo período. Poco más de cien años bastaron para que esto cambiara drásticamente. Ya en 1870 el ingreso per cápita en la Europa industrializada era once veces más alto que en los países más pobres del mundo. En el transcurso aproximado del siguiente siglo ese factor se quintuplicó, llegando a 50 en 1995. Como señala el economista de la Sorbona Daniel Cohen, “me atrevería a decir que el fenómeno de la desigualdad entre las naciones tiene un origen reciente; es un fenómeno de los dos últimos siglos”.

miércoles, 12 de febrero de 2020

La recuperación económica de Europa fue el fenómeno más espectacular de la posguerra



En parte gracias al Plan Marshall, en parte gracias a la propia iniciativa e inteligencia de los europeos, la recuperación económica de Europa fue el fenómeno más espectacular de la posguerra. Los obreros alemanes trabajaron como voluntarios en la reconstrucción de las fábricas en que habían trabajado. Las mujeres retiraban escombros, o rescataban sin el menor interés propio objetos de valor. Las ciudades fueron reconstruidas de una manera pragmática, siguiendo los antiguos trazados, pero sin pensar en el lujo. Los grandes edificios emblemáticos, desde la catedral de Colonia a la Ópera de Viena, serían reconstruidos y con la máxima fidelidad. Europa se recuperaba sin alardes, pero con sentido práctico. En Gran Bretaña se mantuvo el sistema de racionamiento hasta 1948. El gobierno laborista hubo de tropezar con grandes dificultades, y al fin fue necesario devaluar la libra esterlina, pero se fue alcanzando la estabilidad económica, y la reconstrucción fue un hecho. Tres años después de la guerra, no quedaba un edificio en ruinas. En Francia, la Cuarta República se organizó con mayoría de los partidos de izquierdas, pero fueron cobrando importancia nuevos grupos afines a la democracia cristiana con Bidault. Hacia 1950, se alcanzó el nivel de preguerra. Italia decidió, mediante referéndum, erigirse en república, pero De Gasperi y sus demócrata-cristianos realizaron una importante política social y de reconstrucción, hasta consagrar el llamado “milagro italiano”. 


Alemania Occidental se constituyó en 1949 en República Federal Alemana, que, aun con tropas de ocupación, fue una entidad soberana, dotada de una eficaz administración y unos excelentes seguros sociales. Cuenta el historiador José Luis Comellas que en general, se tendió a crear en todas partes un estado del bienestar, con amplia intervención del sector público para ayudar a las clases menos favorecidas, y ello contribuyó decisivamente a evitar la evolución hacia el comunismo. Por los años 50, Europa occidental no solo se había reconstruido, sino que era mucho más solidaria, se atisbaban crecientes signos de vinculación entre las naciones, y se había alcanzado o superado el nivel económico de antes de la guerra.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

El mal colectivo

participation mystique
El mal colectivo puede convertirse en un fenómeno de masas y hacer que naciones enteras se vean poseídas por la fuerza arquetípica del mal. Esto puede explicarse por un proceso inconsciente denominado participation mystique, un proceso mediante el cual los individuos y los grupos se identifican emocionalmente con un objeto, una persona o una idea y dejan de lado cualquier tipo de discriminación moral. Este fenómeno colectivo, manifiesta Gustav Jung, es el que sustenta la identificación con una ideología o un líder que da cauce de expresión a los miedos y sentimientos de inferioridad de toda una colectividad. A menudo esta situación asume formas colectivas fanáticas y da lugar a fenómenos tales como la persecución religiosa, la intolerancia racial, el sistema de castas, el fenómeno del chivo expiatorio o el odio genocida. De este modo, cuando se proyecta sobre una minoría se activa considerablemente el potencial para el mal de esa colectividad.

Gustav Jung dice que la expresión del mal colectivo suele desafiar nuestra comprensión. Es como si de repente estas fuerzas brotaran de la mente inconsciente de un gran número de personas. Cuando tiene lugar una epidemia mental de tales proporciones nos hallamos indefensos para combatir las calamidades que provoca. Los pocos que no quedan atrapados en tal fenómeno masivo de participation mystique corren el peligro de convertirse en víctimas de él.

Autentica valentía


Lo que distingue a los buenos de los malos es que los primeros son capaces de dominar sus deseos. La honestidad no ha sido nunca una falta de tentaciones. Tener valor para disparar un tiro contra un hombre o incluso enfrentarse con una multitud es ser un salvaje o un orangután.Esa clase de valor ha malogrado siempre a los hombres y a las naciones. Lo que se necesita es otra clase de valentía, la que hace seguir el camino recto a despecho de todas las tentaciones.

lunes, 2 de septiembre de 2019

La guerra



Son asombrosas la frialdad y la indiferencia con que la mayor parte de la humanidad asiste al comienzo de una guerra. Para quienes oyen sobre ella a la distancia o se enteran por los libros pero jamás se han representado mentalmente sus males, es apenas poco más que una competición vistosa; una proclama, un ejército, una batalla, y un triunfo, escribe Samuel Johnson. Pálidos, entumecidos, desanimados e indefensos; jadeando y gimiendo sin que nadie se apiadara de ellos, entre hombres curtidos en una larga miseria sin esperanza ninguna; y finalmente sepultados en fosas o echados al mar, desconocidos y olvidados. Es en estos campamentos incómodos y en estos lugares malsanos, en los que todo coraje es inútil y toda iniciativa imposible, donde las flotas son diezmadas en silencio y los ejércitos poco a poco consumidos. Es así como se extenúa en forma gradual a un pueblo, la mayoría de las veces con escaso resultado. Los pocos individuos que terminan beneficiándose, no parecen legitimados por la más justa de
las causas a obtener esas utilidades. Si el que cosechó los frutos es el que corrió el riesgo y se hizo rico con la victoria tras sangrar en la batalla, podrá ostentar sin miedo su botín. Pero al concluir una guerra, ¿qué nos recompensa por la muerte de una multitud de personas y por los gastos millonarios si no es la contemplación de la gloria repentina de pagadores y agentes, de contratistas y comisionados, cuyos coches relucen como meteoros y cuyos palacios se elevan como una exhalación? Estos son los hombres que sin virtud, trabajo ni riesgo alguno se enriquecen conforme su país se empobrece.

Niños en la guerra
Por supuesto que antes de desenvainar la espada todas las naciones confían en la victoria; y es esa fe que cada cual posee en sí mismo la que produce aquella desenfrenada efusión de sangre que ha afligido al mundo con tanta frecuencia. Pero es evidente que al menos una de entre dos opiniones que se excluyen tiene que estar equivocada; y en la historia de la humanidad no faltan ejemplos capaces de enseñar cautela y moderación. 

sábado, 13 de julio de 2019

Occidente hoy sufre inestabilidad, constatada en la fractura entre el pueblo y la clase dirigente


El presidente Vladimir Putin en una entrevista al Financial Times manifiesta que tiene la convicción de que la democracia liberal ya ha agotado su función. Hoy, el mundo exige reglas más rígidas, formuladas sobre las necesidades individuales de los pueblos y de las naciones.

Recuerda que “la Guerra Fría fue algo malo, pero al menos había reglas que todos los protagonistas de las relaciones internacionales debían respetar de un modo u otro”.  Hoy, en cambio, las reglas se pasan por alto, y el mundo ha quedado demasiado fragmentado, convirtiéndose en algo impredecible.


En cuanto a Trump, Putin expresa un cumplido, “un hombre de talento, que tiene una sensibilidad especial para captar lo que los electores esperan de él”. Putin reconoce, ante todo, la gran perspicacia de los chinos, que han sido capaces de “aprovechar la globalización para rescatar de la miseria a cientos de millones de ciudadanos”

En todas partes, al repartir la torta, la clase media ha quedado con las manos vacías. Esto explica el surgimiento de los “soberanismos”, que velan por las expectativas decepcionadas de las poblaciones de sus países. En el caso de Rusia, “nosotros siempre hemos puesto en primer lugar nuestros intereses”.



El presidente ruso vuelve sobre el tema de la “tragedia del colapso de la Unión Soviética”, en contraste con el modelo chino, del partido único, que consiguió no perder el control de la sociedad y de la economía. Lo más importante, según Putin, es lograr garantizar “la estabilidad, y hacerlo lo más posible”, que es justamente lo que han hecho los chinos y lo que él mismo intenta ofrecer a Rusia. Según el mandatario ruso, Occidente hoy sufre precisamente por esta inestabilidad, constatada en la “fractura entre el pueblo y la clase dirigente”. Por el contrario, quien gobierna debe procurar el modo de “dar a la gente una vida estable, normal, segura y predecible, con esperanzas de mejorar”. Es por ello que él se atreve a afirmar que “la idea liberal hoy ha agotado su función… muchos elementos no son realistas, empezando por el multiculturalismo y una acogida de migrantes carente de reglas”. 

lunes, 27 de mayo de 2019

Cuando se planteó la Unión Franco-Británica

Winston Churchill con De Gaulle
El 16 de junio de 1940, Winston Churchill, de acuerdo con De Gaulle, llamó a Reynaud: "Los dos gobiernos del Reino Unido y la República Francesa debemos hacer una declaración de unión indisoluble y una resolución inflexible en defensa de la justicia y la libertad contra el sometimiento a un sistema que reduce a la humanidad a una vida de autómatas y esclavos. Los dos gobiernos declararemos que
Reynaud
Francia y Gran Bretaña dejarán de ser dos naciones y se convertirán en la Unión Franco-Británica. Todo ciudadano de Francia disfrutará inmediatamente de la ciudadanía del Reino Unido. Cada súbdito británico se convertirá en un ciudadano de Francia. Las fuerzas armadas del Reino Unido y Francia estarán bajo la dirección de un Gabinete de Guerra único". Reynaud, ilusionado por aquella propuesta, la comunicó a los miembros de su gobierno, pero para estos fue casi un insulto y la rechazaron. Reynaud dimitió y se nombró primer ministro a Philippe Pétain, que a los pocos días firmó el armisticio con Alemania.

domingo, 23 de diciembre de 2018

La supervivencia de los presidentes, los primeros ministros y los primeros secretarios quedaría preservada de la extinción nuclear.

Si los que ejercen la autoridad soberana por medio de las armas nucleares fallan o calculan mal ponen en peligro la supervivencia física de los millones de seres humanos que les han confiado su bienestar. Los líderes políticos de los estados nucleares se han convertido hoy en depositarios de la responsabilidad última, tanto militar como política, de los estados que presiden. 

Papa teme que las armas nucleares terminen en manos de extremistas
La guerra nuclear expondría a todos los hombres, mujeres y niños comunes de las naciones con armamento nuclear al riesgo de la destrucción inmediata o, en su defecto, a las inevitables radiaciones secundarias. Por contra, cuenta el historiador militar John Keegan, los presidentes, los primeros ministros y los primeros secretarios pertenecerían al único grupo  cuya supervivencia quedaría en cualquier caso preservada de la extinción nuclear inmediata o posterior. Los menos responsables de la guerra y los menos equipados para protegerse de sus consecuencias, los bebés y sus madres, los enfermos, los lisiados, los ancianos, estarían en la línea de frente; mientras que los jefes de gobierno, también jefes de la fuerza nuclear, estarían protegidos en cuarteles generales situados en refugios profundos, o aislados en puestos de mando aerotransportados. Los débiles correrían más riesgo y los fuertes menos.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Existen principios por los cuales las naciones deben estar preparadas para combatir.

Henry Kissinger y Oriana Fallaci
Henry Kissinger, en una entrevista que le hizo Oriana Fallaci, opinaba sobre los pacifistas y la guerra que ”aunque respete a los pacifistas genuinos, no estoy de acuerdo con ningún pacifista y en especial con los pacifistas a medias: los que aceptan la guerra por una parte y son pacifistas por la otra. Los únicos pacifistas con los que acepto hablar son los que soportan hasta el final las consecuencias de la no violencia. Pero incluso con éstos hablo sólo para decirles que serán aplastados por la voluntad de los más fuertes y que su pacifismo sólo les conducirá a horribles sufrimientos. La guerra no es una abstracción, es una cosa que depende de las condiciones. La guerra contra Hitler, por ejemplo, era necesaria. Lo que no quiere decir que la guerra sea necesaria de por sí, que las naciones deban hacerla para mantener su virilidad. Quiero decir que existen principios por los cuales las naciones deben estar preparadas para combatir”.

sábado, 12 de noviembre de 2016

El darwinismo social en el siglo XIX junto con el militarismo, fomentaron la creencia de que la competencia entre naciones estaba de acuerdo con el orden natural.

Lenin y la lucha armada.
Los finales del siglo XIX y principios del XX con el nacionalismo y sus componentes repugnantes de odio y desprecio hacia los otros; el miedo a la pérdida o a la revolución, a los terroristas y a los anarquistas; las esperanzas de cambio o de un mundo mejor; las exigencias del honor y la hombría, que implicaban no ceder ni mostrar debilidad; o el darwinismo social, que clasificaba las sociedades humanas como si fuesen especies y promovía, no ya la fe en la evolución y en el progreso, sino en la inevitabilidad de la lucha, fueron el prologo de las dos guerras mundiales.
El Darwinismo Social
El darwinismo social, ese hijo bastardo del pensamiento evolucionista, junto con su primo el militarismo, fomentaron la creencia de que la competencia entre naciones estaba de acuerdo con el orden natural, y que al final sobrevivirían las más aptas. Y la implicación de esto era que probablemente habría guerra. A fines del siglo XIX, la admiración de que era objeto el ejército como la parte más noble de la nación, así como la propagación en las sociedades civiles de los valores militares, alimentaron la suposición de que la guerra era una parte necesaria de la gran lucha por la supervivencia; y de que podía ser incluso un bien para las sociedades, al, por así decirlo, ajustarlas.

A fines del siglo XIX, la admiración de que era objeto el ejército como la parte más noble de la nación, así como la propagación en las sociedades civiles de los valores militares, alimentaron la suposición de que la guerra era una parte necesaria de la gran lucha por la supervivencia

sábado, 1 de octubre de 2016

Ninguno de nosotros puede decir a otro, mi padre fue más grande que tu padre.

Una antigua enseñanza rabínica dice: “El hecho de que (en la Biblia) fuera creado un solo hombre  nos enseña que ninguno de nosotros puede decir a otro: mi padre fue más grande que tu padre”.La Biblia está llena de recordatorios de que Dios es el Dios de todas las naciones. “Israelitas, ¿no sois iguales que los etíopes para mí?, dice el Señor. Igual que saqué a Israel de Egipto, ¿no saqué a los filisteos de Caftor y a los arameos de Kir?” (Amós 9:7). El libro bíblico que expresa más vigorosamente esta visión universal es Isaías. Sólo hay un Dios para toda la humanidad.


tora
Existen algunos estudiosos de la Biblia que manifiestan que la Tora no dice que la Palabra de Dios fuese grabada (harut) en las tablas de piedra, sino que la libertad (herut) estaba en las tablas de piedra(Éxodo32:16).
La obediencia a la ley es la verdadera libertad y lo que la mayoría de la gente toma por libertad es en realidad una especie de esclavitud, opinan estos estudiosos.

Sólo hay un Dios para toda la humanidad

La obediencia a la ley es la verdadera libertad