Mostrando entradas con la etiqueta pagador. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pagador. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de agosto de 2021

Cuando rendir cuentas no era un cuento

Durante el siglo XVI y XVII era regla sin excepción que todos cuantos recibiesen fondos del tesoro de Castilla rindieran cuentas a la oficina de intervención de cuentas de la real hacienda española, la “contaduría mayor de cuentas”. La contaduría mayor era meticulosa, incorruptible y aparentemente infalible. Descubría a tiempo el menor chanchullo y malversación de los fondos públicos, y el castigo consistía en una multa tres veces superior al valor del fraude.
Las cuentas de Tomás López de Ulloa durante el segundo y tercero de los períodos en que fue pagador general del Ejército de Flandes (1642-1651) se que quedaron sin ajustar. En 1701 la contaduría mayor, después de cincuenta años de revisiones, declaró que los herederos de Ulloa debían al tesoro 309.325 florines, y hubieron de ser embargadas las posesiones de la familia en España.

lunes, 2 de septiembre de 2019

La guerra



Son asombrosas la frialdad y la indiferencia con que la mayor parte de la humanidad asiste al comienzo de una guerra. Para quienes oyen sobre ella a la distancia o se enteran por los libros pero jamás se han representado mentalmente sus males, es apenas poco más que una competición vistosa; una proclama, un ejército, una batalla, y un triunfo, escribe Samuel Johnson. Pálidos, entumecidos, desanimados e indefensos; jadeando y gimiendo sin que nadie se apiadara de ellos, entre hombres curtidos en una larga miseria sin esperanza ninguna; y finalmente sepultados en fosas o echados al mar, desconocidos y olvidados. Es en estos campamentos incómodos y en estos lugares malsanos, en los que todo coraje es inútil y toda iniciativa imposible, donde las flotas son diezmadas en silencio y los ejércitos poco a poco consumidos. Es así como se extenúa en forma gradual a un pueblo, la mayoría de las veces con escaso resultado. Los pocos individuos que terminan beneficiándose, no parecen legitimados por la más justa de
las causas a obtener esas utilidades. Si el que cosechó los frutos es el que corrió el riesgo y se hizo rico con la victoria tras sangrar en la batalla, podrá ostentar sin miedo su botín. Pero al concluir una guerra, ¿qué nos recompensa por la muerte de una multitud de personas y por los gastos millonarios si no es la contemplación de la gloria repentina de pagadores y agentes, de contratistas y comisionados, cuyos coches relucen como meteoros y cuyos palacios se elevan como una exhalación? Estos son los hombres que sin virtud, trabajo ni riesgo alguno se enriquecen conforme su país se empobrece.

Niños en la guerra
Por supuesto que antes de desenvainar la espada todas las naciones confían en la victoria; y es esa fe que cada cual posee en sí mismo la que produce aquella desenfrenada efusión de sangre que ha afligido al mundo con tanta frecuencia. Pero es evidente que al menos una de entre dos opiniones que se excluyen tiene que estar equivocada; y en la historia de la humanidad no faltan ejemplos capaces de enseñar cautela y moderación. 

domingo, 5 de marzo de 2017

El vende humo.

Y dice San Ignacio que el demonio para reclutar jugadores, les promete a aquellos que jueguen con él riqueza, honores, gloria, poder. Serán famosos. Todos los endiosarán. Por otro lado,San Ignacio nos presenta la jugada de Jesús. No como algo fantástico. Jesús no nos presenta una vida de estrellas, de famosos; por el contrario, nos dice que jugar con Él es una invitación a la humildad, al amor, al servicio a los demás, comenta el Papa Francisco. Jesús no nos miente. Nos toma en serio. 

Te hace creer que tu valor depende de cuánto tienes. 
En la Biblia, al demonio se lo llama el padre de la mentira. Aquel que prometía, o mejor dicho, te hacía creer que haciendo determinadas cosas serías feliz. Y después te dabas cuenta de que no eras para nada feliz. Que estuviste atrás de algo que lejos de darte la felicidad, te hizo sentir más vacío, más triste. Amigos: el diablo es un “vende humo”, dice el Papa. Te promete, te promete, pero no te da nada, nunca va a cumplir nada de lo que dice. Es un mal pagador. Te hace desear cosas que no dependen de él; que, las consigas o no, te hace depositar la esperanza en algo que nunca te hará feliz. Esa es su jugada, esa es su estrategia. Hablar mucho, ofrecer mucho y no hacer nada. Es un gran “vende humo” porque todo lo que nos propone es fruto de la división, del compararnos con los demás, de pisarle la cabeza a los otros para conseguir nuestras cosas. Es un “vende humo” porque, para alcanzar todo esto, el único camino es dejar de lado a tus amigos, no hacerle el aguante a nadie. Porque todo se basa en la apariencia. Te hace creer que tu valor depende de cuánto tienes.