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viernes, 10 de marzo de 2017

A principios del siglo XX se pensaba que el ejército era la expresión más noble y elevada de la nación.

Muchos civiles de principios del siglo XX pensaban que el ejército era la expresión más noble y elevada de la nación. El militarismo era un fenómeno más generalizado por toda Europa, y en todas las sociedades. En Gran Bretaña, los niños pequeños vestían trajes de marinero, y en el continente era frecuente ver a niños en las escuelas con sus pequeños uniformes; en los institutos y en las universidades había cuerpos de cadetes; y los jefes de estado, excepto en la Francia republicana,  portaban normalmente uniforme militar.
Soldados de la Legión Checa en la Primera Guerra Mundial
El militarismo y los militares provocaron también la división política de los europeos: los izquierdistas no los aprobaban, en tanto que los conservadores los admiraban. En la mayor parte de los países, las clases altas enviaban a sus hijos a que se hicieran oficiales, mientras que para las clases trabajadoras el servicio militar suponía una carga. Aunque lo cierto es que esta línea divisoria nunca fue nítida. Muchos elementos de clase media, como por ejemplo los empresarios y los comerciantes, por ejemplo, se molestaban porque sus impuestos sirvieran para sostener a un ejército de holgazanes y su costoso equipamiento, mientras que otros aspiraban a los valores y el estilo de los oficiales.
Por mucho que disgustara a los socialistas, en toda Europa, a las clases trabajadoras les entusiasmaba, y salían a las calles a aplaudir a las bandas y marchas militares o para celebrar los triunfos del pasado.

sábado, 12 de noviembre de 2016

El darwinismo social en el siglo XIX junto con el militarismo, fomentaron la creencia de que la competencia entre naciones estaba de acuerdo con el orden natural.

Lenin y la lucha armada.
Los finales del siglo XIX y principios del XX con el nacionalismo y sus componentes repugnantes de odio y desprecio hacia los otros; el miedo a la pérdida o a la revolución, a los terroristas y a los anarquistas; las esperanzas de cambio o de un mundo mejor; las exigencias del honor y la hombría, que implicaban no ceder ni mostrar debilidad; o el darwinismo social, que clasificaba las sociedades humanas como si fuesen especies y promovía, no ya la fe en la evolución y en el progreso, sino en la inevitabilidad de la lucha, fueron el prologo de las dos guerras mundiales.
El Darwinismo Social
El darwinismo social, ese hijo bastardo del pensamiento evolucionista, junto con su primo el militarismo, fomentaron la creencia de que la competencia entre naciones estaba de acuerdo con el orden natural, y que al final sobrevivirían las más aptas. Y la implicación de esto era que probablemente habría guerra. A fines del siglo XIX, la admiración de que era objeto el ejército como la parte más noble de la nación, así como la propagación en las sociedades civiles de los valores militares, alimentaron la suposición de que la guerra era una parte necesaria de la gran lucha por la supervivencia; y de que podía ser incluso un bien para las sociedades, al, por así decirlo, ajustarlas.

A fines del siglo XIX, la admiración de que era objeto el ejército como la parte más noble de la nación, así como la propagación en las sociedades civiles de los valores militares, alimentaron la suposición de que la guerra era una parte necesaria de la gran lucha por la supervivencia