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viernes, 13 de octubre de 2023

El sentimentalismo patriótico catalán es una forma de ocultar años de mala gestión y corrupción endémica

Jordi Pujol y Artur Mas

David Jiménez, periodista y escritor, cuenta en su libro El director que Cataluña, cuyo Gobierno había lanzado una ofensiva en favor de la independencia que fracturaría la sociedad catalana y llevaría a España a su mayor crisis institucional en democracia. No tenía nada en contra de que uno quisiera emanciparse de lo que fuera, padres, jefes o incluso Estados, pero no podía comprender que los líderes nacionalistas catalanes pretendieran hacerlo en contra de la voluntad de al menos la mitad de sus ciudadanos, ignorando una Constitución que, con sus defectos, había dado al país un periodo de estabilidad sin precedentes. Los desafíos de la Generalitat eran cada vez más osados, espoleados por medios locales que hacían de cheerleaders tras haber sido bañados en subvenciones públicas. Pero ni siquiera cuando el parlamento catalán proclamó el inicio “del proceso de creación del Estado catalán independiente en forma de república” el presidente Rajoy pareció tomarse en serio lo que estaba pasando. Nuestro registrador de la propiedad tenía aversión a las decisiones difíciles y afrontaba los problemas con la confianza ciega de que se esfumarían si tan solo permanecía inmóvil el tiempo suficiente, hasta desesperar o aburrir a sus adversarios. No estaba funcionando en Cataluña y nuestros editoriales criticaban su falta de liderazgo.
Los políticos catalanes habían encontrado en el sentimentalismo patriótico una forma de ocultar años de mala gestión y corrupción endémica.

martes, 20 de septiembre de 2022

El sentimiento del patriotismo

Cuenta C. S. Lewis en su libro Los cuatro amores que el patriotismo, tiene muchas caras. Quienes lo rechazan por completo no parecen haber pensado en lo que le sustituirá, y que ya empieza a sustituirlo. Durante mucho tiempo todavía, y quizá siempre, las naciones han de vivir en peligro; los gobernantes deben formar a sus ciudadanos para que las defiendan de algún modo, o al menos deben prepararles para esa defensa. Donde el sentimiento del patriotismo ha sido destruido, sólo se puede llevar a cabo esa defensa presentando un determinado conflicto internacional bajo la perspectiva ética. Si las personas no quieren derramar ni sudor ni sangre por su país, hay que hacerles comprender que los derramarán por la justicia, o por la civilización o por la humanidad. Eso es un paso atrás, no hacia adelante. El sentimiento patriótico no necesita, ciertamente, prescindir de la ética; los hombres honrados han de convencerse de que la causa de su país es justa; pero sigue siendo la causa de su país, no la causa de la justicia en cuanto tal. La diferencia a mí me parece importante. Yo puedo pensar sin fariseísmo ni hipocresía que es justo que defienda mi casa con la fuerza contra los ladrones; pero si empiezo a decir que le dejé un ojo morado a uno de ellos por razones morales, completamente indiferente al hecho de que la casa en cuestión era mía, me convierto en un tipo inaguantable. La pretensión de que cuando la causa de Inglaterra es justa es entonces cuando estamos del lado de Inglaterra, como podría estarlo cualquier quijote neutral, es igualmente falsa. Y este sinsentido arrastra tras de sí la maldad; si la causa de nuestro país es la causa de Dios, las guerras tienen que ser guerras de aniquilamiento. Se da una espúrea trascendencia a cosas que son exclusivamente de este mundo. La grandeza del sentimiento antiguo consistía en que mientras hacía que los hombres se entregaran al máximo se sabía que sólo era un sentimiento. Las guerras podían ser heroicas sin pretender que fueran santas. La muerte del héroe no se confundía con la muerte del mártir.

miércoles, 5 de enero de 2022

Patriotismo


“Hemos liberado Schlisselburg y roto el bloqueo a Leningrado, escribió aquel mismo día el teniente Vasily Churkin, del Ejército Rojo. Ahora tenemos en nuestras manos una franja de terreno, estrecha, en algunos puntos, la anchura no supera los 10 kilómetros, pero que nos mantiene en contacto con el resto del país, otra vez. Y de este territorio escaso, recuperado con tanta sangre y sufrimiento, brota con increíble intensidad el patriotismo”. Aquel renacimiento patriótico estaba muy presente en Stalingrado, donde la consigna de los soldados había llegado a ser: “¡Para nosotros no hay tierra por detrás del Volga!”. Tal como dijo el teniente soviético Anatoly Mereshko: “Cada edificio, cada río, cada montón de tierra en la ciudad se había vuelto precioso para nosotros; era como si representase a la misma Madre Patria”. La rabia contra los alemanes se combinó con un amor profundo hacia una Rusia en peligro para crear una capacidad y una voluntad de resistencia pasmosas; y esto era algo que el enemigo, pese a toda su profesionalidad, no podía igualar.

“Amo con toda el alma a esta patria mía, con sus virtudes y sus defectos, con su variedad de regiones y lenguas”, decía Josemaría Escrivá un 25 de Octubre de 1960 en Pamplona.


sábado, 29 de septiembre de 2018

Cuando un partido político se convierte en bandería.


Partido, en política, significa organización de elementos, concierto de esfuerzos, consonancia de trabajos para un mismo fin y bajo la misma bandera; si este fin es noble y patriótico, si esa bandera es un credo político, social o administrativo, aquella reunión de hombres que trabajan de acuerdo, merece el nombre respetable de partido; si el fin es el interés personal y la bandera la elevación personal de un individuo, por más que los partidos se empeñen en decir lo contrario, esto no será nunca partido sino bandería, decía el escritor mejicano Vicente Riva Palacio. Personajes que tienen cinco destinos,  que todos disfrutan de dos, tres o más sueldos, y como ellos toda una legión de favoritos.