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martes, 5 de mayo de 2026

La argumentación de Satanás para tentar al ser humano

Hoy en día, abundan aquellas presentaciones de Dios como enemigo del hombre que enlaza directamente para quien quiera verlo con la argumentación inicial de Satanás en el Génesis para tentar al ser humano, que se extiende en otro variante que acusa a Jesucristo y al cristianismo de impedir vivir la vida porque coarta los deseos humanos. El enfoque siempre es el mismo, partiendo de un hecho mas o menos real, se extrapola, proyecta, deforma, para construir un discurso en el que el cristianismo es el malo de la historia de la humanidad. Es objetivamente un absurdo, pero es así, y de manera regular pero persistente, tanta insistencia ha ido dejando poso. Ahora mismo, el cristiano y la Iglesia es un enemigo de la ciencia,  porque rechaza la manipulación genética de los embriones y su uso como materia prima, rechaza el aborto masivo y eugenésico, convertido en un proceso histórico increíble que va del mal absoluto al mal menor, hasta llegar al derecho de la mujer sobre la vida humana engendrada. La Iglesia profesa una maldad antihistórica porque se opone al matrimonio homosexual, ahora llamado igualitario por los cetros de diseño de estrategia, como si la unión  entre un hombre y una mujer, que configuran el vinculo autentico, fuera un matrimonio desigual. 

Todos aquellos vectores están presentes en América del Norte, Centro y Sur, pero donde confluyen con fuerza y tienden a ser dominantes es  en buena parte de Europa. Mas pronto que tarde, la fuerzas gobernantes desencadenan la pugna por la modificación de la Constitución para que muchos de aquellos aspectos, y otros más, ahora solo regulados por leyes que pueden modificarse, sean consagrados como derechos constitucionales. Este es un peligro que está en el horizonte.


lunes, 15 de diciembre de 2025

El relato de la Creación


“El relato del Génesis I se parece a las cosmogonías babilónicas, que comienzan con la emergencia de la tierra de un caos acuoso primitivo, y todas ellas son metafóricas de cómo la tierra seca emerge anualmente de las inundaciones invernales del Tigris y el Eúfrates. Así se representa a la Creación como la primera aparición del mundo después del caos acuoso primitivo; una estación primaveral en la que se aparean las aves y los animales”.Por otra parte, la presencia o revoloteo del Espíritu de Dios sobre las aguas primitivas del Génesis 1 podría tener conexión con un mito fenicio citado por Filón de Biblos, según el cual en el caos primitivo influyó el Viento, que se enamoró de sus propios elementos. 
La creación del hombre con barro, tierra o polvo es un lugar común entre los egipcios (el dios Ptah crea al hombre con una rueda de alfarero), los babilonios (el dios Ea amasa al hombre con arcilla) y los griegos (Prometeo usa arcilla para modelar a los hombres). En relación a la aparición del ser humano, también podría hablarse de una cierta influencia del poema babilónico Enuma Elish (s. VII a.C.), que narra la lucha de los primeros dioses y la creación del hombre, explicando que ésta se realiza amasando sangre y huesos, lo que presenta una cierta similitud con la generación de Eva a partir de la costilla de Adán. Cercano resulta también el paralelismo con la mitología griega, más concretamente la similitud entre Eva saliendo del costado de Adán y Atenea saliendo de la frente de su padre Zeus. Graves y Patai (1969) llegaron a afirmar que la necesidad de dotar a Adán de una compañera que fuese semejante a él, frente al resto de especies animales, con las que sentía una gran distancia, podría haber sido reminiscencia de una primitiva zoofilia, lo que conectaría a su vez con el mito acadio de Enkidu y Aruru recogido en el Poema de Gilgamesh.


A partir de estos precedentes se genera en el pensamiento medieval cristiano el ciclo de la Creación, que no acusa grandes variaciones, salvo las ya señaladas en el apartado atributos y formas de representación. Faltaría añadir una evolución que puede apreciarse en la imagen del Creador. Lo más frecuente es que éste se muestre bajo la apariencia del Hijo, del Cristo siríaco. Sin embargo, desde el siglo XIV podemos hallarlo también representado como anciano, tocado con tiara, es decir más cercano a la imagen de Dios Padre, que sería la que está más presente en el Antiguo Testamento (ej. Postilla in Bibliam de Nicolaus de Lyra, Bibliothèque Municipale de Troyes, ms. 129, fol. 35, ca. 1480). Ésta será la que imagen que triunfe y que se proyecte en la Edad Moderna, como puede observarse en la Capilla Sixtina. 
En principio, el ciclo de la Creación no forma parte del sistema de prefiguras cristiano que compara Antiguo y Nuevo Testamento. Sin embargo, algunos teólogos medievales insistieron en el paralelismo existente entre Eva saliendo del costado de Adán y la Iglesia saliendo de la llaga abierta en el costado de Cristo.


Referencia: La Creación de Irene González Hernando. Universidad Complutense. 


domingo, 18 de mayo de 2025

Un aspecto central en la antropología bíblica es la santidad de la vida humana

Para Jonathan Sacks, que fue durante muchos años el Rabino principal de las Congregaciones hebreas unidas de la Commonwealth, un aspecto que es central en la antropología bíblica es la santidad de la vida humana, que debe ser respetada y cuidada en cada etapa. En el Génesis se establece de manera abierta que, debido a la presencia de la imagen de Dios en los hombres, el asesinato es ilícito. El respeto a la vida desde su inicio hasta el fin natural es central para la creencia bíblica. Los cristianos están plenamente conscientes de que la vida es en última instancia un don de Dios e insistieron en la necesidad de respetarla ante la común aceptación pagana del aborto, del infanticidio, del asesinato y de la eutanasia.

domingo, 28 de abril de 2024

La palabra de Dios es creadora

Cuenta el filósofo Darío Sztajnszrajber que en “el Génesis, la creación divina siempre es desde la palabra: “Dijo Dios: hay luz; y hubo luz”. La palabra de Dios es creadora porque Dios es palabra, verbo, idea. La inmaterialidad de Dios lo coloca en una zona ajena a este mundo, y por eso Dios crea hablando, pero con un habla que no tiene nada que ver con la sonoridad material de lo mundano. Dios, que es incorpóreo, crea hablando el lenguaje sagrado, incomprensible para nuestro mundo; en todo caso graficable en una escritura que por eso va a tener eternamente que ser interpretada. Y así como Dios forma con la palabra, en paralelo el ser humano conforma sentido sobre aquello que va a dominar, lo viviente”.

jueves, 28 de marzo de 2024

El hombre que sufre ya no es el hombre, sino el mismo Dios, Jesús.

¿Qué es, pues, el hombre para la antropología cristiana medieval? La criatura de Dios. La naturaleza, la historia, el destino del hombre se conocen en primer lugar por el libro del Génesis, el primero del Antiguo Testamento. El sexto día de la creación Dios hizo al hombre y le confirió explícitamente el dominio sobre la naturaleza, la flora y la fauna que le proporcionarían su alimento. El hombre medieval tiene la vocación de ser señor de una naturaleza desconsagrada, de la tierra y de los animales. Pero Adán, instigado por Eva, seducida a su vez por la serpiente, esto es, por el mal, cometió el pecado. Dos seres habitan ya en él, el que fue hecho a imagen y semejanza de Dios y el que, habiendo cometido el pecado original, fue expulsado del Paraíso Terrenal y condenado al sufrimiento (que se concreta en el trabajo manual para el hombre y en los dolores del parto para la mujer), a la vergüenza ( por el tabú de la desnudez de los órganos sexuales), y a la muerte.

En la Alta Edad Media, Job es sin duda el modelo bíblico en el que la imagen del hombre está mejor encamada. La fascinación del personaje del Antiguo Testamento fue tanto mayor por cuanto el comentario al Libro de Job, los Moralia in Job del papa Gregorio Magno (590-604), fue uno de los libros más leídos por los clérigos. Job es el hombre que debe aceptar la voluntad de Dios sin buscar otra justificación aparte del arbitrio divino. Es menos pecador que cualquier otro hombre, “era un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job, 1,1). Durante mucho tiempo, anonadado por las pruebas que le envía Dios, no comprende y constata que el hombre “consume sus días sin esperanza”, y que su vida es solo “viento”. Finalmente renuncia a cualquier reivindicación.“¿Cómo, pues, puede justificarse el hombre ante El? ¿Cómo puede ser puro el nacido de mujer? La luna misma no brilla, ni son bastante puras las estrellas a sus ojos. ¡Cuánto menos el hombre, un gusano; el hijo del hombre, un gusanillo!” (Job, 25, 4-6). La iconografía medieval, tan reveladora como formadora en el campo de lo imaginario, no conoce la historia de Job, en general, más que los episodios de su humillación ante Dios, y la imagen preferida es la de Job roído por las úlceras en su estercolero. La pintura medieval hace de Job ese desecho de hombre que es un leproso.

El hombre que sufre ya no es el hombre, sino el mismo Dios, Jesús. Y la imagen que sobresale en el siglo XV es la de Jesús con el manto de púrpura y la corona de espinas del escarnio, como Pilatos lo muestra a la multitud, diciendo, según el Evangelio de San Juan Ecce homo,“ahí tenéis al hombre”. Este hombre de un momento excepcional de la historia humana es ya la figura simbólica del hombre que sufre, del hombre humillado, pero divino. Y el gran misterio de la historia que durante todo el Medievo los teólogos se han esforzado en explicar es por qué Dios aceptó, decidió hacerse hombre y humillarse en Cristo. Aceptar o rechazar la gracia que lo salvaría, ceder o resistir al pecado que lo condenaría, eso es lo que concierne al hombre que obra según su libre albedrío.
Referencia: El hombre medieval  de Jacques Le Goff




lunes, 14 de octubre de 2019

Un tribunal inglés dictamina que el que Dios creara varón y mujer es “incompatible con la dignidad humana”


Un tribunal inglés dictaminó que la cita bíblica de que Dios creó al ser humano varón y mujer (Génesis 1:27) es “incompatible con la dignidad humana” y ratificó el despido de un médico por utilizarla.“La creencia en Génesis 1:27, en no creer lo suficiente en el transgénero y la objeción de conciencia frente al transgénero, a nuestro juicio, son incompatibles con la dignidad humana y entran en conflicto con los derechos fundamentales de los demás, específicamente aquí, con las personas transgénero”, declara la sentencia.

“Ningún médico, investigador o filósofo puede demostrar o probar que una persona puede cambiar de sexo. Sin integridad intelectual y moral, la medicina no puede funcionar y mis 30 años como médico ahora se consideran irrelevantes en comparación con el riesgo de que alguien más pueda ofenderse”, manifiesta el doctor David Mackereth

domingo, 19 de febrero de 2017

El destino depende de uno mismo.

Edipo nace con un destino ya marcado. Se sabe lo que le va a ocurrir y, haga lo que haga, le ocurrirá. No tiene posibilidad de salirse de ese camino. Por su parte, Caín no tiene previsto el final de la historia. Caín es advertido, porque se
pone en sus manos la posibilidad de modificar lo que hace. Cuando Caín ,en el Génesis,se enoja porque Dios no recibe su sacrificio y sí el de su hermano, todavía nada ha ocurrido. Y ahí Dios le advierte: cuidado con lo que haces con tu enojo; porque el pecado se agazapa a tu puerta pero tú podrás dominarlo. Es decir que su destino depende de él y de lo que haga con eso, cuenta Diana Sperling.

el pecado se agazapa a tu puerta pero tú podrás dominarlo

lunes, 5 de septiembre de 2016

La religión hebrea.


En la primera época en que cabe distinguir a la religión hebrea, esta aún era probablemente politeísta, pero también monólatra; es decir, que al igual que otros pueblos semitas, las tribus que fueron las precursoras de los judíos creían que había muchos dioses, pero adoraban solo a uno, al suyo. 

Abraham
La primera etapa de perfeccionamiento fue la idea de que el pueblo de Israel debía devoción exclusiva a Yahvé, la deidad tribal, un dios celoso que había hecho un pacto con su pueblo para llevarlo de nuevo a la tierra prometida, la Canaán adonde Yahvé ya había llevado a Abraham desde Ur, y que ha seguido siendo un foco de pasión hasta la actualidad. El pacto era una idea dominante; Israel tenía la seguridad de que, si hacía algo, ocurriría algo deseable en consecuencia, lo que suponía una gran diferencia respecto de la atmósfera religiosa de Mesopotamia o de Egipto. Las exigencias de exclusividad de Yahvé dieron paso al monoteísmo, ya que, llegado el momento para ello, los israelitas no sentían respeto alguno por los otros dioses que podrían constituir un obstáculo para esta evolución. Pero esto no fue todo. La naturaleza de Yahvé fue pronto diferente a la de los demás dioses tribales. La característica más distintiva de su culto era que no había ninguna representación de su imagen.

El poder creativo de Yahvé era otro aspecto que diferenciaba
John Morris Roberts
a los hebreos de la tradición mesopotámica, dice el profesor John Morris Roberts. Ambas religiones consideraban que el origen del género humano era un caos acuático. “La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo”, dice contundentemente el libro del Génesis. Para los mesopotámicos, no hubo creación pura; siempre había existido algún tipo de materia, y los dioses solo la ordenaron. Pero para los hebreos era diferente: Yahvé ya había creado el propio caos. Yahvé fue para Israel lo que más tarde expresó el credo cristiano: “Creador del cielo y de la tierra, creador de todo lo visible y lo invisible”; era, por tanto, el supremo creador. Además, hizo al hombre a su imagen y semejanza, como un compañero, no como un esclavo; el hombre era la culminación y la revelación suprema de su poder creativo, una criatura capaz de distinguir el bien del mal. Finalmente, el hombre se movía en un mundo moral que establecía la propia naturaleza de Yahvé. Solo Él era justo; las leyes del hombre podían reflejar o no su voluntad, pero Él era el único autor de la rectitud y de la justicia, quien marcaba los parámetros de la conducta ejemplar.

Moises.
El relato bíblico del viaje por el Sinaí narra probablemente la época crucial en que se forjó la conciencia nacional. Pero la tradición bíblica es lo único que tenemos para documentarnos, y no se recogió hasta mucho más tarde, dice el profesor John Morris Roberts. Sin duda es verosímil que los hebreos debieran huir finalmente de una dura opresión en tierras extranjeras; una opresión que podría, por ejemplo, ser reflejo de las cargas que imponían unas enormes empresas de construcción. Moisés es un nombre egipcio, y es probable que existiera un original histórico del gran líder que domina la historia bíblica dirigiendo el éxodo y manteniendo unidos a los hebreos en el desierto. En el relato tradicional, fundó la ley tras traer los Diez Mandamientos de su encuentro con Yahvé, ocasión en que se renovó el pacto de Yahvé con su pueblo en el monte Sinaí, y que podría verse como el retorno formal a sus tradiciones de pueblo nómada cuyos cultos habían sido erosionados por la larga permanencia en el delta del Nilo.

"Josué ora a Dios para que el sol se detenga". Grabado de Gustave Doré.
La historia de conquista que se narra en el Libro de Josué coincide con los testimonios de la destrucción de las ciudades cananeas en el siglo XIII a.C., y lo que sabemos de la cultura y la religión cananeas también coincide con el relato bíblico de las luchas de los hebreos contra los cultos locales y el politeísmo, que lo impregnaban todo.

Jerusalén fue durante mucho tiempo un pequeño lugar lleno de suciedad y confusión, algo muy alejado del nivel que, mucho antes, había alcanzado la vida urbana de los minoicos. Pero en Israel estaban las semillas de gran parte de la historia futura del género humano. La colonización de Palestina había sido esencialmente una operación militar, y la necesidad militar provocó la siguiente etapa de la consolidación de una nación. Parece que fue el desafío que plantearon los filisteos lo que estimuló el surgimiento de la monarquía hebrea en algún momento hacia el 1.000 a.C. Con ella aparece otra institución, la de la especial distinción de los profetas, ya que fue el profeta Samuel quien ungió,nombrando así de hecho, tanto a Saúl, el primer rey, como a su sucesor, David.

Icono ruso de David, representado como Profeta y Rey,
David había dado a Israel una capital, acrecentando así la tendencia a la centralización política. Había planificado la construcción de un templo, y cuando Salomón lo edificó, el culto a Yahvé tuvo una forma más espléndida que nunca y un lugar duradero.

Jeremías encarcelado y apaleado
Al final, Israel sería recordada no por las grandes hazañas de sus reyes, sino por las normas éticas que anunciaron sus profetas. Ellos dieron forma a los vínculos de la religión con la moralidad que dominarían no solo el judaísmo, sino también el cristianismo y el islam. Los profetas hicieron evolucionar el culto a Yahvé hasta la adoración de un Dios universal, justo y misericordioso, severo a la hora de castigar el pecado, pero dispuesto a dar la bienvenida al pecador que se arrepentía. Este fue el clímax de la cultura religiosa en Oriente Próximo, un punto de inflexión después del cual pudo separarse la religión de la localidad y de la tribu. Los profetas también atacaron con acritud la injusticia social. Para ello, Amós, Isaías y Jeremías dejaron a un lado a la privilegiada casta sacerdotal, denunciando la burocracia religiosa directamente ante el pueblo. Anunciaron que todos los hombres eran iguales ante Dios, que los reyes no podían hacer sin más su voluntad; proclamaron un código moral que era una realidad dada, independiente de la autoridad humana. Así pues, la predicación de la adhesión a una ley moral que Israel creía que había sido dada por Dios, se convirtió también en una base para la crítica al poder político existente. Si la ley no estaba hecha por el hombre, no emanaba aparentemente de ese poder, y los profetas siempre podían recurrir a ella, así como a su inspiración divina, contra el rey o el sacerdote. No es demasiado decir que, si la esencia del liberalismo político radica en la creencia de que el poder ha de emplearse dentro de un marco ético independiente de él, su raíz primaria está en las enseñanzas de los profetas.

todos los hombres eran iguales ante Dios, que los reyes no podían hacer sin más su voluntad; proclamaron un código moral que era una realidad dada, independiente de la autoridad humana.