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martes, 23 de julio de 2024

La capacidad del habla se debe a la dotación genética del ser humano

El más inteligente de los monos es incapaz de hablar, pero el más estúpido de los humanos podrá hacerlo aunque sea analfabeto, porque el habla forma parte de una esencia innata, y la adquisición del lenguaje, el primer aprendizaje, no tiene relación directa con la inteligencia. Salvo deformaciones excepcionales, todos los niños aprenden casi por igual a pronunciar sus primeras palabras y a construir sus frases iniciáticas, y construyen una gramática creativa, en absoluto de imitación. Si imitaran a sus mayores, no dirían “el vaso se ha rompido”; y si pronuncian “ahí viene el altobús” o “el tiempo ha rebuenecido” es porque están desarrollando su capacidad innata de aplicar las normas gramaticales y morfológicas que empiezan a intuir. La capacidad del habla se debe a la dotación genética del ser humano y, como explican los psicolingüistas, en lo esencial está impresa en el genotipo de nuestra especie.
Cualquiera que hable una lengua, como explicó el lingüista norteamericano Noam Chomsky, interioriza una gramática generativa que expresa el conocimiento de ese idioma; capaz de crear una eternidad de frases pese a contar con recursos limitados.
Referencia:La seducción de las palabras de Álex Grijelmo

domingo, 28 de abril de 2024

La palabra de Dios es creadora

Cuenta el filósofo Darío Sztajnszrajber que en “el Génesis, la creación divina siempre es desde la palabra: “Dijo Dios: hay luz; y hubo luz”. La palabra de Dios es creadora porque Dios es palabra, verbo, idea. La inmaterialidad de Dios lo coloca en una zona ajena a este mundo, y por eso Dios crea hablando, pero con un habla que no tiene nada que ver con la sonoridad material de lo mundano. Dios, que es incorpóreo, crea hablando el lenguaje sagrado, incomprensible para nuestro mundo; en todo caso graficable en una escritura que por eso va a tener eternamente que ser interpretada. Y así como Dios forma con la palabra, en paralelo el ser humano conforma sentido sobre aquello que va a dominar, lo viviente”.

jueves, 21 de abril de 2022

El lenguaje es un hecho consustancial a todas las sociedades humanas

El lenguaje es un hecho consustancial a todas las sociedades humanas y lo ha sido siempre a lo largo de la historia de nuestra especie. Aunque las lenguas son mutuamente ininteligibles, bajo sus superficiales variaciones se oculta el diseño computacional único de la Gramática Universal, con sus nombres y sus verbos, sus estructuras léxicas y sintagmáticas, sus declinaciones y auxiliares, y otras muchas propiedades.

Las personas pueden entender y producir un número infinito de frases, ese conjunto infinito de frases se generan a partir de un sistema finito de reglas, o sea, una gramática, por lo que sí tiene sentido estudiar la gramática mental y otros mecanismos psicológicos que subyacen al comportamiento lingüístico. Los mecanismos mentales que están detrás del lenguaje tienen un diseño complejo integrado por múltiples elementos en interacción. Las numerosas lenguas que hay en el mundo ya no parecen diferir de forma arbitraria e ilimitada. Se puede atisbar un diseño común de la maquinaria que subyace a la lengua mundial que llamamos Gramática Universal.Si no existiera un diseño básico incorporado al mecanismo que aprende una lengua en particular, el aprendizaje sería imposible. Hay múltiples formas de generalizar el habla de los padres a la lengua en su conjunto, y los niños encuentran siempre y con gran rapidez el camino adecuado.

martes, 30 de abril de 2019

Los niños nacen con conocimiento innato acerca de las reglas y formas del lenguaje

Jean Piaget 
El psicólogo suizo Jean Piaget inició su carrera alrededor de 1920 como investigador y pronto se interesó de manera especial en los errores que cometen los niños cuando encaran las cuestiones en una prueba de inteligencia. Piaget llegó a la conclusión de que no importa la exactitud de la respuesta infantil, sino las líneas de razonamiento que invoca el niño. Estas se pueden ver por demás claramente centrándose en las suposiciones y las cadenas de razonamiento que provocan las conclusiones erróneas.


Noam Chomsky, quien asevera que los niños deben nacer con considerable conocimiento innato acerca de las reglas y formas del lenguaje, y que deben poseer, como parte de sus derechos de nacimiento, hipótesis específicas acerca de cómo descifrar y hablar su idioma o cualquier lenguaje natural. Las afirmaciones de Chomsky surgen del hecho de que es difícil explicar cómo se puede adquirir el lenguaje con tanta rapidez y exactitud a pesar de la impureza de las muestras de habla que escucha el infante, y en un momento en que otras habilidades infantiles para la solución de problemas parecen estar subdesarrolladas. Otros eruditos, como Kenneth Wexler y Peter Culicover, han afirmado que los niños no podrían aprender a hablar un lenguaje si no hicieran determinadas suposiciones iniciales acerca de cómo debe operar el código, y cómo no debe operar, en que supuestamente esas suposiciones estarían incorporadas en el sistema nervioso.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Silencio.


Lavelle dice que “el silencio está, a veces, tan cargado de significado que abole la palabra; no sólo porque la hace inútil, sino también porque al hablar se echaría a perder esta esencia demasiado frágil que lleva consigo el silencio que impide, por así decirlo, que se le toque. El silencio es un homenaje que el habla tributa al espíritu. De hecho, la palabra de Dios, a la que no falta nada y que es pura revelación, no se distingue del perfecto silencio”.

“El silencio místico honra a los dioses imitando su naturaleza”, dice Apolodoro de Atenas. Frente a la inmensidad de Dios, el creyente lleno de fervor no tiene más recurso que dejar que ascienda en él un “himno de silencio”, dice Gregorio de Nacianzo. “Cuando te mantienes en silencio, eres lo que era Dios antes de la naturaleza y la creación, y esa es la materia que utilizó para darles forma. Y entonces ves y oyes lo que Él veía y oía en ti antes de que tus propios querer, ver y oír hubiesen comenzado”, escribe Jacobo Boehme. “El amigo del silencio llega a estar muy cerca de Dios. Habla con Él en secreto, y recibe su luz”, piensa Juan Clímaco, monje del Sinaí del siglo I. Y André Neher, recordando la tradición judía, dice: “De la misma manera que el silencio constituye la forma más elocuente de la revelación, el instrumento más elocuente de la adoración es también el silencio. Al infinito corresponde, y responde, lo inefable, tema religioso que la Biblia fue primera en situar en lo más recóndito del alma
humana”. Y el propio Neher cita también el Salmo 62: “Mi alma vibra de silencio hacia Dios”, y el Salmo 65: “Sólo te conviene el silencio como forma de alabanza”. “La palabra traiciona, y sólo el silencio respeta este vínculo orgánico que sitúa a lo inefable frente al infinito”, concluye A. Neher. “Os exhorto a que tengáis los oídos de vuestro corazón atentos a esta voz interior; y a que os esforcéis en escuchar a Dios dentro de vosotros mismos, pues esta voz resuena en los lugares más desérticos, y penetra en los pliegues más íntimos del corazón. Esta voz se insinúa y no deja nunca de llamar a la puerta de cada uno de nosotros. Está hablando ahora, y tal vez no encuentra a nadie dispuesto a oírla”, escribe Bernardo de Claraval. El repliegue del fiel hacia su interior hace inútiles los balbuceos del lenguaje. San Juan de la Cruz afirma que “el Padre no ha dicho más que una Palabra: es su Verbo. La ha dicho eternamente y en un silencio eterno. El alma oye en el silencio”.
El sentimiento hace que Dios no necesite oídos para escuchar la oración de un fiel. Las peticiones que se dirigen a Dios o a los santos se realizan silenciosamente, en el fuero interno del devoto, con la convicción de que serán satisfechas. El silencio no es un fin en sí mismo, importa más su contenido; no significa nada si no traduce un acercamiento a Dios. En este sentido, la palabra equivale al silencio si uno y otro están impregnados de amor. “Hay un hombre que parece callarse, pero su corazón condena a los demás, este hombre, en realidad, está hablando sin cesar. Pero hay otro que habla desde la mañana hasta la noche y, sin embargo, guarda silencio; es decir, que no dice nada que no sea útil”, afirma Poemeno.