Mostrando entradas con la etiqueta umbral. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta umbral. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de noviembre de 2024

Ella, con las grandes puertas abiertas, los esperaba


Cuando al escribir quiero hablar del mar, de la mujer, de Dios, me inclino sobre mí mismo y escucho lo que dice en mí el niño; él es quien me dicta mis palabras, y si logro llegar con las palabras a pintar esas grandes fuerzas (el mar, la mujer, Dios), lo debo al niño que todavía vive en mí. Vuelvo así a ser niño para poder contemplar el mundo con mirada virgen y verlo siempre por primera vez.
Para las fiestas anuales, cuando Cristo nacía, o moría, o resucitaba, todo el mundo se vestía, se acicalaba, dejaba su casa, y de todas las callejuelas la gente se volcaba en la iglesia. Ella, con las grandes puertas abiertas, los esperaba. Había encendido sus grandes candelabros y sus arañas, y el dueño de casa, San Minas, montado en su caballo, permanecía en el umbral y recibía a los bien amados habitantes de Megalo Kastro. Los corazones se henchían, no más tristezas, todo el mundo se identificaba, olvidaban su nombre, no eran ya esclavos, ya no había disputas ni turcos, ya no había muerte. Y allí, en la iglesia, con el capitán Minas, el caballero, a la cabeza, todos sentían que eran un ejército inmortal. Carta al Greco (Nikos Kazantzakis)

sábado, 8 de abril de 2023

Solo desde su dignidad originaria se puede entender el respeto del hombre a la mujer y el de la mujer al hombre

“El balance general de la civilización humana sigue siendo positivo. Es un balance que crean pocas personas, pero que son los grandes genios y los santos. Todos ellos son testigos de cómo romper el círculo de la mediocridad, y de manera particular cómo vencer el mal con el bien, cómo encontrar el bien y la belleza, a pesar de todas las degradaciones que padece la civilización humana. Tal como se ve, ese umbral en el que tropieza el ser humano no es infranqueable. Tan solo hay que tener conciencia de que existe y valor para superarlo constantemente”, dice Juan Pablo II.

Solo en la medida en que volvemos a la creación, en la medida en que la persona es consciente de su origen, puede tener claro el sentido de su vida y, por lo tanto, su dignidad. Y solo desde su dignidad originaria se puede entender el respeto del hombre a la mujer y el de la mujer al hombre. “Una persona puede convertirse en un objeto de uso para otra persona. Es la mayor amenaza de nuestra civilización, especialmente de la civilización del mundo de las riquezas materiales. Entonces, el lugar de la complacencia desinteresada ocupa en el corazón humano el deseo de apoderarse de otro y de utilizarlo”, añade Juan Pablo II. “Cada persona es irrepetible. La no repetición no es una limitación, si no que muestra la profundidad”.


domingo, 21 de noviembre de 2021

En el umbral de la tumba podamos encontrar fuerzas en esta humilde plegaria por nuestros enemigos

El sábado 14 de julio de 1918, la esposa del zar Alexandra anotaba “la alegría de unas vísperas, en esta segunda visita del joven sacerdote”. El padre Storozhev ya había estado antes allí, en mayo, y Yurovsky estuvo de acuerdo en que volviera otra vez. El sacerdote reunió a toda la familia. Alexis se sentó en la silla de ruedas de su madre. Alexandra, con un vestido lila, se sentó al lado de su hijo. Nicolás, vestido con su camisa caqui, pantalones y botas, se quedó de pie con sus hijas, vestidas con blusas blancas y faldas oscuras. Cuando comenzó la misa, Nicolás se hincó de rodillas. Un amigo de Alexandra les había enviado a Tobolsk un poema dedicado a Olga y Tatiana. En la Casa Ipatiev, Olga lo copió en uno de sus libros. Los Blancos encontraron los versos: "Dadnos paciencia, Señor, a nosotros tus hijos en estos sombríos y tormentosos días, cuando sufrimos la persecución de nuestro pueblo y los tormentos de nuestras culpas. Dadnos fuerza, Dios de Justicia, a nosotros que la necesitamos, perdona a nuestros perseguidores, y que tu gran mansedumbre alivie el peso de esta dolorosa cruz que acarreamos. Cuando somos despojados e insultados en estos días de incansable amotinamiento, pedimos tu ayuda, Cristo Salvador, para poder soportar la amarga prueba. Señor del mundo, Dios de la Creación, dadnos tu bendición a través de nuestra plegaria, dad la paz a nuestros corazones, oh Maestro, en esta hora extrema que debemos vivir. Y en el umbral de la tumba, insufla tu poder divino en nuestra arcilla para que nosotros, tus hijos, podamos encontrar fuerzas en esta humilde plegaria por nuestros enemigos".



martes, 1 de enero de 2019

Soñar.


Se dice que perdemos mucho tiempo soñando; pero ¿quién no sueña? Dudo que haya alguien que no le dedique siquiera unos breves momentos conscientes a elevarse por encima del mundo que le rodea, refugiándose en un ensueño deliberado. Y aunque no lo queramos, los sueños tienen una extraña habilidad para invadir nuestras vidas. Nos conducen hasta el mismísimo umbral de tierras a la vez cercanas y remotas.Soñando, superamos las hazañas de los gigantes que pueblan nuestros libros de cuentos.


Los escritores son los mayores soñadores de todos. Sus sueños aparecen en esos momentos en los que bajan la guardia, dejándose llevar por la inspiración, y componen con pluma y tinta esas frases que tanto amarán las generaciones venideras. Pero sólo veneramos los libros cuyos personajes y acontecimientos están directamente asociados a nuestros propios sueños. En este terreno no admitimos nada que nos suene a falso. Los escritores son los únicos soñadores que comparten sus sueños con otros.