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domingo, 17 de mayo de 2026

Los católicos fueron perseguidos como animales a los que se da caza

John Knox 
Cuenta el historiador Francisco García del Junco que “en la Reforma de la Iglesia Escocesa en el siglo XVI, su líder John Knox condenaba a muerte a los católicos sorprendidos asistiendo a Misa por tercera vez y decía: “todo lo que nuestros adversarios católicos hacen es diabólico”. Y Lutero afirmó que “si tuviera a todos los frailes franciscanos católicos en una sola casa, les prendería fuego”. ¡Olé! Y si hablamos de los tribunales calvinistas de Suiza se puede poner la carne de gallina. En Ginebra Calvino decía la siguiente amabilidad: “Quien no quiere matar a los papistas (a los católicos) es un traidor, salva al lobo y deja indefensas a las ovejas”. Y esta teoría la llevaban a la práctica pues, la sentencia dictada por la Inquisición suiza, contra el español Miguel Servet, dice: “Por estas y otras razones te condenamos, M. Servet, a que te aten y lleven al lugar de Champel, que allí te sujeten a una estaca y te quemen vivo, junto a tu libro manuscrito e impreso, hasta que tu cuerpo quede reducido a cenizas, y así termines tus días para que quedes como ejemplo para otros que quieran cometer lo mismo”. Su pecado era que no estaba de acuerdo con las teorías sobre la Santísima Trinidad de los calvinistas suizos. En Inglaterra la persecución religiosa llevada a cabo en el siglo XVI fue de las más cruentas. En 1534 se promulgó el Acta de Supremacía. Quiere decir que el rey de Inglaterra es la única cabeza de la iglesia. Los franciscanos, entre otros, se opusieron y fueron quemados sus siete monasterios y martirizados un alto número de religiosos. Y la actuación de los tribunales episcopales contra los católicos no le iba a la zaga. De hecho, cuando el rey inglés Enrique VIII comenzó la persecución religiosa, había en Irlanda alrededor de mil sacerdotes, monjes y frailes dominicos y treinta años más tarde, cuando ascendió al trono su hija Isabel I, solo quedaban cuatro. En esta persecución, el parlamento inglés estableció que los sacerdotes católicos fueran colgados, decapitados, descuartizados, sacadas las entrañas y quemadas y finalmente que su cabeza se hincara en un poste en un lugar público. Unos años después, con Isabel I, la persecución a los católicos se recrudeció. Ser sacerdote era castigado con la muerte y quien los ayudara, de cualquier forma, también era castigado con la muerte.”
Estatua de Oliver Cromwell
Con Oliver Cromwell (1599-1658), la persecución y los horrores llegaron a su máximo. “Los católicos fueron perseguidos como animales a los que se da caza. Cromwell será recordado como el dictador inglés que trató a los católicos como se trata a los peores animales. Sus campañas para exterminarlos, en Irlanda e Inglaterra, fueron crueles incluso comparándolas con lo que se hacía en la época. Se hizo tan odioso que, cuando los monárquicos volvieron al poder, (mandó ejecutar a Carlos I en 1649), su cadáver fue desenterrado, colgado de cadenas, decapitado y su cabeza clavada en lo alto de una pica a la entrada de la abadía de Westminster.”

miércoles, 17 de septiembre de 2025

Maritain acusa a Rousseau

Rousseau
En cuanto a la aureola de santidad que  rodeó a Rousseau, puesta de manifiesto, entre otras expresiones, en las peregrinaciones a su tumba de numerosos admiradores de varios países, Maritain la califica de santidad falsa. “Incapaz de imponerse ante la realidad por medio de ese supremo acto de mando racional sin el cual no existe virtud moral”, él juzga pero no obra. Se contenta con soñar su vida, construyendo en el mundo de las imágenes y de los juicios artísticos “una asombrosa vida de dulzura y bondad, de candor, de simplicidad, de facilidad, de santidad sin clavos y sin cruz”. Desdoblamiento, más que hipocresía; mimetismo de la santidad, le acusa Maritain. Con Rousseau, afirma, nos hallamos en los antípodas de la vida moral y de la santidad. “Al verter en tantas almas el contagio de esta religiosidad pervertida”, prosigue el filósofo francés, Juan Jacobo “ha dado al mundo moderno uno de sus aspectos característicos. Todos sabemos lo que el romanticismo le debe”. “En cuanto que el romanticismo significa una religiosa victoria sobre la razón, y sus obras el desenfreno sagrado de la sensibilidad, la santa ostentación del yo y la adoración de la primitividad natural, el panteísmo como teología y la excitación como norma de vida, hay que confesar que Rousseau, por su naturalismo, es causa inmediata de semejante mal de espíritu”. Y más allá del romanticismo, “el pensamiento actual, en lo que tiene de mórbido, sigue todavía bajo su influjo”.“Pervertidor prodigioso, Rousseau… evoca las potencias de anarquía y de languidez que dormitan en cada uno de nosotros. Se aprovecha de todas las insuficiencias de la razón… Sobre todo, nos ha enseñado a complacernos en nosotros mismos y a descubrir el encanto de esas secretas heridas de la sensibilidad más individual que las edades menos impuras abandonaban temblando a la mirada de Dios… Costará mucho a la literatura y al pensamiento moderno, así heridos por él, encontrar la pureza y rectitud que una inteligencia vuelta hacia el ser conocía antaño”.
Maritain
Rousseau, en fin, abre el camino a la Revolución laicizando el Evangelio y conservando las aspiraciones humanas después de suprimir a Cristo. “Fue Juan Jacobo quien consumó esta inaudita operación iniciada por Lutero, de inventar un cristianismo separado de la Iglesia de Cristo, y fue él quien terminó de naturizar el Evangelio. A él le debemos ese cadáver de ideas cristianas, cuya inmensa putrefacción emponzoña hoy al universo. La doctrina rusoniana es una herejía cristiana de carácter místico… una radical corrupción naturalista del sentimiento cristiano”, escribe Maritain, que concluye: “Si el mundo no vive del cristianismo vivificante de la Iglesia, muere del cristianismo corrompido fuera de la Iglesia”. El balance que Maritain hace del pensamiento del ginebrino es definitivamente negativo: “Siendo personalmente mucho menos vil y despreciable que Voltaire, al cual tuvo el mérito de odiar, en realidad Rousseau implica una gravedad inmensamente mayor, porque proporcionó al hombre no ya una negación, sino una religión al margen de la Verdad indivisible”.

domingo, 2 de marzo de 2025

Lo que hoy se llama Occidente, es la Cristiandad despojada de la búsqueda del bien, la verdad y la belleza

Reforma protestante
Marcelo Gullo, doctor en ciencia política por la Universidad del Salvador, magíster en relaciones internacionales por el Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales de la Universidad de Ginebra, graduado en estudios internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid cuenta que “con la cristianización de los pueblos germanos allende al Rin, surge la Cristiandad Occidental o la Nueva Cristiandad, porque la Cristiandad vieja era la Cristiandad Oriental, pero es importante subrayar que Cristiandad era el sustantivo y occidental el adjetivo. Es sustancial remarcar que, con la mal llamada reforma protestante, porque en realidad fue una rebelión de los ricos, una rebelión de los nobles alemanes para quedarse con los bienes de la Iglesia, los pueblos que se pasan de bando se quedan con el adjetivo y pierden el sustantivo. Nace así lo que hoy el común de la gente llama Occidente, es decir la Cristiandad despojada de su sustancia que era la búsqueda del bien (el bien común) la verdad y la belleza.
Juan Calvino

Lutero va a predicar que el hombre se salva por la fe, olvidándose que la fe sin obras es una fe muerta. Y Calvino, que sistematiza el luteranismo, va a agregar que Cristo no ha venido a la tierra para salvar a todos los hombres sino a unos pocos. Y cuando en Ginebra sus acólitos le preguntan ¿cómo podemos saber quiénes son esos pocos? Calvino responde que la riqueza es un signo de predestinación. Casi de forma inconsciente el hombre protestante calvinista ya no buscará entonces hacer el bien a través de las obras sino que buscará enriquecerse sin importar el mal que pueda hacer. Es decir, se quedan con la idea de la Libertad, pero reniegan de la idea de Justicia. Ya no buscarán hacer el Bien en este mundo (el Bien Común), la Verdad y la Belleza, sino solo buscarán hacerse ricos. El hombre protestante buscará siempre la libertad como valor supremo, pero será una libertad sin justicia.

miércoles, 19 de febrero de 2025

La víctima principal de las luchas confesionales fue ese cuerpo común de la cristiandad

Calvino
Hacia la década de 1550, muerto Martín Lutero, su religión, privada del intenso liderato personal de su fundador, entraba en una fase de letargo intelectual y político. En Alemania, la escena principal de la lucha confesional durante la primera mitad del siglo, la paz de Augsburgo había establecido un equilibrio, aunque inestable, entre los príncipes luteranos y los católicos romanos, privando con ello a los luteranos de estímulo para una ulterior militancia. Los calvinistas, sin embargo, fueron excluidos de los términos del acuerdo de Augsburgo, y dada la pasividad que dominó a la segunda generación de luteranos, fueron los calvinistas los que se convirtieron en los representantes más dinámicos de la religión reformada. En un momento en el que la iglesia romana estaba al fin comenzando a responder con cierto éxito al desafío de la herejía, el calvinismo disfrutaba de algunas ventajas evidentes sobre el luteranismo como credo militante. Sus doctrinas eran más definidas y estaban formuladas más agudamente; sus seguidores estaban mejor disciplinados; su sistema celular como organización eclesiástica hizo posible su propagación y crecimiento independiente, incluso allí donde las autoridades seculares se oponían a su establecimiento; y tenía en Ginebra un cuartel general desde donde el mismo Calvino pudo ordenar el campo de batalla, hasta su muerte en 1564. Después de muchos años de lucha, el envejecido Calvino se había convertido, a mediados de la década de 1550, en el dueño indiscutible de Ginebra. La oposición en el concejo de la ciudad había sido silenciada y sus enemigos habían huido. Ahora que estaba atrincherado en Ginebra, sin ninguna posibilidad de ser derrocado, Calvino pudo convertir la ciudad en la capital efectiva de su nueva religión, en una Roma protestante. Los calvinistas de Europa se habían acostumbrado desde hacía tiempo a acudir a Ginebra para pedir consejo e instrucciones, y habían ido allí a buscar refugio en tiempos de persecución. Después de una prolongada disputa, la mayor parte de los profesores de Lausana, incluyendo a Teodoro Beza, profesor de griego, fueron expulsados por el gobierno de Berna en 1558. Con la ayuda de estos, Calvino fundó una academia en Ginebra en 1559, y Beza se convirtió en su rector. La nueva institución tuvo un éxito inmediato.
Fue en Francia donde Ginebra se apuntó uno de sus más notables éxitos. Cada año era despachado para Francia un nuevo grupo de pastores ginebrinos. La mayor parte de ellos, nacidos en Francia, salidos de la clase media o de las clases aristocráticas, lograron conversos influyentes y fundaron nuevas iglesias, las cuales acudían a Ginebra para pedir guía y consejo.
La víctima principal de las luchas confesionales fue la comunidad internacional, ese cuerpo común de la cristiandad del que se seguía hablando hasta mucho después de que hubiese cesado de tener algún fundamento real. Las obediencias se polarizaban alrededor de Ginebra y de Roma, era natural que se aumentase la nostalgia por la antigua y unida cristiandad.
Los estudiantes, acostumbrados a viajar por el continente para seguir sus estudios en la universidad que habían escogido, comenzaron ahora a descubrir que esto no era tan fácil para ellos como lo había sido para sus padres. Los nobles calvinistas de los Países Bajos o de Hungría enviarían a sus hijos a la Academia de Ginebra, mientras que los católicos enviarían a los suyos a Padua o Lovaina. En 1559, Felipe II prohibió a los españoles estudiar en el extranjero, excepto en determinados colegios de Bolonia, Roma, Nápoles y Coimbra. En 1570, cartas reales dirigidas al Parlamento en Dole prohibían a los habitantes del Franco Condado “estudiar, enseñar, aprender o residir en otras universidades o escuelas privadas o públicas, que no sean las de este país o las de otros países, estados y reinos bajo nuestra obediencia, exceptuando siempre la ciudad y universidad de Roma”. Las prohibiciones gubernamentales eran con frecuencia eludidas e ignoradas, pero el hecho era que las ochenta universidades, aproximadamente, de la Europa de mediados del siglo XVI estaban siendo transformadas de instituciones internacionales en nacionales, y que la comunidad europea de estudiosos estaba siendo fragmentada por la nueva contienda confesional.
Referencia:La Europa dividida, 1559-1598 (J. H. Elliott)

martes, 2 de abril de 2024

Los protestantes se atribuyen el papel de reformadores de la Iglesia

La imprenta aparece en Europa en la segunda mitad del siglo XV, y desempeñará un papel esencial en la Reforma protestante. En efecto, permite tal difusión de información que no esta no se puede controlar. Así, las ideas protestantes gozan de una proyección internacional sin precedentes. Esta es una de las diferencias fundamentales con las corrientes heréticas de la Edad Media, que apenas tuvieron un escaso desarrollo regional. Se estima que entre 1517 y 1520, se vendieron más de tres millones de ejemplares de los escritos de Lutero, lo que lo convierte en el autor más leído de su época.

Calvino es desterrado de Ginebra en 1538, al igual que Farel. No obstante, se autoriza su vuelta en 1541. Enseguida promulga las ordenanzas eclesiásticas y gobierna la ciudad burguesa como un tirano. Impone leyes puritanas, crea instituciones de control de la población y hace lo que puede para que ningún rival pueda oponérsele, llegando incluso a ejecutar a sus contrincantes. En definitiva, instaura una auténtica teocracia sobre la que ejerce una especie de influencia espiritual y moral que, a pesar de todo, contribuye a darle a Ginebra una proyección internacional. Para algunos, Ginebra pasa a ser rápidamente la nueva Jerusalén. Por lo demás, los preceptos de Calvino alcanzan un gran prestigio internacional y son adoptados por numerosos hogares protestantes por toda Europa.

Concilio de Trento

Dado que los protestantes se atribuyen el papel de reformadores de la Iglesia sin que nadie los haya invitado, el papado instaura una reforma institucional oficial llamada la Contrarreforma. Organiza un concilio ecuménico en Trento entre 1545 y 1563, cuyo principal objetivo es exponer lo equivocadas que están las nuevas doctrinas luteranas, calvinistas y anglicanas, así como reafirmar la validez de los dogmas católicos. Pero aún más, se implementan varias estrategias para asegurar la base católica en la población. Con respecto a esto, la arquitectura barroca, muy común en aquella época, se usa como un auténtico proyecto de propaganda. Cuando el fiel entra en la iglesia, debe sentirse maravillado con la casa de Dios y su fe debe verse reforzada en esta fascinación. Por el contrario, los protestantes prefieren las iglesias sobrias, en las que nada distraiga al creyente durante sus oraciones. En paralelo, se crean nuevas órdenes religiosas. Entre las más famosas, la de los jesuitas, fundada en 1540. Los compañeros de Jesús, importantes intelectuales, lideran las críticas contra el pensamiento protestante y pronto llevan a cabo misiones de evangelización no solo en ultramar, sino también a través de toda Europa. Mientras tanto, la inquisición española refuerza sus medios y vela por la ortodoxia religiosa con mano de hierro. En Italia y en España, el movimiento protestante no tendrá apenas eco.
Referencia: La Reforma protestante (Jonathan Bloch;Laury André).

sábado, 25 de marzo de 2023

Enrique VIII, cabeza de la Iglesia anglicana

El papa Julio II negó la nulidad del matrimonio de Enrique VIII con Catalina de Aragón y Castilla. Entonces Enrique VIII se declaró cabeza de la Iglesia anglicana, rompió con Roma, confiscó los bienes de los monasterios, los clausuró por ser los últimos reductos de la autoridad papal y se autoconcedió la nulidad de su primer matrimonio. En cuanto al fondo, se mantuvo dentro de la ortodoxia, y persiguió a los luteranos. La nueva doctrina era solo una excusa para hacer reina a Ana Bolena. El monarca que, secundado por todos los eruditos de Inglaterra, había escrito una respuesta agresiva a Martín Lutero que le valió el título de Defensor de la Fe, ahora rompía con la Iglesia. Pero la intransigencia de Enrique y el subsiguiente cisma anglicano que desasió la Iglesia británica de la jurisdicción del papa tuvieron que ver con su carácter y este con sus malos hábitos alimenticios. Mucho plato y poca suela de zapato hicieron que durante sus últimos años su cintura fuera como la de un oso, casi metro y medio. La completa ausencia de vitaminas en la dieta de aquel soberano bulímico de carne y alcohol trastornó su mente y lo convirtió en un hombre errático y con bruscos cambios de humor. Aunque el deseo seguía tan pugnaz como el de una liebre, había perdido la capacidad de consumarlo y los vicios del rey solo eran la gula y los juegos de azar. En dos años perdió 3.250 libras en las cartas, mucho dinero para cualquiera que no fuera él, que a su muerte poseía cincuenta palacios. Entre los consejos que Don Quijote dio a Sancho Panza, no fue el menos sabio aquel que le recomendaba: “Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago”. Si ese monarca atrabiliario hubiera ingerido más verduras, el Reino Unido seguiría siendo un país católico y,como dijo Chesterton, “entonces la historia del país habría sido un espectáculo de felicidad tan completa como cabe en lo humano”. Una dieta hipercalórica y el abandono de su actividad frenética le provocaron gota, varices y escorbuto. Esas fueron las causas más probables de su muerte a los cincuenta y cinco años, y no la sífilis, como se había sospechado hasta ahora, escribe Gonzalo Ugidos.


miércoles, 22 de marzo de 2023

La pequeñez de los mortales y la grandeza de Dios

Escribe el filósofo Irving Singer que “también Lutero subraya el enorme abismo que separa lo finito de lo infinito, la pequeñez de los mortales y la grandeza de Dios, cuando sostiene que la naturaleza pecadora del hombre le imposibilita amar a Dios con sus propios recursos. Al mismo tiempo, Lutero proporciona una concepción del hombre que no sólo ama a Dios y es amado por él, sino que se fusiona con él formando un “solo ser”. Como el hombre, por su propia naturaleza, es incapaz de amar, este sagrado vínculo es posible gracias a que Dios le otorga su amor mediante una explosión de ágape, convirtiendo al inmerecido receptor en su vehículo. La reciprocidad existe en la medida en que el amor de Dios vuelve a él después de haber descendido hasta la criatura elegida para completar el circuito. Esta trayectoria muestra el amor que Dios se tiene a sí mismo puesto que se originó en él y volvió a él sin ninguna intervención ajena. El que esto pueda ser considerado como un auténtico ejemplo de amor recíproco entre Dios y el hombre (quien es sólo un conducto para el amor divino) es un problema que la doctrina luterana no ha podido resolver. En la romantización del pensamiento de Lutero hallamos dificultades parecidas. Como el amor o ágape romántico es infundido en seres humanos desvalidos, los invade con un poder asombroso, hiere por motivos propios y no porque los individuos lo hayan deseado para sí mismos, es difícil ver en todo esto la presencia genuina de la reciprocidad. Si el amor es la búsqueda de lo desconocido, si no presupone mucho conocimiento de la otra persona, si dos personas se unen mediante una experiencia reveladora de la divinidad pero sin un fundamento objetivo basado en lo que son como hombre y mujer particulares, entonces resulta extraño afirmar que se aman mutua y recíprocamente”.

sábado, 31 de diciembre de 2022

La idea de mejorar la vocación personal se acabó confundiendo con la de mejorar la posición económica

Jeremy Rifkin, profesor de la Escuela Wharton de Finanzas y Comercio, escribe que la respuesta de Lutero fue que aceptar la vocación personal y desempeñar plenamente y sin error nuestro papel podría ser una señal de haber sido elegidos para la salvación. Calvino fue más allá y arengó a sus seguidores a que trabajaran sin desfallecer para mejorar su suerte en la vida como señal de posible elección. Al predicar que cada persona estaba obligada a mejorar su vocación, los teólogos del protestantismo alentaron sin darse cuenta el nuevo espíritu empresarial al dar por sentado que el hecho de que alguien mejorara su suerte económica estaba en consonancia con el orden natural y era el reflejo de una relación adecuada con Dios. Ni Lutero ni Calvino deseaban “desespiritualizar” a los fieles ni crear un Homo economicus, pero la idea de mejorar la vocación personal se acabó confundiendo con la de mejorar la posición económica. La importancia que el protestantismo había dado a la diligencia, el esfuerzo y la sobriedad se fue desplazando durante los siglos XVI y XVII hacia la noción más económica de “productividad”. En la economía de mercado que estaba naciendo, la valoración de una persona empezó a basarse más en que fuera productiva que en que fuera bondadosa a los ojos de Dios. Con el tiempo, la idea de la persona a solas frente a Dios empezó a ocupar un segundo plano frente a la idea de la persona a solas ante el mercado. El valor de cada persona pasó a medirse en función de su interés personal y de su capacidad de acumular riquezas y propiedades actuando con astucia en la nueva economía. Max Weber denominó “ética protestante” a este proceso que acabó dando origen al “nuevo ser humano” del mercado. El nuevo fervor comercial acabó atrayendo al mercado a más y más católicos y creyentes de otras confesiones. En la época feudal, el lugar de una persona en la scala naturae de la creación divina definía su destino; en la nueva economía de mercado, el individuo, ahora autónomo, definía su destino en función de la propiedad privada que podía acumular.

jueves, 1 de julio de 2021

La Reforma fue una revolución de nobles y de testas coronadas

Calvino

La Reforma fue una revolución, pero una revolución de nobles y de testas coronadas; porque, cuando los campesinos alemanes creyeron llegada la hora de reivindicar libertades, los caballeros les hicieron pedazos, con Lutero animándoles. Y por la paz de Augsburgo se llegó a la menos democrática de las soluciones religiosas. Cuius regio, eius religio. Cada Estado tendría la religión que hubiera elegido su príncipe y quien no gustara de ella podía emigrar, si le dejaban. La Reforma, en este aspecto, no fue nunca una liberación y el inconforme fue tratado con la misma violencia por la Inquisición española que por la calvinista. El pobre Miguel Servet fue quemado por Calvino no, como dice la leyenda española “por haber descubierto la circulación de la sangre”, sino por hereje. Y en la sentencia, Calvino toca un tema grato a sus enemigos del partido católico: Hay que acabar, como sea, con la posible infección.

domingo, 29 de marzo de 2020

La justificación por la fe

Lutero
Lutero vivió la doctrina de la justificación por la fe y la presentó a los fieles como un seguro contra el infierno. El tratado del Servo arbitrio contiene esta confiada afirmación: “Dios, ahora, ha hurtado mi salvación de la acción de mi voluntad y la ha confiado a la acción de Su voluntad y Él me ha prometido salvarme, no en virtud de mis obras ni de mis esfuerzos, sino en virtud de Su gracia y Su misericordia. De esta forma estoy seguro y cierto de que Él es fiel y no me mentirá y que Él es lo bastante poderoso como para que ningún demonio o ninguna adversidad me opongan a Él o me arranquen de Él”. Quien crea en el perdón del Salvador será salvado; mejor,ya está salvado ¿Llega Lutero después de este “descubrimiento de la misericordia” a una constante serenidad? No; ciertamente, no. Pasa por recaídas en la inquietud,  dice Jean Delumeau. En su lecho de muerte murmuró: “Dios mío, con qué sufrimientos y con qué angustias abandono este mundo”.

“La ley, muchas veces, nos desespera con sus exigencias y
Spener, fundador del pietismo
al mismo tiempo hace aparecer la fuente de nuestra corrupción y la condenación eterna a que da lugar. El necesario horror hacia sí mismo y la certidumbre del merecido castigo deben lanzar al creyente a los brazos de la misericordia divina. Es imposible ir hacia el Salvador sin un previo peregrinaje al país del miedo. Esta “desesperación”, en el espíritu y en la palabra de cierto número de pastores protestantes, es el único camino del perdón”, escribe Jean Delumeau. Aun cuando se haya atravesado victoriosamente el difícil paso entre la ley y la fe, queda pendiente un interrogante: ¿Tengo la verdadera Fe?. Lutero creyó que muchos son los llamados y pocos los elegidos. A finales del siglo XVII, Spener, el fundador del pietismo, se expresa así respecto a la condenación: “Todos estos irán al infierno, porque no han tenido la verdadera fe. Pero tampoco tienen verdadera fe los que permiten que el pecado los domine. Si permanecen en ese estado serán inexorablemente condenados.”

sábado, 30 de noviembre de 2019

Lutero circunscribe el matrimonio en la satisfacción de un instinto natural


Escribe Lucien Febvre que Lutero “circunscribe el matrimonio en la satisfacción de un instinto natural. Esa necesidad, universal, ineluctable, la asimila a las otras necesidades físicas del hombre, “beber, comer, escupir o ir al excusado”. Después de lo cual, declara: “Pero es un pecado; y si Dios no lo imputa a los esposos, es por pura misericordia”. Ambigüedad, conflicto de sentimientos. Y que lleva a no distinguir casi entre el matrimonio y la fornicación o el adulterio. Destinado a asegurar la satisfacción de una necesidad”.


sábado, 22 de diciembre de 2018

El fracaso a la hora de reconciliar el islam con el progreso científico resultó catastrófico para esa civilización.

Desde la eclosión del islam en los desiertos árabes en el siglo VII ha habido repetidos choques entre Occidente y Oriente. Los seguidores de Mahoma emprendieron la yihad contra los de Jesucristo, y los cristianos les devolvieron el cumplido con las cruzadas a Tierra Santa y la reconquista de España y Portugal. En los últimos trescientos años Occidente ha ganado constantemente este choque de civilizaciones.  La principal razón de ello ha sido la superioridad de la ciencia occidental.

Johannes Oporinus.
El Corán se tradujo al latín y fue publicado en Basilea por el impresor Johannes Oporinus. Cuando en 1542 el ayuntamiento de Basilea prohibió la traducción y confiscó los ejemplares disponibles, el propio Lutero escribió en defensa de Oporinus: “Me ha sorprendido que alguien haya podido hacer algo tan doloroso para Mahoma o los turcos, algo que puede causarles tanto daño (más que con todo el armamento), como traer su Corán a los cristianos a la luz del día, donde ellos pueden ver qué clase de libro absolutamente maldito, abominable y pésimo es, lleno de mentira, fábulas y abominaciones que los turcos ocultan y disimulan… para honrar a Cristo, para hacer el bien a los cristianos, para perjudicar a los turcos y fastidiar al diablo, liberad este libro y no lo retengáis… Hay que abrir las llagas y heridas para poder curarlas”. Así, en 1543 se publicaron tres ediciones, a las que seguiría una cuarta siete años más tarde.

Hacia el final del siglo XI, los clérigos islámicos argumentaron que el estudio de la filosofía griega era incompatible con las enseñanzas del Corán. Era blasfemo sugerir que el hombre pudiera ser capaz de discernir la manera de actuar divina, que Dios siempre podía variar a voluntad. En palabras de Algazel “es raro que alguien se consagre a esta ciencia sin renunciar a la religión y soltar las riendas de la piedad dentro de sí". Bajo la influencia clerical, se restringió el estudio de la filosofía antigua y se quemaron libros. El mundo musulmán también se resistió a la imprenta. Para los otomanos, la escritura era sagrada, sentían una reverencia religiosa por la pluma, y prefirieron el arte de la
Sultán Selim I.
caligrafía al negocio de la impresión. “La tinta del erudito, se decía, es más sagrada que la sangre del mártir.” En 1515, un decreto del sultán Selim I había amenazado con la muerte a cualquiera a quien se descubriera usando una imprenta. Este fracaso a la hora de reconciliar el islam con el progreso científico habría de resultar catastrófico. Los científicos musulmanes, que antaño proporcionaran a los eruditos europeos ideas e inspiración, quedaron aislados de las últimas investigaciones.

domingo, 3 de junio de 2018

Los excesos de Lutero.

En el panfleto Contra los judíos y sus mentiras (1543) Lutero invita a la destrucción de las sinagogas: “Sería necesario hacer desaparecer esta doctrina de blasfemos; prender fuego a todas las sinagogas y, si quedara algo después del incendio, recubrirlo de arena y de barro para que no pueda verse ni una teja ni una piedra de sus templos. Que se prohíba a los judíos, bajo pena de muerte, estando entre nosotros y en nuestro suelo, el alabar a Dios, orar, enseñar, cantar”. Hitler recordará esta apelación y hará publicar millones de ejemplares de estos escritos de Lutero, manifiesta el historiador francés  Jean Delumeau.

Hay que decir que los excesos de lenguaje de Lutero fueron señalados por sus contemporáneos. Bullinger, que sucedió a Zwinglio en la jefatura de la iglesia de Zurich, habla de “injurias groseras, salvajes e indecentes, de las que ese viejo (Lutero) es culpable”.

sábado, 4 de noviembre de 2017

La negación del libre albedrío conduce a afirmar la predestinación.


Los reformadores han llegado a la justificación por la fe por el camino de la “desesperación”, escribe el profesor Jean Delumeau. Una conciencia lúcida y exigente no puede por menos que sentirse “traspasada”, es Lutero quien habla, ante el número y la gravedad de sus pecados. En comparación con estas faltas, las buenas obras “desaparecen como un soplo”.

La negación del libre albedrío es fundamental para Lutero y para Calvino. “Sin duda, escribe el primero, en el terreno natural el libre albedrío sigue siendo una realidad. Nosotros podemos decidirnos a comer, a beber, a engendrar, a mandar”, pero “en el terreno de la gracia no es nada, menos que nada”. Los Artículos de Smalkalda, por su parte, condenan a los que creen que “el hombre posee un libre albedrío para hacer el bien y abstenerse del mal o, inversamente, abstenerse del bien y hacer el mal”. La negación del libre albedrío conduce, lógicamente, a afirmar la predestinación.

jueves, 7 de septiembre de 2017

La herencia espiritual de Lutero.

En su reunión con los luteranos alemanes en Maguncia, el 17 de noviembre de 1980, Juan Pablo II les dijo: “Recuerdo en estos momentos la llegada de Lutero a Roma en los años 1510-1511 para visitar las tumbas de los príncipes de los apóstoles como peregrino, pero también como hombre que buscaba e inquiría. Hoy llego hasta vosotros para hallar la herencia espiritual de Lutero. Vengo como peregrino. Con este encuentro, dentro de un mundo que cambia, vengo a poner un signo de unión”.


El núcleo de la teología luterana que el futuro Reformador afirmaba con fuerza y claridad, en una carta de 1516: “Por lo tanto, mi querido hermano, aprende la lección de Cristo, y del Cristo crucificado. Aprende a cantarle y, desesperando de ti, a decirle: “Tú, Señor, eres mi justicia y yo soy tu pecado. Tú has tomado lo que es mío y me has dado lo tuyo. Tú has asumido lo que tú no eras y me has dado lo que yo no era”. Ten cuidado de no aspirar jamás a tal pureza que ya no puedas considerarte pecador, porque Cristo no vive más que entre los pecadores. Sólo en Él y en una absoluta desconfianza en ti mismo hallarás la paz”.

viernes, 24 de marzo de 2017

Lutero y la autoridad secular.

Monumento a Martín Lutero en Alemania.
Lutero opinaba que los cristianos no combaten con la espada o el arcabuz. Sus armas son la cruz y la paciencia. Y si la autoridad que los oprime es realmente injusta, pueden estar sin temor: Dios le hará expiar duramente su injusticia. Mientras tanto, que se dobleguen, obedezcan y sufran en silencio.
Lucien Febvre
Sin embargo cuenta Lucien Febvre que Lutero en diciembre de 1522, en el tratado De la autoridad secular, declara con energía: el juez debe ser duro, el poder implacable, la represión llevada sin falsa sensiblería hasta la crueldad: porque la misericordia no tiene nada que ver con el mundo temporal.

El proscrito de Worms, el hombre puesto solemnemente fuera de la ley de Dios y del Emperador, declara sin rodeos: “Un hombre que puede ser convicto del crimen de rebeldía está fuera de la ley de Dios y del Emperador; y todo cristiano puede y debe degollarlo y hará bien en hacerlo…. Es un perro rabioso. Si no lo matan, mata”.

Lutero rebelándose ante la idea de que la voluntad humana pudiera limitar en cualquier medida la voluntad divina y suplantarla, por un movimiento propio de su genio, saltó bruscamente a los extremos. Negó el libre arbitrio, pura y simplemente.

los cristianos no combaten con la espada o el arcabuz. Sus armas son la cruz y la paciencia.

domingo, 6 de noviembre de 2016

La personalidad sueca se edificó con un marcado carácter anticatólico.

El Papa en la iglesia luterana de Roma.
Aprovechando el viaje del Papa a Suecia,un país en el que el 80% de la población se declara irreligiosa o atea, monseñor Bernar contaba la situación del catolicismo en ese país.

La historia del luteranismo en Suecia, tan agresivo con los católicos, ha hecho que la personalidad sueca se haya edificado “con un marcado carácter anticatólico; es algo que está en su educación”, revela el rector de la misión católica de Estocolmo.  

Los luteranos aceptan a mujeres pastoras
Desde la experiencia de este sacerdote, por parte de los católicos sí que se puede apreciar un cierto deseo de unidad entre todos los cristianos,  aunque con matices, pues en la práctica hay muchas diferencias.Los luteranos aceptan a mujeres pastoras,la homosexualidad es bendecida, la bandera de la ideología de género arribada, la defensa del aborto y las relaciones prematrimoniales, etc. “Es difícil pensar en una unidad. Las cuestiones teológicas en disputa como sola fide, sola scriptura, de Lutero, no tienen mucha presencia entre los fieles”, manifiesta monseñor Bernar.

Bandera de la Iglesia Luterana de Suecia
El tema del aborto sigue siendo tabú; no se está en contra en absoluto. “Hay campañas para conseguir 0% de nacimientos Down, a base de diagnosticarlos a tiempo para abortarlos. No se escuchan apenas voces en contra, fuera de la Iglesia católica. Y sobre la ideología de género, estos países llevan mucha ventaja a lo que se ve en España, lamentablemente”, declara el padre Bernar.

Estocolmo.
Respecto a los atentados islamistas, lejos de unir a los cristianos, la reacción ha sido otra:“Todos los extremismos son malos, y en este saco aprovechan para meter también  a la Iglesia Católica. Critican a las religiones en general. No ven el cristianismo como una religión de paz. Continuamente sale el tema de la inquisición, la conquista de América, las cruzadas, los clichés clásicos anticatólicos”, declara el padre Bernar.

A pesar de estas dificultades y que los católicos representan verdaderamente a las periferias de las que habla el Papa, el número de conversiones crece en Suecia, aunque a cuenta gotas, unas 100 al año. 

Los luteranos aceptan a mujeres pastoras, la homosexualidad es bendecida, la bandera de la ideología de género arribada, la defensa del aborto y las relaciones prematrimoniales

viernes, 21 de octubre de 2016

La esperanza.

Terry Eagleton
Se puede elogiar a alguien por tener una virtud, pero no por tener un sentimiento, al menos un sentimiento espontáneo. Las personas que perdonan por mucho que les cueste son dignas de encomio, pero ser compasivo instintivamente, aunque reporte un bien moral, no es en sí mismo un mérito moral porque no es un mérito de ninguna clase, dice Terry Eagleton. La esperanza sí es meritoria porque se puede cultivar mediante práctica y autodisciplina, añade Eagleton. Ernst Bloch tiene razón al
 Ernst Bloch
mantener que la esperanza ha de aprenderse. Definirla como virtud es afirmar, entre otras cosas, que conduce a la felicidad humana. Según esta teoría, debemos tender a la esperanza porque ello es parte integrante de nuestra autorrealización. Deberíamos esperar, al menos cuando sea razonable hacerlo, de la misma forma que no deberíamos herirnos con cuchillos de carnicero o pudrirnos de envidia por los méritos de los demás. No es una opción o un capricho subjetivo.

La esperanza es la clase de virtud que implica un conjunto de cualidades: paciencia, confianza, valor, tenacidad, resistencia, entereza, perseverancia, mansedumbre, etcétera. Lutero la define como “coraje espiritual”. El filósofo
Alain Badiou
Alain Badiou ve la esperanza principalmente en términos de paciencia y persistencia, como “un principio de tenacidad, de obstinación”. Es una forma de “fidelidad a la fidelidad”, la manera en que uno se aferra a su fe incluso en las situaciones más duras y turbulentas.

De acuerdo con Ludwig Wittgenstein, la estructura temporal
Ludwig Wittgenstein
de la esperanza requiere el lenguaje.”Es posible imaginar a un animal enfurecido, temeroso, infeliz, feliz, asombrado,escribe, pero ¿esperanzado? ¿Y por qué no?”. Responde: bastaría señalar que no posee el lenguaje. Un perro, sostiene, puede tener una vaga expectativa del regreso de su amo, pero no puede esperar que vuelva a una hora determinada en un día determinado, porque, como criatura no lingüística, carece del concepto de, por ejemplo, el miércoles a las tres y cuarto. Entonces, según esta perspectiva, sólo puede decirse que esperan quienes han adquirido un lenguaje.


Santo Tomás
Santo Tomás señala que “un hombre no espera lo que está completamente fuera de sus posibilidades”y añade la condición de que la esperanza debe ser ardua en el sentido de que su objeto no se alcance fácilmente. Para santo Tomás, la esperanza es “un movimiento o extensión del apetito hacia un bien difícil de obtener”. No se puede esperar lo imposible, pero, según santo Tomás, lo que mejor ejemplifica esta virtud tampoco es lo que está a mano y es accesible sin más. Su objeto, escribe, es un bien que se encuentra en el futuro y que es difícil de obtener pero no inalcanzable. En este sentido, la esperanza es enemiga del utopismo vano así como de la desesperanza.

lunes, 17 de octubre de 2016

Lutero y Aristóteles.

Martín Lutero ante Carlos I de España.
La teología personal de Lutero proclama con fuerza que el hombre no puede cumplir el bien. En ellos el agustino se pone en guerra, violentamente, contra ese Aristóteles que enseña una voluntad libre, una virtud en poder del hombre: y detrás de Aristóteles se adivina ya a los humanistas, Erasmo, su libre arbitrio, su moralismo, su cristianismo que es a la vez una filosofía y una amistad…

Lutero proclamaba su odio a Aristóteles, a su metafísica, a su lógica, a su ética: “La execrable ética aristotélica es toda ella enemiga mortal de la gracia.Es falso que la teoría de la felicidad de Aristóteles no esté opuesta radicalmente a la doctrina cristiana. Un teólogo que no es un lógico es un monstruo de herejía: he aquí una proposición que es ella misma monstruosa y herética.”

Las noventa y cinco tesis.
“Hay que exhortar a los cristianos a que sigan a Cristo, su jefe, a través de los tormentos, de la muerte y del infierno, y a entrar en el cielo a través de muchas tribulaciones (Hechos, 14, 22) más bien que a descansar sobre la seguridad de una falsa paz.” Son las dos últimas tesis… Esto enmarca la serie completa de las afirmaciones de Lutero.

El único pecado posible de un sacerdote en tanto que sacerdote, es contra la Palabra de Verdad, escribe Lucien Febvre.