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miércoles, 27 de septiembre de 2017

El amor prueba que la eternidad puede existir en el tiempo.


Amamos el amor, como sostiene San Agustín, amamos amar, pero también amamos que otros amen. Sencillamente porque amamos las verdades. Eso es lo que otorga a la filosofía todo su sentido, la gente ama las verdades, incluso sin saberlo, dice Alain Badiou.

Alain Badiou.
Y añade Badiou que todo amor es eterno, está contenido en la declaración. El problema, luego, tiene que ver con inscribir esa eternidad en el tiempo. Porque, en el fondo, el amor es eso, una declaración de eternidad que debe realizarse o desarrollarse de alguna forma en el tiempo. Una irrupción de la eternidad en el tiempo. De aquí que sea un sentimiento tan intenso.El amor prueba que la eternidad puede existir en el tiempo mismo de la vida y su esencia es la fidelidad.

La presencia del amor en el Antiguo Testamento es considerable, tanto en las prescripciones como en las descripciones. Cualquiera que sea su sentido teológico, El cantar de los cantares es uno de los cantos de amor más
poderosos jamás escritos. El cristianismo es el ejemplo supremo de un uso de la intensidad amorosa en la dirección de una concepción trascendente de lo universal. El cristianismo nos dice: “Si ustedes se aman los unos a los otros, el conjunto de esta comunidad de amor se va a orientar hacia la fuente última de todo amor, que es la trascendencia divina en sí misma”. Entonces, existe la idea de que la aceptación de la prueba del amor, de la prueba del otro, de la mirada sobre el otro contribuye a este amor supremo que es a la vez el amor que le debemos a Dios y el amor que Dios nos da.

viernes, 21 de octubre de 2016

La esperanza.

Terry Eagleton
Se puede elogiar a alguien por tener una virtud, pero no por tener un sentimiento, al menos un sentimiento espontáneo. Las personas que perdonan por mucho que les cueste son dignas de encomio, pero ser compasivo instintivamente, aunque reporte un bien moral, no es en sí mismo un mérito moral porque no es un mérito de ninguna clase, dice Terry Eagleton. La esperanza sí es meritoria porque se puede cultivar mediante práctica y autodisciplina, añade Eagleton. Ernst Bloch tiene razón al
 Ernst Bloch
mantener que la esperanza ha de aprenderse. Definirla como virtud es afirmar, entre otras cosas, que conduce a la felicidad humana. Según esta teoría, debemos tender a la esperanza porque ello es parte integrante de nuestra autorrealización. Deberíamos esperar, al menos cuando sea razonable hacerlo, de la misma forma que no deberíamos herirnos con cuchillos de carnicero o pudrirnos de envidia por los méritos de los demás. No es una opción o un capricho subjetivo.

La esperanza es la clase de virtud que implica un conjunto de cualidades: paciencia, confianza, valor, tenacidad, resistencia, entereza, perseverancia, mansedumbre, etcétera. Lutero la define como “coraje espiritual”. El filósofo
Alain Badiou
Alain Badiou ve la esperanza principalmente en términos de paciencia y persistencia, como “un principio de tenacidad, de obstinación”. Es una forma de “fidelidad a la fidelidad”, la manera en que uno se aferra a su fe incluso en las situaciones más duras y turbulentas.

De acuerdo con Ludwig Wittgenstein, la estructura temporal
Ludwig Wittgenstein
de la esperanza requiere el lenguaje.”Es posible imaginar a un animal enfurecido, temeroso, infeliz, feliz, asombrado,escribe, pero ¿esperanzado? ¿Y por qué no?”. Responde: bastaría señalar que no posee el lenguaje. Un perro, sostiene, puede tener una vaga expectativa del regreso de su amo, pero no puede esperar que vuelva a una hora determinada en un día determinado, porque, como criatura no lingüística, carece del concepto de, por ejemplo, el miércoles a las tres y cuarto. Entonces, según esta perspectiva, sólo puede decirse que esperan quienes han adquirido un lenguaje.


Santo Tomás
Santo Tomás señala que “un hombre no espera lo que está completamente fuera de sus posibilidades”y añade la condición de que la esperanza debe ser ardua en el sentido de que su objeto no se alcance fácilmente. Para santo Tomás, la esperanza es “un movimiento o extensión del apetito hacia un bien difícil de obtener”. No se puede esperar lo imposible, pero, según santo Tomás, lo que mejor ejemplifica esta virtud tampoco es lo que está a mano y es accesible sin más. Su objeto, escribe, es un bien que se encuentra en el futuro y que es difícil de obtener pero no inalcanzable. En este sentido, la esperanza es enemiga del utopismo vano así como de la desesperanza.