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domingo, 24 de agosto de 2025

Los filósofos se dan la mano por encima de las fronteras del espacio y del tiempo

“Los verdaderos filósofos se dan la mano por encima de las fronteras del espacio y del tiempo. Y así maestros de Santo Tomás fuero Platón y Aristoteles y San Agustín, pero nótese bien, no solo Aristóteles, ni solo Platón o Agustín, y no le fue posible de filosofar de otra manera, sino a base de un continuo trato con ellos”. Edith Stein.

sábado, 21 de agosto de 2021

No hay nada que destruya tanto el crecimiento intelectual de un profesor como repetir las mismas clases al año siguiente

 Fulton John Sheen

Charles Moeller siempre tuvo presentes las palabras del cardenal Mercier al arzobispo Fulton John Sheen, cuando éste le pidió un consejo para ser un buen docente: “Le daré dos: manténgase siempre actualizado. Tiene que saber lo que el mundo moderno está pensando. Lea su poesía, su historia, su literatura; observe su arquitectura y su arte; escuche su música y su teatro… Y luego sumérjase de lleno en santo Tomás y en la sabiduría de los antiguos, y así podrá refutar sus errores. Segundo consejo: tire sus apuntes al final de cada año. No hay nada que destruya tanto el crecimiento intelectual de un profesor como el hábito de conservar los apuntes y repetir las mismas clases al año siguiente”. 

domingo, 3 de marzo de 2019

El ser humano tiene el privilegio de tener una chispa de pensamiento


El hombre es un ser entre otros muchos de los que constituyen el universo. Pero este ser humano tiene el privilegio sobre los demás seres de tener una chispa de pensamiento, de participar en la inteligencia divina. Por tanto, dice García Morente, la finalidad del hombre en el mundo es clara, es realizar su naturaleza, y lo que constituye su naturaleza, lo que distingue al hombre de cualquier otro ser, es el pensamiento. Por consiguiente, el hombre debe pensar. La actividad propia del hombre es pensar; el acto del hombre, el acto humano por excelencia es pensar. 
No pensará el hombre con la plenitud y la pureza, la grandeza y la totalidad con que Dios piensa; pero el hombre no es Dios, y por consiguiente su pensamiento es imperfecto, comparado con el de Dios. Imaginen ustedes, afirma García Morente, a Santo Tomás, ahora, esforzándose con un afán al mismo tiempo místico y filosófico por intentar tener una concepción, una idea de en qué pueda consistir la bienaventuranza de los bienaventurados. Pues no hará otra cosa sino recoger del último capítulo de la Ética a Nicómaco de Aristóteles, la descripción de la teoría, la descripción de la contemplación. La teoría; la contemplación de las esencias; el pensamiento; el conocimiento de las esencias y de Dios, es la ocupación más propia del hombre. Está en esta tierra limitado, constreñido por las necesidades naturales, por lo que el hombre tiene de no hombre, de animal, de piedra, de materia. Pero Santo Tomás, en cuanto que intenta imaginar o ver o intuir en qué haya de consistir la bienaventuranza de los santos, no encuentra otra actividad que la misma de Aristóteles, los santos son bienaventurados porque contemplan la verdad, porque contemplan a Dios. Como Dios es pensamiento puro contemplan el pensamiento puro.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Esperanza

Quienes dudan de si se van a recuperar de una enfermedad grave es más probable que no lo consigan que quienes no lo dudan. No comportarse como si hubiera esperanza puede ser una forma de inducir que no la haya. Esperar no es simplemente anticipar el futuro sino también ser una fuerza activa en su constitución. Como escribe Shelley en Prometeo liberado, “esperar hasta que la Esperanza haya creado / de su propia miseria la cosa que contempla”. Estos versos combinan una visión trágica de la esperanza con una performativa. Santo Tomás, para quien la esperanza no simplemente anticipa un bien futuro sino que también lucha para alcanzarlo, sostiene que la esperanza puede ayudarnos a superar un problema y, en virtud de su naturaleza agradable, contribuir a que la acción sea más efectiva. Esa naturaleza agradable también puede ayudarnos a persistir en un proyecto, por lo que la esperanza, como el temor, puede facilitar su autocumplimiento. Immanuel Kant, que cree que nadie puede conducirse rectamente sin esperar una recompensa, también considera que la esperanza es un motivo poderoso para la acción virtuosa. De acuerdo con esta perspectiva, esperar el bien supremo significa estar obligados a esforzarnos al máximo para hacerlo realidad.

domingo, 1 de julio de 2018

Esperanza.

En las palabras de Gabriel Marcel “la esperanza únicamente puede arraigar donde la perdición es una posibilidad”. Esta es una de las formas en que difiere del optimismo, para el que la perdición es simplemente inconcebible. El Abraham que sujeta un cuchillo contra la garganta de su hijo tiene esperanza, pero dudaríamos en calificarlo de optimista. 

Terry Eagleton
La desesperanza que el cristianismo tacha de pecaminosa consiste en rechazar la posibilidad de redención a largo plazo, no en concluir que este o ese esfuerzo concreto está claramente condenado. Dice Terry Eagleton que una razón por la que esta clase de desesperanza a largo plazo se considera un defecto moral es que puede parecer que traiciona los esfuerzos de otros. Puede sugerir que sus aparentes victorias son falsas y sus fracasos estaban predestinados, desvalorizando así su coraje y resistencia. Por tanto, es posible dar una situación concreta por perdida, al tiempo que se conserva una confianza indeterminada en el futuro, que es a lo que Marcel se refiere con esperanza fundamental. Esa esperanza no tiene un objetivo concreto; más bien se trata de una apertura general del espíritu, lo que un comentarista describe como “un tono o disposición con el que se afronta el futuro, la mera constancia o una expectativa sin objeto”. Difiere del optimismo, dice Eagleton, en parte porque no es simplemente una cuestión de temperamento y en parte porque está dispuesta a afrontar la posibilidad de su propia ruina. Quizá esta clase fundamental de esperanza es lo que nos convence de que, aun ante la mayor calamidad, la vida sigue mereciendo la pena ser vivida.
Esperanza.
Los cristianos tienen esperanza no porque el futuro sea oscuro sino porque, en un sentido inescrutable, tiene una base sólida. La fuente de su esperanza radica en el Yahvé que se identifica en tiempo futuro en las escrituras hebreas (“Yo seré lo que seré”) y que no abandonará a su pueblo. En este sentido, la esperanza no tiene nada que ver con el pensamiento desiderativo sino con una expectativa jubilosa, que es tanto más admirable en circunstancias en las que parece difícil de mantener, dice Eagleton. Representa lo que
Jane Austen en Persuasión denomina “una confianza alegre en el futuro”. Los salmos prometen que la esperanza no será confundida, mientras que san Pablo insiste en que no nos defrauda. De acuerdo con un comentarista de santo Tomás, su visión entraña una “confianza inquebrantable y una viva certidumbre” que está muy alejada del optimismo fácil, “una expectativa trémula e impaciente, caracterizada por el brío y la constancia, segura de la victoria”. Por si esta última frase sonara desagradablemente autosatisfecha, hay que recordar que, para la fe cristiana, la presunción es un pecado en la misma medida que la desesperanza. Constituye el equivalente teológico del optimismo patológico. Es la fe en que la salvación está en último término en manos de Dios, pero que los caminos de Dios son inescrutables, lo que permite al creyente esperar sin triunfalismo. La victoria que es segura es el triunfo final de la gracia sobre los poderes perniciosos de este mundo. 

domingo, 3 de septiembre de 2017

Derecho a la intimidad.

Me piden que escriba sobre el derecho a la intimidad. La escucha de conversaciones y comunicaciones ajenas tiene que ser autorizado por el Juez y existir constancia de la probabilidad que se esta planeando algún daño grave.

La Constitución Española consagra el derecho a la intimidad en el articulo 18.1 y el derecho al secreto de las comunicaciones en el artículo 18.3. El ordenamiento jurídico designa y otorga protección al área que cada uno se reserva para sí o para sus íntimos, un ámbito reservado de la vida de las personas excluido del conocimiento de tercero en contra de su voluntad. 

El secreto de las comunicaciones, que la Constitución
garantiza, salvo resolución judicial, es un concepto rigurosamente formal, en el sentido de que se predica de lo comunicado, sea cual sea su contenido. Dado su fundamento, no se dispensa el secreto en virtud del contenido de la comunicación, ni se garantiza el secreto porque lo comunicado sea necesariamente íntimo, reservado o personal , sino debido a la evidente vulnerabilidad de las comunicaciones realizadas en canal cerrado a través de la intermediación técnica de un tercero; se pretende que todas las comunicaciones , incluidas las electrónicas ,puedan realizarse con libertad. Así pues el objeto directo de protección del art. 18.3 CE es el proceso de comunicación en libertad y no por sí solo el mensaje transmitido, cuyo contenido puede ser banal o de notorio interés público.

Por otro lado, Santo Tomás opina que no es lícito recibir ningún secreto contra el bien común. El bien común prevalece sobre el interés personal.


viernes, 21 de octubre de 2016

La esperanza.

Terry Eagleton
Se puede elogiar a alguien por tener una virtud, pero no por tener un sentimiento, al menos un sentimiento espontáneo. Las personas que perdonan por mucho que les cueste son dignas de encomio, pero ser compasivo instintivamente, aunque reporte un bien moral, no es en sí mismo un mérito moral porque no es un mérito de ninguna clase, dice Terry Eagleton. La esperanza sí es meritoria porque se puede cultivar mediante práctica y autodisciplina, añade Eagleton. Ernst Bloch tiene razón al
 Ernst Bloch
mantener que la esperanza ha de aprenderse. Definirla como virtud es afirmar, entre otras cosas, que conduce a la felicidad humana. Según esta teoría, debemos tender a la esperanza porque ello es parte integrante de nuestra autorrealización. Deberíamos esperar, al menos cuando sea razonable hacerlo, de la misma forma que no deberíamos herirnos con cuchillos de carnicero o pudrirnos de envidia por los méritos de los demás. No es una opción o un capricho subjetivo.

La esperanza es la clase de virtud que implica un conjunto de cualidades: paciencia, confianza, valor, tenacidad, resistencia, entereza, perseverancia, mansedumbre, etcétera. Lutero la define como “coraje espiritual”. El filósofo
Alain Badiou
Alain Badiou ve la esperanza principalmente en términos de paciencia y persistencia, como “un principio de tenacidad, de obstinación”. Es una forma de “fidelidad a la fidelidad”, la manera en que uno se aferra a su fe incluso en las situaciones más duras y turbulentas.

De acuerdo con Ludwig Wittgenstein, la estructura temporal
Ludwig Wittgenstein
de la esperanza requiere el lenguaje.”Es posible imaginar a un animal enfurecido, temeroso, infeliz, feliz, asombrado,escribe, pero ¿esperanzado? ¿Y por qué no?”. Responde: bastaría señalar que no posee el lenguaje. Un perro, sostiene, puede tener una vaga expectativa del regreso de su amo, pero no puede esperar que vuelva a una hora determinada en un día determinado, porque, como criatura no lingüística, carece del concepto de, por ejemplo, el miércoles a las tres y cuarto. Entonces, según esta perspectiva, sólo puede decirse que esperan quienes han adquirido un lenguaje.


Santo Tomás
Santo Tomás señala que “un hombre no espera lo que está completamente fuera de sus posibilidades”y añade la condición de que la esperanza debe ser ardua en el sentido de que su objeto no se alcance fácilmente. Para santo Tomás, la esperanza es “un movimiento o extensión del apetito hacia un bien difícil de obtener”. No se puede esperar lo imposible, pero, según santo Tomás, lo que mejor ejemplifica esta virtud tampoco es lo que está a mano y es accesible sin más. Su objeto, escribe, es un bien que se encuentra en el futuro y que es difícil de obtener pero no inalcanzable. En este sentido, la esperanza es enemiga del utopismo vano así como de la desesperanza.