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martes, 23 de enero de 2024

Pudor

Juan Pablo II en su Teología del cuerpo defiende que sólo a través de la castidad se podría superar el pudor y librarnos de la vergüenza, alcanzando un estado previo al de la “caída”. La desnudez significa el bien originario de la visión divina. Significa toda la sencillez y plenitud de la visión a través de la cual se manifiesta el valor ‘puro’ del cuerpo y del sexo. La situación que se indica de manera tan concisa y a la vez sugestiva de la revelación originaria del cuerpo, como resulta especialmente del Gn 2, 25 (“Y estaban desnudos, el hombre y la mujer, pero no sentían vergüenza”) no conoce la ruptura interior y contraposición entre lo que es espiritual y lo que es sensible, así como no conoce ruptura y contraposición entre lo que humanamente constituye la persona y lo que en el hombre determina el sexo; lo que es masculino y femenino. (Juan PabloII: Génesis: La experiencia originaria del cuerpo). Esto es válido para los que quieren alcanzar un estado de bienaventuranza, un estado que logre trascender el hecho de la diferencia y la agitación y desasosiego que ésta produce, y lleguen a una extraña fusión mística para la que no todos pueden estar preparados. ¿Qué pasa entonces con aquellos incapaces para acceder a este nivel beatífico? El pudor.

domingo, 5 de diciembre de 2021

La marca de la sabiduría es percibir lo milagroso en lo ordinario

“Todo lo que existe está dotado de significado. Hasta mi propia inercia, la torpeza habitual de mi cerebro, me parece llena de sentido. Mi cuerpo me parece entonces compuesto sólo de signos por los que todas las cosas me son reveladas”, escribe el ensayista austriaco Hugo von Hofmannsthal. Decía el filósofo R. W. Emerson que “la marca de la sabiduría es percibir lo milagroso en lo ordinario”. Y ese conocimiento, esa experiencia de revelación es, al mismo tiempo, una experiencia de bienaventuranza, de sublime alegría presidida por “un sentimiento de felicidad sin nombre” que conduce “al corazón mismo de la paz”.

Escribe Friedrich Th. Widerberg en el prologo de Carta de Lord Chandos de Hugo von Hofmannsthal, que la Carta de Lord Chandos nos indica explícitamente y con nitidez la que quizá sea la única salida posible en una situación de crisis integral que es, de hecho, la misma en la que, un siglo después, seguimos viviendo: “Creo que podríamos entrar en una relación nueva y mágica con la existencia, por poco que comenzásemos a pensar con el corazón”. “Pensar con el corazón” poco tiene que ver con sentimentalismos melifluos; el “corazón”, en todas las tradiciones espirituales, es un órgano de comprensión, y pensar con el corazón es ver con los ojos del alma, que transcienden los de la mera razón, para captar esa “presencia de infinito” que late en el fondo de toda la existencia.

domingo, 3 de marzo de 2019

El ser humano tiene el privilegio de tener una chispa de pensamiento


El hombre es un ser entre otros muchos de los que constituyen el universo. Pero este ser humano tiene el privilegio sobre los demás seres de tener una chispa de pensamiento, de participar en la inteligencia divina. Por tanto, dice García Morente, la finalidad del hombre en el mundo es clara, es realizar su naturaleza, y lo que constituye su naturaleza, lo que distingue al hombre de cualquier otro ser, es el pensamiento. Por consiguiente, el hombre debe pensar. La actividad propia del hombre es pensar; el acto del hombre, el acto humano por excelencia es pensar. 
No pensará el hombre con la plenitud y la pureza, la grandeza y la totalidad con que Dios piensa; pero el hombre no es Dios, y por consiguiente su pensamiento es imperfecto, comparado con el de Dios. Imaginen ustedes, afirma García Morente, a Santo Tomás, ahora, esforzándose con un afán al mismo tiempo místico y filosófico por intentar tener una concepción, una idea de en qué pueda consistir la bienaventuranza de los bienaventurados. Pues no hará otra cosa sino recoger del último capítulo de la Ética a Nicómaco de Aristóteles, la descripción de la teoría, la descripción de la contemplación. La teoría; la contemplación de las esencias; el pensamiento; el conocimiento de las esencias y de Dios, es la ocupación más propia del hombre. Está en esta tierra limitado, constreñido por las necesidades naturales, por lo que el hombre tiene de no hombre, de animal, de piedra, de materia. Pero Santo Tomás, en cuanto que intenta imaginar o ver o intuir en qué haya de consistir la bienaventuranza de los santos, no encuentra otra actividad que la misma de Aristóteles, los santos son bienaventurados porque contemplan la verdad, porque contemplan a Dios. Como Dios es pensamiento puro contemplan el pensamiento puro.