Quienes dudan de si se van a recuperar de una enfermedad grave es más probable que no lo consigan que quienes no lo dudan. No comportarse como si hubiera esperanza puede ser una forma de inducir que no la haya. Esperar no es simplemente anticipar el futuro sino también ser una fuerza activa en su constitución. Como escribe Shelley en Prometeo liberado, “esperar hasta que la Esperanza haya creado / de su propia miseria la cosa que contempla”. Estos versos combinan una visión trágica de la esperanza con una performativa. Santo Tomás, para quien la esperanza no simplemente anticipa un bien futuro sino que también lucha para alcanzarlo, sostiene que la esperanza puede ayudarnos a superar un problema y, en virtud de su naturaleza agradable, contribuir a que la acción sea más efectiva. Esa naturaleza agradable también puede ayudarnos a persistir en un proyecto, por lo que la esperanza, como el temor, puede facilitar su autocumplimiento. Immanuel Kant, que cree que nadie puede conducirse rectamente sin esperar una recompensa, también considera que la esperanza es un motivo poderoso para la acción virtuosa. De acuerdo con esta perspectiva, esperar el bien supremo significa estar obligados a esforzarnos al máximo para hacerlo realidad.
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domingo, 25 de noviembre de 2018
Esperanza
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Santo Tomás
martes, 10 de enero de 2017
Principio.
Elizabeth Bowen en su libro “El fragor del día”, relata el siguiente dialogo: “¿Y tú por qué quieres saber por qué se hace algo? Tú, quiero decir…, dada tu ocupación. El "qué" y el "cómo" los entiendo; pero no veo a qué viene querer saber el "porqué". —Viene a que es necesario conocer el principio —dijo Harrison vivamente—, el comienzo. Hay una fase en que es muy útil saber el porqué. Conocer el porqué puede inclinar la balanza de lo probable a lo seguro. Por no hablar de esos casos en los que el porqué y el cómo están conectados: si un tipo hace cosas por una razón en particular, es probable que lo haga de un modo en particular.
El comienzo aparentemente olvidado de cualquier historia es inolvidable; uno siempre tiene la sensación de que debe de haber habido un comienzo en algún punto. Igual que cuando se pierde el primer folio de una carta, o faltan las primeras páginas de un libro. El poder de los principios nunca permite que se olviden del todo. Se llame como se llame, se llame amor malogrado o lo que sea.
El principio, en el que se engendrada el final, naturalmente sigue moldeando el nudo de la historia, de manera que nada de lo que ocurre en el transcurso de la vida esta acabado y concluido por completo, ni es definitivo, ni es naturalmente el final. Si se opta por considerar que el camino que se coge al principio no es más que un falso comienzo, ¿quién podrá saber, al fin y al cabo, adónde se puede llegar?
El comienzo aparentemente olvidado de cualquier historia es inolvidable
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