domingo, 17 de mayo de 2026

Los católicos fueron perseguidos como animales a los que se da caza

John Knox 
Cuenta el historiador Francisco García del Junco que “en la Reforma de la Iglesia Escocesa en el siglo XVI, su líder John Knox condenaba a muerte a los católicos sorprendidos asistiendo a Misa por tercera vez y decía: “todo lo que nuestros adversarios católicos hacen es diabólico”. Y Lutero afirmó que “si tuviera a todos los frailes franciscanos católicos en una sola casa, les prendería fuego”. ¡Olé! Y si hablamos de los tribunales calvinistas de Suiza se puede poner la carne de gallina. En Ginebra Calvino decía la siguiente amabilidad: “Quien no quiere matar a los papistas (a los católicos) es un traidor, salva al lobo y deja indefensas a las ovejas”. Y esta teoría la llevaban a la práctica pues, la sentencia dictada por la Inquisición suiza, contra el español Miguel Servet, dice: “Por estas y otras razones te condenamos, M. Servet, a que te aten y lleven al lugar de Champel, que allí te sujeten a una estaca y te quemen vivo, junto a tu libro manuscrito e impreso, hasta que tu cuerpo quede reducido a cenizas, y así termines tus días para que quedes como ejemplo para otros que quieran cometer lo mismo”. Su pecado era que no estaba de acuerdo con las teorías sobre la Santísima Trinidad de los calvinistas suizos. En Inglaterra la persecución religiosa llevada a cabo en el siglo XVI fue de las más cruentas. En 1534 se promulgó el Acta de Supremacía. Quiere decir que el rey de Inglaterra es la única cabeza de la iglesia. Los franciscanos, entre otros, se opusieron y fueron quemados sus siete monasterios y martirizados un alto número de religiosos. Y la actuación de los tribunales episcopales contra los católicos no le iba a la zaga. De hecho, cuando el rey inglés Enrique VIII comenzó la persecución religiosa, había en Irlanda alrededor de mil sacerdotes, monjes y frailes dominicos y treinta años más tarde, cuando ascendió al trono su hija Isabel I, solo quedaban cuatro. En esta persecución, el parlamento inglés estableció que los sacerdotes católicos fueran colgados, decapitados, descuartizados, sacadas las entrañas y quemadas y finalmente que su cabeza se hincara en un poste en un lugar público. Unos años después, con Isabel I, la persecución a los católicos se recrudeció. Ser sacerdote era castigado con la muerte y quien los ayudara, de cualquier forma, también era castigado con la muerte.”
Estatua de Oliver Cromwell
Con Oliver Cromwell (1599-1658), la persecución y los horrores llegaron a su máximo. “Los católicos fueron perseguidos como animales a los que se da caza. Cromwell será recordado como el dictador inglés que trató a los católicos como se trata a los peores animales. Sus campañas para exterminarlos, en Irlanda e Inglaterra, fueron crueles incluso comparándolas con lo que se hacía en la época. Se hizo tan odioso que, cuando los monárquicos volvieron al poder, (mandó ejecutar a Carlos I en 1649), su cadáver fue desenterrado, colgado de cadenas, decapitado y su cabeza clavada en lo alto de una pica a la entrada de la abadía de Westminster.”

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