miércoles, 13 de mayo de 2026

El leninismo era la misma herejía que creo el fascismo

Lenin
En 1914 Charles Rappaport hablando de Lenin decía que “cree que es el único socialista…Declara la guerra a todos los que discrepan de él”. Viacheslav Menzhinsky afirmaba de Lenin que era un “jesuita político…este hijo ilegítimo del absolutismo ruso…el sucesor natural del trono ruso”. Lenin no tenía conciencia de su importancia. Pero su humanitarismo era una pasión muy abstracta. Abarcaba a la humanidad en general, pero sentía escaso amor, o siquiera interés, por la humanidad en particular. Veía a las personas con las que trataba, sus camaradas, no como individuos sino como receptáculos de sus ideas. Los juzgaba sobre esa base y no sobre cualquier otra. Carecía de amistades y solo tenía alianzas ideológicas. Juzgaba a los hombres no por sus cualidades morales, sino por sus opiniones, o más bien por el grado que ellos aceptaban las suyas. Ningún colega, por cercano que fuese, podía afirmar que tenía un lugar especial en el corazón de Lenin. 
Para muchos estudiosos del marxismo el leninismo no solo era una herejía; era precisamente la misma herejía que creo el fascismo. Mussolini, como Lenin, creía que la violencia sería necesaria. “En lugar de engañar al proletariado, hablándole de la posibilidad de eliminar todas las causas del derramamiento de sangre, deseamos prepararlo y acostumbrarlo a la guerra para el día que sobrevenga el más grande de los baños de sangre, cuando las dos clases hostiles choquen en el encuentro definitivo”. Durante los años que precedieron a 1914, desde su impotente exilio en Suiza, Lenin observó con aprobación y cierta envidia los progresos de Mussolini.


Referencia: Tiempos modernos de Paul Johnson

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