En el amor entre esposos, el paso del tiempo permite progresar del enamoramiento hacia el amor. Se trata de un progreso,no de un retroceso,en el que puede decaer cierto entusiasmo, en el que aparecen ante nuestros ojos las debilidades de la persona amada. Pero es precisamente esa toma de tierra, ese contacto con la realidad, lo que permite que surja el amor verdadero: un amor por el que uno es capaz de entregarse a alguien que no es perfecto, con la convicción de que es quien da sentido a nuestra vida. En este progreso, ambos encontrarán cada vez más motivos para amarse, y su vida juntos adquirirá una solidez que no tenía en los primeros momentos. Si, en cambio, se dejan invadir por la tibieza y el desencanto, el amor retrocederá; no se producirá ese necesario paso del enamoramiento al amor. La tibieza, en efecto, es una enfermedad de la voluntad, que parece incapaz de moverse una vez pasado el entusiasmo; el desencanto, por su parte, es un defecto de la inteligencia, incapaz de asumir adecuadamente la imperfección propia y ajena. Se trata, pues, de dos enemigos que conviene desenmascarar para poder vivir de amor a lo largo de toda la vida, escribe Andrés Cárdenas, filósofo.
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lunes, 10 de agosto de 2026
Vivir de amor a lo largo de toda la vida
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lunes, 8 de junio de 2026
Para mantener la paz en el matrimonio, hay que procurar soportarse mutuamente
Para Francisco de Sales “el matrimonio es un estado que requiere más virtud y constancia que ningún otro. ¿Qué decir si además el matrimonio ha de vivir con los padres? Entonces sí que la paciencia y la dulzura son necesarias para conservar la paz. Romper nunca la paz con los padres; es mucho mejor que las cosas vayan menos bien con tal de que esas personas a las que tanto debemos estén contentas.Vale más la paz que una fortuna. Lo que comprendáis que podéis hacer con cariño, debéis procurarlo.”
“Para mantener la paz en el matrimonio, dirá Francisco de Sales, hay que procurar soportarse mutuamente. Y para que esto sea más fácil, tratar de tener siempre un carácter igual.Ciertamente, aunque es casi imposible conservar siempre ese equilibrio en medio de las dificultades de esta vida mortal, tenemos al menos que procurar adquirir ese bien inestimable de la igualdad y, cuando uno nota que empieza a intranquilizarse, es preciso, ante todo, cambiar de humor haciendo lo contrario.Como no somos ángeles y tenemos mucho genio y muchos nervios, siempre hay el peligro de que estallen. Debemos, por ello, observar fielmente el consejo de que los esposos nunca se encolericen los dos al mismo tiempo. Su hogar será así el templo de la paz.”
“Para mantener la paz en el matrimonio, dirá Francisco de Sales, hay que procurar soportarse mutuamente. Y para que esto sea más fácil, tratar de tener siempre un carácter igual.Ciertamente, aunque es casi imposible conservar siempre ese equilibrio en medio de las dificultades de esta vida mortal, tenemos al menos que procurar adquirir ese bien inestimable de la igualdad y, cuando uno nota que empieza a intranquilizarse, es preciso, ante todo, cambiar de humor haciendo lo contrario.Como no somos ángeles y tenemos mucho genio y muchos nervios, siempre hay el peligro de que estallen. Debemos, por ello, observar fielmente el consejo de que los esposos nunca se encolericen los dos al mismo tiempo. Su hogar será así el templo de la paz.”
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miércoles, 20 de mayo de 2026
Hombre y mujer
Juan Pablo II afirmaba que la llamada a la existencia del hombre y la mujer, corona toda la obra de la creación. Ambos son seres humanos en el mismo grado, tanto el hombre como la mujer, ambos fueron creados a imagen de Dios. Esta imagen y semejanza de Dios esencial al ser humano, es transmitida a sus descendientes por el hombre y la mujer, como esposos y padres.
Relata el Génesis 1 que cuando Dios decidió crear al hombre: “Hagamos, dijo en plural, un hombre a nuestra semejanza, también “en plural”, “para que dominen a los peces…”. El hebreo pone de manifiesto que la forma verbal “para que dominen”, en plural, tiene un sujeto colectivo, bien sea la humanidad, bien sea el varón y la mujer. Los creó a la vez, “en un solo acto”, afirma Juan Pablo II, y les dio una misión común, crecer y multiplicarse, llenar la tierra y dominarla. Allí quedaba clara la igualdad de ambos en dignidad y también en cuanto a la misión recibida. Allí no se asignan trabajos diferentes a varones o a mujeres; tanto la familia como el dominio del mundo habían de hacerla entre los dos.
Relata el Génesis 1 que cuando Dios decidió crear al hombre: “Hagamos, dijo en plural, un hombre a nuestra semejanza, también “en plural”, “para que dominen a los peces…”. El hebreo pone de manifiesto que la forma verbal “para que dominen”, en plural, tiene un sujeto colectivo, bien sea la humanidad, bien sea el varón y la mujer. Los creó a la vez, “en un solo acto”, afirma Juan Pablo II, y les dio una misión común, crecer y multiplicarse, llenar la tierra y dominarla. Allí quedaba clara la igualdad de ambos en dignidad y también en cuanto a la misión recibida. Allí no se asignan trabajos diferentes a varones o a mujeres; tanto la familia como el dominio del mundo habían de hacerla entre los dos.
Referencia: ¿Fue creado del varón antes que la mujer?….Blanca Castilla de Cortázar
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lunes, 27 de octubre de 2025
La familia es el lugar donde se aprende a convivir
“La familia, afirma Papa Francisco, es el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros, y donde los padres transmiten la fe a sus hijos”. En muchos sentidos, cada mujer y cada hombre son lo que son por su familia, y crecen en y con su familia; y a esto, al crecer como persona, desde hace muchos siglos, se ha llamado educación, paideía. Algo que no podemos confundir simplemente con la instrucción, por muy valiosa o productiva o eficaz que sea; o con la mera enseñanza, entendida como la transferencia de conocimientos. Educar es otra cosa, consiste sobre todo en la transmisión de un estilo de vida. Es dar lo que uno es, mucho más que enseñar o instruir, aunque sin dejar de intentar esto último.
La persona ha de ser pensada como sujeto de crecimiento, y esto es la educación, ayudar a crecer. Algo que paradójicamente solo es posible desde afuera, en la relación entre un tú y un nosotros-vosotros, en la relación con un otro, que, como recordó Benedicto XVI, es al mismo tiempo mi semejante y mi distinto. En cuestiones de educación, el mito moderno de la autonomía o del autodesarrollo es el sueño de una quimera.
El primer consejo que Josemaría Escrivá de Balaguer daba a los esposos era que custodiaran y reconquistaran cada día su amor, porque es la fuente de energía, lo que realmente da cohesión a toda la familia.
La persona ha de ser pensada como sujeto de crecimiento, y esto es la educación, ayudar a crecer. Algo que paradójicamente solo es posible desde afuera, en la relación entre un tú y un nosotros-vosotros, en la relación con un otro, que, como recordó Benedicto XVI, es al mismo tiempo mi semejante y mi distinto. En cuestiones de educación, el mito moderno de la autonomía o del autodesarrollo es el sueño de una quimera.
El primer consejo que Josemaría Escrivá de Balaguer daba a los esposos era que custodiaran y reconquistaran cada día su amor, porque es la fuente de energía, lo que realmente da cohesión a toda la familia.
Referencia: La educación en familia (José Manuel Martín)
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martes, 5 de agosto de 2025
Crisis matrimoniales
"No hay que tener miedo a la crisis matrimonial. La crisis nos ayuda a crecer, y lo que debemos cuidar es no caer en el conflicto, porque cuando caes en el conflicto te cierras tu corazón y no hay solución del conflicto o apenas”, manifiesta el papa Francisco, "hoy hay tanta necesidad de personas, de esposos que sepan dar testimonio de que la crisis no es una maldición, es parte del camino y constituye una oportunidad”…….”La crisis te hace “bailar” un poco, te hace sentir mal por momentos, pero puedes salir de la crisis, siempre y cuando salgas mejor. No puedes salir igual. Tampoco salimos mejor o peor, eso es importante. Y es difícil salir de la crisis, siempre hay que salir juntos", amplia el Papa como clave matrimonial. El tema de las crisis familiares, de las parejas “heridas”, es muy cercano a Francisco, que le dedicó una parte importante de su exhortación Amoris Laetitia. "Las crisis de las personas producen heridas, producen llagas en el corazón y en la carne”.
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jueves, 20 de febrero de 2025
Para los hijos, la primera escuela es el amor que se tienen sus padres
Juan Pablo II en Exhort. apost. Familiaris consortio explicaba que eran tres las características del derecho-deber educativo de los padres: - es esencial, por estar vinculado con la transmisión de la vida humana; - es original y primario, respecto al papel de otros agentes educativos ( derivado y secundario), porque la relación de amor que se da entre padres e hijos es única y constituye el alma del proceso educativo; - y es insustituible e inalienable, es decir, no puede ser usurpado ni delegado completamente. El papel de los padres en la educación tiene tanto peso que, cuando falta, difícilmente puede suplirse. De hecho, el oscurecimiento de estas verdades ha llevado a muchos padres al descuido, e incluso al abandono, de su papel insustituible, hasta el punto que Benedicto XVI ha hablado de una situación de “emergencia educativa”, que es tarea de todos afrontar. Puesto que el amor es la vocación fundamental e innata del hombre, el fin de la misión educativa de los padres no puede ser otro que enseñar a amar.
En palabras de Juan Pablo II: “En una perspectiva que además llega a las raíces mismas de la realidad, hay que decir que la esencia y el cometido de la familia son definidos en última instancia por el amor… Todo cometido particular de la familia es la expresión y la actuación concreta de tal misión fundamental”. Pero, ¿cómo llevar a cabo esta misión? La respuesta es siempre la misma: con amor. El amor no es sólo el fin, sino también el alma de la educación. Juan Pablo II, después de describir las tres características esenciales del derecho-deber educativo de los padres, concluía que, “por encima de estas características, no puede olvidarse que el elemento más radical, que determina el deber educativo de los padres, es el amor paterno y materno que encuentra en la acción educativa su realización, al hacer pleno y perfecto el servicio a la vida. El amor de los padres se transforma de fuente en alma, y por consiguiente, en norma, que inspira y guía toda la acción educativa concreta, enriqueciéndola con los valores de dulzura, constancia, bondad, servicio, desinterés, espíritu de sacrificio, que son el fruto más precioso del amor”.
La educación de los hijos es proyección y continuación del mismo amor conyugal y, por eso, el hogar familiar que nace como desarrollo natural del amor de los esposos es el ambiente adecuado para la educación humana de los hijos. Para éstos, la primera escuela es el amor que se tienen sus padres. A través de su ejemplo reciben, desde pequeños, una auténtica capacitación para el amor verdadero.
En palabras de Juan Pablo II: “En una perspectiva que además llega a las raíces mismas de la realidad, hay que decir que la esencia y el cometido de la familia son definidos en última instancia por el amor… Todo cometido particular de la familia es la expresión y la actuación concreta de tal misión fundamental”. Pero, ¿cómo llevar a cabo esta misión? La respuesta es siempre la misma: con amor. El amor no es sólo el fin, sino también el alma de la educación. Juan Pablo II, después de describir las tres características esenciales del derecho-deber educativo de los padres, concluía que, “por encima de estas características, no puede olvidarse que el elemento más radical, que determina el deber educativo de los padres, es el amor paterno y materno que encuentra en la acción educativa su realización, al hacer pleno y perfecto el servicio a la vida. El amor de los padres se transforma de fuente en alma, y por consiguiente, en norma, que inspira y guía toda la acción educativa concreta, enriqueciéndola con los valores de dulzura, constancia, bondad, servicio, desinterés, espíritu de sacrificio, que son el fruto más precioso del amor”.
La educación de los hijos es proyección y continuación del mismo amor conyugal y, por eso, el hogar familiar que nace como desarrollo natural del amor de los esposos es el ambiente adecuado para la educación humana de los hijos. Para éstos, la primera escuela es el amor que se tienen sus padres. A través de su ejemplo reciben, desde pequeños, una auténtica capacitación para el amor verdadero.
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martes, 11 de febrero de 2025
La familia en el ojo del huracán
Cuenta Stanislao Dziwisz, cardenal polaco, que en 1994 se desencadenó un autentico ataque contra la institución familiar, poniendo en tela de juicio su naturaleza, su estabilidad, su función como célula básica de la sociedad, hasta el punto que llegó a refutarse el sentido mismo del amor entre los esposos. Y, de nuevo, era la ONU la que abría el camino a esos ataques, siempre con el famoso documento de la Conferencia de El Cairo.“La familia se encuentra en el ojo del huracán del gran combate entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte, entre el amor y cuanto al amor se opone”, escribía Juan Pablo II en la Carta a las familias.
A partir del tema del aborto, se asistió a una progresiva ampliación del debate sobre nuevos puntos calientes, como las parejas de hecho, la eutanasia, la homosexualidad. Estaba también la cuestión antropológica, que pretendía conducir a una nueva y radical definición de los puntos de referencia éticos y de la misma realidad del hombre.No se puede cambiar la naturaleza del hombre y de la mujer. Si no se respetan las leyes de la naturaleza se pone en peligro el futuro del género humano.
A partir del tema del aborto, se asistió a una progresiva ampliación del debate sobre nuevos puntos calientes, como las parejas de hecho, la eutanasia, la homosexualidad. Estaba también la cuestión antropológica, que pretendía conducir a una nueva y radical definición de los puntos de referencia éticos y de la misma realidad del hombre.No se puede cambiar la naturaleza del hombre y de la mujer. Si no se respetan las leyes de la naturaleza se pone en peligro el futuro del género humano.
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domingo, 25 de febrero de 2024
El matrimonio es un vínculo que no une únicamente a dos esposos, sino a dos familias
El primer deber que se recuerda a Sara es el de honrar a los suegros. Honrar a los suegros, como explica Gilbert de Tournai, equivale a mostrar una actitud de reverencia hacia ellos, que se traduce en palabras y gestos respetuosos, en actos obsequiosos y en formas concretas de ayuda en caso de necesidad; equivale a evitar toda agresividad, incluso verbal, atenuando con dulzura y benevolencia toda eventual conflictividad. Reverencia, dulzura, sostén; son las mismas formas de respeto que, en relación con los padres, impone el cuarto mandamiento del decálogo (“Honra al padre y a la madre”). Honrar a los suegros equivale incluso a extender a los padres del cónyuge las atenciones debidas a los propios, asimilar a los vínculos de sangre los nuevos lazos que el contrato matrimonial instituye. No es casual, recuerda Jacopo de Varazze, quien recoge en esto la etimología de Isidoro de Sevilla, que el término suegro provenga de una asociación (socer a sociando), en la medida en que indica la particular forma de afiliación que introduce a la esposa del hijo en el ámbito de las nuevas relaciones familiares. Presente también en los Oeconomica, el tema del respeto a los suegros sugiere a los comentaristas reflexiones análogas sobre los lazos de parentesco que el matrimonio instituye. Para Oresme, el amor recíproco que une a los esposos impone a ambos el respeto y el cuidado de los suegros según fórmulas que, al menos en su aspecto exterior, toman forma, cuando no en la profundidad de la relación afectiva, al menos en las obligaciones respecto de los genitores.
En realidad, el matrimonio es un vínculo que no une únicamente a dos esposos, sino a dos familias; la creación de un nuevo núcleo familiar se traduce en la constitución de toda una red de parientes y de alianzas que modifican el panorama social y político de la comunidad. En el nivel ideológico, la conciencia de esta función política del matrimonio está siempre presente con toda claridad. Peraldo, Vincent de Beauvais, Egidio Romano, no dejan de recordar que el matrimonio conserva la paz, apacigua las discordias, sanciona las alianzas; momento de encuentro de grupos familiares. El propio banquete de bodas asume, a los ojos de un predicador atento como Humberto de Romans, la función de momento de agregación de las dos familias y traducción visible del nuevo orden de las alianzas.
En su comentario a los Oeconomica, Alberto de Sajonia observa cómo la concordia y la discordia de los esposos se reflejan inmediatamente en actitudes análogas de todos los amigos respectivos, mientras que el cuidado y la benevolencia dispensados a los amigos y parientes del cónyuge produce también en el seno mismo de la pareja el beneficioso efecto de un aumento de unanimidad y de amor, escribe Georges Duby (1919-1996), profesor del Collège de France y miembro de la Academia francesa.
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jueves, 16 de enero de 2020
Hay parejas que hacen del conflicto su modo de relación
Hay parejas que hacen del conflicto su modo de relación; se instalan en él, como en un estado morboso de odio y reproche.La ruptura de las relaciones, el fracaso matrimonial, se produce porque, de repente, surge una oscuridad total entre los esposos. Antes se veían, eran cada uno luz para el otro; pero luego, poco a poco, empezaron las sombras, las dudas, la incomunicación, el hastío.
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| Sanchez Adalid |
Dice el escritor y sacerdote Sanchez Adalid en su libro La mediadora que “el factor que está en la raíz de todas las pasiones y fracasos: la percepción de la pérdida del ser; la sensación de no ser nada ni para ti ni para aquellos a quienes amas; el oscurecimiento de la propia vida y la falta de luz…Esto es muy importante para la mediación. El diálogo que inicia el mediador comienza como un encuentro entre dos extraños, sobre los cuales se habrá de incidir hasta reconducirlos. Esta situación pronto da lugar al mutuo involucramiento… En ese momento, las partes, si bien no son extraños totalmente el uno para el otro, tampoco ya se comprenden entre ellos… Existen importantes áreas de su experiencia mutua que han sido secuestradas de la relación, operando desde lo inconsciente… ¡He ahí el trabajo psicológico del mediador! De esta nueva situación, de la ceguera del conflicto, ha de rescatarlos por medio de la interpretación. Se tratará de una operación intelectual para que puedan volver a encontrarse, aunque ahora en la nueva situación planteada, en el conflicto que se debe encauzar. El mediador, actuando a la manera de un puente, los unirá y los separará a la vez, pasando por encima del abismo de su mutuo extrañamiento… En esta situación, sus defensas los alejarán, pero dejarán poco a poco de ser a la vez objetos por completo ajenos; hasta que hallemos la única forma de reunir estas dos visiones incompatibles en un todo armonioso… Cuando tenemos éxito en este proceso, logramos pasar a un nuevo entendimiento intersubjetivo, en el que el otro se torna nuestro semejante y en el que logramos comprenderlo empáticamente. A esto Kohut lo denominaba la “inmersión empática total”. Es decir, meterse tanto en el problema que al final es propio, aunque solamente con el fin de solucionarlo…”.
Hay que ayudar a buscar, a hallar, a poner paz, a devolver cada cosa a su sitio, a reconciliar, sanar y hacer que la vida siga, porque no se acaba el mundo, porque siempre hay una posibilidad.
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sábado, 30 de noviembre de 2019
Lutero circunscribe el matrimonio en la satisfacción de un instinto natural
Escribe Lucien Febvre que Lutero “circunscribe el matrimonio en la satisfacción de un instinto natural. Esa necesidad, universal, ineluctable, la asimila a las otras necesidades físicas del hombre, “beber, comer, escupir o ir al excusado”. Después de lo cual, declara: “Pero es un pecado; y si Dios no lo imputa a los esposos, es por pura misericordia”. Ambigüedad, conflicto de sentimientos. Y que lleva a no distinguir casi entre el matrimonio y la fornicación o el adulterio. Destinado a asegurar la satisfacción de una necesidad”.
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miércoles, 11 de septiembre de 2019
En cuanto a los matrimonios uno de los más graves problemas son los divorcios
En cuanto a los matrimonios, manifiesta el profesor Juan Moya, “uno de los más graves problemas son los divorcios. Las causas son diversas pero la mayor parte podrían evitarse si ambos cónyuges estuvieran decididos a poner los medios necesarios para ser fieles al compromiso de indisolubilidad contraído al casarse. Y también si se pensara más en el terrible mal que se ocasiona a los hijos aunque sean mayores.Entre las causas de los divorcios están las infidelidades, discusiones continuas, malos tratos.... Pero en la gran mayoría de los casos hay una causa común de fondo en la que a veces no se repara suficientemente y es de gran trascendencia, la indiferencia religiosa de los esposos.Se comprueba estadísticamente que la mayoría de los matrimonios que se rompen, además de la causa más inmediata o aparente, hay otra circunstancia importante, que esas personas viven como si no fueran cristianas; no practican su fe. Como también se comprueba que los matrimonios que viven su fe, raramente llegan a divorciarse. Se comprende que sea así, porque la indiferencia religiosa debilita las convicciones morales y doctrinales, y la influencia del ambiente relativista pesa más. Se olvidan los compromisos contraídos al casarse. Se recurre a justificaciones que no pueden serlo. Se cae en un sentido erróneo de la libertad, desligada de la verdad. El orgullo y la soberbia, más que la debilidad de la carne es el enemigo mayor, impide reconocer el error, pedir perdón o perdonar y recomenzar”.
Es necesario vivir el matrimonio con la conciencia clara de “pertenecer por completo sólo a una persona. Los esposos asumen el desafío y el anhelo de envejecer y desgastarse juntos. Esta firme decisión, que marca un estilo de vida, es una ‘exigencia interior del pacto de amor conyugal’, porque ‘quien no se decide a querer para siempre, es difícil que pueda amar de veras un solo día’”, escribe Juan Pablo II en Familiaris consorcio
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sábado, 15 de junio de 2019
Una legislación que pretende proteger a los esposos y alienta el concubinato
Évelyne Sullerot, profesora universitaria y sociloga, en un informe que elabora denuncia la incoherencia de una legislación que pretende proteger a los esposos y alienta el concubinato. Este informe, constatando la caída del número de matrimonios, la subida de los divorcios, el descenso del número de divorciados que vuelven a casarse, el alza en la proporción de niños que nacen fuera del matrimonio, afirma que “el conjunto de los textos y medidas adoptadas a lo largo de los años desemboca en el hecho de que el matrimonio se encuentra más perjudicado que favorecido. Y esto deriva del hecho de que determinadas personas pueden disfrutar a la vez de las ventajas fiscales de los solteros y de las de los divorciados así como de las ventajas sociales de los casados reconocidas a los concubinos”. Para Évelyne Sullerot es paradójico que el legislador intervenga para fijar reglas que afectan a personas que, por su rechazo del matrimonio, pretenden precisamente escapar a ellas. Según Sullerot, Bonaparte tenía sus razones para proclamar que “si los concubinos prescinden de la ley, ésta a su vez se desinteresa de ellos”.
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miércoles, 15 de mayo de 2019
Separación
Es ilusorio pensar que la separación sea más fácil para los concubinos que para los esposos, pues el sórdido predador está por todas partes. Los abogados lo saben bien puesto que, al ser asaltados por quienes reclaman su parte del piso, del mobiliario, del coche, terminan por resignarse a establecer contratos en los que los concubinos que se instalan enumeran sus bienes propios así como los que han adquirido exclusivamente con su capital.
La tasa de cohabitación debe ser correlativa con el modelo familiar de los padres. Los hijos de las parejas desunidas, desconfiados por el mal ejemplo de sus padres, cohabitan más frecuentemente que los de los padres unidos (44% contra 26%).
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viernes, 17 de agosto de 2018
El amor se debe poner más en las obras que en las palabras.
El fin unitivo del matrimonio es una llamada constante a acrecentar y profundizar el amor. En su unión de amor los esposos experimentan la belleza de la paternidad y la maternidad; comparten proyectos y fatigas, deseos y aficiones; aprenden a cuidarse el uno al otro y a perdonarse mutuamente. En este amor celebran sus momentos felices y se apoyan en los episodios difíciles de su historia de vida. La belleza del don recíproco y gratuito, la alegría por la vida que nace y el cuidado amoroso de todos sus miembros, desde los pequeños a los ancianos.
Decía san Ignacio de Loyola, “el amor se debe poner más en las obras que en las palabras”. Así puede mostrar toda su fecundidad, y nos permite experimentar la felicidad de dar, la nobleza y la grandeza de donarse sobreabundantemente, sin medir, sin reclamar pagos, por el solo gusto de dar y de servir.
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domingo, 18 de junio de 2017
Una norma que viola el derecho natural es injusta y no puede tener valor de ley.
Ya reconocía el antiguo juramento de Hipócrates, el compromiso del médico en respetar absolutamente la vida humana y su carácter sagrado. El respeto absoluto de toda vida humana inocente exige ejercer la objeción de conciencia ante el aborto y la eutanasia. El hacer morir nunca puede considerarse un tratamiento médico, ni siquiera cuando la intención fuera sólo la de secundar una petición del paciente; es más bien la negación de la profesión sanitaria que debe ser un sí a la vida.
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| Asegurar sobre todo el apoyo debido a la familia y a la maternidad. |
Una norma que viola el derecho natural a la vida de un inocente es injusta y, como tal, no puede tener valor de ley, escribe Juan Pablo II en la encíclica Evangelium Vitae, y añade que hay que eliminar las causas que favorecen los atentados contra la vida, asegurando sobre todo el apoyo debido a la familia y a la maternidad. La política familiar debe ser eje y motor de todas las políticas sociales.
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| Permitir a los esposos tomar sus opciones procreativas |
En “Evangelium Vitae” se manifiesta que los gobiernos y las distintas instituciones internacionales deben mirar ante todo a la creación de las condiciones económicas, sociales, médico-sanitarias y culturales que permitan a los esposos tomar sus opciones procreativas con plena libertad y verdadera responsabilidad; deben además esforzarse en aumentar los medios y distribuir con mayor justicia la riqueza para que todos puedan participar equitativamente de los bienes de la creación. Hay que buscar soluciones a nivel mundial, instaurando una verdadera economía de comunión y de participación de bienes, tanto en el orden internacional como nacional. Este es el único camino que respeta la dignidad de las personas y de las familias,
El amor, dice Juan PabloII, que se hace gratuidad, acogida, entrega; en la familia cada uno es reconocido, respetado y honrado por ser persona y, si hay alguno más necesitado, la atención hacia él es más intensa y viva…….Otra forma de oración y de culto es la que se expresa en la vida cotidiana de la familia, si es una vida hecha de amor y entrega.
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miércoles, 7 de junio de 2017
Conocer, aprender del ejemplo de los propios padres.
Es deber de los padres proveer a la educación de los hijos. Educar es un proceso cotidiano, llevado a cabo en un clima familiar de aceptación y de afecto, que permite al hijo madurar su propia humanidad.La primera condición para que sea eficaz, más allá de los límites de cada progenitor, radica en la dinámica de la relación de amor entre los esposos, marido y mujer. Conocer, aprender del ejemplo de los propios padres, cómo se es mujer y cómo se es varón, el valor de la diferencia en la igualdad, es de gran importancia.
jueves, 8 de diciembre de 2016
Un amor conyugal indisolublemente fiel.
El concilio habla de un amor conyugal “indisolublemente fiel en la prosperidad y en la desgracia, en cuerpo y en espíritu, ajeno a cualquier adulterio o divorcio”. Una meta a la que se llega practicando “la virtud heroica”, “la grandeza de ánimo y el espíritu de sacrificio” indicados por el concilio, y superando los no pocos obstáculos que se interponen en el camino del amor conyugal. Y, ante todo, este pobre corazón nuestro, tan versátil e imprevisible. El cónyuge prudente sabe que es preciso mantenerlo bajo control. A veces, sin embargo, hay quien se engaña. Cree poder descuidar un tanto la vigilancia y permitirse alguna distracción” y se dice: “¡Es sólo un momento! ¡No saldré de mis casillas; sólo una ojeada por encima de la reja, para ver cómo va la vida por allá afuera!” Pero puede que, por casualidad, las rejas se hallen abiertas, el momento se convierta en una hora y la hora en traición. “¿Qué pensáis hacer?,escribía San Francisco de Sales, inspirar amor, ¿no es así? Pues bien: nadie despierta voluntariamente el amor sin hacerse su prisionero; en este juego, el que atrapa es atrapado… Quiero atraparlo,dirá alguno, pero no demasiado. ¡Ay!, el fuego del amor es más activo y poderoso de lo que parece; creéis que os ha tocado solamente una chispa, y os quedáis estupefactos viendo que, como un rayo, ha incendiado vuestro corazón, reducido a cenizas vuestros propósitos y en humo vuestra reputación”.
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| San Francisco de Sales. |
El arte de rejuvenecer el amor: que nunca deje el marido de cortejar un poco a su mujer; que la mujer trate siempre de atraerse al marido, con atenciones y delicadezas. Escribe Francisco de Sales: “La unión del amor y la fidelidad engendran siempre intimidad y confianza; por esta razón, los santos y las santas casados se prodigaban mutuamente infinidad de caricias en el estado conyugal. Isaac y Rebeca (la más casta pareja conyugal de los tiempos antiguos) fueron observados a través de la ventana acariciarse de tal modo, que, aunque no hubiese en ello nada indecoroso, Abimelech comprendió que no podían ser sino marido y mujer. El gran rey San Luis fue casi reprendido por excederse en estas… pequeñas atenciones, tan necesarias para la conservación del amor conyugal”.
Aun los mejores esposos tienen sus momentos de cansancio y de mal humor, a los que hay que poner remedio sin romper la paz. ¿Está él enojado y sombrío? Es el momento de que ella se ilumine de dulzura. ¿Está ella cansada y nerviosa? Le toca a él mantenerse en calma, esperando que pase la tormenta. Lo importante es que el nerviosismo de él y el de ella no coincidan y se superpongan, porque entonces se produce un cortocircuito, estallan las lámparas, escapan palabras, a veces demasiado verdaderas, con aquella triste verdad que produce desencantos, rencores, heridas secretas, dice Albino Luciani.
Cuenta Albino Luciani que la chica, por lo general, tiene mayor dominio de sí que el chico en el aspecto sexual. Si el hombre es más fuerte físicamente, la mujer lo es espiritualmente. Podría casi decirse que Dios decidió hacer depender la bondad de los hombres de la de la mujer. Mañana dependerán un poco de ella el alma de su marido y las de sus hijos.Debes, pues, tener sentido común por dos y saber decir que no en ciertas cosas, incluso cuando todo parecería invitar a decir que sí. La novia demasiado fácil no ofrece las mismas garantías y corre el riesgo de sembrar desde ahora, con su condescendencia demasiado despreocupada, semillas peligrosas, de las que brotarán en un futuro celos y sospechas por parte del marido.
La unión del amor y la fidelidad engendran siempre intimidad y confianza
miércoles, 23 de noviembre de 2016
Las relaciones hombre-mujer en el pensamiento de Shakespeare.
Shakespeare piensa que nuestras inclinaciones van, sedientas, al mal, como las ratas a su propio veneno lo devoran; y al beberlo, morimos. El deseo natural que puede ser reconocido con tanta franqueza y naturalidad dentro de los límites del matrimonio se convierte en veneno fuera de él. La intensidad de las infaustas visiones del sexo premarital y sus consecuencias quizá tuvieran mucho que ver con el hecho de que Shakespeare era padre de dos hijas adolescentes. Sus advertencias más explícitas acerca de los peligros del sexo premarital adoptan en La tempestad la forma de las severas palabras que dirige un padre al joven que corteja a su hija. Pero en los versos de Próspero correspondientes a esta obra, escrita al final de su carrera, da la impresión de que Shakespeare echa la vista atrás y contempla su propio casamiento infeliz, y que vincula esa infelicidad con la forma en que empezó todo, muchos años antes. “Toma a mi hija”, dice Próspero a Fernando, para a continuación añadir unas palabras que están a medio camino entre la maldición y la profecía: “Pero si llegas a romper el nudo virginal antes que las santas ceremonias sean celebradas según los sagrados ritos, los cielos no derramarán dulce rocío que fecunde este contrato; odio estéril, torvo desdén y discordia sembrarán el lecho de la unión con cizaña tan maligna, que llegarán a detestarlo”. Estos versos, mucho más intensos y enérgicos de lo que exigiría la obra, parecen emanar de un profundo pozo de amargura, fruto de un matrimonio desgraciado. En vez de una lluvia de gracias (“dulce rocío”), la unión se verá irremediablemente infestada de desgracias, advierte Próspero, si la consumación del acto sexual precede a los “sagrados ritos”
En cuanto a la relación entre los esposos,Shakespeare escribe en Julio César, donde la esposa de Bruto, Porcia, se lamenta de haber quedado deliberadamente excluida de la vida interior de su esposo. Porcia no es desterrada del lecho de su esposo, pero la exclusión de la mente de su marido que padece la hace sentir, según ella misma afirma, como una puta: “Soy parte de ti, o eso creo, mas ¿solo cuando te conviene? Acompañarte a la mesa, complacerte en la cama, hablarte de vez en cuando, rondar los márgenes de tu deseo, ¿ese es mi lugar en tu vida? Entonces, podría decirse que Porcia es la ramera de Bruto, pero jamás su esposa”.
martes, 15 de noviembre de 2016
Matrimonio.
El matrimonio tiene una naturaleza esencialmente pública en tres sentidos: (1) es un contrato público entre los esposos; (2) sirve al bien público al proveer niños y educarlos; y, (3) el sacramento es un testimonio público y signo de la fidelidad y el amor de Cristo por su Iglesia. El sacramento del matrimonio perfecciona la unión marital de los cristianos bautizados. La indisolubilidad de esta unión es central al plan divino de Dios para el hombre y la mujer (Mt 19, 3-10).
Las parejas casadas cooperan con Dios en la creación de una nueva vida, son los primeros maestros de la fe, y de esta manera generan nuevos hijos e hijas adoptados por Dios, destinados a participar de su herencia eterna.
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| La castidad es la virtud por la cual se someten los deseos sexuales a la razón |
La castidad es la virtud por la cual se someten los deseos sexuales a la razón, para que la propia sexualidad sirva, no a la lujuria, sino a su verdadero fin.
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domingo, 2 de octubre de 2016
El niño brota del corazón mismo de los esposos, de ese don recíproco.
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| hombre y mujer |
La revolución biotecnológica en el campo de la procreación humana ha introducido la posibilidad de manipular el acto generativo, convirtiéndolo en independiente de la relación sexual entre hombre y mujer. De este modo, la vida humana, así como la paternidad y la maternidad, se han convertido en realidades componibles y descomponibles, sujetas principalmente a los deseos de los individuos o de las parejas. Una cosa es comprender la fragilidad humana o la complejidad de la vida, y otra cosa es aceptar ideologías que pretenden partir en dos los aspectos inseparables de la realidad. No intentemos pretender sustituir al Creador. Somos criaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada.
El niño que llega no viene de fuera a añadirse al amor mutuo de los esposos; brota del corazón mismo de ese don recíproco, del que es fruto. No aparece como el final de un proceso, sino que está presente desde el inicio del amor como una característica esencial que no puede ser negada sin mutilar al mismo amor. Desde el comienzo, el amor rechaza todo impulso de cerrarse en sí mismo, y se abre a una fecundidad que lo prolonga más allá de su propia existencia. Entonces, ningún acto genital de los esposos puede negar este significado, aunque por diversas razones no siempre pueda de hecho engendrar una nueva vida. El hijo reclama nacer de ese amor, y no de cualquier manera, ya que él no es un derecho sino un don, que es el fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres. Porque según el orden de la creación, el amor conyugal entre un hombre y una mujer y la transmisión de la vida están ordenados recíprocamente (cf. Gn 1,27-28). De esta manera, el Creador hizo al hombre y a la mujer partícipes de la obra de su creación y, al mismo tiempo, los hizo instrumentos de su amor, confiando a su responsabilidad el futuro de la humanidad a través de la transmisión de la vida humana.
Es tan grande el valor de una vida humana, y es tan inalienable el derecho a la vida del niño inocente que crece en el seno de su madre, que de ningún modo se puede plantear como un derecho sobre el propio cuerpo la posibilidad de tomar decisiones con respecto a esa vida, que es un fin en sí misma y que nunca puede ser un objeto de dominio de otro ser humano.
El niño que llega no viene de fuera a añadirse al amor mutuo de los esposos
El hijo reclama nacer del amor, y no de cualquier manera
el Creador hizo al hombre y a la mujer partícipes de la obra de su creación
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