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domingo, 25 de febrero de 2024

El matrimonio es un vínculo que no une únicamente a dos esposos, sino a dos familias

El primer deber que se recuerda a Sara es el de honrar a los suegros. Honrar a los suegros, como explica Gilbert de Tournai, equivale a mostrar una actitud de reverencia hacia ellos, que se traduce en palabras y gestos respetuosos, en actos obsequiosos y en formas concretas de ayuda en caso de necesidad; equivale a evitar toda agresividad, incluso verbal, atenuando con dulzura y benevolencia toda eventual conflictividad. Reverencia, dulzura, sostén; son las mismas formas de respeto que, en relación con los padres, impone el cuarto mandamiento del decálogo (“Honra al padre y a la madre”). Honrar a los suegros equivale incluso a extender a los padres del cónyuge las atenciones debidas a los propios, asimilar a los vínculos de sangre los nuevos lazos que el contrato matrimonial instituye. No es casual, recuerda Jacopo de Varazze, quien recoge en esto la etimología de Isidoro de Sevilla, que el término suegro provenga de una asociación (socer a sociando), en la medida en que indica la particular forma de afiliación que introduce a la esposa del hijo en el ámbito de las nuevas relaciones familiares. Presente también en los Oeconomica, el tema del respeto a los suegros sugiere a los comentaristas reflexiones análogas sobre los lazos de parentesco que el matrimonio instituye. Para Oresme, el amor recíproco que une a los esposos impone a ambos el respeto y el cuidado de los suegros según fórmulas que, al menos en su aspecto exterior, toman forma, cuando no en la profundidad de la relación afectiva, al menos en las obligaciones respecto de los genitores.

En realidad, el matrimonio es un vínculo que no une únicamente a dos esposos, sino a dos familias; la creación de un nuevo núcleo familiar se traduce en la constitución de toda una red de parientes y de alianzas que modifican el panorama social y político de la comunidad. En el nivel ideológico, la conciencia de esta función política del matrimonio está siempre presente con toda claridad. Peraldo, Vincent de Beauvais, Egidio Romano, no dejan de recordar que el matrimonio conserva la paz, apacigua las discordias, sanciona las alianzas; momento de encuentro de grupos familiares. El propio banquete de bodas asume, a los ojos de un predicador atento como Humberto de Romans, la función de momento de agregación de las dos familias y traducción visible del nuevo orden de las alianzas.
En su comentario a los Oeconomica, Alberto de Sajonia observa cómo la concordia y la discordia de los esposos se reflejan inmediatamente en actitudes análogas de todos los amigos respectivos, mientras que el cuidado y la benevolencia dispensados a los amigos y parientes del cónyuge produce también en el seno mismo de la pareja el beneficioso efecto de un aumento de unanimidad y de amor, escribe Georges Duby (1919-1996), profesor del Collège de France y miembro de la Academia francesa. 

domingo, 26 de noviembre de 2023

El amor al prójimo no hace el mal

“El que ama tiene cumplida la otra ley” (Rom., 13, 8). Esta afirmación viene a constituir el centro de gravedad de la parénesis moral de la carta a los Romanos. Añade aclarando; “pues el “no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás” y cualquier otro mandamiento que haya, se recapitulan en esta palabra, “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El amor al prójimo no hace el mal. El amor, pues, es la plenitud de la ley” (Rom., 13, 9-10). En la carta a los Gálatas (5, 14) había también dicho que “la ley entera queda cumplida en una sola palabra, en el “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. "Sed siervos unos de otros por el amor" (Gál., 5, 14). 
Más que con un individualismo egoísta (que reintroduciría una esclavitud de la carne), la libertad se identifica con una actitud solidaria (que puede también ser vista, desde otro ángulo, incluso como servidumbre mutua). Tal es la actitud cristiana, profundamente moral sin necesidad de ley. Continúa con “la ley entera queda cumplida en una sola palabra: en el “amarás a tu prójimo como a ti mismo”” (Gál., 5, 14). Sin duda está pensando, y es lo que da lógica a su lenguaje y a su argumentación, en la espontaneidad propia del amor, frente a la constricción de quien actúa por un mandato externo y en vista de la sanción que lo apoya. Daría san Agustín una versión particularmente fiel en su radicalidad, “ama y haz lo que quieras”.
El conocidísimo himno al amor, una de las páginas más brillantes que contienen las cartas paulinas (1 Cor., 13). La primera y tercera de sus estrofas cantan el valor único del amor; en la primera, manteniendo que cualquier otro valor, sin el amor, es nada; en la tercera, exaltando su eternidad (con la conclusión: Así que esto queda: fe, esperanza, amor, estas tres realidades; y, de ellas, la más valiosa es el amor)
Referencia: Victoria Camps, filósofa española, catedrática emérita de la Universidad de Barcelona. Historia de la Ética 


viernes, 27 de diciembre de 2019

El ser humano tiende a la sociabilidad y a la amistad



El ser humano tiende a la sociabilidad y a la amistad. Estrechamente unido a este anhelo se encuentra el deseo de no gozar del placer y la belleza en solitario, sino en compañía de otros. Cuando se siente el deseo de dejar que los demás participen de la felicidad, se es aún más feliz de hacerles partícipes de ella.


 Jan Dobraczynski 
Jan Dobraczynski en su libro Cartas de Nicodemo escribe: “No hay mandamiento (no mates, no cometas adulterio, no mientas, no robes) que no se volviera necesario si existiera el amor. Un amor así, claro está. Los hombres son malos porque no aman. ¡Si se pudiera enseñarles esto! ¿De qué sirve que el emperador mande ofrecer sacrificios en nombre suyo si el soldado romano nos odia? ¿De qué sirve que los ascarios recojan los impuestos para el Templo, si la masa de los amhaares está dominada por la ira y el odio? Él tiene razón. A la gente hay que enseñarle a amar. ¡Si se pudiera obligarla a ello! ¡Pero no se puede forzar a amar…! Sí, es un pensamiento muy bello… ¡Pero tan ilusorio! ¡No habrá muchas personas en este reino Suyo!”.

sábado, 28 de abril de 2018

A los que proclaman la derrota del cristianismo.

El Sermón de la Montaña
A los que sostienen que el Sermón de la Montaña ya no tiene sentido alguno y proclaman la derrota del cristianismo con la llegada de una era poscristiana, el filósofo alemán Max Scheler les responde que el cristianismo es antiguo sin duda, pero a la vez es joven, y con un gran futuro por delante: “En el centro de esa orientación moral de la vida que llamamos cristiana está el gran mandamiento: “Amarás a Dios con todo el corazón y con toda el alma y al prójimo como a ti mismo”. ¿Qué pensamientos y sentimientos puede tener aquel que, prescindiendo de la historia y de la interpretación de este mandamiento, parte de él y echa una mirada a la miseria del estado actual europeo e incluso a todo el mundo? El sentimiento se llama desesperación, cuanto más literalmente interprete el mandamiento. 

Sin embargo es un
Max Scheler
hecho que la cultura europea tiene raíces cristianas. Es un hecho que la propia Europa se considera cristiana y que, desde hace dos mil años, pretende educar a sus hijos según principios cristianos. En cualquier caso, no se puede aceptar el fracaso del cristianismo en Europa, y Scheler afirma: “Tenemos delante una enorme historia del futuro, y el cristianismo, si se compara con otras instituciones terrenales, es antiguo, sin duda, pero también joven y nuevo para todos aquellos que consiguen entender claramente el esencial sentido duradero de los valores religiosos en relación con los valores culturales”.