Mostrando entradas con la etiqueta predestinación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta predestinación. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de marzo de 2025

Lo que hoy se llama Occidente, es la Cristiandad despojada de la búsqueda del bien, la verdad y la belleza

Reforma protestante
Marcelo Gullo, doctor en ciencia política por la Universidad del Salvador, magíster en relaciones internacionales por el Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales de la Universidad de Ginebra, graduado en estudios internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid cuenta que “con la cristianización de los pueblos germanos allende al Rin, surge la Cristiandad Occidental o la Nueva Cristiandad, porque la Cristiandad vieja era la Cristiandad Oriental, pero es importante subrayar que Cristiandad era el sustantivo y occidental el adjetivo. Es sustancial remarcar que, con la mal llamada reforma protestante, porque en realidad fue una rebelión de los ricos, una rebelión de los nobles alemanes para quedarse con los bienes de la Iglesia, los pueblos que se pasan de bando se quedan con el adjetivo y pierden el sustantivo. Nace así lo que hoy el común de la gente llama Occidente, es decir la Cristiandad despojada de su sustancia que era la búsqueda del bien (el bien común) la verdad y la belleza.
Juan Calvino

Lutero va a predicar que el hombre se salva por la fe, olvidándose que la fe sin obras es una fe muerta. Y Calvino, que sistematiza el luteranismo, va a agregar que Cristo no ha venido a la tierra para salvar a todos los hombres sino a unos pocos. Y cuando en Ginebra sus acólitos le preguntan ¿cómo podemos saber quiénes son esos pocos? Calvino responde que la riqueza es un signo de predestinación. Casi de forma inconsciente el hombre protestante calvinista ya no buscará entonces hacer el bien a través de las obras sino que buscará enriquecerse sin importar el mal que pueda hacer. Es decir, se quedan con la idea de la Libertad, pero reniegan de la idea de Justicia. Ya no buscarán hacer el Bien en este mundo (el Bien Común), la Verdad y la Belleza, sino solo buscarán hacerse ricos. El hombre protestante buscará siempre la libertad como valor supremo, pero será una libertad sin justicia.

domingo, 19 de agosto de 2018

Buscar la felicidad en triviales cosas mundanas es una equivocación.

Las riquezas, el poder y el honor no sirven de nada puesto que tal como llegan, se van. Nadie debería basar su felicidad en unos cimientos tan frágiles. La felicidad ha de provenir de algo más sólido, algo que no te puedan quitar. El filosofo romano Boecio   creía que seguiría viviendo después de la muerte, buscar la felicidad en triviales cosas mundanas era una equivocación. Al fin y al cabo, las perdería todas al morir. Entonces, ¿dónde puede Boecio encontrar la verdadera felicidad? La respuesta de la Filosofía es que la encontrará en Dios o la bondad (que en realidad son la misma cosa). Boecio era cristiano, pero esto no lo menciona en La consolación de la filosofía. El Dios que describe la Filosofía podría ser el de Platón, la pura Forma de la bondad. Lectores posteriores, sin embargo, reconocerían las enseñanzas cristianas acerca de la inutilidad del honor y las riquezas y la importancia de centrarse en satisfacer a Dios.

La Filosofía, la mujer de la celda de Boecio, tiene algunas respuestas. Sí disponemos de libre albedrío, dice ella. Eso no es una ilusión. Aunque Dios sepa lo que vamos a hacer, nuestras vidas no están predestinadas. O para decirlo de otro modo, el conocimiento de Dios de lo que vamos a hacer es distinto a la predestinación (esto es, la idea de que no tenemos elección acerca de lo que vamos a hacer). Todavía podemos elegir lo que vamos a hacer a continuación. El error es pensar en Dios como si fuera un ser humano y contemplara el desarrollo de los acontecimientos de un modo lineal. La Filosofía le explica a Boecio que Dios es atemporal; se encuentra fuera del tiempo. Esto significa que Dios tiene conocimiento de todo en un instante. Ve el pasado, el presente y el futuro a la vez. Los mortales vivimos un acontecimiento detrás de otro, pero no es así como Dios nos ve. La razón por la que éste puede conocer el futuro sin anular nuestro libre albedrío y convertirnos en una especie de máquinas preprogramadas sin poder alguno de decisión es que no nos observa en ningún momento temporal determinado. Lo ve todo de golpe y de un modo atemporal. Y no deberías olvidar, le dice la Filosofía a Boecio, que Dios juzga a los seres humanos por cómo se comportan y por las elecciones que toman, aunque sepa de antemano lo que van a hacer. Si Dios existe y la Filosofía tiene razón, sabe exactamente cuándo voy a terminar esta frase; sin embargo, todavía depende de mi libre albedrío terminar justo aquí.

sábado, 4 de noviembre de 2017

La negación del libre albedrío conduce a afirmar la predestinación.


Los reformadores han llegado a la justificación por la fe por el camino de la “desesperación”, escribe el profesor Jean Delumeau. Una conciencia lúcida y exigente no puede por menos que sentirse “traspasada”, es Lutero quien habla, ante el número y la gravedad de sus pecados. En comparación con estas faltas, las buenas obras “desaparecen como un soplo”.

La negación del libre albedrío es fundamental para Lutero y para Calvino. “Sin duda, escribe el primero, en el terreno natural el libre albedrío sigue siendo una realidad. Nosotros podemos decidirnos a comer, a beber, a engendrar, a mandar”, pero “en el terreno de la gracia no es nada, menos que nada”. Los Artículos de Smalkalda, por su parte, condenan a los que creen que “el hombre posee un libre albedrío para hacer el bien y abstenerse del mal o, inversamente, abstenerse del bien y hacer el mal”. La negación del libre albedrío conduce, lógicamente, a afirmar la predestinación.