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jueves, 22 de agosto de 2019

El Escorial no estuvo planeado para ser un palacio


El Escorial no estuvo planeado para ser un palacio, puesto que Felipe II ya tenía muchos. No desempeñó ningún papel en sus planes vitales hasta más de una década después de iniciado su reinado, El resto de sus residencias,, le eran muy queridas y pasó tanto o más tiempo en ellas como en el Escorial. Sería un error imaginar que el Escorial constituía la encarnación de sus aspiraciones.


Una lectura de la Carta de Fundación de 1567 permite clarificar las motivaciones de Felipe II respecto del Escorial. Si la leemos asumiendo que el rey, siempre muy ordenado en sus pensamientos, actuó paso a paso, resulta evidente que los éxitos militares ocuparon un lugar secundario entre aquellas. El motivo principal, al cual el rey otorga preeminencia, era la necesidad de garantizar a su padre un lugar de reposo digno de él. Este era el propósito para la construcción del monasterio. El papel de los frailes era el de rogar permanentemente por el reposo del alma del emperador y, además, por la de otros miembros de la familia real. La intención principal era, por tanto el deseo de crear un mausoleo familiar, una extensión del concepto de panteón. Todo lo demás era secundario. Si existía un sentimiento verdaderamente intenso en el alma de Felipe II, era su devoción por el recuerdo de su madre y de su padre.Es muy probable que a partir del mismo instante en que murió su padre, en 1558, Felipe decidiera resolver la cuestión acerca del lugar de reposo final del emperador.


sábado, 5 de mayo de 2018

En cada línea de los escritos de Fourier se adivina el alma enferma de un hombre.

Ludwig von Mises manifiesta que si la sexualidad es para el hombre fuente de la mayor felicidad, puede tornarse igualmente en origen de dolor y, finalmente, su desaparición revela al que envejece el destino efímero a que está sometido todo lo que es humano. Al ofrecerse a veces al hombre y otras veces al rehusársele, la sexualidad parece jugar con él, al darle sucesivamente felicidad o miseria y no dejarle jamás en reposo.

 François Marie Charles Fourier

François Marie Charles Fourier fue víctima de una psicosis grave. En cada línea de sus escritos se adivina el alma enferma de un hombre cuya vida sexual estaba enteramente desordenada. Es lamentable que no se haya estudiado hasta ahora su vida con los métodos que nos permite el psicoanálisis. Si sus obras, impregnadas de la demencia más absurda, han encontrado gran difusión y la aprobación más completa, lo deben precisamente a la imaginación enfermiza que pinta con voluptuosa insistencia los goces del amor que esperan a la humanidad en el paraíso del falansterio.

viernes, 28 de abril de 2017

Cuando el biopoder se cruza con la lógica del consumo.

Millones de niños considerados hiperactivos o agresivos son tranquilizados todos los días con dosis variadas de Ritalina, mientras otros millones de personas en todo el mundo logran huir de la angustia de la depresión ingiriendo píldoras de Prozac o productos similares, y muchos más todavía intentan calmar la ansiedad con píldoras de Rivotril o equivalentes. Además, los especialistas calculan que alrededor del 15% de la población mundial sufre de un nuevo mal, la compulsión al consumo, cuyos síntomas pueden controlarse con un remedio llamado Citalopram. Los números y algunos cuadros clínicos evocan de manera inquietante la droga “soma”, aquella que los ciudadanos de Un mundo feliz de Aldous Huxley tomaban regularmente para permanecer felices, en reposo y políticamente pasivos. Y remiten también a los dispositivos del tipo diala-mood, aparatos administradores del estado de ánimo que proliferan en la ciencia ficción desde que el escritor Philip Dick los presentara en la novela inspiradora de la película Blade Runner. Las nuevas drogas, tan emblemáticas de la contemporaneidad, podrían verse como una variante de esos dispositivos programadores del alma. No es casual que estén generando enormes lucros para la industria farmacéutica y sigan seduciendo al público mundial, aunque todavía persista una sorda polémica. Esos medicamentos se usan, en muchos casos y de manera creciente, para tratar cuadros que no son patológicos sino normales, aunque considerados deficitarios o insuficientes.

El investigador del área genética,Dean Hamer,
Dean Hamer
pregunta: “¿Por qué no usar una droga con efectos en el comportamiento para mejorar los estados de ánimo? ¿Por qué soportar la melancolía, si tiene remedio? ¿Por qué tratar sólo los síntomas, si se puede arreglar la causa?”. Renovar el aspecto físico, serenar los espíritus, mejorar el humor, apaciguar eventuales criminales; en todos esos casos, ¿de qué se trata? ¿De buscar la normalidad? ¿De curar enfermedades? “Pronto poseeremos la tecnología que nos permitirá criar personas menos violentas o gente curada de su propensión hacia la conducta criminal”, avisa  el  politólogo estadounidense Fukuyama. Al redefinir los criterios de normalidad,en un contexto en el cual el biopoder se cruza con la lógica del consumo y adquiere una nueva dinámica asociada al mercado, la enfermedad también se redefine; es un error en la programación que debe ser corregido para reactivar la salud del alma y del cuerpo, tanto individuales como colectivos. Ya no es necesario identificar un origen patológico para los síntomas: basta apenas verificar su distancia con respecto al modelo considerado normal, afirma la escritora argentina Paula Sibilia.

viernes, 24 de junio de 2016

Acedia.

Acedia es sinónimo de pereza. Es la indolencia de la mente que el diccionario define como falta de ganas de moverse, de voluntad para trabajar, de ánimo o de impulso. Es lo que los benedictinos llaman demonio del mediodía, el espíritu del aletargamiento que ha tentado a tantos monjes a pasar las horas sin hacer nada en lugar de dedicarse a la labor espiritual.

Neurólogo Marcus Raichle
Hoy podría pasar por trastorno por déficit de atención, tendencia a la distractibilidad, poco azúcar en sangre o cualquier otra etiqueta que elijamos para esta molesta y persistente incapacidad de centrarnos en lo que debemos hacer. Con independencia de que la consideremos un pecado, una tentación, un hábito mental o una enfermedad, la cuestión es la misma: ¿por qué cuesta tanto prestar atención? No es necesariamente por culpa nuestra. Como descubrió el neurólogo Marcus Raichle, la mente está hecha para vagar. 


Vagar es su estado natural. Siempre que los pensamientos se suspenden entre actividades concretas dirigidas a objetivos, el cerebro vuelve a un estado de reposo, aunque no debemos dejar que esta palabra nos engañe, porque el cerebro no reposa nunca. Al contrario, mantiene una actividad tónica en lo que hoy recibe el nombre de “red del modo por defecto” o RMD, que se extiende por la corteza cingulada posterior, los precuneos adyacentes y la corteza prefrontal medial. Esta activación de línea base indica que el cerebro reúne información constantemente tanto del mundo exterior como de los estados internos y, más aún, que supervisa toda esta información en busca de indicios de algo digno de atención. Y si bien este estado de alerta podría ser útil desde el punto de vista de la evolución porque nos permite detectar posibles depredadores, pensar en abstracto y planificar, también significa algo más: que la mente está hecha para vagar, que su estado natural es ese, que cualquier otra cosa exige un acto de voluntad.

pereza

La mente está hecha para vagar.