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lunes, 24 de agosto de 2026

La compasión que está dispuesta a compartir un sufrimiento


La compasión, pero no de cualquier forma de compasión, sino de la que Stefan Zweig describía en el comienzo de su espléndida novela Impaciencia del corazón.“Existen dos clases de compasión.Una cobarde y sentimental que, en verdad, no es más que la impaciencia del corazón por librarse lo antes posible de la emoción molesta que causa la desgracia ajena, aquella compasión que no es compasión verdadera, sino una forma instintiva de ahuyentar la pena extraña del alma propia. La otra, la única que importa, es la compasión no sentimental pero productiva, la que sabe lo que quiere y está dispuesta a compartir un sufrimiento hasta el límite de sus fuerzas y aún más allá de ese límite.”


miércoles, 11 de diciembre de 2024

La manipulación de masas

Las leyes que promocionan y protegen la cultura de la muerte siempre hacen uso de la misma técnica. Se inicia con un planteamiento sentimental anulando la razón y se termina convirtiéndolo en un derecho que cancela el debate.
La mayor propagación de las ideas se hace desde los medios audiovisuales, contado en forma de historias, es decir, crean opinión desde la ficción. La manipulación de masas es un fenómeno que el poder político ha utilizado a lo largo de la historia. Nuestros tiempos no iban a ser una excepción, y la televisión, unida al fenómeno de las redes sociales y las masas de acoso, han conformado un tridente mortífero contra la verdad.

lunes, 7 de octubre de 2019

El pueblo francés es un pueblo de la inmanencia



Emil Cioran, filósofo rumano, cuenta que “en el siglo XVIII, Francia llevaba la batuta en Europa. Desde entonces, no ha ejercido ya otra cosa que su influencia. El simbolismo, el impresionismo, el liberalismo son sus últimos contactos vitales con el mundo, antes de hundirse en una ausencia fatal. El pueblo francés es un pueblo de la inmanencia, que creó el género inimitable de los detalles sutiles y reveladores de la existencia en el mundo, el ornamento. Nada hay más francés que un tapiz, un mueble, un encaje o, en el plano arquitectónico, una casa solariega o un palacete”.

“El miedo a perderse por cualquier exceso ha enquistado a los franceses en una rigidez afectiva. ¿Existe un pueblo menos sentimental? El corazón del francés sólo se enternece con los cumplidos bien formulados. Su vanidad es inmensa, hasta el punto de que lisonjearla puede volverlo incluso sentimental… En general, está capacitado para la intimidad, pero no para la soledad.Tal vez sea el único pueblo de Europa que no conoce la nostalgia, que es una forma de la falta de plenitud sentimental infinita. Además, carece de música folclórica también, que sólo se encuentra en el Sur (País Vasco, Provenza, por influencia española e italiana)”.
Batalla de Berezina
“En dos ocasiones alcanzó la grandeza; en la época de la construcción de las catedrales y en la de Napoleón, es decir, en dos momentos ajenos a su genio específico. Las catedrales y Napoleón, ¡nada hay menos francés imaginable! No obstante, el pueblo vibró, cargó con las losas en la Edad Media y cayó a los pies de las Pirámides o en el Berezina. Los franceses crearon el estilo gótico, de esencia germánica, y en el plano militar siguieron al último representante del Renacimiento italiano. Así, se superaron en dos ocasiones; superaron su consumada perfección mediante el contacto con dos inspiraciones de naturaleza extranjera. En la creación gótica salpicó la sangre de los francos, el elemento germánico; en las campañas napoleónicas, el genio mediterráneo de las expediciones. Fuera de esos momentos, Francia se ha contentado consigo misma; ni lenguas extranjeras ni importaciones de cultura ni curiosidades inspiradas por el mundo”.