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domingo, 1 de junio de 2025

Es inteligente el hombre industrioso, fértil en recursos, como llamó Homero a Odiseo

Si se dice que Aquiles es al mismo tiempo el más afortunado y el más desdichado de los hombres, tal proposición es absurda para la ciencia, pero la antinomia se deshace si se despliega en una relación de antes-después (afortunado en Esciros, desdichado en Troya)o si comprendemos, como da a entender su mito, que la negatividad de morir joven le proporciona  paradójicamente la gran gloria de ser el mejor de todos los griegos, escribe el filósofo Javier Gomá. 
Y añade Gomá que es inteligente el hombre industrioso, “fértil en recursos”, como llamó Homero a Odiseo. La inteligencia es la facultad de identificar los instrumentos más adecuados para conseguir un fin previamente dado y de usarlos con habilidad y eficacia.El científico y el empresario son dos de los paradigmas más acabados del hombre inteligente. El científico descubre leyes en la naturaleza que luego la tecnología aprovecha para su tarea de innovar; el empresario combina recursos materiales y fuerza del trabajo para suministrar productos al mercado; las innovaciones tecnológicas y las mercancías satisfacen los deseos humanos. Como el corazón no deja nunca de desear, los hombres inteligentes son los agentes principales del progreso de la civilización.

viernes, 29 de noviembre de 2024

El agente de policía que mediante un toque de silbato ordena a un automovilista detenerse crea una norma jurídica individual

El agente de policía que mediante un toque de silbato ordena a un automovilista detenerse crea una norma jurídica individual. La ley que prescribe al tribunal de policía imponer una multa al automovilista que no se ha sometido a las órdenes de un agente de policía, es una norma general, cualquiera sea la forma gramatical bajo la cual se presente. Hasta lo que se llama el juicio de un tribunal no es un verdadero juicio en el sentido lógico de esta palabra. Es una norma jurídica que prescribe una conducta determinada a los individuos a los cuales se dirige. La situación es diferente cuando un jurista, describiendo el derecho relativo a la circulación de los automóviles, formula una proposición que dice: “Si un automovilista no obedece las órdenes de un agente de policía, un tribunal de policía debe aplicarle una multa”. Esta proposición es un verdadero juicio hipotético; no se trata de una norma jurídica, sino de una regla de derecho. Si el automovilista llamado a comparecer ante el tribunal consulta a un abogado, este le dirá: “Si usted no ha obedecido al agente de policía, el tribunal le debe aplicar una multa”. El abogado enunciará así una regla de derecho, pues su función no es la de dictar normas jurídicas, sino solamente conocer las que se encuentran en vigor. Podemos, pues, afirmar simultáneamente que las reglas de derecho son juicios formulados por la ciencia jurídica y que el objeto de esta ciencia está constituido por normas jurídicas. No hay aquí ninguna contradicción. Sin duda puede considerarse que las normas creadas y aplicadas en el cuadro de un orden jurídico no tienen el carácter de normas jurídicas en tanto no sean reconocidas por la ciencia del derecho. Corresponderá entonces a esta ciencia atribuir a ciertos actos la significación objetiva de normas jurídicas. Pero esto no nos impide afirmar que las normas jurídicas forman el objeto de la ciencia del derecho o, lo que es lo mismo, que el derecho es un sistema de normas. Tal definición se ajusta perfectamente a la teoría de Kant, para quien el conocimiento constituye o crea su objeto, dado que aquí se trata de una creación epistemológica y no de una creación por el trabajo del hombre, en el sentido en que se dice que el legislador crea una ley. De la misma manera los fenómenos naturales que forman el objeto de las ciencias causales no son creados por ellas sino en un sentido puramente epistemológica. Podría objetarse que la regla de derecho formulada por la ciencia jurídica es una repetición superflua de la norma jurídica, ya que se limita a reproducir el contenido. En los hechos esta reproducción es tan poco superflua como la acción de un pianista ejecutando una sonata. Este despliega una actividad creadora aunque sea totalmente diferente de la del compositor. Decimos, que interpreta la sonata. Pues bien, esta es exactamente la tarea del jurista respecto de la obra del legislador.
Referencia: Teoría pura del derecho (Hans Kelsen)

viernes, 16 de junio de 2017

La esencia de lo bueno.


Schlick dice que la ética teológica contiene dos concepciones de la esencia de lo bueno. Según la interpretación más superficial, lo bueno lo es porque Dios lo quiere así; de acuerdo con la interpretación más profunda, Dios quiere lo bueno porque es bueno. 

Ludwig Wittgenstein considera que la primera concepción es la más profunda, lo bueno es lo que Dios manda. Esto corta el camino a toda explicación de “por qué” es bueno, mientras que la segunda concepción es precisamente la superficial, la racionalista, que procede como si lo que es bueno todavía se pudiera fundamentar. La primera concepción afirma claramente que la esencia de lo bueno no tiene nada que ver con los hechos y que, por consiguiente, no puede explicarse mediante proposición alguna. Si alguna proposición expresa precisamente lo que quiere decir Wittgenstein es: lo bueno es lo que Dios manda.


jueves, 6 de octubre de 2016

Cuando pensamos de una manera automática, la mente acepta todo lo que le llegue.

Cuando pensamos de una manera natural, automática, la mente está preprogramada para aceptar todo lo que le llegue. Primero creemos, y si dudamos lo hacemos después. Dicho de otro modo, es como si, de entrada, el cerebro viera el mundo como un test del tipo verdadero/falso donde la respuesta por defecto siempre es verdadero. No hace falta esfuerzo alguno para seguir dándolo todo por verdadero, pero pasar a darlo por falso exige vigilancia, tiempo y energía.

Maria Konnikova
Cuando la mente se enfrenta a muchas exigencias al mismo tiempo no puede abarcarlas todas y el proceso de verificación es una de las primeras cosas de las que prescinde, dice la escritora Maria Konnikova. Cuando sucede esto nos quedamos con creencias sin comprobar y más adelante las podemos recordar como verdaderas cuando en realidad son falsas.

recuerdo

Si realmente queremos recordar algo deberemos dedicarle una atención especial, decirnos a nosotros mismos “quiero acordarme de esto” y, si es posible, solidificar el recuerdo cuanto antes hablando de él con otra persona (y si no hay nadie a quien contarlo lo repasamos mentalmente varias veces: la cuestión es repetirlo para que se consolide). Y esta consolidación aún será más firme si manipulamos el recuerdo, si jugueteamos con él en el sentido de hacer que cobre vida mediante palabras y gestos.
Daniel Gilbert

La teoría del psicólogo Daniel Gilbert, según la cual creemos lo que vemos, pero llevada más lejos: creemos lo que queremos ver y lo que nuestro desván decide ver, el cerebro codifica esta creencia en lugar de los hechos, y luego creemos que hemos visto un hecho objetivo cuando, en realidad, lo que recordamos no es más que nuestra percepción limitada en ese momento dado. Olvidamos separar la situación objetiva de su interpretación subjetiva.

Francis Bacon
Como dijo el filósofo Francis Bacon, “una vez expresada y establecida una proposición, el entendimiento humano fuerza todo lo demás para añadirle apoyo y confirmación”. La plena objetividad no se puede lograr, pero debemos ser conscientes de hasta qué punto nos podemos desviar para poder obtener una imagen global de una situación dada. Fijar unos objetivos de antemano con la mayor claridad nos ayuda a dirigir adecuadamente nuestra atención. Pero eso no debe ser excusa para reinterpretar unos hechos objetivos con el fin de que encajen con lo que queremos o esperamos ver. La observación y la deducción son dos pasos separados y distintos: en realidad, ni siquiera van uno detrás del otro.

Vemos, juzgamos, y ya no le damos más vueltas. Cuando describimos a una persona, un objeto, una escena, una situación o una interacción, casi nunca los vemos como simples entidades objetivas, carentes de valor. Y casi nunca consideramos esta distinción porque casi siempre carece de importancia. Hay pocas mentes que hayan aprendido a separar los hechos objetivos de la interpretación inmediata, inconsciente, automática y subjetiva que sigue después.


observar
Pero cada vez que nos encontremos haciendo un juicio inmediatamente después de observar, y aunque no creamos que lo estemos haciendo y todo parezca tener sentido, hagamos un alto y digámonos: Puede haber algún fallo en mi interpretación. Volvamos luego a exponerla desde el principio y de una manera diferente. En voz alta o por escrito, no mentalmente. Así podremos evitar muchos errores de percepción.

Cuando la mente se enfrenta a muchas exigencias al mismo tiempo no puede abarcarlas todas y el proceso de verificación es una de las primeras cosas de las que prescinde

creemos lo que queremos ver y lo que nuestro desván decide ver