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martes, 14 de junio de 2022

Necesitamos la serenidad para poder actuar con inteligencia

Sólo la persona serena puede enfrentarse adecuada y eficazmente a las tareas, compromisos y obligaciones que la vida trae consigo. Necesitamos la serenidad decía Josemaría Escrivá para “poder actuar con inteligencia: quien conserva la calma está en condiciones de pensar, de estudiar los pros y los contras, de examinar juiciosamente los resultados de las acciones previstas. Y después, sosegadamente, interviene con decisión”. En otras palabras,“necesitamos de la serenidad de la mente, para no ser esclavos de nuestros nervios o víctimas de nuestra imaginación; necesitamos de la serenidad del corazón, para no vernos consumidos por la ansiedad ni por la angustia; necesitamos también de la serenidad en nuestra acción, para evitar oscurecimientos superficiales e inútiles derroches de nuestras fuerzas”. La persona serena posee la capacidad para ser objetiva y concreta, para analizar los problemas y sintetizar las posibles soluciones, para tener visión tanto del conjunto como de los detalles.

martes, 15 de agosto de 2017

Una verdad que no sea universalmente válida representa un sinsentido.

Johannes Hessen 
El subjetivismo y el relativismo juzgan que no hay ninguna verdad universalmente válida; pero en esto hay una contradicción. Johannes Hessen manifiesta que una verdad que no sea universalmente válida representa un sinsentido. La validez universal de la verdad está fundada en la esencia de la misma. La verdad significa la concordancia del juicio con la realidad objetiva. Si existe esta concordancia, no tiene sentido limitarla a un número determinado de individuos. Si existe, existe para todos. El dilema es que el juicio es falso, y entonces no es válido para nadie, o es verdadero, y entonces es válido para todos, es universalmente válido. Quien mantenga el concepto de la verdad y afirme, sin embargo, que no hay ninguna verdad universalmente válida, se contradice a sí mismo.

El subjetivismo se contradice también a sí mismo,
subjetivismo
pretendiendo de hecho una validez más que subjetiva para su juicio: “Toda verdad es subjetiva”. Cuando formula este juicio, no piensa ciertamente: “Sólo es válido para mí, para los demás no tiene validez”. Si otro le repusiese: “Con el mismo derecho con que tú dices que toda verdad es subjetiva, digo yo que toda verdad es universalmente válida”, seguramente no estaría de acuerdo con esto. Ello prueba que atribuye efectivamente a su juicio una validez universal. Y lo hace así, porque está convencido de que su juicio acierta en la cosa, reproduce una situación objetiva. De este modo supone prácticamente la validez universal de la verdad que niega teóricamente. Lo mismo pasa con el relativismo. Cuando el relativista sienta la tesis de que toda verdad es relativa, está convencido de que esta tesis reproduce una situación objetiva y es, por ende, válida para todos los sujetos pensantes. Cuando Spengler, por ejemplo, formula la proposición anteriormente citada: “Sólo hay 
verdades en relación a una humanidad determinada”, pretende dar expresión a una situación objetiva, que debe reconocer todo hombre racional. Supongamos que alguien le repusiese: “Con arreglo a tus propios principios, este juicio sólo es válido para el círculo de la cultura occidental. Pero yo procedo de un círculo cultural completamente 
toda verdad es universalmente valida
distinto. Siguiendo el invencible impulso de mi pensamiento, tengo que oponer a tu juicio este otro, toda verdad es absoluta. Con arreglo a tus propios principios, este juicio se halla tan plenamente justificado como el tuyo. Por ende, me dispenso en lo futuro de tus juicios, que sólo son válidos para los hombres del círculo de la cultura occidental”. Si alguien hablase así, Spengler protestaría con todas sus fuerzas. Pero la consecuencia lógica no estaría de su parte, sino de la de su contrario, dice Hessen.


jueves, 6 de octubre de 2016

Cuando pensamos de una manera automática, la mente acepta todo lo que le llegue.

Cuando pensamos de una manera natural, automática, la mente está preprogramada para aceptar todo lo que le llegue. Primero creemos, y si dudamos lo hacemos después. Dicho de otro modo, es como si, de entrada, el cerebro viera el mundo como un test del tipo verdadero/falso donde la respuesta por defecto siempre es verdadero. No hace falta esfuerzo alguno para seguir dándolo todo por verdadero, pero pasar a darlo por falso exige vigilancia, tiempo y energía.

Maria Konnikova
Cuando la mente se enfrenta a muchas exigencias al mismo tiempo no puede abarcarlas todas y el proceso de verificación es una de las primeras cosas de las que prescinde, dice la escritora Maria Konnikova. Cuando sucede esto nos quedamos con creencias sin comprobar y más adelante las podemos recordar como verdaderas cuando en realidad son falsas.

recuerdo

Si realmente queremos recordar algo deberemos dedicarle una atención especial, decirnos a nosotros mismos “quiero acordarme de esto” y, si es posible, solidificar el recuerdo cuanto antes hablando de él con otra persona (y si no hay nadie a quien contarlo lo repasamos mentalmente varias veces: la cuestión es repetirlo para que se consolide). Y esta consolidación aún será más firme si manipulamos el recuerdo, si jugueteamos con él en el sentido de hacer que cobre vida mediante palabras y gestos.
Daniel Gilbert

La teoría del psicólogo Daniel Gilbert, según la cual creemos lo que vemos, pero llevada más lejos: creemos lo que queremos ver y lo que nuestro desván decide ver, el cerebro codifica esta creencia en lugar de los hechos, y luego creemos que hemos visto un hecho objetivo cuando, en realidad, lo que recordamos no es más que nuestra percepción limitada en ese momento dado. Olvidamos separar la situación objetiva de su interpretación subjetiva.

Francis Bacon
Como dijo el filósofo Francis Bacon, “una vez expresada y establecida una proposición, el entendimiento humano fuerza todo lo demás para añadirle apoyo y confirmación”. La plena objetividad no se puede lograr, pero debemos ser conscientes de hasta qué punto nos podemos desviar para poder obtener una imagen global de una situación dada. Fijar unos objetivos de antemano con la mayor claridad nos ayuda a dirigir adecuadamente nuestra atención. Pero eso no debe ser excusa para reinterpretar unos hechos objetivos con el fin de que encajen con lo que queremos o esperamos ver. La observación y la deducción son dos pasos separados y distintos: en realidad, ni siquiera van uno detrás del otro.

Vemos, juzgamos, y ya no le damos más vueltas. Cuando describimos a una persona, un objeto, una escena, una situación o una interacción, casi nunca los vemos como simples entidades objetivas, carentes de valor. Y casi nunca consideramos esta distinción porque casi siempre carece de importancia. Hay pocas mentes que hayan aprendido a separar los hechos objetivos de la interpretación inmediata, inconsciente, automática y subjetiva que sigue después.


observar
Pero cada vez que nos encontremos haciendo un juicio inmediatamente después de observar, y aunque no creamos que lo estemos haciendo y todo parezca tener sentido, hagamos un alto y digámonos: Puede haber algún fallo en mi interpretación. Volvamos luego a exponerla desde el principio y de una manera diferente. En voz alta o por escrito, no mentalmente. Así podremos evitar muchos errores de percepción.

Cuando la mente se enfrenta a muchas exigencias al mismo tiempo no puede abarcarlas todas y el proceso de verificación es una de las primeras cosas de las que prescinde

creemos lo que queremos ver y lo que nuestro desván decide ver