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lunes, 25 de mayo de 2026

La música de las palabras

El arte es sólo forma, cuando contemplamos un cuadro vemos lienzo, líneas y colores; en la música oímos sonidos y silencios; en la danza hay movimiento, y en la poesía, palabras. Nada más. El arte se produce por una determinada combinación de estos elementos formales, donde el contenido, el significado, o el fondo, como quiera llamársele, logra expresarse a plenitud. Es la forma la que separa a la poesía, del lenguaje común, es la forma la que da hondura y vastedad a la emoción que uno quiere comunicar con las palabras. Dice el poeta: Corrientes aguas, puras, cristalinas, verde prado de fresca sombra lleno… Y la poesía no está en lo que dice, sino en cómo lo dice; gracias a esta determinada manera de decirlo, lo que dice se nos vuelve transparente, las orejas se alegran con la música de las palabras, y el corazón se llena de suavidades y frescuras, escribe Ethel Krauze.
Todos los caminos llegan a la poesía, si se sabe caminarlos con devoción. Todo es válido, no hay antigüedad o vanguardia, no hay cánones ni modas, tanto canta Homero como Góngora como Lugones como Baudelaire y como Eliot, y como tú, si cantas con tu propio son.

martes, 15 de agosto de 2017

Una verdad que no sea universalmente válida representa un sinsentido.

Johannes Hessen 
El subjetivismo y el relativismo juzgan que no hay ninguna verdad universalmente válida; pero en esto hay una contradicción. Johannes Hessen manifiesta que una verdad que no sea universalmente válida representa un sinsentido. La validez universal de la verdad está fundada en la esencia de la misma. La verdad significa la concordancia del juicio con la realidad objetiva. Si existe esta concordancia, no tiene sentido limitarla a un número determinado de individuos. Si existe, existe para todos. El dilema es que el juicio es falso, y entonces no es válido para nadie, o es verdadero, y entonces es válido para todos, es universalmente válido. Quien mantenga el concepto de la verdad y afirme, sin embargo, que no hay ninguna verdad universalmente válida, se contradice a sí mismo.

El subjetivismo se contradice también a sí mismo,
subjetivismo
pretendiendo de hecho una validez más que subjetiva para su juicio: “Toda verdad es subjetiva”. Cuando formula este juicio, no piensa ciertamente: “Sólo es válido para mí, para los demás no tiene validez”. Si otro le repusiese: “Con el mismo derecho con que tú dices que toda verdad es subjetiva, digo yo que toda verdad es universalmente válida”, seguramente no estaría de acuerdo con esto. Ello prueba que atribuye efectivamente a su juicio una validez universal. Y lo hace así, porque está convencido de que su juicio acierta en la cosa, reproduce una situación objetiva. De este modo supone prácticamente la validez universal de la verdad que niega teóricamente. Lo mismo pasa con el relativismo. Cuando el relativista sienta la tesis de que toda verdad es relativa, está convencido de que esta tesis reproduce una situación objetiva y es, por ende, válida para todos los sujetos pensantes. Cuando Spengler, por ejemplo, formula la proposición anteriormente citada: “Sólo hay 
verdades en relación a una humanidad determinada”, pretende dar expresión a una situación objetiva, que debe reconocer todo hombre racional. Supongamos que alguien le repusiese: “Con arreglo a tus propios principios, este juicio sólo es válido para el círculo de la cultura occidental. Pero yo procedo de un círculo cultural completamente 
toda verdad es universalmente valida
distinto. Siguiendo el invencible impulso de mi pensamiento, tengo que oponer a tu juicio este otro, toda verdad es absoluta. Con arreglo a tus propios principios, este juicio se halla tan plenamente justificado como el tuyo. Por ende, me dispenso en lo futuro de tus juicios, que sólo son válidos para los hombres del círculo de la cultura occidental”. Si alguien hablase así, Spengler protestaría con todas sus fuerzas. Pero la consecuencia lógica no estaría de su parte, sino de la de su contrario, dice Hessen.