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lunes, 2 de marzo de 2026

Lo que un hombre es, lo que hace y lo que posee constituyen una unidad

Aprovechando la agitación social causada por las dos guerras mundiales y la Gran Depresión que sobrevino entre ambas, demagogos de muchas partes del mundo enarbolaron consignas socialistas para justificar la expropiación o subordinación de la propiedad privada al Estado. Dondequiera que han triunfado, la supervivencia económica de la población ha quedado supeditada, en gran medida, a la buena voluntad de sus gobernantes. Esto sucedió bajo el comunismo en Rusia y en China, así como en la Alemania nacionalsocialista y en sus diversos imitadores en todo el planeta. Su resultado fue la pérdida de la libertad y una matanza de proporciones inéditas hasta entonces. Las masacres fueron legitimadas por doctrinas políticas de nuevo tipo que exigían la “liquidación” física de categorías enteras de personas clasificadas como pertenecientes a una “mala” clase social, raza o grupo étnico. La violación simultánea de los derechos sobre la propiedad y la destrucción de vidas humanas no fue una mera coincidencia porque lo que un hombre es, lo que hace y lo que posee constituyen una unidad, de modo que una agresión contra sus pertenencias es una agresión contra su individualidad y su derecho a la vida.
La ciudadanía carecía de iniciativa privada para producir más allá del mínimo, ya que sus necesidades básicas estaban garantizadas, mientras que de hacer algo más no serían recompensados significativamente, y en cambio sí podrían sufrir castigos tales como mayores cuotas de producción. Pero si, pese a todas estas medidas desalentadoras, un ciudadano soviético demostraba iniciativa empresarial, era mal visto por el aparato burocrático cuyo interés era justamente paralizar tales iniciativas. De este modo la concentración de todos los recursos económicos en manos del Estado minó los cimientos de la ética laboral e impidió la innovación. Lejos de hacer de la economía comunista la más eficiente del mundo, como una vez habían soñado los bolcheviques, el monopolio estatal sobre los recursos productivos la volvió rígida y letárgica. El régimen murió de anemia. La eliminación de la propiedad privada, perseguida con celo fanático y a la vez apoyada en beneficio de la elite gobernante, provocó la atrofia de la personalidad, principal motor del progreso. Lo inevitable de un desenlace semejante había sido previsto desde mucho antes de que el comunismo se pusiera en práctica. David Hume, a finales del siglo XVIII, predijo el resultado de los intentos por imponer una “igualdad perfecta”: Distribuyan posesiones para una total igualdad y los diversos grados de arte, cuidado e industria de los hombres romperán inmediatamente esta equidad. O si ponéis freno a estas virtudes, reduciréis la sociedad a la más extrema indigencia; y, en lugar de evitar la miseria y la mendicidad en unos pocos, las distribuiréis inevitablemente a toda la comunidad.

domingo, 3 de marzo de 2024

El poder, en todos los tiempos y consciente de ello, ha utilizado la historia para justificarse

Cuenta el profesor José Luis Corral, catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Zaragoza, que la Historia (con mayúscula, como disciplina) es un arma ideológica formidable. Pero también una disciplina propicia para la interpretación, la manipulación y la tergiversación. Y el poder, en todos los tiempos y consciente de ello, la ha utilizado para justificarse. De ahí que quien lo ejerce, en cualquier época, se sirve de la Historia para defender sus posiciones del presente. Cuando los hechos del pasado no concuerdan con las ideas del ahora, el poder los manipula, los tergiversa o, simplemente, los cambia. Y si no puede aportar datos contundentes, entonces inventa mitos y leyendas, consciente de que son mucho más atractivos para el imaginario colectivo que la historia (con minúscula, como hechos del pasado).
Proyectar ideas actuales sobre el pasado para legitimar una determinada posición política o ideológica ha sido norma frecuente.

jueves, 13 de septiembre de 2018

El dinero de occidente solo ha ayudado a mantener tiranos en Africa.

¿Se puede imaginar cuánto dinero ha regalado occidente a África en los últimos cincuenta años? Aproximadamente la cifra supera el billón de dólares. Es una media de unos 20 mil millones anuales que salen de nuestros bolsillos. ¿Y qué hemos conseguido con tales medidas? Muchos países africanos siguen sobreviviendo con un dólar al día y están entre los más pobres del mundo. Cualquier persona con un poco de análisis crítico ha de darse cuenta que algo no funciona. Si una medida no ha resultado en los últimos cincuenta años, no empezará a funcionar ahora por arte de magia. El dinero que le han sacado a usted, dice Jorge Valín,
Mobutu Sese Seko

no solo es como si los políticos lo hubiesen quemado, sino que ha contribuido a matar a niños, mujeres, empobrecer a familias y a legitimar a dictadores en el Poder. Desde 1970 hasta 1998, y tras décadas de ayudas de los países ricos, África pasó de un nivel del pobreza del 11 por ciento hasta el asombroso 66 por ciento. Mobutu Sese Seko, anterior presidente de Zaire, desvió en su mandato entre cuatro y cinco mil millones de dólares a cuentas suizas.

El dinero de occidente solo ha ayudado a mantener a estos
tiranos. Según el Polity IV database, África es el continente con más regímenes autocráticos del mundo. De hecho, y según el Democracy Index de 2011 realizado por The Economist, en la África sub-sahariana hay el mayor número de regímenes autoritarios del globo. Debido a esta lluvia constante de dinero, África ha cambiado la figura del empresario privado por el del político. La mejor forma de hacerse rico en África no es construyendo una empresa que suministre productos y servicios a las personas, sino la política.

viernes, 6 de octubre de 2017

Teoría de la recepción.

Las ideologías no sólo son producidas y consumidas, y que su consumo no es idéntico por parte de todo el mundo. Las ideologías son interpretadas y comprendidas de muy diversas maneras por las poblaciones a las que van dirigidas. Sabemos que las lecturas de la Constitución Americana en relación con la igualdad de amparo por la ley, en sentido abstracto uno de los pilares de la noción liberal del gobierno de la ley, han cambiado considerablemente a lo largo del tiempo. Una de estas lecturas sirvió para legitimar el principio de “iguales pero separados” que justificó la segregación de la población negra respecto de la blanca.
Una lectura posterior exigió la integración de estas dos poblaciones raciales. Estas lecturas ilimitadas pueden ocurrir de forma contemporánea; los conservadores entendieron la ideología del bienestar en un sentido de apoyo a la paz industrial y la productividad, mientras que para los socialistas encarnaba la promesa de solidaridad social y una distribución más justa de los bienes escasos. El estudio de estas variables lecturas se conoce como teoría de la recepción, dice el profesor Michael Freeden.



Y añade Freeden que una ideología es como un conjunto de unidades modulares de mobiliario que pueden organizarse de muy diversas maneras. Por medio de diversas organizaciones del mobiliario podemos crear habitaciones muy distintas incluso sirviéndonos de las mismas unidades. Esto explica que conceptos políticos idénticos pueden servir como bloques de construcción de toda una serie de ideologías dispares, ya que una misma unidad (o concepto) puede tener un papel (o significado) muy distinto en dos habitaciones separadas (o ideologías). En una habitación se usará una mesa para cenar; y en otra para escribir. En una ideología los derechos pueden ser empleados para proteger la dignidad humana de los abusos; en otra para proteger la propiedad privada y la riqueza de tener que contribuir al bien común.

lunes, 3 de abril de 2017

El historiador y el pasado.


El pasado ha sucedido. Ya ha transcurrido y sólo puede ser recuperado, si bien no como un acontecimiento real, por los historiadores que se sirven de diferentes medios de comunicación, como libros, documentales, etc. El pasado se nos ha escapado y la historia no es más que lo que los historiadores hacen de él cuando se ponen a trabajar.La historia es, literalmente, lo que se encuentra en las estanterías de las bibliotecas y de otros lugares.

En primer lugar (y lo que a continuación sigue esta extraído de los argumentos de la obra de Lowenthal, El pasado es un lugar extraño), ningún historiador puede abarcar ni recobrar la totalidad de los acontecimientos del pasado porque su contenido es prácticamente ilimitado. No se puede volver a contar más que una parte de lo que ha ocurrido y ningún relato de ningún historiador se corresponde jamás de forma exacta con el pasado: la inconmensurabilidad del pasado imposibilita la historia total. La mayoría de la información sobre el pasado nunca ha quedado registrada; casi todo se ha desvanecido. En segundo lugar, ningún relato puede recobrar el pasado tal y como fue porque el pasado no fue un relato sino que se compone de acontecimientos, situaciones, etc.

Historiador.
A diferencia de la memoria personal, la historia se confía a los ojos y a la voz de otro, argumenta el profesor Jenkins; vemos a través de un intérprete que se encuentra entre los acontecimientos del pasado y las lecturas que hacemos de ellos. Como afirma Lowenthal, la historia escrita disminuye en la práctica la lógica libertad del historiador para escribir cualquier cosa que se le ocurra, ya que permite que el lector acceda a sus fuentes; ahora bien, el punto de vista y las preferencias del historiador continúan afectando a la elección de los materiales históricos, al tiempo que nuestras propias construcciones personales determinan lo que hacemos con ellos. El pasado que conocemos depende siempre de nuestros propios puntos de vista, de nuestro propio presente. Al igual que nosotros mismos somos productos del pasado, también el pasado conocido (la historia) es un artefacto producido por nosotros.

“Somos modernos y nuestras palabras y pensamientos no pueden ser más que modernos,señalaba Maitland. Es demasiado tarde para que pretendamos ser antiguos ingleses”. Por lo tanto, el poder de modelación de las palabras con las que imaginamos e interpretamos no tiene
Jlébnikov
casi límites. “Mirad, dice el poeta Jlébnikov en sus Decretos al planeta, el sol obedece mi sintaxis”. “Mirad, dice el historiador, el pasado obedece mi interpretación”. Aunque todo esto nos pueda parecer un tanto poético, sólo quiere decir que las fuentes son, por un lado, límites a la completa libertad del historiador y, por otro y al mismo tiempo, son obstáculos que no llegan a clausurar del todo la posibilidad de infinitas interpretaciones.Aunque las fuentes puedan evitar que se afirmen ciertas cosas, ni los acontecimientos ni las fuentes conllevan una única lectura de sí mismos.



En su novela 1984, Orwell escribió que quienes controlan el presente controlan el pasado y quienes controlan el pasado controlan el futuro. Probablemente esto también es válido fuera de la ficción. Las personas en el presente necesitan antecedentes para situarse en él y para legitimar sus formas de vida actuales y futuras.

El pasado se nos ha escapado y la historia no es más que lo que los historiadores hacen de él cuando se ponen a trabajar.

quienes controlan el presente controlan el pasado y quienes controlan el pasado controlan el futuro. 

ni los acontecimientos ni las fuentes conllevan una única lectura