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miércoles, 14 de junio de 2023

Hogar

Escribe G. K. Chesterton en Lo que está mal en el mundo que para los moderadamente pobres, el hogar es el único lugar de libertad. No, es el único lugar de anarquía. Es el único sitio en la tierra en el que un hombre puede cambiar los planes de repente, hacer un experimento o permitirse un capricho. En cualquier otro lugar, debe aceptar las estrictas normas de la tienda, taberna, club o museo a los que entra. En su propia casa, puede comer en el suelo si quiere hacerlo…….Para un hombre corriente y trabajador, la casa no es el único lugar tranquilo en un mundo de aventura. Es el único lugar salvaje en un mundo de reglas y tareas establecidas. El hogar es el único lugar en el que puede poner la alfombra en el techo o las tejas en el suelo si quiere hacerlo. Cuando un hombre pasa cada noche dando tumbos de bar en bar y de sala de fiestas en sala de fiestas, decimos que está llevando una vida irregular. Pero no es así, está llevando una vida sumamente regular bajo las aburridas, y a menudo opresivas, leyes de esos lugares.
Como todo hombre normal desea tener una mujer, e hijos nacidos de una mujer, todo hombre normal desea una casa propia donde meterlos. No desea tener simplemente un techo sobre sí y una silla debajo; quiere un reino visible y objetivo; un fuego en el que pueda cocinar la comida que le gusta, una puerta que pueda abrir a los amigos. 

martes, 3 de enero de 2023

Trataba con muchísimo respeto a los mendigos

Cuenta el escritor Torrente Ballester que “mi abuela era una mujer que tenía un pie en la tierra y otro en el cielo…Siempre sospechaba que detrás del mendigo que llegaba a la puerta pudiera estar santa Ana, o santa Gertrudis, o incluso la Virgen María. De manera que en mi casa se trataba con muchísimo respeto a los mendigos”.


domingo, 21 de abril de 2019

El hogar


Para los moderadamente pobres, el hogar es el único lugar de libertad. No, es el único lugar de anarquía. Es el único sitio en la tierra en el que un hombre puede cambiar los planes de repente, hacer un experimento o permitirse un capricho. En cualquier otro lugar, debe aceptar las estrictas normas de la tienda, taberna, club o museo a los que entra. En su propia casa, puede comer en el suelo si quiere hacerlo, escribe Chesterton.

Para un hombre corriente y trabajador, la casa no es el único lugar tranquilo en un mundo de aventura. Es el único lugar salvaje en un mundo de reglas y tareas establecidas. El hogar es el único lugar en el que puede poner la alfombra en el techo o las tejas en el suelo si quiere hacerlo. Cuando un hombre pasa cada noche dando tumbos de bar en bar y de sala de fiestas en sala de fiestas, decimos que está llevando una vida irregular. Pero no es así, está llevando una vida sumamente regular bajo las aburridas, y a menudo opresivas, leyes de esos lugares, añade el escritor británico.


Y agrega el londinense que como todo hombre normal desea tener una mujer, e hijos nacidos de una mujer, todo hombre normal desea una casa propia donde meterlos. No desea tener simplemente un techo sobre sí y una silla debajo; quiere un reino visible y objetivo; un fuego en el que pueda cocinar la comida que le gusta, una puerta que pueda abrir a los amigos. 

domingo, 18 de noviembre de 2018

Cristo en el arte mediaval.

Basílica Catedral de Saint-Denis
A partir del siglo XII, el Cristo Salvador abre más ampliamente sus brazos a la humanidad. Cristo se convierte en la puerta de acceso a la revelación y a la salvación. Suger, el constructor de Saint-Denis, dice que Cristo es la verdadera puerta: Christus janua vera. “¡Oh!, Vos que habéis dicho: “Yo soy la puerta, y quien entre por mí se salvará”, ruega a Cristo Guillermo de Saínt-Thierry, mostradnos con qué evidencia de qué mansión sois la puerta, en qué momento y a quiénes la abrís. La mansión de la que Vos sois la puerta es… el Cielo donde habita vuestro Padre”. De este modo el templo, símbolo de la mansión celeste, acceso al cielo, se abre de par en par. La puerta se apodera de la fachada, tímpanos románicos, pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela, grandes pórticos góticos. Ese Cristo más cercano al hombre puede acercarse aún más tomando la forma de un niño. El éxito de Cristo-Niño, que se consolida en el siglo XII, es paralelo al de la Virgen-Madre, explica el historiador medievalista Jacques Le Goff.

Portico de la Gloria. Santiago de Compostela.
Cristo se convierte cada vez más en el Cristo sufriente, el Cristo de la Pasión. La crucifixión, dice Le Goff, conserva sin lugar a dudas los elementos simbólicos, pero éstos contribuyen de ordinario al nuevo significado de la devoción al Crucificado, como por ejemplo el vínculo entre Adán y la crucifixión, del que nos da testimonio la iconografía. Calavera de Adán representada al pie de la cruz, leyenda de la Santa Cruz hecha con la madera del árbol plantado en la tumba de Adán. Siguiendo la evolución de la devoción a la misma cruz se podría averiguar cómo de símbolo triunfal, aún tiene ese significado para los cruzados de finales del siglo XI, se convierte en símbolo de humildad y de sufrimiento. Simbolismo que, por otra parte, no se ve libre de rechazos, a veces en los medios populares, sobre todo entre los grupos heréticos que se niegan a venerar a un trozo de madera, insoportable e inconcebible humillación de todo un Dios. Por un curioso rodeo, Marco Polo encontrará esa misma hostilidad en el Gran Kan mongol quien, influenciado por el cristianismo nestoriano asiático, rechaza ante todo ese sacrilegio en el catolicismo occidental. “No
Jacques Le Goff 
admite en modo alguno que se lleve ante él la cruz, porque en ella sufrió y murió un hombre tan grande como Cristo”. Crimen literalmente de lesa majestad que el pueblo entiende con frecuencia como tal, amarrado a formas tradicionales de piedad, más lento en la adopción de mentalidades y de sensibilidades nuevas. Ya desde el siglo XIII aparece, junto a la veneración por las reliquias de la Pasión, el culto a los instrumentos de la misma Pasión. La realeza de Cristo será ante todo la de un Cristo coronado de espinas, precursora del tema del Ecce Homo que invade la espiritualidad y el arte del siglo XIV.