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martes, 23 de julio de 2024

El secreto masónico

Serge Abad Gallardo escribe en su libro Por qué dejé de ser masón que “el secreto masónico está ahí. Tienes en ti mismo la respuesta, tú eres la respuesta. El hombre debe ser su propio Dios para sí mismo. No necesita de nadie. Por su propia razón, por la experiencia simbólica, experimenta la divinidad de su ser. Estamos ante una vía embriagadora que puede producir la ilusión de la omnipotencia.”
Serge Abad Gallardo descubre cuando deja de ser masón que “ser salvado por Dios no es una alienación sino una revelación de nuestro ser más profundo. Es bonito que Cristo se revele a uno a través de un enfermo, de un agonizante. La verdadera dignidad humana, no la de ser autosuficiente, sino, bien al contrario, la de ser libre para aceptar la invitación y la amistad de Dios.”

martes, 4 de junio de 2024

El modelo dominante nos presenta a un ser humano autónomo que pasa por encima de cualquier vestigio de la realidad

Para Pablo Nuevo, profesor de la Universidad Abat Oliba CEU de Barcelona, desde siempre ha habido leyes injustas que han podido desdibujar la institución familiar, pero la corrección política va más allá. Hablamos de ingeniería social porque este fenómeno no se contenta con regular determinados comportamientos, sino que pretende que las personas cambien su forma de entender la vida o la familia para adaptarse a la ideología que se difunde desde el poder. Se trata de re-crear completamente la sociedad. Al hablar de familia, nos referimos a un hombre y una mujer que tienen un compromiso estable, reconocido jurídicamente, y que tienen descendencia, a la que educan y sacan adelante. Esto presupone varias cosas, que la persona es un ser radicalmente dependiente, que la estabilidad es necesaria, que varón y mujer se complementan… Frente a esto, el modelo dominante nos presenta a un ser humano autónomo, autosuficiente y cuya voluntad pasa por encima de cualquier vestigio de la realidad, sea la herencia cultural o la realidad biológica.

viernes, 28 de enero de 2022

Para la mentalidad iluminista, el mundo no necesita del amor de Dios

“Para la mentalidad iluminista, el mundo no necesita del amor de Dios. El mundo es autosuficiente, y Dios, a su vez, no es en primer lugar amor; es en todo caso intelecto, intelecto que eternamente conoce. Nadie tiene necesidad de Su intervención en este mundo, que existe, es autosuficiente, transparente al conocimiento humano, que gracias a la investigación científica está cada vez más libre de misterios, cada vez más sometido por el hombre como recurso inagotable de materias primas. Es este mundo el que tiene que dar la felicidad al hombre. Cristo, en cambio, dice a Nicodemo que “Dios amó tanto al mundo que le entregó a su Hijo unigénito para que el hombre no muera” (cfr. Juan 3,16). De este modo Jesús da a entender que el mundo no es la fuente de la definitiva felicidad del hombre. Es más, puede convertirse en fuente de su perdición.Este mundo,que aparece como un gran taller de conocimientos elaborados por el hombre, como progreso y civilización, este mundo, que se presenta como moderno sistema de medios de comunicación, como el ordenamiento de las libertades democráticas sin limitación alguna, este mundo no es capaz, sin embargo, de hacer al hombre feliz”, escribe Juan Pablo II.

domingo, 12 de septiembre de 2021

El individuo autosuficiente


El individuo autosuficiente es un personaje penoso. Es el hombre o mujer que habla por los codos, jactándose de sus proezas, reales o imaginarias, repitiendo en su conversación nombres de gente importante a la que asegura conocer, teniendo la solución para todos los problemas. Similar al jactancioso es la persona que siempre trata de atraer la atención hacia él. Otra figura común es aquel que todo lo critica, restando importancia a cualquier plan o idea, a menos que él haya sido el primero en proponerlo. Tales personas son dignas de compasión, porque no son nunca felices. Su conversación y su conducta, entre ridículas e irritantes, son los mecanismos a través de los cuales pretenden defenderse de un sufrimiento que les acucia constantemente. La verdad es que, en el fondo de sí mismos, sufren un acusado complejo de inferioridad e inadaptación, demasiado doloroso como para tolerarlo o enfrentarse con él.