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viernes, 4 de octubre de 2024

La situación de pobreza latente que vive España

Rostro de la pobreza

Los datos de la OCDE y de la Agencia Tributaria establecen que la renta media se sitúa en los 23.700 euros. El 20% más pobre no alcanza los 11.709 euros y el 20% más rico supera los 43.700 euros. Solo el 1% se considera excesivamente rico, con más de 150.000 euros de renta. Es llamativo que con 43.000 euros anuales en España se pueda considerar rico. Que una persona con un salario de 2.200 euros netos al mes se pueda catalogar como tal, demuestra realmente la situación de pobreza latente que vive el país y la subida de impuestos que ha sufrido y que sufrirá el territorio nacional en su totalidad.
Según la OCDE, en España la clase baja cobra hasta 11.500 euros. La clase media cobra hasta 30.000 euros y la clase alta se sitúa por encima de los 30.000 euros. Todo ello demuestra que son datos plenamente obsoletos, pues 43.000 euros de hoy, contabilizando subidas de IRPF y cotizaciones, suponen una renta neta de unos 31.500 euros. Prácticamente que con 1.850 euros se considere a un trabajador como clase media-alta. 
Ahora los españoles se enfrentan a una nueva subida de impuestos y a la llegada del Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), que reemplaza al antiguo Factor de Sostenibilidad. Con el objetivo de compensar la hucha de las pensiones, será asumido por todos los trabajadores, independientemente de su nómina. Las personas dadas de alta en la Seguridad Social experimentarán una reducción de sus nóminas del 0,6%, algo de lo que tampoco se librarán los autónomos (abonarán unos cinco euros extra al mes). Con estas nuevas presiones a la población activa, el Gobierno quiere reforzar el sistema de pensiones y recaudar alrededor de 22.000 millones de euros hasta 2032.

martes, 4 de junio de 2024

El modelo dominante nos presenta a un ser humano autónomo que pasa por encima de cualquier vestigio de la realidad

Para Pablo Nuevo, profesor de la Universidad Abat Oliba CEU de Barcelona, desde siempre ha habido leyes injustas que han podido desdibujar la institución familiar, pero la corrección política va más allá. Hablamos de ingeniería social porque este fenómeno no se contenta con regular determinados comportamientos, sino que pretende que las personas cambien su forma de entender la vida o la familia para adaptarse a la ideología que se difunde desde el poder. Se trata de re-crear completamente la sociedad. Al hablar de familia, nos referimos a un hombre y una mujer que tienen un compromiso estable, reconocido jurídicamente, y que tienen descendencia, a la que educan y sacan adelante. Esto presupone varias cosas, que la persona es un ser radicalmente dependiente, que la estabilidad es necesaria, que varón y mujer se complementan… Frente a esto, el modelo dominante nos presenta a un ser humano autónomo, autosuficiente y cuya voluntad pasa por encima de cualquier vestigio de la realidad, sea la herencia cultural o la realidad biológica.

lunes, 26 de febrero de 2024

La aclamación metafísica del individuo autónomo lleva a una vida casi invivible

A partir del escepticismo de Descartes surgió la creencia radical de que el individuo que buscaba la certeza era alguien que se adscribía a un Dios o un rey del cual emana la verdad. Por supuesto que la Ilustración que vino a continuación dio paso al concepto de los derechos humanos y liberó a muchos de la opresión. Sin embargo, como destacan Dreyfus y Kelly, a pesar de todas sus bondades en el ámbito político, en el campo metafísico esta forma de pensar dejó al mundo desprovisto del orden y la sacralidad esenciales para producir sentido. En el mundo posterior a la Ilustración nos impusimos la tarea de identificar qué tiene sentido y qué carece de él, un ejercicio que puede parecer arbitrario e inducir un nihilismo insidioso. La aclamación metafísica del individuo autónomo que propició la Ilustración no solo conduce a una vida aburrida, manifiestan con preocupación Dreyfus y Kelly; lleva de manera prácticamente inevitable a una vida casi invivible, escribe Cal Newport, profesor en la Universidad de Georgetown.

lunes, 31 de enero de 2022

El precariado

La clase media ha sufrido un castigo feroz. Se ha llegado a hablar de su desaparición. Millones de ciudadanos han sido expulsados de esa categoría social. En cambio, las grandes fortunas siguen acumulando riqueza. Han experimentado grandes subidas los salarios de los grandes ejecutivos de las empresas del Ibex 35, mientras que se congelan o se rebajaban los salarios de los trabajadores. Se alumbra una nueva clase social que se ha bautizado como “el precariado”, en la que han ingresado todos los precarios; los contratados temporales, los contratados a tiempo parcial, los contratados por días u horas, los que cobran menos del salario mínimo, los pensionistas que han cotizado a la Seguridad Social como autónomos…, todos aquellos que justifican la razón de los sindicatos cuando aseguran que trabajar en estos tiempos no significa salir de la pobreza. Y se manifiesta que la próxima generación vivirá peor que sus padres, una visión del porvenir que nunca antes se había percibido.

miércoles, 10 de julio de 2019

Actualmente Occidente es laico, el islam es religioso



El cristianismo se superpuso a la civilización romana y nunca se apoderó de su derecho. El derecho canónico es un derecho interno de la Iglesia, mientras que el derecho de la sociedad europea siempre fue, en su organización, el derecho romano, y por tanto un derecho autónomo. En cambio, el derecho islámico no es, y nunca ha sido, autónomo. El cristianismo no ha sido, a pesar de las Cruzadas, una religión armada comparable al islam, que es una religión guerrera, una fe que invade y conquista. Añádase que mientras que en el mundo cristiano el Antiguo Testamento se ve suavizado por el Nuevo Testamento, el Corán sigue anclado en el Antiguo Testamento. El islam carece de unos Evangelios. Actualmente ese conflicto es asimétrico, Occidente es laico, el islam es religioso. Lo que significa, dice Giovanni Sartori, que Occidente no se propone exportar una fe religiosa, mientras que el islam quiere defender su fe y también difundirla.

sábado, 14 de abril de 2018

Los ingenieros no necesitan preocuparse de su situación en el mercado laboral, pero no ocurre lo mismo en los otros sectores.

Heinz Bude 
El sociólogo y profesor universitario Heinz Bude manifiesta que los ingenieros, ya vengan de renombradas universidades técnicas o de centros de formación profesional menos conocidos, no necesitan preocuparse de la situación en el mercado laboral. Los sectores que se afirman como abastecedores de la economía mundial los están esperando a cada uno de ellos. Otra cosa sucede con el sector de los seguros y con el sector bancario, ahí el empleo en su conjunto está remitiendo incesantemente, aunque es sobre todo el porcentaje de puestos directivos el que se hunde considerablemente, mientras que  especialistas en los departamentos matemáticos ganan progresivamente en importancia. El jurista o empresario experimentado que todavía mantiene su posición, ahora ha de aguantar que una joven matemática que no conoce en modo alguno el sector le explique qué producto financiero tiene futuro en el mercado y qué otro producto no lo tiene. Es decir, aquí no solo se ha vuelto escaso el empleo, sino que también el estatus se ha vuelto precario.

Los periodistas de prensa influyentes que creen estar trabajando en un sector que está condenado a hundirse. Internet les ha quitado el privilegio de la información, los periódicos gratuitos que brotan por todas partes les arrebatan de manera sostenida sus compradores, y en el periodismo de revistas, que prospera a base de historias bien narradas y de imágenes preparadas artísticamente, solo hay sitio para unos pocos.

Los autónomos o los empleados a menudo trabajan a la sombra del Estado de bienestar como formadores, asesores o ejerciendo cualquier otra forma de trabajo social con un sueldo honorífico. Salen adelante a base de ir tirando a lo largo de “cadenas de vencimientos” o redactan constantemente nuevas solicitudes de proyectos. Por lo general tienen formación académica y por necesidad o inclinación se han decidido por asegurarse la existencia con el “emprendedurismo”. Uno se los puede imaginar como a un asesor familiar con estudios universitarios de pedagogía o como a una mediadora con título de jurista que, como empresarios individuales, se van abriendo paso en el mundo de las grandes ciudades. Lo que los distingue de la gente de su misma edad que tiene éxito y que gestiona una floreciente consultoría para asesorar a titulados universitarios o unas grandes oficinas para gestionar proyectos de comunidades de contratistas no es ni el nivel de formación que han
adquirido ni las ganas de desarrollarse y diseñar proyectos, sino únicamente que han apostado por el caballo perdedor. Hay multitud de arquitectos formados que en su vida jamás han ganado dinero con su profesión, no pocos farmacéuticos titulados cuyo negocio se ha hundido, y un número considerable de abogados generalistas que en Friburgo, Berlín o Wismar apenas ganan para vivir llevando procesos judiciales de todo tipo.


Cada vez hay más fracasados con su formación procedentes de medios de mucha formación, y fracasados laborales procedentes de familias que han ascendido socialmente. Al chico bronceado que uno conoce de la época de estudios universitarios o a la adorada chica que se preparaba para hacer carrera como funcionaria uno se los vuelve a encontrar veinte años después convertidos en un bebedor cínico o en una madre soltera agotada.