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viernes, 3 de octubre de 2025

Sentirse simples ciudadanos de una nación

Muchos piensan que la sociedad no valora adecuadamente su dignidad interior. Su yo interior no concuerda con el reconocimiento social y eso les provoca indignación y resentimiento. Desde “la clase obrera blanca en América y Europa que se siente atraída por el populismo, hasta las poblaciones de Norte de África y Oriente Medio que se rebelaron contra los gobernantes en la primavera árabe de 2010, o el movimiento #MeToo, impulsado por un deseo similar de respeto”, dice Francis Fukuyama, pensador estadounidense. El problema, añade Fukuyama, es que “al exigir justicia para ellos como grupo marginado”, de forma particular y exclusiva, “están vulnerando la igualdad y el respeto para todos”. El peligro que representa definir la identidad en términos restringidos es que deja fuera a gran parte de la ciudadanía. Esto conduce a la victimización y al juego de las quejas, expresadas tanto desde la izquierda como desde la derecha, lo cual alimenta, a su vez, una“espiral interminable de reclamaciones y resentimientos”.
Según Fukuyama, “la principal cura para esta enfermedad de la política de identidad es la nación”. Sentirse simples ciudadanos de una nación. Este es un concepto más amplio que el de etnia o clase y representa la mejor esperanza de unificar a las personas y darles un sentido de propósito. El politólogo considera preferibles “las identidades nacionales basadas en un credo, como el americano, en lugar de identidades basadas en la raza o el patrimonio”. Aún así, no parece del todo confiado en que “los países pueden alejarse de una política del resentimiento que se ha ido fraguando durante años”.

viernes, 26 de julio de 2024

La desregulación fue útil en muchos sectores de la economía real, pero resultó desastrosa en el sector financiero

Francis Fukuyama sostiene que “los mercados funcionan sólo cuando están regulados de forma estricta por Estados con sistemas legales que funcionan y tienen capacidad de imponer normas relativas a la transparencia, los contratos, la propiedad, etcétera”. Y que, “a pesar de promover dos décadas de rápido crecimiento económico, el neoliberalismo logró desestabilizar la economía mundial y socavar su propio éxito. La desregulación fue útil en muchos sectores de la economía real, pero resultó desastrosa cuando se aplicó en el sector financiero en las décadas de 1980 y 1990”. “Las instituciones financieras se comportan de manera muy diferente a como lo hacen las empresas en la economía real. A diferencia de una compañía fabricante, un gran banco de inversiones es sistemáticamente peligroso”, añade, recordando el desplome de Lehman Brothers en 2008. “Si alguna vez hubo un argumento a favor de la necesidad de una gran institución estatal centralizada, fue en esa ocasión”.
“Cuando se fomentó que la liquidez circulase sin obstáculos a través de las fronteras internacionales bajo la influencia de las ideas neoliberales, se produjeron crisis financieras con una regularidad alarmante”. Es decir, la doctrina básica es correcta; el auge de algunos países (fundamentalmente asiáticos) a finales del siglo XX, o la disminución de la pobreza mundial, no habrían sido posibles sin la expansión del comercio, pero las llamadas consecuencias distributivas hicieron que quedara gente fuera de ese progreso, gente, dice Fukuyama, a la que no le consuela que los ingresos de los propietarios de las empresas que les acaban de despedir vean cómo suben sus acciones y aumentan sus bonificaciones.
“El liberalismo bien entendido es compatible con una amplia gama de protecciones sociales proporcionadas por el Estado”. En otras palabras, la responsabilidad individual que el liberalismo pide a los individuos no es incompatible con la intervención del Estado cuando aquellos se vean sometidos a circunstancias adversas fuera de su control. “Los países escandinavos, con sus amplios estados de bienestar, siguen siendo sociedades liberales… Gran parte de la hostilidad liberal al Estado es simplemente irracional. Los Estados son necesarios para proporcionar bienes públicos que los mercados no proporcionarían por sí mismos”. O políticas sociales para mitigar los efectos nocivos del libre mercado, políticas sociales que, por cierto, también critican los neoliberales, apunta Fukuyama. En todo caso, la acusación de que el liberalismo conduce inevitablemente al neoliberalismo ignora gran parte de la historia reciente.

miércoles, 20 de octubre de 2021

Un individuo es reconocido igual y universalmente por ser un ser humano


Hegel

El fin de la historia para Hegel reside no en la aparición de Napoleón en sí, sino en la aparición de la diada Napoleón-Hegel. Es decir, Hegel es el filósofo que comprende verdaderamente lo que significa Napoleón; no especula sobre reinos imaginarios sino que comprende la racionalidad que subyace bajo el curso aparentemente falto de sentido del mundo. Comprende que Napoleón no es solo un aventurero ambicioso más, sino que marcó el comienzo del Estado universal y homogéneo que haría realidad la posibilidad del reconocimiento universal. Al hacerlo, dice Francis Fukuyama, los seres humanos como tales toman conciencia de que son seres que buscan reconocimiento y se sienten satisfechos con el reconocimiento universal. Y así Napoleón se convierte en algo más que un aventurero por el hecho de haber sido interpretado por Hegel.


Un individuo es reconocido igual y universalmente por ser un ser humano, es decir, un ser libre no determinado por la naturaleza y, por tanto, capaz de hacer una elección moral. No puede haber ninguna otra solución formal al problema del reconocimiento, porque ninguna otra forma de reconocimiento se puede universalizar y, por ende, hacerse racional, escribe Fukuyama. Se podría decir que ser un médico o concertista de piano brillante y hasta un padre dedicado es una buena manera de vivir que merece reconocimiento; pero el reconocimiento de esas cualidades no se puede universalizar porque no todos los seres humanos son médicos, pianistas o padres excepcionales. Reconocer esas cualidades implica denigrar a aquellos que no las poseen. Todas las formas de megalothymia son hostiles, en última instancia, a la isothymia en la que se basa la democracia liberal. Nos vemos limitados, por tanto, a reconocer un tipo de mínimo común denominador moral, un ser libre que pueda negar la naturaleza. Añade Fukuyama que mediante este esquema hegeliano podemos distinguir entre un ser humano y una roca, un oso hambriento y un simio listo, pero no podemos distinguir entre el primer hombre que mata a su semejante en una batalla por puro prestigio y una Madre Teresa que sacrifica su merecida felicidad por seguir los mandatos de Dios.

sábado, 9 de octubre de 2021

Nietzsche y Heidegger deconstruyen la tradición filosófica occidental

Heidegger y Nietzsche

Creo, dice Francis Fukuyama, que muchos de los epígonos de Heidegger y Nietzsche suponen la imposibilidad o el falseamiento de la metafísica tradicional y dedican lúdicamente su vida intelectual a deconstruir la tradición filosófica occidental, sin pensar en las consecuencias desastrosas de sus acciones.

martes, 14 de abril de 2020

El subtexto real que subyace a la aparente confusión de acontecimientos actuales es la historia de la ideología

Fukuyama
Para Hegel todo el comportamiento humano en el mundo material y, por tanto, toda la historia humana, están enraizados en un estado previo de conciencia, una idea similar a la expresada por John Maynard Keynes cuando decía que las opiniones de los hombres de negocios derivaban, generalmente, de economistas difuntos y escritorzuelos académicos de generaciones pasadas. Puede que esta conciencia no sea explícita ni autoconsciente, como ocurre con las doctrinas políticas modernas, sino que más bien adopte la forma de una religión o de simples hábitos morales o culturales. Y sin embargo, esta esfera de la conciencia a la larga se manifiesta necesariamente en el mundo material; de hecho, crea el mundo material a su propia imagen. La conciencia es causa y no efecto, y puede desarrollarse de forma autónoma al mundo material; por tanto, dice Fukuyama, el subtexto real que subyace a la aparente confusión de acontecimientos actuales es la historia de la ideología.