Mostrando entradas con la etiqueta proceder. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta proceder. Mostrar todas las entradas

miércoles, 17 de junio de 2026

Los extravíos de nuestro corazón tienen su origen en un concepto errado

Jaime Balmes
“Se han atacado los dogmas, pero no se ha reflexionado bastante que con ellos estaba ligada íntimamente la moral, y que esa moral misma es un dogma. Con la proclamación de una libertad de pensar ilimitada, se ha concedido al entendimiento la impecabilidad; el error ha dejado de figurar entre las faltas de que puede el hombre hacerse culpable. Se ha olvidado que para querer es necesario conocer, y que para querer bien, es indispensable conocer bien. Si se examinan la mayor parte de los extravíos de nuestro corazón, se encontrará que tienen su origen en un concepto errado; ¿cómo es posible, pues, que no sea para el hombre un deber el preservar su entendimiento de error? Pero, desde que se ha dicho que las opiniones importaban poco, que el hombre era libre de escoger las que quisiese, sin ningún género de trabas, aun cuando perteneciesen a la religión y a la moral , la verdad ha perdido de su estimación y no disfruta a los ojos del hombre aquella alta importancia que antes tenía por sí misma, por su valor intrínseco; y muchos son los que no se creen obligados a ningún esfuerzo para alcanzarla. Lamentable situación de los espíritus y que encierra uno de los más terribles males que afligen a la sociedad”, escribe Jaime Balmes.
“La religión, dice Balmes, no puede hacerse responsable de todo lo que se hace en su nombre, si no se quiere proceder con la más evidente injusticia. El hombre tiene un sentimiento tan fuerte y tan vivo de la excelencia de la virtud, que aun los mayores crímenes procura disfrazarlos con su manto; ¿y sería razonable el desterrar por esto la virtud de la tierra?”


domingo, 27 de agosto de 2023

Quien tiene obligación de juzgar, ha de oír las dos partes

No me cansaré de insistiros, solía repetir Josemaría Escrivá, en que, quien tiene obligación de juzgar, ha de oír las dos partes, las dos campanas. ¿Por ventura nuestra ley condena a nadie sin haberle oído primero y examinado su proceder?, recordaba Nicodemo, aquel varón recto y noble, leal, a los sacerdotes y fariseos que buscaban perder a Jesús.

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Mi dinero no daba para caer en vicios

Oxford

Cuenta la historia que a los catorce años Tomás Moro fue de Londres a Oxford. El padre de Tomás pensaba de que residir en la pequeña ciudad universitaria ayudaría a los posteriores estudios de su hijo. En 1492 Oxford era una villa que empezaba a crecer rápidamente. 

Tomás Moro

Moro padre pensaba desde Londres que nada mejor que un bolsa vacía para que el hijo se hiciera a la vida dura. “Aunque le proveía de lo necesario, no le permitía tener un céntimo en el bolsillo, mostrándose tan estricto en este punto que, a menos que se lo pidiera expresamente a su padre, le faltaba dinero hasta para remendarse las botas”, cuenta Stapleton. Dice el biógrafo Vazquez de Prada que Sir Juan no tenía apuros económicos. Su proceder iba guiado por el amor al hijo, que posteriormente encomió la conducta del padre. “Así fue como no caí en vicios ni perdí el tiempo en placeres extravagantes y peligrosos. Ni ocasión tuve de saber lo que era aquello, porque mi dinero no daba para tanto.”

viernes, 12 de junio de 2020

Hablar de conciencia es hablar de la dignidad del hombre



Hablar de conciencia es hablar de la dignidad del hombre, hablar de que no es un caso particular de algo general, ni el ejemplar de un género, sino que cada individuo como tal es ya una totalidad, es ya lo universal.


“Los hombres, dice Robert Spaemann, pueden saber la razón de lo que hacen. Actúan expresamente y en libertad con respecto al sentido de su acción. Si tengo ganas de hacer algo cuyas consecuencias dañan a un tercero, entonces puedo plantearme esas consecuencias y preguntarme si es justo obrar así y si puedo responder de ese acto. Podemos ser independientes de nuestros momentáneos y objetivos intereses y tener presente la jerarquía objetiva de valores relevantes para nuestros actos. En la conciencia, lo universal, la jerarquía objetiva de los bienes y la exigencia de tenerlos en cuenta vale como nuestra propia voluntad. La conciencia es una exigencia de nosotros a nosotros mismos. Al causar un daño, al herir u ofender a otro, me daño inmediatamente a mí mismo. Tengo, como se dice, una mala conciencia. Por estar presente en el hombre, gracias a ella y no por otra cosa, lo absoluto, lo general, lo objetivo, hablamos de dignidad humana. Ahora bien, si resulta que, por la conciencia, el hombre se convierte en algo universal, en un todo de sentido, entonces resulta que también es válido decir que no hay bien, ni sentido, ni justificación para el hombre, si lo objetivamente bueno y recto no se le muestra como tal en la conciencia”.


“No hay conciencia sin disposición a formarla e informarla. Un médico que no está al tanto de los avances de la medicina, actuará sin conciencia. Y lo mismo quien cierra ojos y oídos a las observaciones de otros que le hacen fijarse en aspectos de su proceder, que quizá él no ha notado. Es el individuo quien goza de responsabilidad; puede obedecer a una autoridad, y aun ser esto lo correcto y lo razonable; pero es él a la postre quien debe responder de su obediencia”.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Para el ciudadano resulta imposible estar al tanto de las leyes que lo gobiernan


Para el ciudadano resulta imposible estar al tanto de las leyes que lo gobiernan, tal es el pandemonio de fuentes de donde proceden, la variedad de los instrumentos normativos, las instancias jurisdiccionales que las administran. El concepto de juez natural, tan estrechamente vinculado al derecho a recibir de la ley un trato no discriminatorio, se disuelve entre los más que cuestionables métodos con que son designados los miembros del Poder Judicial.