En el capítulo 52 de su Historia de la decadencia y ruina del Imperio romano, Edward Gibbon planteaba una de las grandes hipótesis contrafactuales de la historia. Si los franceses no hubieran derrotado al ejército musulmán invasor en la batalla de Poitiers, en 732, ¿habría sucumbido toda Europa occidental al islam? “Quizás, especulaba Gibbon con su inimitable ironía, hoy se enseñaría la interpretación del Corán en las facultades de Oxford, y desde sus púlpitos se mostraría a todo un pueblo circuncidado la santidad y la verdad de la revelación de Mahoma”. La intención del autor era aquí divertir a sus lectores, y quizás también reírse de su vieja universidad. Sin embargo, hoy se ha completado la construcción en Oxford del nuevo Centro de Estudios Islámicos, que exhibe, aparte del tradicional claustro que caracteriza a todos los edificios de Oxford, una sala de oración con una cúpula y un minarete. Esta involuntaria materialización de la profecía de Gibbon simboliza perfectamente la reorientación fundamental del mundo que constituyó la tendencia subyacente del siglo XX. La decadencia de Occidente no ha adoptado la forma que tenía en mente Oswald Spengler cuando escribió la obra del mismo título poco después de la Primera Guerra Mundial. Lejos de ello, fue precisamente el renacimiento de “los poderes de la sangre” a manos de los “nuevos césares” que anticipaba Spengler, y el ataque que estos lanzaron al “racionalismo de la Megalópolis”, lo que vino a acelerar el declive material, y asimismo, aunque tal vez más importante, el declive moral de Occidente, dirá el historiador Niall Ferguson.
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viernes, 23 de mayo de 2025
La profecía de Gibbon
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miércoles, 22 de diciembre de 2021
Mi dinero no daba para caer en vicios
| Oxford |
Cuenta la historia que a los catorce años Tomás Moro fue de Londres a Oxford. El padre de Tomás pensaba de que residir en la pequeña ciudad universitaria ayudaría a los posteriores estudios de su hijo. En 1492 Oxford era una villa que empezaba a crecer rápidamente.
| Tomás Moro |
Moro padre pensaba desde Londres que nada mejor que un bolsa vacía para que el hijo se hiciera a la vida dura. “Aunque le proveía de lo necesario, no le permitía tener un céntimo en el bolsillo, mostrándose tan estricto en este punto que, a menos que se lo pidiera expresamente a su padre, le faltaba dinero hasta para remendarse las botas”, cuenta Stapleton. Dice el biógrafo Vazquez de Prada que Sir Juan no tenía apuros económicos. Su proceder iba guiado por el amor al hijo, que posteriormente encomió la conducta del padre. “Así fue como no caí en vicios ni perdí el tiempo en placeres extravagantes y peligrosos. Ni ocasión tuve de saber lo que era aquello, porque mi dinero no daba para tanto.”
sábado, 15 de agosto de 2020
La fe en Dios fue el motor que impulsó la ciencia
John Lennox, profesor de Matemáticas de Oxford dice que hoy muchos parecen usar sólo “el hemisferio izquierdo de su cerebro”, hasta el punto de que “ya han dejado de preguntarse incluso el ‘por qué’, en un sentido último”. El ejemplo más claro de esto sería el ateo Richard Dawkins, que considera que es absurdo buscar un sentido en la vida. Muchos otros líderes también han llegado a este punto. “En algunas charlas, les pregunto a empresarios de éxito: ‘¿para qué existís?’ Y la respuesta suele ser un silencio desconcertante”. Sin embargo, “todos los seres humanos tenemos una cosmovisión”, que “responde a las preguntas: ¿De dónde vengo? ¿Quién soy? ¿Se termina la vida con la muerte? ¿Hay un sentido en el universo más allá de nosotros?”.
Lennox usa una ilustración cotidiana: “El hecho de que me apetezca una taza de té es la explicación de por qué está calentándose el agua. La otra explicación es científica, se refiere a cómo funciona el agua, el vapor, etc. Son dos explicaciones diferentes. Pero no compiten, no entran en conflicto. Es más, necesitas ambas para entender lo que está pasando. Lo mismo pasa con el universo”. “Lo que Hawking y otros dicen”, añade Lennox, “es que solo necesitas una explicación, la científica, y que se debe descartar la personal”. Pero la realidad es que “si rechazas el propósito personal de Dios, acabas en locura, seas lo inteligente que seas. Las librerías están llenas de libros que hablan de ‘la nada’, divagando de forma absurda tratando de evitar a Dios”. “Génesis 1 y Juan 1, en cambio, hablan de que cuando no había nada, ahí estaba Dios”.
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| John Lennox |
Para Lennox “la ciencia moderna debe su existencia a la Cristiandad. El hombre se convirtió en científico porque esperaba encontrar leyes en la naturaleza. No tendríamos ciencia moderna si Europa no hubiera sido cristiana y tuviera fe en un Creador Inteligente. Esta fe no impedía la ciencia, sino que fue al revés, la fe en Dios fue el motor que impulsó la ciencia”.
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domingo, 15 de marzo de 2020
Los prejuicios de C. S. Lewis
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| Tolkien y Lewis |
Tolkien se quejaba por los prejuicios anticatólicos de Lewis. “Si un luterano es encarcelado, observó Tolkien, se levanta en armas; sin embargo, si se asesinan sacerdotes católicos, se niega a creerlo y, diría yo, aun cree que se lo buscaron. Todavía queda mucho del Ulster en C. S. L., aunque él no lo sepa”.» Christopher Derrick, amigo y alumno de Lewis y autor de C. S. Lewis y la Iglesia de Roma, lo apuntó de un modo y humorístico: “Si un hombre crece en Belfast con la paranoia de que su padre llevaba la banda de la Orden de Orange, y luego recibe su primera formación en la gran escuela de Oxford, la gracia divina se encuentra con un hueso muy duro de roer”. Lo cierto es que Lewis habría negado con vehemencia que padecía algún tipo de paranoia orangista, pero no hay duda de que conservaba más de un rasgo del fanatismo de los protestantes de Belfast. En momentos de descuido, él y su hermano Warnie llamaban a los católicos irlandeses bog-trotters o bog-rats y el hecho de que estos estereotipos negativos, profundamente arraigados, procedían de su primera juventud puede deducirse de algo que Lewis escribió en su diario cuando era un colegial de diez años: “Tuvimos que ir a St. John’s (Watford), una iglesia que pretendía ser católica, pero nos daba miedo decirlo. Es el tipo de iglesia que aborrecen los protestantes irlandeses respetuosos. En ese abominable lugar de católicos hipócritas y mentirosos ingleses, la gente se santigua, se indina ante la Mesa del Señor (que ellos tienen la vanidad de llamar altar), y rezan a la Virgen”. Walter Hooper, biógrafo de Lewis, admite que el ambiente en que se crió Lewis fue un elemento “probablemente importante” para su actitud hacia el catolicismo.
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