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domingo, 29 de marzo de 2026

¿Puede la poesía salvar al mundo?

Ana Blandiana hizo la siguiente reflexión en la entrega de los Premios Princesa de Asturias en 2024: “¿Puede la poesía salvar al mundo?", se preguntó. Y para responder acudió a recuerdos de su propia vida personal, en un relato impactante de cuando "en las cárceles comunistas de Rumanía se produjo una auténtica resistencia a través de la poesía". El papel y el lápiz estaban prohibidos a los presos, así que componer un poema exigía "tres personas, la que lo componía, la que lo memorizaba y la que lo transmitía a través del alfabeto morse”. Así pudieron componerse miles de poemas que pasaban de celda en celda y de prisión en prisión: "En sus libros de memorias o recuerdos los presos políticos describen, como un ritual sagrado, el momento de la transmisión de los nuevos poemas, cuando un preso era trasladado de una cárcel a otra. Y luego, tras la apertura de las cárceles, el primer pensamiento de los liberados era transcribir lo que habían memorizado, sin los nombres de los autores o con nombres que presuponían muchas veces equivocadamente, en una verdadera sinfonía de resistencia espiritual, un intento de convertir el misterio de la poesía en un arma de defensa contra la locura”."Esta es la prueba", dijo, "de que, en circunstancias extremas, cuando sentían peligrar su propia esencia, los hombres recurrían a la poesía como medio de salvación. Cuando en la poesía se escondían las últimas moléculas de libertad, la gente, asfixiada por la represión, las buscaba, las encontraba y las respiraba para sobrevivir”.Una vez descrito el horror antihumano del comunismo e identificada la falta de espiritualidad y de fervor religioso con el "vacío", la Premio Princesa de Asturias de las Letras elogió el papel desempeñado por el cristianismo en la historia y su arrumbamiento por lo que, sin nombrarlo, fue una perfecta definición del materialismo dialéctico, del odio marxista como motor del mundo.
"Al final del Imperio Romano, que parecía ser el fin del mundo", recordó, "el cristianismo trajo la buena nueva, el evangelio del amor al prójimo que, a pesar de los vaivenes de la historia, ha conseguido mantenernos en equilibrio durante más de dos mil años hasta que, a partir del siglo XX, se ha impuesto el odio (de clase o de raza, entre mujeres y hombres, entre hijos y padres). La poesía moderna es la expresión desgarradora de este desequilibrio existencial”.Tras esa solemne y emotiva proclamación de que el mundo moderno ha acabado con dos mil años de amor y equilibrio bajo el cristianismo para sustituirlos por el odio y el desequilibrio característicos del presente, Blandiana, doctora honoris causa por la Universidad de Salamanca, citó el "¡Me duele España!" de quien fuera su rector, Miguel de Unamuno, exclamación que afirmó como muy importante en su formación "intelectual y espiritual”."He utilizado la angustia del filósofo español ante el destrozo de su país como un punto de apoyo en el universo actual, en el que las naciones se difuminan ante las ideologías, como un ancla en la profundidad del tiempo, en cuya superficie se estrellan las olas siempre cambiantes de la posmodernidad, a las que me resisto porque me duele España, me duele Rumanía, me duele el mundo", casi declamó, en algunos momentos con la voz quebrada.

sábado, 15 de marzo de 2025

La locura del mundo moderno

Carlos Marín-Blázquez escribe que la locura del mundo moderno no es más que el resultado de haber liberado las virtudes cristianas de su matriz original, los arquitectos de nuestra época han creado una realidad difícilmente inteligible a menos que caigamos en la cuenta de que, al reaccionar de manera furibunda contra el cristianismo, lo que en realidad están haciendo es afirmarlo. Pero afirmarlo en una versión adulterada, es decir, vaciada de su dimensión trascendente y reelaborada a la medida de un hombre al que se le insta a ocupar el lugar de Dios y a hacer tabla rasa de su pasado.

domingo, 26 de enero de 2025

La razón aislada, lleva a la locura y la voluntad sin razón es ciega

¿Por qué resulta tan actual Chesterton? Entre otros méritos porque muchos de los pensamientos a los que él se enfrenta con tanto garbo siguen vigentes. Chesterton tenía una gracia particular para superarlos con una eficaz y simpática contundencia, combinación realmente difícil, pero oportuna también en nuestros tiempos. Desde la época en que Chesterton escribió su Ortodoxia (1908) a la nuestra, median más de cien años. Y han pasado muchas cosas. La principal en el mundo de las ideas ha sido el despliegue y colapso del marxismo en el plano geográfico y también mental, con algunos dolorosos epígonos (Corea del Norte, Cuba, Nicaragua, China, Vietnam…). Pero la clase intelectual mundial ya no es marxista en su mayoría, como lo era hace cincuenta años. Por esta razón, lo que tenemos delante se parece bastante a lo que tenía Chesterton. Y por eso nos ayuda tanto leerlo, escribe Juan Luis Lorda, profesor de la Universidad de Navarra.
En la Inglaterra de Chesterton, añade Lorda, tras una oleada de librepensadores en el s. XVIII, la emancipación y distanciamiento con respecto al cristianismo había llegado a la calle. La antigua fe común y tradicional cristiana, hasta entonces base espiritual de la nación, era criticada desde distintos ángulos en el espacio público y surgían entusiastas alternativas para sustituirla.Con todas las salvedades necesarias, se puede decir que la crisis intelectual, en la calle, de la conciencia cristiana se adelantó en la Inglaterra anglicana más de medio siglo con respecto a la Europa católica.Para Chesterton era evidente el valor de la razón, pero también que el racionalismo puro, la razón aislada, lleva a la locura; porque la razón necesita el conjunto de recursos que componen el sentido común, el sentido de la proporción, la percepción de lo conveniente. Por eso decía que el loco no es el que ha perdido la razón, sino el que ha perdido todo menos la razón. Algo parecido sucede con la voluntad. El ser humano tampoco es pura voluntad o libertad, como pretendía Schopenhauer y recogió Nietzsche. La voluntad sin razón es ciega y campa en el vacío. Chesterton identifica el poder de Nietzsche. Le gusta su intrepidez y su deseo de superar la mediocridad, pero le parece flojo e incoherente en su propósito de superar la moral. Además, en el momento en que la moral queda al arbitrio del individuo desaparece cualquier estándar para juzgar que una acción es mejor que otra. Ni se puede condenar al tirano ni se puede alabar al librepensador. No es posible el progreso porque, sin estándares fijos, no hay modo de saber qué es progresar. 


martes, 10 de diciembre de 2024

El número de enfermedades mentales aumenta

Al mismo tiempo que las enfermedades como las diarreas infantiles, la tuberculosis, la difteria, la fiebre tifoidea, son eliminadas y la mortalidad disminuye, el número de enfermedades mentales aumenta. En ciertos lugares la cantidad de locos internados en los asilos sobrepasa a la de todos los otros enfermos hospitalizados. Al margen de la locura, el desequilibrio nervioso acentúa su frecuencia y es uno de los factores más activos de la desdicha de los individuos y de la desgracia de las familias. Quizás este deterioro mental es más peligroso para la civilización que las enfermedades infecciosas de las cuales se han ocupado exclusivamente la medicina y la higiene.
Se sienten asediados por el temor de perder su empleo, sus economías, su fortuna, sus medios de subsistencia. No pueden satisfacer la necesidad de seguridad que existe en el fondo de cada uno de nosotros. A despecho de la tranquilidad social, permanecen inquietos y a menudo, aquellos que son capaces de reflexionar, se sienten desgraciados, escribe Alexis Carrel, que fue galardonado con el Premio Nobel. 

miércoles, 14 de febrero de 2024

Entre las fuerzas que afectan la locura política es la sed de poder

Si perseguir la desventaja después que ésta se ha hecho obvia resulta irracional, entonces el rechazo de la razón es la primera característica de la locura. Según los estoicos, la razón era el “fuego pensante” que dirige los asuntos del mundo, y el emperador o gobernante del Estado se consideraba como “el servidor de la razón divina, nombrado para mantener el orden en la Tierra”. Entonces como hoy la “razón divina” era abrumada, las más de las veces, por flaquezas humanas no racionales; ambición, angustia, afán de poder, deseos de encubrir errores, engaños, ilusiones, prejuicios fijos. Aunque la estructura del pensamiento humano se basa en el procedimiento lógico que lleva de la premisa a la conclusión, no está a prueba de las flaquezas y las pasiones. El pensamiento racional claramente indicaba a los troyanos que podían sospechar de un truco cuando al despertar vieron que todo el ejército griego se había desvanecido, dejando sólo un extraño monstruoso prodigio fuera de sus murallas. Un procedimiento racional habría sido, al menos, buscar enemigos ocultos dentro del Caballo, como urgentemente lo pedían Capis el Viejo, Laocoonte y Casandra. Tal opción estaba disponible, y, sin embargo, fue descartada en favor de la autodestrucción.
En las operaciones de gobierno la impotencia de la razón es grave porque afecta todo lo que toca, los ciudadanos, la sociedad, la civilización. Tal fue un problema de profunda preocupación para los griegos, fundadores del pensamiento occidental. Eurípides reconoció que no era posible explicar ya el misterio del mal moral y de la locura por simples causas externas, por la mordida de Até, como por una araña, o por otra intervención de los dioses. Hombres y mujeres habían de enfrentarse a ella como parte misma de su ser. Su Medea sabe que está dominada, ella misma, por una pasión “más fuerte que mis propósitos”. Platón, unos cincuenta años después, desesperadamente deseó que el hombre captara y nunca volviera a soltar “el sagrado cordón dorado de la razón”, pero también él tuvo que reconocer, a la postre, que sus congéneres estaban anclados en la vida de los sentimientos, movidos como títeres por los hilos de deseos y temores que les hacían danzar. Cuando el deseo no está de acuerdo con el juicio de la razón, nos dijo, hay una enfermedad del alma, “y cuando el alma se opone al conocimiento, o la opinión o la razón que son sus leyes naturales, a eso llamo locura”.
Principal entre las fuerzas que afectan la locura política es la sed de poder, llamada por Tácito “la más flagrante de todas las pasiones”. Como sólo puede quedar satisfecha mediante el poder sobre los demás, el gobierno es su campo favorito de ejercicio.

Referencia:Barbara Wertheim Tuchman, fue una historiadora, periodista y escritora estadounidense. Ganó dos veces el Premio Pulitzer.La marcha de la locura 


viernes, 11 de febrero de 2022

La aparente locura cristiana en realidad es sabiduría

San Pablo

San Pablo elimina la aparente sabiduría griega, que en realidad no es sino locura, en nombre de la aparente locura cristiana, que en realidad es sabiduría. La salvación que predica es sabiduría y eso porque la salvación es sabiduría. Quien posee la religión posee también, en su verdad esencial, la ciencia, el arte y la filosofía, disciplinas estimables, pero que no puede servir más que de menguado consuelo a quien no posee la religión.


San Justino

Un hombre busca la verdad valiéndose solamente de la razón y fracasa. La fe le ofrecerá verdad, la acepta, y luego de aceptarla, la halla satisfactoria para la razón. San Justino encuentra en el cristianismo, junto con otras muchas cosas, la llegada de verdades filosóficas por vías no filosóficas. Donde reina el desorden de la razón, la razón hace reinar el orden. La gran superioridad del cristianismo consiste en la de no ser un simple conocimiento abstracto de la verdad, sino un medio eficaz de salvación.

miércoles, 7 de julio de 2021

Comenzáis por despedazar la cruz y termináis por destruir el mundo

Chesterton

Carta de Albino Luciani a Chesterton


Querido Chesterton: En la pantalla de la televisión italiana apareció hace pocos meses el padre Brown, original sacerdote-detective, criatura típicamente tuya. Lástima que no hayan aparecido el profesor Lucifer y el monje Miguel. Los habría visto con sumo agrado, tal como tú los describiste en La esfera y la cruz, viajando en avión, sentado uno junto al otro, Cuaresma junto a Carnaval. Cuando el avión vuela sobre la catedral de Londres, el profesor suelta una blasfemia contra la cruz. Estoy pensando si esta blasfemia te ayuda en algo, le dice el monje. Escucha esta historia: Conocí a un hombre como tú; él también odiaba al crucifijo; lo eliminó de su casa, del cuello de su mujer, hasta de los cuadros; decía que era feo, símbolo de barbarie, contrario al gozo y a la vida. Pero su furia llegó a más todavía; un día trepó al campanario de una iglesia, arrancó la cruz y la arrojó desde lo alto. Este odio acabó transformándose primero en delirio y después en locura furiosa. Una tarde de verano se detuvo, fumando su pipa, ante una larguísima empalizada; no brillaba ninguna luz, no se movía ni una hoja, pero creyó ver la larga empalizada transformada en un ejército de cruces, unidas entre sí colina arriba y valle abajo. Entonces, blandiendo el bastón, arremetió contra la empalizada, como contra un batallón enemigo. A lo largo de todo el camino fue destrozando y arrancando los palos que encontraba a su paso. Odiaba la cruz, y cada palo era para él una cruz. Al llegar a casa seguía viendo cruces por todas partes, pateó los muebles, les prendió fuego, y a la mañana siguiente lo encontraron cadáver en el río. Entonces el profesor Lucifer, mordiéndose los labios, mira al anciano monje y le dice: Esta historia te la has inventado tú. Sí, responde Miguel, acabo de inventarla; pero expresa muy bien lo que estáis haciendo tú y tus amigos incrédulos. Comenzáis por despedazar la cruz y termináis por destruir el mundo. La conclusión del monje, que por supuesto es la tuya, querido Chesterton, es justa. Suprimid a Dios, y ¿qué es lo que queda? ¿En qué se convierten los hombres? Existe el mundo del progreso, oigo decir, el mundo del bienestar. Sí; pero este famoso progreso no es exactamente lo que se esperaba; trae consigo también los misiles, las armas bacteriológicas y atómicas, el proceso actual de contaminación, cosas todas que amenazan con arrastrar a toda la humanidad a una catástrofe.

sábado, 15 de agosto de 2020

La fe en Dios fue el motor que impulsó la ciencia



John Lennox, profesor de Matemáticas de Oxford dice que hoy muchos parecen usar sólo “el hemisferio izquierdo de su cerebro”, hasta el punto de que “ya han dejado de preguntarse incluso el ‘por qué’, en un sentido último”. El ejemplo más claro de esto sería el ateo Richard Dawkins, que considera que es absurdo buscar un sentido en la vida. Muchos otros líderes también han llegado a este punto. “En algunas charlas, les pregunto a empresarios de éxito:  ‘¿para qué existís?’ Y la respuesta suele ser un silencio desconcertante”. Sin embargo, “todos los seres humanos tenemos una cosmovisión”, que “responde a las preguntas: ¿De dónde vengo? ¿Quién soy? ¿Se termina la vida con la muerte? ¿Hay un sentido en el universo más allá de nosotros?”.


Lennox usa una ilustración cotidiana: “El hecho de que me apetezca una taza de té es la explicación de por qué está calentándose el agua. La otra explicación es científica, se refiere a cómo funciona el agua, el vapor, etc. Son dos explicaciones diferentes. Pero no compiten, no entran en conflicto. Es más, necesitas ambas para entender lo que está pasando. Lo mismo pasa con el universo”. “Lo que Hawking y otros dicen”, añade Lennox, “es que solo necesitas una explicación, la científica, y que se debe descartar la personal”. Pero la realidad es que “si rechazas el propósito personal de Dios, acabas en locura, seas lo inteligente que seas. Las librerías están llenas de libros que hablan de ‘la nada’, divagando de forma absurda tratando de evitar a Dios”. “Génesis 1 y Juan 1, en cambio, hablan de que cuando no había nada, ahí estaba Dios”.

John Lennox
Para Lennox “la ciencia moderna debe su existencia a la Cristiandad. El hombre se convirtió en científico porque esperaba encontrar leyes en la naturaleza. No tendríamos ciencia moderna si Europa no hubiera sido cristiana y tuviera fe en un Creador Inteligente. Esta fe no impedía la ciencia, sino que fue al revés, la fe en Dios fue el motor que impulsó la ciencia”.

jueves, 5 de marzo de 2020

El gobierno es la esfera principal de la locura porque es allí donde los hombres buscan el poder sobre otros

Thomas Jefferson
El gobierno es la esfera principal de la locura porque es allí donde los hombres buscan el poder sobre otros… tan sólo para perderlo sobre ellos mismos.Thomas Jefferson, quien ocupó más cargos y más elevados que la mayoría de los hombres, fue quien tuvo la visión más sombría. “Cada vez que un hombre mira con codicia” a un cargo, escribió a un amigo, “una podredumbre se inicia en su conducta". Su contemporáneo del otro lado del Atlántico, Adam Smith, se mostró aún más severo. “Y así el cargo… es el fin de la mitad de los esfuerzos de la vida humana; y es la causa de todo el tumulto y el rumor, toda la rapiña y toda la injusticia que la avaricia y la ambición han introducido en este mundo”. Ambos hablan de falla moral, no de competencia.

Un mayor estímulo para la locura es el exceso de poder.
Platón
Tras concebir su maravillosa visión de los reyes filósofos en la República, Platón empezó a sentir dudas y llegó a la conclusión de que las leyes eran la única salvaguardia. Un exceso de poder dado a cualquiera, como una vela demasiado grande para un navío, es peligroso, pensó Platón; se elimina toda moderación. El exceso lleva, por una parte, al desorden y, por la otra, a la injusticia. Ningún alma humana puede resistir la tentación del poder arbitrario, y “no hay nadie que en ciertas circunstancias no sea víctima de la locura, la peor de las enfermedades”. Su reino será socavado y “todo su poder se desvanecerá”. La inercia o estancamiento mental, el hecho de que gobernantes y políticos mantengan intactas las mismas ideas con las que empezaron, es terreno fértil para la locura”.

Los gobernantes justificarán una decisión mala u errónea diciendo que, como el historiador y partidario suyo Schlesinger escribió sobre John Kennedy, “no tenía opción”, pero aunque dos opciones puedan parecer iguales, siempre hay la libertad de hacer un cambio o de desistir de seguir un curso contraproducente si el político tiene el valor moral de ejercerla. No es una criatura víctima de los caprichos de dioses homéricos. Y, sin embargo, reconocer el error, reducir las pérdidas, alterar el rumbo es la opción que más repugna a quienes ejercen el gobierno. Para un gobernante, casi no hay que pensar siquiera en reconocer un error. 

lunes, 18 de marzo de 2019

Los celos

En Persiles, Cervantes da una sinopsis de su teoría de los celos: “Mira, amigo Periandro: esta enfermedad que los amantes llaman celos, que la llamaran mejor desesperación rabiosa, entran a la parte con ella la envidia y el menosprecio, y cuando una vez se apodera del alma enamorada, no hay consideración que la sosiegue, ni remedio que la valga; y aunque son pequeñas las causas que la engendran, los efectos que hace son tan grandes, que por lo menos quitan el seso, y por lo más menos, la vida; que mejor es al amante celoso el morir desesperado, que vivir con celos”.

Los efectos son,dice el neurólogo y psiquiatra Castilla del Pino, enormes, y lo menos que provocan es la locura, cuando no la autoaniquilación. En todo caso, la alternativa es, para Cervantes, terrible, mejor morir desesperado que vivir con celos.

sábado, 27 de octubre de 2018

Las conclusiones dostoyevskianas son comienzos.

Fyodor Dostoevsky.
Los demonios, como locos furiosos, se arrojan al mar y perecen todos. Pero el enfermo se cura. Stepan Trofimovich evoca este milagro en el momento de su muerte: “El enfermo se curará y se sentará a los pies de Jesús… y todos lo mirarán con asombro…”. El texto no se aplica únicamente a Rusia sino al propio moribundo. Stepan Trofimovich es ese enfermo que cura en la muerte y al que la muerte cura. Stepan se ha dejado llevar por la oleada de escándalos, de crímenes y de delitos que inunda la ciudad. Su fuga se arraiga en la locura general pero cambia de significación tan pronto como es emprendida. Es un retorno a la tierra materna y a la luz del día. Su vagabundeo conduce al anciano a un miserable camastro de pensión donde la vendedora ambulante de evangelios le lee el texto de san Lucas, cuenta René Girard. El moribundo percibe la verdad en el relato de los demonios de Gerasa. Así pues, podemos decir que el orden sobrenatural nace del desorden supremo. Cuanto más se aproxima Stepan a la muerte más se aleja de la mentira: “Amiga mía, he mentido toda mi vida. Hasta cuando decía la verdad. Nunca he hablado por amor a la verdad, sino por amor a mí mismo; esto ya lo sabía antes pero sólo ahora lo veo”. Stepan pronuncia unas palabras que contradicen claramente sus antiguas ideas. El apocalipsis no quedaría completo sin una cara luminosa. En la conclusión de Los Demonios hay dos muertes antitéticas. Una muerte que es extinción del espíritu y una muerte que es espíritu; una muerte que sólo es muerte, la de Stavroguin, y una muerte que es vida, la de Stepan Trofimovich. Este doble desenlace no es excepcional en la obra de Dostoyevski, dice Girard. Reaparece en Los hermanos Karamazov donde se oponen la locura de Iván Karamazov y la conversión redentora de Dimitri. Reaparece en Crimen y castigo donde se oponen el suicidio de Svidrigailov y la conversión de Raskolnikov. La vendedora ambulante de evangelios que vela junto a Stepan juega un papel más desvaído pero análogo al de Sofía. Es una mediadora entre el pecador y el texto sagrado. Raskolnikov y Dimitri Karamazov no mueren físicamente pero no por ello dejan de resucitar. Todas las conclusiones dostoyevskianas son comienzos. Se inicia una vida nueva, entre los hombres y en la eternidad…



Añade Girard que en el Quijote la agonía del héroe se asemeja mucho a la de Stepan Trofimovich. La pasión caballeresca nos es presentada como una auténtica posesión de la que el moribundo se ve afortunada pero tardíamente liberado. Su lucidez reconquistada permite a Don Quijote, como a Stepan Trofimovich, repudiar su existencia anterior. "Yo tengo juicio ya, libre y claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia, que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de las caballerías. Ya conozco sus disparates y sus embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan tarde, que no me deja tiempo para hacer alguna recompensa, leyendo otros que sean luz del alma". El desengaño español tiene el mismo sentido que la conversación dostoyevskiana, concluye Girard.

viernes, 5 de octubre de 2018

El totalitarismo comunista reveló la locura de la pretensión humana de divinizarse.

El totalitarismo comunista reveló, a todo aquel que tuviera ojos para mirar, la locura de la pretensión humana de divinizarse. Los récords de despotismo desmoralizador y mentira sistemática mostraron que el “progreso” económico y social nunca debe confundirse con una emancipación radical de los límites naturales, de las restricciones morales y de un orden trascendente que está por encima de la voluntad humana.

Muchos intelectuales, manifiesta el profesor Daniel Mahoney, sucumbieron ante la tentación totalitaria, la ilusión de que el comunismo representaba el verdadero “progreso” humano y el movimiento de la “historia”, o bien dieron su apoyo a un nihilismo suave, que contribuyó a la erosión de los fundamentos morales de la democracia.

lunes, 11 de junio de 2018

Locura.


Locura.

El médico Jorge Bucay cuenta que su maestro de la salud mental definía la locura de una manera muy particular y provocativa. Estar loco no es, como la gente piensa, un impulso que lo lleva a uno a hacer cosas extrañas. La verdadera locura, decía, es hacer todo el tiempo lo mismo y pretender que el resultado sea diferente. 

Cuenta la leyenda urbana que a un autobús local de un pequeño pueblo subió un día una joven. Pagó su billete y se sentó en el único asiento que quedaba libre, al lado de un señor, elegantemente vestido, que le sonrió acomodándose para hacerle más sitio. Apenas el vehículo se puso en marcha, la joven sacó de su bolso un sobre y volvió a mirar su contenido, un papel de carta con un logotipo azul en una esquina y unas pocas letras escritas a máquina. Luego suspiró ruidosamente y una sonrisa enorme se dibujó en su hermoso rostro. —Buenas noticias… —dijo el señor, sintiéndose un partícipe involuntario. —Oh…, disculpe —dijo
la joven, dándose cuenta de lo que había hecho. —No hay problema, al contrario… ¿Buenas noticias? —Buenísimas… ¡Estoy embarazada! —Cuánto me alegro… Felicidades —dijo el hombre tocándole la mano paternalmente. —Sí, yo también me alegré muchísimo… Hace tiempo que quería este embarazo. Ya llevo cuatro años casada… y cuando no era por una cosa era por otra, nunca conseguíamos que esta prueba diera positiva. —Es increíble cómo se dan las coincidencias —dijo el hombre, sacando de su bolsillo un sobre de correos—. Yo también acabo de recibir una buena noticia. Hace ya dos años que compré un caballo de carreras y, como usted dice, cuando no era por una cosa era por otra, nunca había conseguido ganar un gran premio… Y mire, hace apenas unos minutos, me llegó este telegrama avisándome de que, por primera vez, ganamos una carrera del circuito oficial. —A veces el azar hace cosas maravillosas. ¿No cree? —preguntó la joven. —Sí…, aunque en este caso tuve que ayudar al azar… Voy a contarle un secreto —dijo el hombre bajando la voz y arrimando su mano a la boca como quien quiere esconder sus palabras—. Yo estaba tan deseoso de ganar una carrera… que sin decírselo a nadie decidí cambiar de jinete. —Le voy a contar otro secreto… —dijo ella repitiendo el gesto de él—. Yo también.

martes, 29 de mayo de 2018

Cuando el impresionismo era una nueva tendencia.


 Claude Monet
Al principio, cuando alguien decía que el impresionismo era la nueva tendencia artística, se mofaba la mayor parte del mundo del arte, compuesto por académicos, aún inmersos en el Renacimiento, dedicados al dibujo y el modelado. Al servicio de la hegemonía comercial del Salón, decían que las nuevas obras eran crímenes, absurdos y manchas de barro y acusaban a radicales como Claude Monet de hacer la guerra a la belleza. En los indignados editoriales de las revistas se comparaban estas nuevas obras con las realizadas por un mono al que se suministran pinturas; las calificaban de mera locura y, según Le Figaro, eran un espectáculo aterrador. 

Retrato de Charles y Georges Durand-Ruel,
La tormenta estalló en marzo de 1875. Un grupo de pintores, con una urgente necesidad de dinero (entre ellos Monet y Renoir), vendieron algunas de sus controvertidas obras a la mayor casa de subastas de la ciudad, el Hôtel Drouot. El suceso casi suscita un levantamiento. Los espectadores insultaban a los nuevos artistas y sus cuadros, burlándose de cada obra que se subastaba. Cuando se vendía alguna por poco dinero (cincuenta francos se pagaron por un paisaje de Monet) gritaban escarnios. “Pujo por el marco”, gritaba uno. El subastador temía acabar en un manicomio por culpa de la multitud desenfrenada. “Nos trataron como a imbéciles”, recordaba. Las cosas se pusieron tan feas que los organizadores tuvieron que llamar a la policía para evitar que el acto se convirtiera en una batalla campal.

jueves, 6 de abril de 2017

No hubo papas locos.

Aprovecho razones de un tertuliano en una emisora de radio para contestar a sus razonamientos faltos de verdad. 
Gregorio IX.
El cuadro bimilenario de la salud pontificia parece presentar todas las patologías existentes con una sola excepción, la locura. No hubo papas locos. De lo que se deriva, escribe Vittorio Messori,la confirmación de una ayuda especial del Espíritu Santo. En efecto, la potestad del Papa in spiritualibus es absoluta. La Iglesia ve en él al maestro supremo de la fe. ¿Qué hubiera sucedido si, a causa de alguna enfermedad psíquica, tan sólo uno de los papas hubiese empezado a dictar algo contrario a la fe católica de la que es inapelable guardián?
Ha habido papas inmorales, indignos, al menos según
Alejandro VI.
nuestras actuales categorías éticas, de su altísimo oficio. Pero, por una paradoja en la que una vez más el punto de vista religioso percibe un enigma de la Providencia, justamente esos pontífices que menos practicaron las exigencias de la fe fueron los más firmes y decididos proclamando la verdad de la misma.AlejandroVI,considerado un ejemplo tal vez demasiado fácil de la abyección moral en la que cayó el papado renacentista, fue un impecable maestro de fe. Quizá actuó mal pero predicó estupendamente,dice Messori,y esto es lo que se espera de un sucesor de Pedro, llamado por Jesús mismo a una función principal, la de ratificar a los hermanos en la fe. La enseñanza papal precede y es mucho más importante que el también deseable ejemplo moral. Sin embargo, la pureza de dicha enseñanza siempre se ha visto protegida de los estropicios de la arteriosclerosis y los accesos de locura, más que de la inmoralidad de las costumbres, practicadas pero nunca teorizadas ni presentadas al estilo radical como un bien.



La enseñanza papal precede y es mucho más importante que el también deseable ejemplo moral.

viernes, 3 de marzo de 2017

La locura del tiempo no es una necesidad fatal.

Los sucesos temporales no tienen poder alguno sobre ti mientras tú te niegues a participar en ellos; la locura del tiempo no es una necesidad fatal en tanto mantengas tu lucidez. Y hasta la peor de tus vivencias, las humillaciones aparentes, los reveses del destino, sólo los sientes en la medida en que eres débil frente a ellos, pues ¿quién sino tú mismo les confiere valor y peso, les transmite placer y dolor? Nada puede exaltar y humillar tu “yo” sino tú mismo.
Montaigne 
Aun la presión más fuerte del exterior cede con facilidad frente a quien internamente se mantiene firme y libre. Siempre, y en especial cuando el individuo en particular se siente acosado en su paz espiritual y en su libertad, la palabra y el sabio consejo de Montaigne representan una bendición, pues en tiempos de confusión y de partidismos nada nos protege mejor que la rectitud y la humanidad.

Los sucesos temporales no tienen poder alguno sobre ti mientras tú te niegues a participar en ellos

en tiempos de confusión y de partidismos nada nos protege mejor que la rectitud y la humanidad