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martes, 10 de diciembre de 2024

El número de enfermedades mentales aumenta

Al mismo tiempo que las enfermedades como las diarreas infantiles, la tuberculosis, la difteria, la fiebre tifoidea, son eliminadas y la mortalidad disminuye, el número de enfermedades mentales aumenta. En ciertos lugares la cantidad de locos internados en los asilos sobrepasa a la de todos los otros enfermos hospitalizados. Al margen de la locura, el desequilibrio nervioso acentúa su frecuencia y es uno de los factores más activos de la desdicha de los individuos y de la desgracia de las familias. Quizás este deterioro mental es más peligroso para la civilización que las enfermedades infecciosas de las cuales se han ocupado exclusivamente la medicina y la higiene.
Se sienten asediados por el temor de perder su empleo, sus economías, su fortuna, sus medios de subsistencia. No pueden satisfacer la necesidad de seguridad que existe en el fondo de cada uno de nosotros. A despecho de la tranquilidad social, permanecen inquietos y a menudo, aquellos que son capaces de reflexionar, se sienten desgraciados, escribe Alexis Carrel, que fue galardonado con el Premio Nobel. 

miércoles, 24 de julio de 2024

A finales de 2023 eran más de 117,3 millones las personas que se encontraban desplazadas a la fuerza

Según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), a finales de 2023 eran más de 117,3 millones las personas que se encontraban desplazadas a la fuerza de sus hogares. Un número que equivale al 1,5% de la población de todo el mundo. Desde la institución, además, alertan de una tendencia que no ha dejado de crecer en los últimos 12 años, pasando de afectar a una de cada 125 personas hace una década, a una de cada 69 en la actualidad. 43,4 millones de refugiados en todo el mundo (esto es personas que sí han tenido que abandonar tanto sus hogares como sus países de origen). Según ACNUR esta cifra se ha triplicado en la última década. Además, en 2023 solo 1,1 millones de refugiados lograron regresas a sus casas.“Detrás de estas crudas cifras se esconden innumerables tragedias humanas”, ha asegurado el responsable de ACNUR, Filippo Grandi. “El sufrimiento debe impulsar a la comunidad internacional a actuar con urgencia para abordar las causas del desplazamiento forzado”, ha añadido.
Un fenómeno que se ha acentuado en los últimos años especialmente entre la población desplazada por la fuerza es el de la inseguridad alimentaria. Desde la ONG World Vision apuntan a lo que han llamado “recortes en las raciones” que analiza las interrupciones en la distribución de ayuda humanitaria y su efecto, especialmente entre desplazados y refugiados. Según esta entidad, hasta el 68% de las personas dependientes de ayuda humanitaria, y que han sufrido estos cortes intermitentes en su acceso a la misma, aseguran que algún miembro de su familia se había ido a la cama con hambre en las últimas semanas por escasez de alimentos. “El hambre no mata a la gente solo por desnutrición, sino también por enfermedad mental”, ha explicado la directora de Respuesta Mundial al Hambre de World Vision, Mary Njeri.En Alianza Solidaria también identifican esta misma tendencia y aseguran que “la supervivencia es un problema entre los desplazados y refugiados porque la inseguridad alimentaria se ha intensificado en los 5 últimos años, llegando a niveles de pobreza grave en el 90% de la población refugiada”. A esto se añade un clima de constante exposición a la violencia que afecta tanto a adultos como a niños. En este sentido, World Vision ha identificado que el 41% de los refugiados sienten que los niños experimentan ahora más violencia, abusos y abandono en el hogar que antes.
 

lunes, 1 de noviembre de 2021

La pandemia de Covid-19 aumentó en 129 millones los casos de trastornos de depresión y ansiedad en el mundo durante 2020

La pandemia de Covid-19 aumentó en 129 millones los casos de trastornos de depresión y ansiedad en el mundo durante 2020, lo que representa un crecimiento de un 25%, según datos de un estudio científico que abarcó a más de 200 países y que fue publicado por The Lancet. La revista científica muestra también que el consumo de psicofármacos aumentó 4 veces más que los medicamentos en general debido a la pandemia, que agravó una situación de base que ya era preocupante, sobre todo por la escasez de recursos para tratar la enfermedad mental.


La investigación concluye que las peores cifras en trastornos depresivos y ansiosos se dan en los países con mayores tasas de infección y más restricciones al movimiento de la población. El sur y oeste de Latinoamérica (Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina); Centroamérica y el sur de Estados Unidos; también Egipto o Irán en el este o la República de Sudáfrica vieron crecer la prevalencia de estos trastornos más de un 36% entre su población. Pero, los expertos advierten que estos datos geográficos hay que tomarlos con cautela porque no se dispone de los mismos estudios en todas las zonas del mundo. Hay mucha más cantidad en países desarrollados y se extrapola a través de fórmulas.

martes, 7 de noviembre de 2017

La voluntad no está expuesta a ladrones.

Epícteto dice que controlamos nuestras convicciones. Podrá parecer un campo de control muy limitado, pero esta pequeña ventana constituye la base de la libertad, la autonomía y la soberanía humanas. Según Epícteto, tenemos que aprender a ejercitar nuestro poder sobre nuestros pensamientos y convicciones. Es nuestro dominio soberano. En esto somos reyes, siempre que optemos por ejercer nuestra soberanía. En lo que pensamos y creemos tenemos siempre elección. Los estoicos hacían hincapié en que nadie puede obligarnos jamás a creer en algo contra nuestra voluntad. Si sabemos resistir, nadie podrá hacernos un lavado de cerebro. Dijo Epicteto: “La voluntad no está expuesta a ladrones”.

Dolor emocional.
Echamos la culpa de lo que pensamos al mundo exterior, a nuestros padres, a nuestros amigos, a nuestra pareja, a nuestro jefe, a la economía, al medio ambiente, al sistema de clases… y también en este caso acabamos colmados de amargura, impotencia, victimismo y descontrol, sintiéndonos a merced de las circunstancias externas. De estos dos graves errores se derivan muchas enfermedades mentales y trastornos emocionales, escribe el filosofo británico Jules Evans. Las personas depresivas reprochan a menudo su mal humor a factores externos. Echan la culpa al pasado, o a sus padres, o a sus compañeros de trabajo, o a la economía, o a la política mundial. Desisten constantemente de cualquier responsabilidad sobre sus propias convicciones y emociones, pero solo les sirve para sentirse más impotentes, con menos control y más deprimidos. Según un estudio realizado en 2010 por el Instituto de Psiquiatría sobre la salud mental de los soldados británicos destinados en Irak y
Afganistán, la causa principal de sufrimiento emocional entre las tropas no tenía nada que ver con el combate, sino con las llamadas telefónicas de sus mujeres, que se quejaban de los problemas que tenían en casa, problemas que ellos nada podían hacer por resolver. La sensación de descontrol, de no poder ayudar a los seres queridos, es más desmoralizadora que cualquier bomba talibán. Sin embargo, como dice Epicteto, podemos vencer nuestros sentimientos de impotencia y desesperación recordándonos lo que podemos controlar y lo que no.

La Oración por la Serenidad leída al final de todas las reuniones de Alcohólicos Anónimos. Dice así: “Señor, dame serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que puedo cambiar, y sabiduría para distinguir lo uno de lo otro”.