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jueves, 22 de mayo de 2025

Tener un destino significa tener cada uno su destino

“Tener un destino significa tener cada uno su destino. Con su destino peculiarísimo el individuo está, como si dijéramos, solo en todo el universo. Su destino no se repite. Nadie vendrá al mundo con las mismas posibilidades que él, ni él mismo volverá a tenerlas. Las ocasiones que se le brindan para la realización de valores creadores o vivenciales, el destino con que realmente tropieza, es decir, aquello que el hombre no puede modificar, sino que debe soportar en el sentido de los valores de actitud. Todo esto es algo único y que sólo se da una vez. Cuán paradójico es querer rebelarse contra el destino se ve claramente cuando alguien se pregunta qué habría sido de él, cuál habría sido su vida, si no hubiese tenido el padre que realmente tiene y hubiera sido hijo de otra persona cualquiera; quien se formule tal pregunta olvida que en tal caso no sería propiamente “él”, pues el portador del destino sería otra persona completamente distinta, razón por la cual no podría ya hablarse, en rigor, de “su” destino, sino del destino de otro. Por tanto, el problema de la posibilidad de tener otro destino, un destino distinto, es de por sí imposible, contradictorio y carente de sentido”, escribe Viktor Frankl.
Para Frankl, “libertad sin destino es imposible; la libertad sólo puede ser libertad frente a un destino, un comportarse con el destino. El hombre es libre, indudablemente, pero ello no quiere decir que flote, independiente, en el vacío, sino que se halla en medio de una muchedumbre de vínculos. Pero estos vínculos son propiamente el punto de apoyo de su libertad. La libertad presupone vínculos, tiene que contar con vínculos. El espíritu debe contar con el impulso, la existencia con la sustancia. El tener que contar no significa sometimiento. El suelo sobre que el hombre se planta es trascendido a cada momento en la marcha y es suelo sólo en la medida en que es trascendido y sirve de trampolín. Si quisiéramos definir al hombre habíamos de hacerlo como un ser que va liberándose en cada caso de aquello que lo determina (como tipo biológico-psicológico-sociológico); es decir, como un ser que va trascendiendo todas estas determinaciones al superarlas o conformarlas, pero también a medida que va sometiéndose a ellas.”

domingo, 13 de abril de 2025

El juicio moral en la historia es planta muy delicada

Elvira Roca Barea
El juicio moral en la historia es planta muy delicada y suele ser arrastrada por prejuicios conscientes e inconscientes. Es relativamente fácil juzgar un acto humano individual, y aun así a veces resulta muy arduo. Cuando empiezan a multiplicarse exponencialmente los factores en juego, las causas y los efectos interaccionan entre sí de manera tan apretada y circular que no se puede determinar honradamente cuál es la causa y cuál el efecto. Frente a este desafío, no hay más receta para ser honrado que la humildad, escribe Elvira Roca Barea.

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Nuestra manera de pensar determina lo que sentimos

Nuestra manera de pensar determina lo que sentimos y, a raíz de lo que nos provoca tomamos como prueba de verdad aquello que pensamos. Esto es una capacidad increíble, pero también puede jugarnos malas pasadas. “Según nos hablemos a nosotros mismos, nos viviremos de una manera u otra y el mundo que percibamos será uno u otro” escribe Óscar González.
Es delgada la línea que separa nuestra capacidad de pensar, y de sentir, en la que la emoción se encuentra a medio camino entre ellas. En nuestro día a día y debido al uso que hacemos de nuestro lenguaje, en muchas ocasiones utilizamos estos tres conceptos como si fueran sinónimos, pero lo cierto es que pensar, emocionarse y sentir son cosas muy diferentes. Somos seres racionales. Esto no implica que las emociones y los sentimientos sean ajenos y no intervengan en nuestra personalidad, nuestra manera de interpretar el mundo, la toma de decisiones y la forma en que fijamos nuestras ideas. Hacemos caso a nuestras emociones y es una capacidad humana que no debemos alejar de nuestra vida. La razón sin emoción ni sentimiento no tiene sentido. Los sentimientos son más duraderos que las emociones, pero las emociones son más intensas que los sentimientos. Aprender cómo funcionan en nosotros esa relación es fundamental para fomentar nuestra inteligencia emocional, nuestra manera de relacionarnos con nosotros y con los demás y para mejorar nuestra salud mental.



jueves, 23 de abril de 2020

Cada individuo determina si su balanza es favorable o desfavorable



Para el economista Murray N. Rothbard “los argumentos en favor de los aranceles tienen una cosa en común, todos intentan probar que los consumidores del área protegida no se ven explotados por el arancel. Todos estos intentos son en vano. Hay muchos argumentos. Los habituales son las preocupaciones acerca de una balanza comercial desfavorable. Pero cada individuo decide acerca de sus compra y por tanto determina si su balanza es favorable o desfavorable y desfavorable es un término equívoco pues cada compra es la acción más favorable para el individuo en ese momento. Lo mismo puede decirse de balance consolidado de una región o país. No puede haber un balance comercial desfavorable para una región, salvo que lo quieran quienes comercian, ya sea vendiendo su reserva de oro o pidiendo prestado a otros, siendo los préstamos concedidos voluntariamente por los acreedores”.




viernes, 28 de septiembre de 2018

Las circunstancias nunca determinan nuestro destino.


Dice Ortega, “el hombre no tiene naturaleza, tiene historia”, es decir, que a diferencia de los animales y de las cosas, que no pueden ser más que lo que son, nosotros tenemos la opción de construirnos constantemente, y en realidad esa tarea es la que define nuestra vocación como seres humanos. En esa tarea se va sintiendo uno cada vez más realizado y feliz. 
Determinismo.
Sartre puntualiza que “todo hombre que se inventa un determinismo es un hombre de mala fe”. Hay personas que se apuntan a un determinismo biológico cuando afirman: “Es que soy así y no puedo obrar de otra manera”. Otros se sienten determinados por el ambiente, echando las culpas de sus errores, fracasos y desgracias a la sociedad, que les ha hecho así. Por último, un tercer grupo de personas hablan de fatalismo. 

Bernabé Tierno opina que las circunstancias favorables o desfavorables sin duda condicionan, pero nunca determinan
nuestro destino. Casi todo depende de nuestra capacidad de libre decisión, de nuestro carácter y de las actitudes conscientemente positivas. La noble e irrenunciable tarea de proyectar y de construir nuestra existencia como verdaderos arquitectos de nuestro destino, sin duda, está en nuestras manos.