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miércoles, 1 de julio de 2026

La mayor parte de la memoria histórica de la España del siglo XXI ni es memoria ni historia

Tras su sorprendente victoria en las elecciones de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero introdujo una novedosa forma de izquierdismo en España que ni se parece al antiguo revolucionarismo ni a la socialdemocracia constructiva de Felipe González. Se trata de un nuevo izquierdismo basado en la corrección política internacional y en unas extrañas ideas de multiculturalidad, atomización de la cultura y la sociedad y deconstrucción de España en interés de una especie de ilusorio y renacido frente popular con el que consolidar su poder político. La memoria histórica o colectiva es en sí misma un concepto ficticio, un espejismo, porque, hablando con propiedad, tal cosa no existe. La memoria no es ni colectiva ni histórica, sino intrínsecamente personal, individual y, por tanto, subjetiva, escribe el historiador Stanley Payne.
Para Stanley  Payne la mayor parte de la memoria histórica de la España del siglo XXI ni es memoria ni historia, sino un discurso político elaborado por la izquierda en torno a ciertos incidentes que se interpretan según un esquema partidista. La violencia política y la represión tienen mucho peso en este discurso porque son muy rentables, y se conciben de una forma sesgada y reduccionista. Sin embargo, casi no se presta atención a sus orígenes o a cómo las aplicó la izquierda; por el contrario, se atribuye a Franco el dudoso honor de haberlas inventado y ser el único que las puso en práctica, lo que es justo lo opuesto de adquirir conocimientos acerca de la historia. La recuperación de los tropos de la guerra por parte de la izquierda de finales del siglo XX también fue lógica, ya que la larga dictadura los había convertido en un evidente objetivo para tales ejercicios. Uno de los rasgos más sorprendentes de los primeros años del siglo XXI ha sido la forma en que, en ciertos libros, las investigaciones serias han dado paso a un sensacionalismo politizado, dando la impresión de que la historiografía no avanza, sino que retrocede.
Se puede argumentar que en la política española existe una cierta circularidad de tipo latinoamericano en la que cada logro político es más difícil de alcanzar de lo que se pensaba. A finales del siglo XX, antes de que Rodríguez Zapatero llegase a la Presidencia, existía el convencimiento de que España había alcanzado un nivel educativo, de desarrollo político y transformación económica que hacía posible trascender ciertos problemas de una vez por todas.

domingo, 7 de diciembre de 2025

Inteligencia espiritual

La inteligencia espiritual, intrínseca a todo ser humano, nos habilita para tomar distancia del mundo y de nosotros mismos, nos capacita para evaluar nuestra existencia, interrogarnos por el sentido de nuestra vida; nos permite admirarnos de la realidad que nos circunda, maravillarnos de la naturaleza, del arte y de la música, en definitiva, nos capacita para trascender lo inmediato y atisbar lo que está más allá de todo lo tangible, dice el filósofo Francesc Torralba.


jueves, 22 de mayo de 2025

Tener un destino significa tener cada uno su destino

“Tener un destino significa tener cada uno su destino. Con su destino peculiarísimo el individuo está, como si dijéramos, solo en todo el universo. Su destino no se repite. Nadie vendrá al mundo con las mismas posibilidades que él, ni él mismo volverá a tenerlas. Las ocasiones que se le brindan para la realización de valores creadores o vivenciales, el destino con que realmente tropieza, es decir, aquello que el hombre no puede modificar, sino que debe soportar en el sentido de los valores de actitud. Todo esto es algo único y que sólo se da una vez. Cuán paradójico es querer rebelarse contra el destino se ve claramente cuando alguien se pregunta qué habría sido de él, cuál habría sido su vida, si no hubiese tenido el padre que realmente tiene y hubiera sido hijo de otra persona cualquiera; quien se formule tal pregunta olvida que en tal caso no sería propiamente “él”, pues el portador del destino sería otra persona completamente distinta, razón por la cual no podría ya hablarse, en rigor, de “su” destino, sino del destino de otro. Por tanto, el problema de la posibilidad de tener otro destino, un destino distinto, es de por sí imposible, contradictorio y carente de sentido”, escribe Viktor Frankl.
Para Frankl, “libertad sin destino es imposible; la libertad sólo puede ser libertad frente a un destino, un comportarse con el destino. El hombre es libre, indudablemente, pero ello no quiere decir que flote, independiente, en el vacío, sino que se halla en medio de una muchedumbre de vínculos. Pero estos vínculos son propiamente el punto de apoyo de su libertad. La libertad presupone vínculos, tiene que contar con vínculos. El espíritu debe contar con el impulso, la existencia con la sustancia. El tener que contar no significa sometimiento. El suelo sobre que el hombre se planta es trascendido a cada momento en la marcha y es suelo sólo en la medida en que es trascendido y sirve de trampolín. Si quisiéramos definir al hombre habíamos de hacerlo como un ser que va liberándose en cada caso de aquello que lo determina (como tipo biológico-psicológico-sociológico); es decir, como un ser que va trascendiendo todas estas determinaciones al superarlas o conformarlas, pero también a medida que va sometiéndose a ellas.”

miércoles, 5 de febrero de 2025

El deseo de la polilla por la estrella

En la Encyclopédie, Louis de Jaucourt define lo sublime como “todo lo que nos eleva por encima de lo que éramos, y al mismo tiempo nos hace sentir esa elevación”. Estamos sobredimensionados, optamos al infinito. El “cielo estrellado sobre mí” de Kant, las estatuas de la Isla de Pascua, el último movimiento (Resurrección) de la Segunda Sinfonía de Mahler, el desierto de Kalahari al caer la noche o la claraboya de una iglesia; puede uno inclinarse a una posibilidad u otra, lo que no puede uno es denigrarlas todas sin ponerse en evidencia. Séneca en sus Cuestiones naturales escribió que el alma es una cosa pequeña, pero es cosa tremenda el desprecio del alma.
Al trascender cedemos gozosamente ante un poder que se nos impone. Atisbamos una grandeza indecible y nos entregamos en un plano que no es biológico ni social ni afectivo, en un nivel que tiene sus propias hechuras y reglas. De algún modo, no es algo que hacemos, sino que nos ocurre, aunque por supuesto pueda uno predisponerse. Por eso decía Jiddu Krishnamurtique no es posible dirigir el viento, pero hay que dejar las ventanas abiertas.Trascender, escribe David Cerdá, es afrontar lo indescifrable. Se instaura una economía imposible, sacar de casi nada un rédito extraordinario, la multiplicación de los panes y los peces. Un austero retiro en un convento, un gong cadencioso, la danza de los derviches… La mística, dice Cerdá, tiene una base prosaica desde la que obtiene resultados insólitos. No hay experiencia más universal y democrática, cualquiera puede pensar lo incognoscible y querer por encima de todos sus deseos. El contemplativo se empequeñece y así se agranda, esa es la esencia de su particular milagro.
Los seres humanos nos procuramos realidades ultra-terrenas en un gesto de expansión irrazonable. Shelley denominó a este gesto “el deseo de la polilla por la estrella”; una pretensión desorbitada. Si la trascendencia emparenta naturalmente con la moral, el amor y la belleza es porque las cuatro constituyen lujos orgánicos, extraños idiomas preciosos que, hasta donde nos consta, solo nosotros hablamos en el universo.Esta quemazón por lo Otro es un fuego común que, no obstante, puede ser pabilo titubeante o bosque en llamas. La realicemos o no, la capacidad de trascender nos caracteriza. Cuando esta posibilidad se eclipsa, permanece latente, y el hueco que resulta puede incluso medirse, pues tarde o temprano aflora, ya sea en forma de mera insatisfacción o con trazas patológicas. Como explicaba José Ortega y Gasset, “el hombre a veces no tiene manos; pero entonces no es tampoco un hombre, sino un hombre manco”.

sábado, 9 de septiembre de 2023

No existe evidencia de que la inteligencia fuera producto de ninguna evolución

No existe de hecho ni sombra de evidencia de que la inteligencia fuera producto de ninguna evolución en absoluto. Ni existe el menor indicio de que esta transición se produjera lentamente o incluso de que se produjera de forma natural. Desde un punto de vista estrictamente científico, sencillamente no saltemos nada de cómo se desarrolló o si hubo un proceso de desarrollo o cómo fue su constitución. Podemos encontrar un rastro interrumpido de piedras y huesos que débilmente hagan pensar en el desarrollo del cuerpo humano. Pero no existe el más débil indicio que nos lleve a pensar en un desarrollo semejante de la mente humana. No existía y comenzó a existir. No sabemos en qué momento o en qué infinidad de años. Algo sucedió, y tiene toda la apariencia de una acción que trasciende los límites del tiempo. No tiene, por tanto, nada que ver con la historia en el sentido que habitualmente se le da. 
El hombre eterno (G. K. Chesterton)

sábado, 5 de noviembre de 2022

Autenticidad

Para Sartre la “autenticidad” es la norma aceptada universalmente de “Sé sincero contigo mismo”. Una persona vive con autenticidad si actúa siguiendo el principio de que su existencia precede a su esencia. En esencia, una persona no es digamos un camarero, o un demócrata, o un bebedor empedernido, estos no son más que papeles que elige representar en la vida y no unas cualidades innatas que no pueda trascender. Por ejemplo, una persona auténtica no puede decir de buena fe: “Me tomo dos whiskis en el almuerzo porque yo soy así”, ya que se estaría tratando a sí misma como un objeto con unas características inmutables, que no existe como un sujeto con la capacidad de elegir quién es y los actos que realiza.