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miércoles, 25 de marzo de 2026

Las guerras fratricidas de la izquierda son innumerables

Las guerras fratricidas de la izquierda son innumerables desde la Primera Internacional fundada en 1864 en Londres, donde había anarquistas, socialistas y sindicalistas, entre otros. Pretendían organizar políticamente al proletariado y proponer líneas de acción. Allí estaban Marx, Engels y Bakunin. Lo mejor de cada casa. La lucha entre socialistas y anarquistas encabezados por Marx y Bakunin llevó a la ruptura de la Primera Internacional.
Desde entonces hasta nuestros días siguen apuñalándose. Todo el siglo XX ha sido un enfrentamiento entre facciones de la izquierda a cada cual más radical. Empezaron con las luchas de Bolcheviques y Mencheviques en la Revolución de Octubre, siguieron en la Guerra Civil española y han dado infinitas muestras de fratricidio en medio mundo hasta nuestros días.


sábado, 1 de junio de 2024

El comunismo fue una entrega psicológica comparable a la de una fe religiosa

La presencia soviética en los asuntos del mundo era como un certificado de la presencia soviética en la historia del mundo.Ni siquiera los enemigos del socialismo imaginaban que el régimen soviético pudiera desaparecer, y que la Revolución de Octubre pudiese ser borrada; y menos aún que esta ruptura pudiese originarse en ciertas iniciativas del partido único en el poder.El universo comunista se deshizo por sí solo. Esto se puede ver en otra señal, esta vez diferida; solo quedan los hombres que, sin haber sido vencidos, han pasado de un mundo a otro convertidos a otro sistema, partidarios del mercado y de las elecciones, o bien reciclados en el nacionalismo. Pero de su experiencia anterior no queda ni una idea. Los pueblos que salen del comunismo parecen estar obsesionados por negar el régimen en que vivieron, aun cuando hayan heredado sus hábitos o sus costumbres.
Entre los escombros de la Unión Soviética no aparecen ni dirigentes dispuestos al relevo, ni verdaderos partidos, ni nueva sociedad, ni nueva economía. Solo se puede ver a una humanidad atomizada y uniforme, a tal punto que resulta demasiado cierto que las clases sociales han desaparecido. Incluso el campesinado, al menos en la URSS, fue destruido por el Estado. Los pueblos de la Unión Soviética tampoco han conservado fuerzas suficientes para expulsar a una nomenklatura dividida, ni siquiera para influir realmente sobre el curso de los acontecimientos.
La experiencia soviética constituye una de las grandes reacciones antiliberales y antidemocráticas de la historia europea del siglo XX, siendo la otra, desde luego, la del fascismo en sus diferentes formas.No fue algo parecido a un error de juicio, que con la ayuda de la experiencia se puede reparar, medir y corregir; más bien, fue una entrega psicológica comparable a la de una fe religiosa, aunque su objeto fuese histórico. La ilusión no acompaña a la historia comunista, escribe François Furet.



sábado, 21 de septiembre de 2019

Los 26 millones de marcos que alteraron el rumbo de la historia


El historiador alemán Sebastian Haffner cuenta que en el nacimiento de la Rusia bolchevique, Alemania no se limitó a poner a disposición de Lenin y de algunos otros dirigentes revolucionarios un tren especial para atravesar el país. Alemania financió además las actividades del partido bolchevique en Rusia en el verano y el otoño de 1917, actividades sin las que la Revolución de octubre no habría tenido lugar. Asimismo, Alemania probablemente le salvó la vida al régimen bolchevique o al menos le cubrió las espaldas de manera decisiva en el verano de 1918, cuando sufrió la primera y más grave crisis de un gobierno aún no consolidado.


Alexander Parvus-Helphand en 1915 facilitó al Ministerio de Exteriores alemán el contacto con Lenin. Desde entonces se supo que Lenin era el único socialista ruso dispuesto a aceptar una paz especial, por cierto sin apenas condiciones, a cambio de salvar la revolución rusa. La iniciativa del viaje de Lenin desde Suiza a Rusia pasando por una Alemania en guerra partió de esta última, no de Lenin. 

Existe un informe interno del entonces secretario de Estado de Asuntos Exteriores alemán, Von Kühlmann, con fecha del 3 de diciembre de 1917, que reza: “Sólo los recursos que les suministramos continuamente a los bolcheviques por múltiples vías y de múltiples maneras les han permitido poner en marcha el Pravda, su máximo órgano de expresión, llevar a cabo una gran labor de agitación y ampliar considerablemente la base de un partido que al principio tuvo escasos apoyos”. A través de documentos alemanes es posible calcular la cifra aproximada de fondos suministrados entonces a los bolcheviques; ésta podría rondar los 26 millones de marcos. Esos 26 millones alteraron el rumbo de la historia.

General Ludendorff
El hombre más poderoso de la Alemania de aquel entonces y el verdadero socio de Lenin, si bien éste nunca lo conoció personalmente, fue el general Ludendorff. Para Ludendorff Lenin no era más que un pobre bufón y viceversa y, partiendo de esta base, ambos no sólo se entendieron a la perfección, sino que también se prestaron una ayuda mutua decisiva.

sábado, 22 de julio de 2017

1917. Un tren lleva a bordo el virus de la revolución.

1917 se inaugura bajo los peores auspicios. Las huelgas obreras en las fábricas y las deserciones masivas en el ejército ponen al país al borde del caos y de la anarquía. En marzo las huelgas paralizan Petrogrado y el Parlamento (la Duma) se disuelve, pero el zar Nicolás II está atornillado a la poltrona y no abdica, a pesar de que desde todas las instancias se exige su retirada.
1917.Revolución rusa.

Los obreros amotinados detienen el tren del zar. Nicolás cede al fin y abdica en el zarevitch Alexis. Cuando le hacen ver que su hemofílico hijo es demasiado endeble para sostener la corona en tiempos tan revueltos, designa a su hermano menor, el gran duque Miguel, prestigioso general de cosacos. Tremenda complicación para el elegido, que se había apartado de la corte para vivir apaciblemente con su amante Natalia Sheremétievskaya, una estupenda señora, aunque rechazada por la aristocracia porque no es noble y tiene un pasado (dos maridos y algún amante). Miguel rechaza la oferta con el argumento de que sólo aceptará la corona si se la entrega el Parlamento. Rusia se queda sin zar.


9 de abril de 1917. Un tren especial atraviesa Alemania sin detenerse más que para repostar agua en las estaciones de Mannheim, Frankfurt, Berlín y Sassnitz. Este tren lleva a bordo el virus de la revolución; por eso las autoridades germanas han sellado ciertos vagones. Ese virus es Vladímir Ilich Lenin, un hombrecillo calvo, con perilla, los ojos rasgados, de aspecto caucasiano, que viaja con un reducido séquito en el que ponen la nota femenina su esposa legítima, Nadezhda Krúpskaya, y su amante, Inessa Armand.

Lenin y su nutrido séquito (los treinta y dos camaradas que
lo acompañan) toman un barco que los lleva a Malmö, en la costa sueca. Finalmente la comitiva penetra en Rusia por Finlandia, en trineos, para llegar, días después, a Petrogrado. Lenin aparece en público, recibe a los periodistas, realiza declaraciones que se divulgan impresas por toda Rusia. Los socialistas se le entregan. En sus manos, la errática revolución bolchevique se transforma en un movimiento organizado y eficaz. Gracias a la secreta financiación alemana, los revolucionarios, que antes de la guerra tenían que mantenerse atracando bancos, disponen de una línea de crédito casi ilimitada con la que financian periódicos y arman a su Guardia Roja. El bolchevismo crece como la espuma. En pocos meses se hace con el control de la revolución.

Mientras el frente se desploma, el gobierno de Kérenski asiste perplejo a la disolución del régimen zarista. El 25 de octubre (para nosotros el 6 de noviembre), en plena anarquía, estalla la Revolución de Octubre. Los bolcheviques controlan buena parte de la capital. Al atardecer, el crucero Aurora se sitúa frente al palacio real, ahora sede del gobierno provisional ruso, apunta con el cañón de popa y dispara una salva de fogueo. Un cañonazo
crucero Aurora
de grueso calibre casi a quemarropa impone. Aunque no lleve bala. Kérenski se acongoja y renuncia al cargo. Su gobierno dimite igualmente. 

Ministros, directores generales, subsecretarios y barandas abandonan los palacios del gobierno y huyen de la capital. Rusia no se disuelve en la anarquía porque el providencial Lenin ocupa el vacío de poder como presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo. Su flamante comisario de Asuntos Exteriores, León Trostki, contacta de inmediato con los alemanes para iniciar unas laboriosas negociaciones de paz. El 3 de marzo de 1918, firman en Brest-Litovsk, cuartel general alemán en Oriente.

*Fuente:La Primera Guerra Mundial contada para escépticos (Juan Eslava Galán)


viernes, 9 de junio de 2017

Lenin proclamó que en 1917 concluía 1789.

La Revolución Francesa fue la primera que hizo de la masacre la consecuencia racional del enunciado de un principio político. El primer intento de genocidio de la historia moderna tuvo como marco la región de Vendée, 180.000 hombres, mujeres y niños matados por el mero hecho de haber nacido. Refiriéndose a los habitantes de Vendée, Couthon declaraba el 10 de junio de 1794: “Se trata menos de castigarlos que de aniquilarlos”. 

Masacre de Lucs-sur-Boulogne. Vidriera de Fournier en la capilla de Petit
Frente a sus respectivos enemigos, reales o supuestos, los totalitarismos del siglo XX han reaccionado al igual que los revolucionarios franceses, con la voluntad de exterminio, teniendo siempre esta misma idea de que la aniquilación del enemigo es condición para la salvación del mundo. Pero la Revolución Francesa también fue la primera que movilizó a las masas e impuso a sus partidarios políticos la ruptura de sus demás vínculos. También fue la primera que culminó el proceso de destrucción de los cuerpos intermedios, con la intención de eliminar todo lo que se pudiera interponer entre
el poder central y los individuos atomizados. Y, por último, también fue la primera que profesó un universalismo brutalmente invertido en odio del extranjero a partir del momento en que, identificados los términos “francés” y “universal”, quienquiera no fuera francés podía lógicamente ser situado fuera de la humanidad. 

Lenin.
El paralelismo entre la Revolución Francesa y la Soviética, entre el terror jacobino y el bolchevique, ha sido explícitamente reivindicado por los propios comunistas rusos. Lenin fue el primero que asimiló los cosacos a los habitantes de Vendée, y que proclamó que en 1917 concluía 1789, dando de tal modo a entender que la Revolución de Octubre constituía en cierto modo la revancha de Robespierre. En los países occidentales, los dirigentes de los partidos comunistas y sus compañeros de viaje también utilizaron este paralelismo para legitimar el comunismo soviético, como lo ha subrayado François Furet, quien insiste en el papel desempeñado por el “imaginario jacobino” en el consentimiento al comunismo y en la indulgencia mostrada por los intelectuales ante los actos más macabros del poder soviético.

El paralelismo entre la Revolución Francesa y la Soviética, entre el terror jacobino y el bolchevique, ha sido explícitamente reivindicado por los propios comunistas rusos.

imaginario jacobino en el consentimiento al comunismo