Mostrando entradas con la etiqueta Vendée. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vendée. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de febrero de 2023

La desconfianza, el miedo o el desprecio hacia el individuo diferente

Fundada sobre la tesis de la desigualdad biológica de las razas humanas, de la superioridad de ciertas razas sobre otras, y sobre el pretendido derecho de las razas superiores a someter, o incluso hacer desaparecer a las razas llamadas inferiores, impuras o molestas, la metafísica racista del nazismo inspiró, como se sabe, un programa de exterminio de los judíos y gitanos de Europa, de sojuzgación de los latinos y los eslavos. Lo absurdo de la teoría procede, además, entre otras pruebas, del hecho de que no existe una raza judía. El judaísmo y la judaidad (este último término ha sido introducido por Albert Memmi para designar el sentimiento de pertenecer a una tradición cultural y consuetudinaria de los judíos no religiosos) se encuentran en casi todas las razas humanas. Es cierto que la contradicción en los términos es casi una de las condiciones del sectarismo ideológico. El racismo nazi constituyó una monstruosidad bien definida, netamente localizada en el espacio y en el tiempo, una clasificación ideológica fundada sobre una obsesión por lo puro y lo impuro, que por otra parte no es ajena a la mentalidad segregativa comunista, con sus “ratas viscosas”, sus “víboras lúbricas” y otros “chacales” o “hienas”, con los que no se termina más que “liquidándolos” con las “luchas”. Del mismo modo, bajo la Revolución francesa, durante la guerra civil de la Vendée, la Convención proclamó su firme propósito de “exterminar a los bandoleros de la Vendée”, incluida la población civil, para “purgar completamente el suelo de la libertad de esa raza maldita”. Se apreciará la lógica del razonamiento que preconiza el genocidio en nombre de la libertad. Los “comportamientos de exclusión” aliados a una ideología totalitaria conducen, en efecto, a una lógica.

La desconfianza, el miedo o el desprecio hacia el individuo diferente, que viene de una comunidad diferente, practica una religión diferente, habla una lengua diferente, tiene una apariencia física diferente, son sentimientos antiguos y universales. Dan lugar a conductas de exclusión. En el mejor de los casos, de distinción; en el peor, de segregación. Para superar estos sentimientos y corregir estas conductas, cada uno de nosotros necesita una educación, una filosofía política, fruto de una larga participación en la civilización democrática, de una larga impregnación de las mentalidades por una moral humanista y universalista. “Es el racismo lo que es natural, escribe Albert Memmi, y el antirracismo lo que no lo es; este último no puede ser más que una conquista larga y difícil, siempre amenazada, como lo es toda experiencia cultural”. Conseguir que todos hagan suya esta experiencia cultural es un resultado que no es fácil de obtener, rápidamente, en todas partes, y que ciertamente no se logrará tratando de verdugo nazi a todo individuo cuya alma contiene resabios de prejuicios xenófobos o racistas, y que no mantiene con su vecino magrebí o negro unas relaciones tan fraternales y corteses como sería de desear, manifiesta Jean-François Revel.

viernes, 9 de junio de 2017

Lenin proclamó que en 1917 concluía 1789.

La Revolución Francesa fue la primera que hizo de la masacre la consecuencia racional del enunciado de un principio político. El primer intento de genocidio de la historia moderna tuvo como marco la región de Vendée, 180.000 hombres, mujeres y niños matados por el mero hecho de haber nacido. Refiriéndose a los habitantes de Vendée, Couthon declaraba el 10 de junio de 1794: “Se trata menos de castigarlos que de aniquilarlos”. 

Masacre de Lucs-sur-Boulogne. Vidriera de Fournier en la capilla de Petit
Frente a sus respectivos enemigos, reales o supuestos, los totalitarismos del siglo XX han reaccionado al igual que los revolucionarios franceses, con la voluntad de exterminio, teniendo siempre esta misma idea de que la aniquilación del enemigo es condición para la salvación del mundo. Pero la Revolución Francesa también fue la primera que movilizó a las masas e impuso a sus partidarios políticos la ruptura de sus demás vínculos. También fue la primera que culminó el proceso de destrucción de los cuerpos intermedios, con la intención de eliminar todo lo que se pudiera interponer entre
el poder central y los individuos atomizados. Y, por último, también fue la primera que profesó un universalismo brutalmente invertido en odio del extranjero a partir del momento en que, identificados los términos “francés” y “universal”, quienquiera no fuera francés podía lógicamente ser situado fuera de la humanidad. 

Lenin.
El paralelismo entre la Revolución Francesa y la Soviética, entre el terror jacobino y el bolchevique, ha sido explícitamente reivindicado por los propios comunistas rusos. Lenin fue el primero que asimiló los cosacos a los habitantes de Vendée, y que proclamó que en 1917 concluía 1789, dando de tal modo a entender que la Revolución de Octubre constituía en cierto modo la revancha de Robespierre. En los países occidentales, los dirigentes de los partidos comunistas y sus compañeros de viaje también utilizaron este paralelismo para legitimar el comunismo soviético, como lo ha subrayado François Furet, quien insiste en el papel desempeñado por el “imaginario jacobino” en el consentimiento al comunismo y en la indulgencia mostrada por los intelectuales ante los actos más macabros del poder soviético.

El paralelismo entre la Revolución Francesa y la Soviética, entre el terror jacobino y el bolchevique, ha sido explícitamente reivindicado por los propios comunistas rusos.

imaginario jacobino en el consentimiento al comunismo