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lunes, 19 de enero de 2026

Al aceptar un mandato moral no nos sentimos sometidos a ninguna obligación externa

Desde un punto de vista moral al aceptar y cumplir un mandato moral no nos sentimos sometidos a ninguna obligación externa, distinta a nuestra libertad, pues sabemos que podríamos contravenirlo. Que el mandato moral se convierta en una decisión personal que expresa mi voluntad libre nos permite convertirnos en los únicos legisladora efectivos sobre nuestros actos. No tendría sentido decir que alguien o algo nos ha obligado a decir la verdad, mientras que tiene perfecto sentido decir que alguien nos ha obligado a ocultarla mediante amenazas, escribe el filósofo José Luis González Quirós.
La definición de mentira que hacían los catecismo de la doctrina cristiana, decir lo contrario de lo que se siente con intención de engañar, muestra muy bien las diferencia entre la capacidad de poner de manifiesto la realidad y la intención de engañar, es decir, que podemos mentir y engañar por el propio interés o por presiones ajenas, justo porque somos capaces de reconocer de manera libérrima la verdad y nos sentimos obligados por ella, con una obligación que podemos considerar nuestra y que el cristianismo a convertido en un mandato moral muy específico alejando a la mentira del campo de las habilidades tolerables en el trato interesado.
Para González Quirós si podemos ser libres para mentir es porque antes hemos podido reconocer con libertad la verdad de las cosas y sabemos que respetarla es la manera de conservarnos libres pues, escribe Orwell en 1984, la libertad es la libertad de decir que dos y dos son cuatro, si esto es posible, todo lo demás vendrá…..Mientras que la verdad constriñe el entendimiento y condiciona la voluntad, porque la verdad muestra lo que es, y lo que es no puede ser modificado a capricho, la mentira muestra una amplitud muchísimo mayor porque su campo es infinito, y le ocurre lo mismo que al error, que puede existir de mil maneras. El que tiene un poder político que le permite mentir sin peligro de ser desmentido puede jugar a sus anchas con la realidad, no necesita ni ser eficaz, ni ser certero, ni ser oportuno, porque puede construir un mundo a la medida de su interés.


jueves, 20 de septiembre de 2018

Combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad.


El dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht aclaraba que quien hoy pretenda combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, debe superar, cuando menos, cinco dificultades. Debe tener el valor de escribir la verdad, aunque en todas partes la sofoquen; la sagacidad de reconocerla, aunque en todas partes la desfiguren; el arte de hacerla manejable como arma; el juicio de escoger aquéllos en cuyas manos resultará más eficaz; la maña de propagarla entre éstos.

sábado, 2 de septiembre de 2017

La dinámica esencial del motor que impulsa el libre mercado fue analizada por Adam Smith.

Adam Smith.
Casi un siglo antes de la gran obra de Marx, la dinámica esencial del motor que impulsa el capitalismo (el libre mercado) fue analizada por el economista escocés Adam Smith. En la época en que escribía La riqueza de las naciones (1776), muchas de las condiciones que permitirían el florecimiento del capitalismo de libre mercado ya estaban establecidas. El crecimiento del comercio interior y exterior había dado lugar a un espíritu empresarial y a una generación de comerciantes que llevó a Gran Bretaña mucha de la riqueza que alimentaría las nuevas fábricas de la revolución industrial. 

El profesor e historiador Ben Dupré cuenta que al mismo tiempo, se estaba formando una clase de trabajadores sometidos, quisieran o no, a discrecionalidad salarial, con campesinos desplazados en masa por el hundimiento de las tierras gestionadas feudalmente. El último obstáculo en el avance de la transformación económica era la abundancia de monopolios y los controles de precios todavía impuestos por el Estado. Smith radicó en comprender que, en un
competencia
mercado donde se da rienda suelta a la iniciativa, a la competencia y a la motivación de la ganancia personal, la dinámica de la oferta y la demanda garantizará que los productores generen bienes y servicios que los consumidores desean comprar, a un precio que ofrece un beneficio razonable pero no excesivo sobre su inversión. El sistema así concebido se autorregula de manera natural, en tanto las variables como el coste, el precio y el beneficio se determinan como funciones del sistema como un todo y no pueden ser manipuladas, sin dañar el propio sistema, ni por las partes de una transacción ni por una tercera parte (como el gobierno) ajena a ella. Eso significa que la política y la economía son esencialmente distintas y que los políticos no deberían interferir en cuestiones económicas.



Aunque Smith sostenía que el mercado libre era el mecanismo más eficaz para coordinar la actividad económica, concedía también que el Estado tenía un papel más allá de limitarse a facilitar el comercio. La cuestión de si algunas necesidades de la sociedad, como el transporte y la educación, las suministra mejor el Estado o la iniciativa privada ha sido objeto de un enconado debate desde entonces.