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jueves, 20 de abril de 2023

Ninguna persona tienen derechos ilimitados sobre el cuerpo

“El cuerpo no es un objeto, una mera herramienta a disposición del alma, de la que cada persona puede disponer según su propia voluntad, sino que es una parte constitutiva del sujeto humano, un don que debe ser recibido, respetado y cuidado como algo intrínseco a la persona”, manifiesta el Comité de Doctrina de los obispos estadounidenses. "A medida que se amplía el abanico de lo que podemos hacer, debemos preguntarnos qué debemos o no debemos hacer. Un criterio indispensable para tomar tales decisiones es el orden fundamental del mundo creado. Nuestro uso de la tecnología debe respetar ese orden”. Para ello, escriben los obispos, “los servicios sanitarios católicos no deben realizar intervenciones, ya sean quirúrgicas o químicas, que tengan por objeto transformar las características sexuales de un cuerpo humano en las del sexo opuesto, ni participar en el desarrollo de tales procedimientos…Deben emplear todos los recursos apropiados para mitigar el sufrimiento de quienes luchan contra la incongruencia de género, pero los medios utilizados deben respetar el orden fundamental del cuerpo humano. Sólo empleando medios moralmente apropiados los profesionales de la salud muestran pleno respeto por la dignidad de cada persona humana”.

Hay dos situaciones en las que las intervenciones tecnológicas pueden estar moralmente justificadas. Cuando tienen por objeto reparar un defecto del cuerpo o sacrificar una parte del cuerpo en beneficio del conjunto, como ocurre con la amputación. Este tipo de intervenciones “respetan el orden fundamental y la finalidad inherentes a la persona humana”.Sin embargo, las cirugías de transición de género “consideran este orden insatisfactorio de alguna manera y proponen un orden más deseable, un orden rediseñado”, por lo que no son moralmente permisibles.“Estas intervenciones tecnológicas no están moralmente justificadas ni como intentos de reparar un defecto del cuerpo ni como intentos de sacrificar una parte del cuerpo en aras del todo”, afirman los obispos. Una de las razones de este cálculo moral es que los órganos de la persona “en transición”, que se someten a mutilación y reconstrucción durante el proceso de transición de género, no están desordenados, sino que son sanos. Además, “cuando una parte del cuerpo se sacrifica legítimamente por el bien de todo el cuerpo, ya sea mediante la extirpación total o la reconfiguración sustancial de un órgano corporal, la extirpación o reconfiguración del órgano corporal se tolera a regañadientes como única forma de hacer frente a una amenaza grave para el cuerpo. Aquí, por el contrario, la extirpación o reconfiguración es en sí misma el resultado deseado”. Al hablar de la proliferación de intervenciones médicas de transición de género, los obispos señalaron que las instituciones sanitarias católicas no deben participar en estas intervenciones porque no respetan el “orden fundamental del cuerpo humano” como ser “sexualmente diferenciado….Tales intervenciones, por lo tanto, no respetan el orden fundamental de la persona humana como unidad intrínseca de cuerpo y alma, con un cuerpo que es sexualmente diferenciado”, continuaron los obispos.”El alma no viene a la existencia por sí misma y de alguna manera pasa a estar en este cuerpo, como si pudiera estar igualmente en un cuerpo diferente. Un alma nunca puede estar en otro cuerpo, y mucho menos en el cuerpo equivocado”, escriben los obispos.“Debido a este orden y finalidad, ni los pacientes ni los médicos ni los investigadores ni ninguna otra persona tienen derechos ilimitados sobre el cuerpo; deben respetar el orden y la finalidad inscritos en la persona encarnada”.

sábado, 14 de enero de 2023

El suicidio carece de sentido


Escribe Viktor Frankl, psiquiatra y filósofo austriaco, fundador de la logoterapia y del análisis existencial, que el suicidio no tiene nunca una justificación moral. Ni siquiera el suicidio expiatorio. Pues, del mismo modo que pone a la persona en la imposibilidad de fortalecerse y purificarse en el propio dolor, en el sentido de lo que llamábamos la realización de los valores de actitud, lo incapacita para reparar de una u otra manera el mal causado a otro. Con lo cual el suicidio perpetúa lo pasado, en vez de borrar del mundo una desventura ocurrida o un desafuero perpetrado; lo que borra del mundo es el yo….. Estamos obligados a demostrar a las personas cansadas de vivir, en todos y cada uno de los casos, que la vida tiene siempre, incondicionalmente, un sentido y que el suicidio carece siempre de él. Hay que hacerles ver, ante todo, que su cansancio de la vida no es más que un sentimiento y que los sentimientos no pueden hacerse pasar nunca por argumentos. El problema, planteado en términos éticos, consiste en saber si el hombre debe dejarse arrastrar por ese sentimiento de fatiga de vivir.

viernes, 17 de junio de 2022

Pedir perdón exige valentía

*Pedir perdón exige más valentía que disparar un arma, que accionar una bomba. Eso lo hace cualquiera. Basta con ser joven, crédulo y tener la sangre caliente. Y no es sólo que se necesiten un par de huevos para reparar sinceramente, aunque no sea más que de palabra, las atrocidades cometidas. 

*Patria de Fernando Aramburu.


sábado, 16 de septiembre de 2017

Todo está concebido para que el proceso de compra sea cómodo y rápido, pero no así el de reparación.

El formidable desarrollo de los cada vez menores costes industriales han convertido a la mano de obra que repara en mucho más cara que la maquinaria que fabrica, por lo que en la mayoría de productos sujetos a electrónica o mecánica, es más barato reponer que reparar. Las marcas no dicen esto abiertamente, así que se han dedicado a crear procesos disuasorios. El proceso de servicio técnico es claramente disuasorio. Todo está concebido para que el proceso de compra sea cómodo y rápido, pero no así el de reparación. Es un proceso que no interesa para nada a las marcas.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

La opinión pública.

 Arístides Briand, varias veces primer ministro de Francia, cuenta la siguiente historia:
Arístides Briand


En una tienda entra un loco con un garrote en la mano; la emprende a bastonazo limpio con jarros, vasos y platos, y lo reduce todo a pedazos. La gente se detiene, acude de todas partes, admira la proeza. Poco tiempo después entra en la tienda un viejecito con un bote de goma bajo el brazo; se quita el gabán, se pone los lentes y,con una paciencia de cartujo, comienza,en medio de aquel destrozo, a reparar los vasos rotos. ¡Tened por seguro que ninguno de los transeúntes se detendrá a mirarlo!


Hay quien destruye y hay quien construye.